La bahía y península de Samaná, situadas en la costa norte del país, son unos de los lugares más singulares y hermosos de la isla. Hogar de los indios ciguayos, la zona no fue colonizada hasta casi el siglo XVII, a pesar de que Colón arribó a sus costas en 1493, de ahí que carezca de importantes vestigios históricos. No obstante, compensa con creces esta carencia con sus bellos paisajes, magníficas playas, como el Cozón, Playa Bonita o la coralina y kilométrica Las Terrenas, y su exótica vegetación y fauna, especialmente la marina, como tortugas o ballenas jorobadas. En sus pintorescos pueblos de pescadores, como Sánchez, Santa Bárbara o Miches, los amantes del pescado y el marisco podrán degustar estos frutos del mar a unos precios muy ventajosos.
Desde esta península pueden llevarse a cabo excursiones al Salto del Limón, una espectacular cascada de 40 metros de caída, al encantador Cayo Levantado, un pequeño islote donde descansar, pescar o bucear o al Parque Nacional de los Haitises, una peculiar formación geológica con exuberante vegetación, aves tropicales y numerosas cuevas.