Escribe: Irenepv
Si se puede calificar de alguna manera este viaje es con la palabra “express”. Pero también se pude decir que ha sido un viaje breve pero intenso. Aterricé en Santander el viernes a las 14.15h y el domingo a las 10.15 ya estaba de vuelta en Sevilla. Un día y medio en la maravillosa Cantabria. Por ello, este diario de viaje sólo va a dar para un capítulo pero quería compartir mis sensaciones en esta tierra tan maravillosa.
Cantabria, interior y costa
Santander, España — sábado, 28 de abril de 2012
La primera de ella fue sobrevolando Cantabria. Hacía mal tiempo (algo normal) y el cielo estaba cubierto de nubes pero el avión comenzó a descender para aterrizar y de repente, tras cruzar las nubes, apareció. Campos de un verde intenso y precioso, casas dispersas y caminos que las comunican, animales... La primera sensación fue de paz, de tranquilidad y el primer pensamiento fue: quiero vivir aquí. Me gusta mucho la naturaleza y valoro mucho el poder vivir en pleno contacto con ella, cosa que ahora mismo en mi vida echo mucho de menos. Así, que aquella imagen me trajo un impulso inmediato de querer vivir allí aunque sé que la falta de sol me volvería loca.
Finalmente el avión aterrizó y en el aeropuerto me estaba esperando un buen amigo cántabro. De allí nos fuimos a recoger a mi novio que estaba en un Congreso en el Palacio de la Magdalena, precioso lugar también. El tiempo no acompañaba para pasear por allí pero así tengo otra excusa para volver. Nos fuimos a comer, mi amigo nos tenía preparadas unas maravillosas anchoas y queso de la tierra… qué bueno todo.
Y después de comer nos llevó de excursión. Salimos desde Torrelavega hacia el interior. Como bien nos explicó la geografía de Cantabria es curiosa y la disposición de las montañas forma varios valles. Nosotros cogimos la CA-180 y comenzamos a adentrarnos en el interior siguiendo el Río Saja. Este río es precioso, discurre entre mucha vegetación y tiene rincones realmente bonitos donde poder disfrutar de un momento de relax. En el camino pudimos ver a varios pescadores intentando pescar truchas… Así, pasamos por Cabezón de la Sal, Ruente, Barcenillas, Cabuérniga y así hasta Bárcena Mayor. El camino me encantó, lleno de pequeños pueblos con arquitectura típica, con sus hermosos blasones en las fachadas y sus balconadas de madera y, cómo no, todo verde y con muchas vacas de distintos tipos. El paisaje acaparaba toda mi atención. Hasta que llegamos a Bárcena Mayor, un pueblo medieval muy pequeño. Tan pequeño que no te dejan ni meter el coche dentro, debes dejarlo en un aparcamiento habilitado a unos metros del pueblo, sólo pueden entrar los residentes y vehículos autorizados y es que en el pueblo no cabe más de lo que hay. El suelo de piedra y sus casas de piedra lo hacen tan diferente a lo que yo estoy acostumbrada a ver en los pueblos andaluces… que me quedé encantada. Además, la lluvia le daba un encanto especial. Un pueblo muy tranquilo, no tan turístico como otros pueblos medievales como Santillana del Mar pero con mucho encanto. Yo recomiendo su visita, sin duda.
De allí nos regresamos a Torredelavega y de allí a Santander a cenar, nos fuimos de vinos y de pinchos en El Riojano y La Cigaleña. Probé la cecina en Casa Jero, qué rica, es una especie de jamón con un sabor suave muy rico. Y el vino, riquísimo. Me encanta disfrutar de la gastronomía de los lugares que visito.
El sábado por la mañana mi amigo ya nos había hecho el planning. Esta vez opr la costa cantábrica. Salimos de Torrelavega Primera parada Santillana del Mar, que como decía mi amigo es el pueblo de la tres mentiras: ni es santo, ni tiene mar, ni es llana. El pueblo es precioso aunque demasiado turístico. Como consejo, visitar al atardecer, huyendo un poco de los turistas. Y es que es cierto que, algunas fachadas de tiendas, afea mucho las calles del pueblo. Aún así, el pueblo es precioso.
De allí nos fuimos a Comillas. Dio la casualidad que había un mercado medieval y aproveché para comprar unos sobaos El Macho (riquísimos, los recomiendo) y un queso de Cantabria que es típico de allí y se caracteriza porque es muy cremoso, también muy bueno.
En Comillas aprovechamos en nuestra visita express a ver el Palacio del Marqués de Comillas, puede ser visitado por dentro con un guía. Recientemente ha sido restaurado y la verdad es que impresiona porque es como un castillo como los de las películas y parece que Macbeth va a salir por algún lado. Como nosotros íbamos muy mal de tiempo y queríamos ver más cosas decimos seguir adelante hasta el Capricho de Gaudí. Ciertamente es un capricho, es como un palacete de color verde y rojo precioso. La admiramos unos minutos, nos hicimos unas fotos y cogimos el camino hacia San Vicente de la Barquera. El día no acompañaba, en realidad no había parado de llover desde que aterrizó mi avión, pero a mí me parecía el paisaje igualmente bello. Llegando a San Vicente hay una vista preciosa del mar y del pueblo al fondo. Seguimos hasta el pueblo y visitamos la playa. Aunque llovía, había gente paseando con sus perros. Entiendo que cuando lo normal es que llueva hay que adaptarse sí o sí.
Como era la hora del aperitivo quisimos tomar unas rabas con un vino. Para ello cruzamos el pueblo, cruzamos un puente en el Paseo de la Barquera que dicen que hay que pedir un deseo y aguantar la respiración desde el comienzo del puente hasta el final (menos mal que íbamos en coche, no?). Llegamos hasta el final del Paseo cruzando por todos los bares hasta llegar a un espigón donde hay un restaurante llamado La Ostreria con vistas a la desembocadura del río San Vicente. Un lugar muy agradable.
De allí, regresamos a Torrelavega y nos comimos un cocido montañés muy muy bueno. Mi amigo lo encargó en una tienda y estaba para chuparse los dedos. De ahí, sólo nos quedaba descansar un poco y hacer la digestión… y así hicimos.
Tras descansar un rato nos volvimos a ir a Santander para ver la parte del faro. Desde allí hay unas vistas al mar Cantábrico muy bonitas, además el mal tiempo tenía su punto y ver el mar un poco bravo lo hace, a mi parecer, más bonito aún. Visitamos también varias playas como las del Sardinero y la de Mataleñas, junto al Club de Golf. Dimos una vuelta en coche por la ciudad y pudimos ver el Ayuntamiento, Puerto Chico el Paseo de la Pereda…
Como yo le había dicho que a mi amigo que no me podía ir de Cantabria sin comprar anchoas, mi amigo me llevó a la Taberna Santoña. Allí, además de comer y beber bien puedes comprar anchoas, así que eso hicimos, comprar muchas anchoas!! Y de ahí nos fuimos a La Mulata, un restaurante donde teníamos reservada mesa y donde íbamos a hacer nuestra cena de despedida. Y qué mejor manera de despedirse que comiendo centollo en la Feria del Centollo que organizaba este restaurante. Comimos de todo: gazpacho de centollo, centollo, changurro de centollo, puding de centollo, creps de berza y centollo, pimientos rellenos de centollo. Todo acompañado de buen vino blanco.
Una manera perfecta de despedirse de Cantabria pero esta visita ha sido la antesala de una visita más pausada en que disfrutar al máximo del encanto de esta comunidad tan bella.
Opiniones:
| Servicio | |
| Comida | |
| Ambiente | |
| Precio/calidad |
Bodega del Riojano
Comida: Comida Autóctona en Santander, España
Nunca había probado la cecina y me encantó! También comimos un revuelto de setas exquisito y la tabla de quesos no la probamos pero tenía una pinta...
Ideal para: Con amigos | Aconsejable para: Cocina local
Costo por persona (USD): 10 | Plato sugerido: Cecina y vino
| Servicio | |
| Comida | |
| Ambiente | |
| Precio/calidad |
Bodega La Cigaleña
Comida: Comida Autóctona en Santander, España
es una bodega muy típica con una decoración peculiar.
Ideal para: Con amigos | Aconsejable para: Cocina local
Costo por persona (USD): 15 | Plato sugerido: Morcilla y vino.
|
Publicado |
|
Últimos comentarios
Pues qué bien que la hayas pasado excelente en Cantabria. Es un lugar maravilloso y cn tanto verdor que uno alucina. Nosotros vivimos aquí y nos sentimos privilegiados de tener un lugar que fusiona mar y montaña, bosques y arena. La proxima vez te recomendamos visitar el área de POTES, en LIEBANA, nosotros pasamos allí la semana santa e hicimos muchas caminatas en paisajes de ensueño. ah, Pablo es de Perú y también ha disfrutado con tus fotos de viaje de su país. SAludos Irenes!
Publicado
Estoy totalmente de acuerdo con vosotros. El color me cautivó, e incluso en día de lluvía es precioso, creo que el verde es hasta más bonito con la lluvia. Me apunto las recomendaciones para el siguiente viaje a Cantabria!
Me alegra poder acercarle un poco de su país a Pablo. Este verano tengo planeado viajar a Chachapoyas, ojalá salga todo bien y llegue a conocer esa zona del país que debe ser preciosa!
Un saludo!
Publicado
Para publicar un comentario, ingresa con tu cuenta de Facebook, o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
En Santander...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “Cantabria, interior y costa” con tus amigos en Facebook?