Llegamos finalmente al monumento a la humanidad, donde se dice que hay caras representativas de todas las razas de la humanidad. En realidad ésta y otras maravillas de Marcahuasi son producto de innumerables trips de alucinados marihuaneros, la roca que parece un sapo, que parece un león, la gente no tiene que hacer, en mi modesta opinión.
En mis viajes por la Sierra he encontrado innumerables rocas con características similares y nadie les pone nombres tan rimbombantes como "Monumento a la Humanidad". Eso sí, Marcahuasi es un bello lugar que nadie debería dejar de conocer y es una excelente introducción al mundo de las caminatas. El momento de la llegada a la planicie de Marcahuasi fue a la vez de orgullo y de vergüenza total, nos abrazamos felices de culminar tamaño esfuerzo y en medio de lágrimas de alegría recuerdo haber comenzado a sentir un fuerte olor a anticuchos.
Sería que el esfuerzo y la deshidratación (el burro tenía toda el agua, que geniales que fuimos) me tenían alucinando? Y es que poco a poco el éxtasis de haber llegado a la meseta dio paso a una sensación de ser los caminantes más idiotas del mundo.
Habíamos conseguido llegar y especialmente con el agua intacta, el único detalle es que inmediatamente vimos a la distancia varias columnas de humo saliendo de sendas parrillas de señoras que vendía de todo, papa a la huancaína, lomo saltado y por supuesto inca kola "al tiempo". Por primera vez en esa aventura, nos dimos cuenta de lo inexpertos que éramos. Sin embargo, los siguientes tres días nos darían tiempo suficiente para demostrar que siempre se puede ser más idiota.
"Nunca subestimes la estupidez del ser humano" reza una de las leyes fundamentales de la estupidez humana, según Humberto Ecco.