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España, lo mejor de Europa

Escribe: pablo_v4
Muchas veces se habla de lo retrasada que está España con respecto a los vecinos de la Comunidad Europea. No tenemos la seriedad inglesa, ni la economía alemana, nuestras calles no tienen la limpieza de los países bálticos, nuestras carreteras envidian a las francesas... Sin embargo, he tenido la suerte de poder viajar por unos cuantos países europeos que me han encantado, pero si me preguntáis, no tengo ninguna duda: España tiene más cosas que dan envidia, que cosas que envidiar

 

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Santander, capital del Cantábrico

Santander, España — domingo, 20 de marzo de 2011

En este tercer capítulo de diario que trata de España, hablaré de Santander. Es mi ciudad, he nacido, crecido y vivido en esta ciudad y por esto la tengo el mayor cariño del mundo, pero visto desde un punto objetivo, creo que se trata de una de las ciudades europeas más bonitas y quizá menos conocida; comienzo:

Santander es la capital de la comunidad de Cantabria, es la ciudad más grande de la región y aun así, es pequeña, tiene alrededor de 180.000 habitantes. La disposición de la ciudad es alargada, así que la mejor forma de visitarla es elegir un extremo y "tirar millas".

Mi recorrido preferido comienza en la Alameda de Oviedo (cerca está también la plaza de toros y la plaza de México), una amplia calle peatonal flanqueada por plátanos (árboles muy altos, que no álamos). A un lado de la alameda tenemos la calle Vargas, repleta de bares y al otro la calle San Fernando, repleta de comercios. Siguiendo el camino en una ligera cuesta abajo entramos en la calle Burgos, otra amplia calle peatonal con comercios y balconadas típicas. Siguiendo la misma dirección llegaremos al Ayuntamiento de Santander, un imponente edificio consistorial con una plaza, muy frecuentada por los santanderinos.

Desde el ayuntamiento podemos seguir el camino eligiendo tres direcciones, todas son recomendables. Consejo: ve primero por Juan de Herrera, vuelve por Calvo Sotelo y cruza tranquilamente la acera a los Jardines de Pereda y la Paseo de la Bahía.

Desde el ayuntamiento, uno de los caminos es la calle Juan de Herrera, que es una calle peatonal que queda en frente del cruce desde la plaza consistorial. Esta calle está llena de los comercios más exclusivos y caros de la ciudad, en pocos minutos llegarás a la iglesia de la Anunciación, que ha quedado enclavada entre los edificios adyacentes y que fue famosa antaño por unas termas. Pasando la iglesia entrarás en una plaza cuadrangular llena de soportales (que recuerda a las plazas mayores de las ciudades castellanas), llama plaza de Velarde (cuya estatua preside la plaza), sin embargo, oirás a pocos santanderinos llamarla así, se la conoce como la "Plaza Porticada". Abandonando la plaza por el arco opuesto al de entrada (la plaza tiene una abertura a Calvo Sotelo) llegaremos en pocos minutos al Mercado del Este, antiguo mercado típico de la ciudad que hoy alberga algunas tiendas y bares. A continuación encontraremos la plaza Pombo, uno de los lugares más típicos de la capital cántabra, donde los niños juegan y los padres toman café en las cafeterías que hay bajo los soportales de la plaza. Justo detrás de la plaza, se encuentra otra plaza, Cañadío (con la iglesia de Santa Lucía), que reúne a gente de todas las edades los días festivos cuando cae la noche, sobre todo, el verano. Las calles que siguen ahora son las transitadas durante la tarde-noche en Santander, te toparás con bares, pubs y restaurantes, para acabar saliendo a Puertochico. Sabrás que has llegado a Puertochico por la rotonda coronada con una enorme bandera de España. 

Otra opción desde el ayuntamiento es seguir la calle de Calvo Sotelo, ancha y flanqueada por los edificios más antiguos de la ciudad (que son pocos, debido a un incendio que destruyó la ciudad casi por completo), entre los que destaca el edificio de la sede principal del Banco Santander, un edificio abierto por un arco. Sigue esta calle hasta que veas la bandera.

La última opción es cruzar la calle en el ayuntamiento, se trata de la otra acera de la calle de Calvo Sotelo, sin embargo, esta acera durante pocos metros. En pocos minutos nos situaremos en frente de la plaza que corona la Catedral de Santander que, a mi parecer, tiene una belleza derivada de lo poco cargada que está arquitectónicamente; es simple, pero a la vez bonita. Al lado de la catedral se encuentra el edificio de Correos y a partir de aquí se extienden los Jardines de Pereda, un agradable paseo con columpios para niños, cafetería y zonas verdes que reúne al menos un tipo de todos los árboles autóctonos de Cantabria. Los jardines al llegar a su fin nos obligarán a regresar a Calvo Sotelo o a cruzar al Paseo Marítimo. Lo primero que veremos es la Grúa de Piedra, una de las estampas más típicas de Santander. Al lado de la grúa está el Palacete del Embarcadero, utilizado para realizar pequeñas exposiciones. Aquí se pueden tomar unas pequeñas embarcaciones que cruzan la Bahía de Santander hacia los pueblos de Pedreña y Somo. Siguiendo este magnífico paseo, nos toparemos con unas pequeñas esculturas, se trata de los "raqueros", homenajea a unos niños que se tiraban al mar a recoger las monedas que les tiraban los turistas. Al lado de los "raqueros" está el Club Marítimo, un edificio construído sobre el mar.

En este punto se cruzan las tres vías que he ofrecido para pasear, en la rotonda de Puertochico. Puertochico es, como dice el nombre, un puerto deportivo pequeño, puedes recorrer esta zona, bien cerca del mar disfrutando de las vistas (y de los yates) o bien por la calle Castelar, continuación de Calvo Sotelo. 

La calle termina en la cuesta del Gas, si te da pereza subirla puedes ir por el camino de abajo, junto a la Escuela de Vela Príncipe Felipe. Por ambos caminos te encontrarás ante el imponente Palacio de Festivales de Santander, el edificio moderno más conocido de la ciudad. 
La continuación del paseo puede realizarse por la parte baja del palacio o por la alta.Consejo: realízalo por la parte de arriba, ya que tendrás una mejor vista; sin embargo, si tienes tiempo, por la parte de abajo llegarás al Museo Marítimo del Cantábrico que es totalmente recomendable.
Si vas por la parte de arriba, estarás caminando por la calle Reina Victoria, que a un lado tiene unas impresionantes mansiones y al otro tiene una estrecha zona verde en cuesta. Detente en alguno de los bancos que hay a lo largo del paseo y contempla la belleza del paisaje: a tus pies tienes la playa de los Peligros (a la que puedes acceder por las numerosas escaleras que hay, o siguiendo el camino que lleva al museo marítimos), en frente tienes la Bahía de Santander y al fondo la playa de El Puntal, que se une a la playa de Somo y a la playa de los Tranquilos, para ofrecer más de cinco kilómetros de playa (puedes llegar aquí con las barcas que se cogen en el embarcadero). 

Sigue por Reina Victoria hasta su final para entrar en el Real Sitio de la Magdalena. El recinto es una península, y está recorrida por una carretera que la circunvala; recórrela, merece la pena. La playa que se sitúa dentro del recinto es la playa de los Bikinis, llamada así porque fue la primera playa de Santander donde se vieron las primeras prendas. Desde la playa de Bikinis se ve de cerca la isla de los Ratones (donde hay un edificio que es una escuela de vela) y al lado de ésta, está la isla Horadada, que forma parte de la leyenda más conocida de la ciudad. Leyenda: las cabezas cortadas de San Emeterio y San Celedonio, fueron arrojadas al río Ebro desde Calahorra (La Rioja), en una balsa de piedra, esta balsa rodeó la península Ibérica, a través del Mediterráneo, Atlántico y Cantábrico, para acabar chocando con la pequeña isla, a la cual le hizo un arco en la roca; desde entonces los santos se convirtieron en los patronos de la ciudad (sus cabezas forman parte del escudo de Santander y de Cantabria) y sus restos se conserban en la catedral. Actualmente, el arco característico de la isla se rompió debido a un temporal.
  
Dentro del recinto de la Magdalena se encuentra el edificio más famoso de la ciudad y que es la principal imagen de ésta (junto con El Sardinero): el Real Palacio de la Magdalena, construido por la ciudad para albergar en las vacaciones a la familia real española y que actualmente es sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. No abandones el recinto de la Magdalena sin echarle antes un vistazo a la imitación a las tres carabelas con las que se descubrió América y al mini-zoo que hay en su entrada y que actualmente tiene cisnes, patos, focas y pingüinos y que en su día albergó leones y osos polares. Otra opción de visitar la península es hacerlo a bordo del tren que recorre la carretera, llamado "el magdaleno". 

Abandonando la Magdalena en dirección al Sardinero, nos topamos con una pequeña pero famosa playa, El Camello, llamada así por una roca que tiene la forma de este animal, que se sitúa en parte de la derecha de la playa. La playa tiene también otro peñasco coronado por lo que en su día fue un niño con un tridente.

Pasando la playa del Camello, entramos ya en El Sardinero, reconocido a nivel internacional por sus dos playas, Primera y Segunda Playa del Sardinero. 
Defiende la primera playa el Gran Casino de Santader, emblemático edificio blanco, a parte de disfrutar de la playa, déjate perder por las calles situadas en los alrededores del casino, llega hasta el parque de Los Pinares. 

Los Jardines de Piquío son los que separan una playa de la otra, llenos de palmeras y flores, la punta de los jardines coronados con una pérgola, ofrece una de las mejores vistas que puedas imaginar. 

La segunda playa tiene al lado los jardines del parque de Mesones, donde hay una imitación de la bahía a escala. En esta zona hay una serie de edificios municipales dignos de ver, que son: el Palacio de Congresos y Exposiciones de Santander, los Campos de Sport de El Sardinero, campo municipal donde realiza sus encuentros como local el club pionero de la región, el Real Racing Club de Santander. También encontraremos cerca del estadio de fútbol el Palacio de los Deportes de Santander, con forma de "gota", "ballena" o "casco de ciclista" como se dice por la ciudad, este edificio es el inicio del parque de Las Llamas, un larguísimo parque que está recorrido por una marisma. 

Volviendo a la Segunda Playa de El Sardinero, desde su final, se puede acceder por unas escaleras a un paseo que nos llevará bordeando el parque de Mataleñas y el campo de golf hasta el faro. Es un paseo largo, pero merece la pena. Consejo: estate atento a las horas que te quedan de luz. Este paseo da a los acantilados. Lo primero que se rodea es el parque de Mataleñas, al que se puede entrar desde alguna de las puertas que hay. El parque se termina cuando se llega a la playa de Los Molinucos, una preciosa cala enclavada entre los acantilados. El camino ahora bordeará al campo de golf que se extiende a lo largo de Cabo Menor. Sabremos que hemos bordeado Cabo Menor cuando veamos la playa de Mataleñas, similar a Los Molinucos, pero más grande. 
El camino de losas acaba aquí, a partir de ahora continuaremos por sendas hacia Cabo Mayor. Desde la punta del cabo, veremos por fin el faro de Santander. 
Siguiendo un poco más allá del faro, se encontraba el llamado Puente del Diablo, era una formación natural de roca que creaba un ancho puente por el que se podía pasar, sin embargo, al igual que la Horadada, un temporal lo destruyó. Así todo, se puede visitar y comparar lo que es ahora, con lo que fue antaño.

Aquí termina mi capítulo sobre mi ciudad, sobre Santander. Puede que me haya delatado un poco mi cariño hacia este lugar, pero eso amigos, es inevitable. 

Un saludo, pablo_v4 -- tioppc3po@hotmail.com

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