De ruta por Centroamérica

Escribe: Pastor82
Objetivo: recorrer seis países en 30 días en uno de los meses más calurosos del año en esta parte del mundo. El istmo centroamericano que une México con Sudamérica es un maravilloso mundo de selváticos paisajes, antiguas culturas y gentes con una hospitalidad increíble.

 

   Enviar a un amigo   

 
1 2 Capítulo 4 6 7 ... 10

El Salvador: carretera y volcanes

San Salvador, El Salvador — sábado, 8 de marzo de 2008

Fugaz fue mi paso por esta minúscula república de Centroamérica. En realidad queríamos bajar hasta Nicaragua atravesando Honduras, y de paso haber podido visitar la ciudad maya de Copán, pero el tiempo era nuestro peor enemigo y la alternativa más rápida era yendo por El Salvador, ya que una autopista atraviesa el país de norte a sur y el trayecto era más corto. 

Las cinco horas que tardó el primer bus en ir desde Ciudad de Guatemala a San Salvador, las cuatro horas de un sábado noche esperando en la capital salvadoreña, y las doce horas que tardaría el segundo bus en llegar a Managua, suman una odisea de 21 horas de viaje, cuyas anécdotas voy a narrar. 

Hace un par de horas que el bus de King Quality ha dejado atrás Ciudad de Guatemala cuando entramos en la frontera con El Salvador. Algunos jóvenes se agrupan para cambiar quetzales por dólares (moneda que ha substituido al tradicional colón salvadoreño). Hacemos algunos cambios y no tardamos en seguir el viaje. 

Las tres horas restantes hasta la llegada a la capital las paso con la frente pegada a la ventanilla. La autopista recorre verdes valles con ríos de agua cristalina. Al fondo algunos volcanes parecen demostrar con su respetuosa presencia que a ellos se debe la fertilidad de las productivas tierras sobre las que han brotado interminables campos de cafetales. 

La ventanilla del bus es una constante película de aldeas, paisajes tropicales, campos de cultivo, jóvenes jugando al futbol, carruajes... dejamos de lado Santa Ana, la segunda ciudad del país, mientras la noche parece cernirse sobre este país bañado por el Pacífico, al que nuestra vista no alcanza a ver. 

Pasadas las doce de la noche llegamos a San Salvador. Una mujer nos indica que el bus a Managua sale desde otra terminal, así que no nos queda otra que esperar hasta las 4 de la mañana a que salga el segundo bus. Y ahí nos ves a Carlos y a mí, con nuestras mochilas, sobre una desolada estación de autobuses sin saber qué hacer. 

Es sábado (ha pasado justo una semana desde que iniciamos la ruta).  Un taxi nos lleva a la Zona Rosa. Es cara pero segura, y siendo como es de noche, lo último que querríamos es que nuestras mochilas corran peligro. Vamos a cenar algo a un Mcdonalds, establecimiento que, pese a la hora que es, sigue abierto y funcionando como a la hora de la cena. Miro alrededor, exhausto por el viaje: algunos grupos de amigos, todos de etnia blanca (casualidad?) Giro la cabeza y ahí fuera un grupo de niños descalzos juegan al futbol mientras sus padres recogen sus puestos ambulantes.  

Los muchachos del Mcdonalds parecen divertirse y eso nos hace pensar en alguna forma de dejar las mochilas en alguna parte, vestirnos, asearnos y salir un rato para matar el tiempo mientras pasan las cuatro horas.
La encargada del local, una joven muchacha que desnuda a Carlos de arriba abajo con la mirada, nos sugiere dejar las mochilas en la consigna de algún hotel. 

Y así hacemos. La jugada nos salió redonda. No recuerdo bien cómo empezó todo, pero al rato estábamos en la consigna del Hotel Hilton nada menos! Hemos dejado a un lado las mochilas y allí mismo nos arreglamos: unos jeans, una camiseta ajustada y dos o tres chamadas de Hugo Boss. Me como el mundo! Y ahí salimos del gran hotel. 

Nos tomamos algunas cervezas nacionales y entramos en un par de antros. A las 2 de la mañana un taxi nos lleva a la terminal de autobuses y allí, después de pagar un poco más, conseguimos cambiar el billete del bus por uno que sale una hora antes. El resto de pasajeros que espera allí con nosotros es un equipo infantil de boxeo que se dirige a realizar un torneo a Nicaragua. 

La noche parece dejar caer todo su peso sobre mis pestañas y me duermo en el asiento del bus, mecido por los baches de la carretera. Ya casi amaneciendo, entramos en Honduras. Por este país sólo recorreremos la estrecha franja occidental (poco más de una hora), pero eso no nos impide el burocrático relleno con nuestros datos, la entrega de pasaportes y el dichoso pago de tasas.  

Un poco más tarde repetimos la jugada cuando entramos en Nicaragua. Ya es completamente de día. Nos hacen bajar nuestros equipajes y vaciar su contenido para revisarlo. Los mismos chavales que cambiaban quetzales por dólares en El Salvador, ahora cambian dólares por córdobas. Un desgastado muro indica con un triste "Bienvenidos a Nicaragua" que el país no atraviesa sus mejores momentos. No obstante, de este país, que es donde pasamos la mayor parte del tiempo, nos llevamos un recuerdo inolvidable por la amabilidad y sencillez de la gente. Es un país que me enamoró. 

Ocotal, Somoto, Esteli, Tipitapa...
Una infinidad de pueblecitos y ciudades, un sabor tropical y unos paisajes verdes, montañosos, dan paso a boscosos llanos que se hacen cada vez más calvos y antropizados conforme nos acercamos a la capital. Pasadas las 3 PM, bajo un sol insoportable y un calor que provoca mareos, llegamos a Managua. El Lago Managua nos recibe con una sonrisa mientras el bus se pasea por las desoladas calles de la ciudad hasta llegar a la Terminal. Uno de los boxeadores nos da nuestras mochilas y salimos a la calle, donde un grupo de taxistas se abalanzan sobre nosotros.
Lo primero que hicimos fue buscar donde poder comer algo y luego donde poder dormir. 

Decidimos marchar hacia la periferia, a la colonia Centroamérica, y allí pasaríamos la primera noche, en el Hotel Kelly.


Publicado
Modificado
Leído 5783 veces

    Enviar a un amigo

1 2 Capítulo 4 6 7 ... 10
 
 


 

Puesto fronterizo entre Guatemala y El Salvador

   

Capítulos de este diario