Diarios de viaje > Santa Elena de Uairén, América del Sur
La Gran Sabana, ¡Espectacular!
Escribe: Diegoept
El lugar donde comienza lo desconocido. Tan lejano como para no acordarte de la ciudad. Tan cercano como para sentirte en tu propio hogar. Un lugar indescriptible con palabras, mucho menos con fotografías, pues son sólo un pequeño abreboca de lo que en verdad esconden los milenios de estas tierras.
El comienzo de la aventura
Santa Elena de Uairén, Venezuela — domingo, 27 de septiembre de 2009
En la cascada está prohibido adentrarse en el bosque, sin embargo, estoy conciente de que siempre se pueden encontrar cosas nuevas si uno se sale del camino. Así que me metí por el bosque y subí más allá de la cascada. En unos 10 minutos había encontrado otra hermosa cascada de unos 3 m de altura, que igualmente caía de una spiedra de jaspe. Y es que la piedra continúa mucho más arriba de la cascada principal. Me emocioné bastante y seguí caminando para encontrar una segunda cascada, más grande que la anterior y más bella también. Debe tener unos 6 m, pero es simplemente preciosa. Creo que valió la pena adentrarme en el bosque, encontré lo que muy pocos han visto en este lugar: dos hermosas cascadas completamente solitarias.
Después seguimos nuestro camino. La vía es preciosa, se va por en medio de la sabana y al fondo, se puede apreciar la gran mole del Monte Roraima y otros tepuyes de la Sierra de Rinocote. En algún punto de la carretera nos detuvimos en un mirador que nos mostraba desde muy lejos una cascada llamada el Velo de Novia, una verdadera belleza a la cual le tengo ganas de conocer.
Pues, mientras andábamos en el camino, uno de los autobuses de la excursión se recalentó, así que tuvimos que parar justo en frente de un precioso pozo, al cual subiéndole tenía una pequeña cascada y otro pocito bien bonito. Al día siguiente descubrí que se trataba del Río Mauripán. El pozo era de aguas cristalinas y lo suficientemente profundo como hacer clavados en el lugar.
Mientras seguíamos, el autobús se volvió a recalentar, esta vez en frente del Río Anauaic.
Que belleza de río. Aguas amarillas como el oro por los minerales que tenía, pero completamente cristalinas. El río tenía una pequeña cascada que servía de ducha, donde el agua caía caliente en contraste con el tremendo frío que había en el río. Tiene bastantes piedras, así que era necesario caminar con bastante cuidado porque se mueven y se puede uno caer. Aquí también decidí bajar por el río a ver qué encontraba, y ps encontré una cascada tipo tobogán que se deslizaba por algunas lajas de poca altura. El lugar era bien bonito, más bien hermoso.
El resto del día el autobús no se nos dañó más, así que pudimos ir hasta Manakachi, un balneario con varias cascadas y un pozo completamente estelar. La cascada principal tenía unos cinco metros de altura, y el pozo era bien frío y profundo, ideal para el tremendo calor que hacía. El segundo salto era tan alto como el primero, sin embargo, era un poquito más abajo, por lo que tenía menos gente.Más arriba había un pequeño tobogán que permitía deslizarse mejor que en los parques de niños. Tres cascadas y yo no me podía llegar quieto. Tenía que subir, para encontrar una cascada pequeña tipo cortina que caía de unos dos metros en cada uno de sus escalones. En la foto no se ve tan espectacular como en verdad es. Llegué tarde al autobús y me regañaron, jajajaja. Sería lo mismo que haría el resto semana.
Seguimos rumbo a los Rápidos de Kamoirán por la única razón de que el autobús se estaba quedando si gasolina. Allí, mientras el autobús cargaba el tanque, nosotros llegamos a la preciosa cascada que cae muy inclinada de un desnivel de 10 m. Más abajo encontré muchos rápidos, excelentes para practicar el rafting. Este es el sitio más conocido en La Gran Sabana para hacer este deporte.
Ya bien tarde, nos devolvimos a Maurak, donde está el colegio. Serían como tres horas de camino para volver a nuestro hospedaje o creo que más. Créanme que es imposible aburrirse en este camino, pues el retorno nos permitió apreciar los preciosos tepuyes de la Sierra de Rinocote en el atardecer. Creo que es una de las mejores fotografía que he tomado y es uno de los lugares más bellos que he apreciado. Éste fue el recorrido del día, bastante ajetreado, pero hermoso, sólo puedo decir que valió la pena.
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