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Patagonia sur

Escribe: nanukxxi
Aquí les contaré la maravilla de recorrer tan diversos paisajes por el sur de mi país, del mar a la cordillera. Mi país es muy extenso, por lo que a veces los viajes no pueden comenzar desde mi Buenos Aires por la carretera. En este caso decidimos tomar un avión hasta Comodoro Rivadavia...

 

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Colonia Sarmiento

Sarmiento, Argentina — martes, 26 de enero de 2010

Llegamos por la mañana a Sarmiento. Tuvimos que retomar la ruta hasta Río Mayo, para empalmar con la 20, por lo que un poco más de ripio padecimos.
        Sarmiento es una ciudad de 18.000 habitantes, rodeada por el río Senguer y situada entre dos lagos: Musters y Colhué-huapi, aunque éste último no es de fácil accesos desde la ciudad.

         Las casas son bajas, y está rodeado de alamedas en las zonas de chacras, que se ven regadas por las acequias que traen las aguas del río a los campos secos y los hacen fértiles para los cultivos.

Este pueblo nace como una colonia, tal vez una de las últimas en distancia desde Buenos Aires, para "ganarle" tierras a los indios tehuelches. En su vieja estación, destruída por un incendio y vuelta a construir conservando su antigua fachada, se estableció un museo que cuenta toda la historia de la zona, y la forma de vivir de estos indios, antiguos dueños de la tierra. Pegado a la estación visitamos el Parque Paleontológico, donde se pueden observar réplicas en tamaño natural, de los diferentes tipos de dinosaurios que habitaban la zona. Aquí se han desarrollado diferentes excavaciones para dar con variados especímenes que demuestran que hace millones de años esto era un gran valle habitado por un a variada fauna y flora, sepultada tal vez durante la gran glaciación. En  la visita  pudimos ver características de cada variedad de saurus y algunas de sus costumbres.

        Por la tarde nos dirigimos al verdadero motivo de nuestra visita: el bosque petrificado. A unos 10 km. del centro, encontramos este parque provincial que conserva innumerables ejemplares de árboles (se dice que eran coníferas de más de 30 ms de altura), y que fueron arrastrados de tierras arriba por algun alud ocurrido hace millones de años; quedaron sepultados en el barro y luego se petrificaron (ocupando el sílice toda la morfología de los árboles). El viento y los años hicieron el trabajo de volverlos a la superficie y hoy podemos observar esta maravilla dentro de un paisaje cuasi lunar.

       Por la tarde regresamos a nuestra casa para disfrutar de un buen asado, el último de este viaje, y entre copas de vinos, realizamos una especie de balance sobre los maravillosos lugares visitados.

       En la mañana, con las mochilas listas para emprender el regreso, decidimos visitar el lago Musters. Para ello tomamos varios caminos que no nos condujeron al lago, pero nos sirvieron para conocer los distintos extremos del pueblo, hasta que por fin divisamos el cartel indicativo y tras unos 8 kms llegamos ante un hermoso espejo de agua celeste, enmarcada detrás por unas bellas montañas. Increiblemente en la costa sólo hay un camping poco organizado y un muelle roto, nada más. Todos los terrenos de alrededor están cercados, pero uno puede bordear este lago por la ruta de ripio y decidir, como nosotros, detenerse donde más le guste.

         Así, con la mañana calurosa, y luego de varios amagues, nos quitamos las zapatillas para comprobar la frescura del agua (que lo estaba y bastante) pero te permite disfrutar la sensación de ser parte de ese bello paisaje. Obviamente nos acompañaron los mates de Rita, mientras Dany filmaba imágenes para su documental del viaje y Ale reflexionaba en voz baja sobre sus futuros posibles.

        Como a lo largo de todo el viaje, cada vez descubríamos un nuevo lugar diferente, distinto de todos aquellos paisajes conocidos. En este caso el entorno desértico para un lago tan bello y el viento que arremolinaba en el cielo unas nubes oscuras de tormenta.
        Regresamos a casa y cargamos las mochilas a la kangoo, para andar los últimos 150 km hacia Comodoro Rivadavia. Una vez allí, elegimos esperar frente al mar las horas necesarias antes de salga nuestro vuelo a Buenos Aires.

         Las turbulencias de la primer media hora de viaje tal vez nos acallaron un poco la magia de lo vivido por un rato, pero luego, cada uno, en su viaje interior, habrá podido entender, como yo, el significado de libertad y naturaleza viva que aprendimos en todo este magnífico recorrido.

Publicado el 8/feb/2010, 21.21
Modificado el 10/feb/2010, 04.36
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