La ciudad perdida de los Tayronas

Escribe: alvar
Hola a todos los amigos viajeros, mi nombre es Alvaro, soy colombiano, y quiero referirme a la Ciudad Perdida de los Tayronas, lugar de mi país, que tuve el privilegio de visitar en este año.

 

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Capítulo 1

La ciudad perdida de los Tayronas

Santa Marta, Colombia — sábado, 4 de agosto de 2007

Hola a todos los amigos viajeros, mi nombre es Alvaro, soy colombiano, y quiero referirme a la Ciudad Perdida de los Tayronas, lugar de mi país, que tuve el privilegio de visitar en este año.

Al igual que Machu Picchu, la Ciudad Perdida de los Tayronas también fue recuperada de las entrañas de la selva en el siglo XX, después de haber permanecido oculta durante varios siglos. El centro de operaciones para visitarla es la ciudad de Santa Marta, y para aquellos que piensen hacerlo, se les recomienda cuadrar el tour directamente con una agencia autorizada que opere en esta ciudad.

El tour incluye todo lo esencial: alimentación, guía y hospedaje. La excursión completa dura entre 5 y 7 días, involucrando algunas caminatas extenuantes y de difícil tránsito. El precio esta alrededor de 250 dólares.

Hay dos formas de acceder a la Ciudad Perdida, en la una, las caminatas parten desde el caserío llamado El Mamey, en la otra, las caminatas parten del caserío llamado La Tagua. Me referiré solo a la primera de estas formas.

La Ciudad Perdida de los Tayronas (Teyuna que es su nombre indígena o Buritaca 200 que es el nombre que le pusieron los antropólogos), esta localizada en la Sierra Nevada de Santa Marta, un sistema montañoso independiente de la Cordillera de los Andes.

En las últimas décadas, esta Sierra ha sido un escenario en donde sucesivamente se han desenvuelto diferentes "mafias". Primero fue la mafia de los "guaqueros", quienes iban principalmente tras el oro que pudiera quedar en los enterramientos tayronas, valga decir que estos modernos buscadores de "El Dorado" fueron los que descubrieron la Ciudad Perdida, hecho que pretendieron mantener en reserva, pero gracias a las pugnas internas entre ellos, finalmente para el año de 1976, la existencia de la Ciudad Perdida se hizo pública.

Después de la mafia de los guaqueros, vino la mafia de la marihuana, se dice que acá se llegó a producir la mejor del mundo, y tras la decadencia de la "bonanza marimbera", llegaría la mafia de la coca.

Con este panorama, naturalmente que la Sierra Nevada de Santa Marta no ha estado exenta a la intervención de las dos peores lacras modernas que han asolado a Colombia con su barbarie (entiéndase guerrilla y paramilitares).

Cuando se visita la Ciudad Perdida se llega a percibir mucho de todo ese ambiente enrarecido que ha pululado en la sierra durante tanto tiempo. Sin embargo, hoy día, la excursión se puede hacer de manera segura, pues se tienen las garantías para hacerlo. Eso sí, no se debe perder de vista la silenciosa presencia de los alacranes y las serpientes de coral.

La devastación causada por los invasores blancos y mestizos es evidente, se advierte en las quemas de cultivos y en las talas de los bosques que abundan en los primeros tramos hacia la Ciudad Perdida.

Los directos descendientes de los antiguos Tayronas, las etnias de los Koguis y Arsarios, llevan una vida que en muchos aspectos no difiere de la que llevaban en los tiempos de la colonia. Las miradas tristes que prevalecen entre ellos, develan la condición marginal de un pueblo, en un país donde la mayoría de las culturas indígenas sobrevivientes, han quedado relegadas a los lugares mas inhóspitos de su geografía. País, perteneciente a un continente mestizo en donde el ideario estético predominante pareciera ser: "el asemejarse lo menos posible al indio".

En el camino a la Ciudad Perdida se pasa por "Mutanyi", un típico poblado indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta, habitado por Koguis, en donde los techos de paja de forma cónica de los bohíos, sobresalen cual si fueran parte del sistema montañoso que los rodea. Pequeñas plantaciones de coca, crecen desordenadamente al lado de los bohíos.

Los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, al igual que muchos pueblos aborígenes que habitan sobre la Cordillera de los Andes, han mantenido su vínculo ancestral con esta "planta sagrada". "El mambeo" sigue siendo una de las prácticas cotidianas mas importantes de los varones Koguis.

Luego de dos días y medio de duras caminatas, en donde se debe atravesar varias veces el Río Buritaca, finalmente se accede a la Ciudad Perdida, pero antes de hacerlo se debe superar una última gran prueba, ascender por una escalera tayrona de más de 1200 escalones. Si ha llovido, las lozas de piedra que constituyen los escalones se pueden tornar tan lisas, que las caídas resultan casi inevitables.

Caminos empedrados, muros de contención, puentes, escaleras y terrazas; todo en medio de una exuberante selva, es lo que le depara al viajero en la Ciudad Perdida de los Tayronas. La comparación con Machu Picchu es inevitable. En uno y otro lugar lo que mas impresiona es la extraordinaria armonía entre las construcciones de piedra y la hermosa naturaleza que las rodea.

El misterio que embarga a ambos lugares se suele ver realzado con la intervención de un mismo agente: la niebla. Caprichosa y burlona, la niebla hace y deshace con las emociones de los visitantes, su manto blanco desciende o asciende, cubriendo o poniendo al descubierto los encantos propios de estos mágicos parajes. La gran diferencia entre Machu Picchu y la Ciudad Perdida de los Tayronas, es que en esta última no sobrevivieron ni casas, ni edificaciones, pues los materiales con que estaban hechas (paja, bareque, barro...etc), naturalmente que no sobrevivieron al embate de la selva.

El lugar mas sobrecogedor de la Ciudad Perdida es aquel en donde está localizada la figura ceremonial de un sapo hecho en piedra, el cual está en medio de dos espectaculares conjuntos de terrazas. Las vistas son sublimes, tanto en la parte superior de las terrazas, como al nivel de localización del sapo.

Después de visitar la Ciudad Perdida, comienza el retorno. De nuevo las largas caminatas (aunque algo menos extenuantes) y el regreso a Santa Marta. El agotamiento es grande pero la satisfacción también.

Se transitó por caminos difíciles, en donde los mosquitos no dan tregua. Se viajó a través del tiempo, se interactuó con los descendientes de los Tayronas y en últimas se visitó una de las más grandes muestras arquitectónicas de la América Precolombina.



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