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Santiago: redescubriendo a una vieja amiga

Escribe: piterandres
La cercanía en ocasiones dificulta la perspectiva. Pasé algunos años estudiando en Santiago de Compostela, disfrutando de sus jueves por la noche, de sus conciertos en la Quintana, de los vinos en el Franco, de cineuropa, los cafés en la Zona Vieja, de la primavera tumbados sobre el césped del Auditorio… y ¿por qué no decirlo? Del botellón en “la resi”. Acabada la carrera, volví a mi ciudad y mi contacto con la que había sido mi casa durante algunos de los mejores años de mi vid

 

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Desaforadamente guiri

Santiago de Compostela, España — domingo, 15 de noviembre de 2009

El madrugón del domingo se vio recompensado con un sol espléndido desde primeras horas. Sony en mano, decidí bajar a desayunar al Derby, una de las cafeterías más antiguas de Santiago y en la que, por lo visto, hace muchos años tenían lugar tertulias muy sonadas. Hoy es uno de esos bares con solera, en el que los camareros todavía llevan chaquetas blancas.

Un zumo y unas tostadas después, subí por la calle de las Huérfanas hacia Cervantes. Llegando a la plaza, pasé por uno de los escasos edificios modernistas que hay en la ciudad. Quizás sea porque es una rareza el cemento en el Casco Histórico, pero siento debilidad por sus líneas rectas y los adornos bajo los balcones que lo caracterizan.Me llevé una pequeña decepción al no encontrar a ninguno de los castañeros que se instalan con sus características locomotoras. No pude comer ninguna de sus maravillosas castañas asadas (un auténtico placer, sobre todo cuando el frío aprieta y sientes el calor en las manos al pelarlas), ni fotografiarlos con sus batas azules y las manos tiznadas por el carbón.

Al llegar a Cervantes me invadió la nostalgia. Una de las tradiciones destinadas a los novatos, y a aquellos que visitan la ciudad por vez primera es tratar de ver los pies del literato en el fondo de la fuente... Es como subir las escaleras de Platerías de dos en dos. Bajé por Casas Reales hacia Bonaval, desviándome un poco por la Plaza de Abastos. El tradicional mercado no es ni de lejos tan grande como el de la Boquería... pero tiene algo que lo hace especial.

Entre las iglesias de San Félix y San Agustín, mariscos, carnes, frutas y verduras ponen la nota de color a este recinto que presume de ser el segundo más visitado de la ciudad (después de la Catedral, claro). La cooperativa que lo gestiona ha introducido servicios modernos como el "shopper", la compra por teléfono o Internet... pero aún así ha sabido mantener el aire tradicional, con su alboroto, la mezcla de olores, la algarabía de las gallinas, las paisanas con sus cestos... Bonaval es uno de los sitios que más me gustan.

Está la Iglesia de Santo Domingo de Bonaval (que alberga el Museo do Pobo Galego, la famosísima escalera y el Panteón de los gallegos ilustres), el CGAC o Centro Galego de Arte Contemporánea y el Parque de Bonaval. El arquitecto portugués Álvaro Siza fue el encargado de proyectar, tanto el edificio del museo, como el parque. Santiago es una ciudad con abundancia de zonas verdes... una de las más conocidas es la Alameda (desde la que se obtiene la instantánea más típica de la Catedral)... pero mi favorita sin duda es ésta. Un antiguo cementerio y la huerta de los monjes son la base de este parque que ofrece unas vistas de la basílica compostelana muy diferentes a las habituales. También resulta curioso fijarse en las chimeneas, que antes hablaban del "poderío" económico de su propietario... casi todas las grandes chimeneas que podemos otear desde Bonaval pertenecen a casas propiedad de la Iglesia. Otro rasgo más de la ciudad.

Desde uno de los rincones menos frecuentados de Bonaval también puede verse lo que para mí es una curiosidad: el único cementerio privado de Santiago. Creo que pertenece a los miembros de la cofradía numeraria del Rosario (que tiene más de 5 siglos, iglesia y camposanto propios...).

Mientras recorría los caminitos bordeados de árboles me llamaron mis amigos para decirme que ya se habían despertado y proponerme que fuésemos a comer. Mientras se duchaban aproveché para ir hacia la Quintana y sentarme en las escaleras que separan la Quintana de Mortos de la de Vivos. Nuevamente, granito sobre un antiguo cementerio.

A mi espalda, la verdadera Casa de la Parra, y pegada, la "casa que tiene una parra" con la que muchos la confunden... y las palomas siempre dueñas del lugar, disfrutando también del pródigo sol de invierno.Me reuní con mis amigos y despedimos el fin de semana comiendo en el Gambrinus, un restaurante italiano que nada tiene que ver con la cadena de cervecerías. Su dueño, Franco, es un italiano que se enamoró de una compostelana, se lió los bártulos a la cabeza y se trajo a la ciudad del apóstol sus recetas y uno de los mejores tiramisú que he probado en la vida. Nosotros lo conocimos cuando todavía estaba en un pequeño local del barrio de Conxo, pero ahora está en un curioso y estrecho edificio de tres pisos en plena Plaza de Fonseca. Con el recuerdo del mascarpone aún en los labios me despedí de las losas de piedra que la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad y que a mí me generan tanta nostalgia. Hasta siempre, Santiago.

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Gambrinus

Comida: Pastas en Santiago de Compostela, España

comida italiana sencilla pero deliciosa. Prácticamente sólo tienen pastas y algunas ensaladas, así como postres y algún "antipasti"... pero es de esos sitios en los que, lo que hacen, lo hacen bien.


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Últimos comentarios

rosydecuba dice:

excelente diario de viajes! me he leído sus tres capítulos de un tirón. Atrapa el ritmo de la narración, la descripción de los lugares y paar los golosos como las impresiones culinarias. Felicidades piterandes!!!

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El Derby. Uno de los cafés más antiguos de Santiago

   

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