Diarios de viaje > Shawinigan, América del Norte

Shawinigan

Escribe: Terelu
Una visita a esta pequeña ciudad en otoño es un encanto por su situación ,rodeada de bosques y de agua por todas partes.

 

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Mi visita otoñal

Shawinigan, Canadá — martes, 12 de julio de 2011

Estuve en Shawinigan en el mes de Septiembre de 2010. Fui allí porque el coloquio anual de la Asociación de Profesores Jubilados, se desarrolló allí ese año. Fue un buen momento porque el apuro de las vacaciones ya había pasado y los precios son más interesantes. Además en esa época ya empezaban los bosques a colorearse así que el paisaje era más interesante, aunque el apogeo de los colores es un poco más tarde, a principios de octubre.
Por la mañana tuve alguna reunión, pero por la tarde teníamos visitas organizadas de la ciudad y sus alrededores. Un trolebús nos paseó por los diferentes barrios de la ciudad que está muy extendida.
  Visitamos algunas antiguas fábricas de pasta de papel o de aluminio, que ahora están recicladas en museos que muestran las primeras maquinarias o cuentan la historia de la ciudad o tienen exposiciones de temporada.
 Vimos todo lo que había que ver en la « Cité de l’énergie » y fue muy agradable pasear sin rumbo por la isla donde está situada. Subimos a la torre de obserbación que tiene 115 m. de alta. Está construida sobre un antiguo poste eléctrico y tiene un ascensor panorámico que da vértigo al subir. Arriba, todo alrededor del observatorio se ve la extraordinaria situación geográfica de la ciudad. El guía nos iba contando anécdotas y leyendas. Nos habló del Pozo del diablo, un lugar del afluente del San Mauricio, llamado así por los autóctonos, porque si alguien caía allí desaparecía para siempre, nunca se encontraba su cadáver. La catarata que había en ese río, desapareció cuando construyeron una de las primeras centrales eléctricas.
Pero lo que más me ha gustado ha sido la visita a la iglesia Nuestra Señora de la Presentación, porque el interior de la iglesia está cibierto de pinturas al fresco de uno de los mejores pintores de Québec, Ozias Leduc. Ésta fue su última obra, la empezó en 1942, cuando ya tenía 77 años, y trabajó en ella hasta su muerte en 1955. En la bóbeda y detrás del altar mayor pintó la gloria de Dios pero todo alrededor de la iglesia pintó escenas de la fundación de la ciudad, de los trabajos que hacían los primeros habitantes, como el sembrador, el leñador, el minero etc. , lo que no es habitual para la decoración de iglesias.
El crucero por el San Mauricio también fue interesante, rodeando la infinidad de islas donde los habitantes de Shawinigan tienen sus chalecitos rústicos para veranear,¡ ellos que en su ciudad están ya como en el campo!
Conservo muy buen recuerdo de este viajecito.

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Últimos comentarios

Carmen_G_A dice:
Gracias por la vuelta, fue casi como estar allí. Saludos desde Vallés.
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fred_roussely dice:
Buen relato, me gusto mucho !!
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