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El Origen Perdido

Escribe: JinetePalido
Los objetivos de estos dos meses de viaje son claros. Machu Pichu, único lugar en el mundo que realmente quiero sentir. Desierto de Atacama, paisajes lunares, grandes dunas, geisers, toda una aventura. Cataratas de Iguazú, grandeza en estado puro. Patagonia, segundo lugar en el mundo, alli me sentiré pequeño, y la naturaleza salvaje me superará. Comienza la aventura.

 

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Bienvenidos al Desierto de Atacama

San Pedro de Atacama, Chile — viernes, 10 de agosto de 2007

Lunes 10 Agosto.  Nacho Vegas dice en una de sus canciones "Ahora se que el tiempo no se puede detener". Y así es. A todo el mundo le gustaría que el reloj se parase por un instante, unas horas, unos días, para poder disfrutar de ese momento mágico. Pero no se puede. Por más que uno lo desee, es imposible. En San Pedro de Atacama lo que si se consigue es que el tiempo pase más despacio. Aquí en este pueblito de poco más de dos mil habitantes, uno nunca sabe la hora que es.  

Hoy me he levantado algo tarde, las ocho y media, será porque aquí la gente no madruga mucho. Hasta que el sol no calienta lo suficiente, esta no se aventura a salir a la calle. No tenía plan. Tengo claro todo lo que quiero ver en estos días que voy a estar en San Pedro de Atacama, pero no se cuando. Bueno ahora sí, esta mañana no. Como en la aventura esta el improvisar, pues he alquilado una mountain bike. Todo el mundo lo hace. Quería sentir esa libertad que te da el poder moverte por el desierto, quería perderme por alguna de estas pistas de tierra sin destino. Pero la verdad que la excursión ha sido corta, cuatro kilómetros a Pukara de Quitor y vuelta a San Pedro. En Pukara he estado más tiempo del que jamás hubiese imaginado. Más de dos horas. Hay dos cosas que hacer. Visitar una antigua metrópolis enclavada en un cerro, por cierto una cultura que tuvo contacto directo con Tiwanacu, el origen perdido. Veinte minutos de subida, y diez de bajada. Y la otra actividad era subir a un mirador. Más de treinta minutos de ascensión. No es muy dura pero cuesta. Las vistas arriba impresionaban bastante, era la antesala de lo que por la tarde he vivido. De vuelta a San Pedro he reservado los "tour" que quiero hacer hasta el viernes que permanezco por acá, y a comer. 

Por la tarde primer tour "Valle de la Muerte y Valle de la Luna". Esencia de desierto en estado puro. A las tres hemos arrancado. Al Valle de la Muerte se llega rápido. Este valle fue bautizado así por su color rojizo, y por su parecido con Marte. Padre Le Paige lo hizo. En realidad, este personaje belga puso nombre a la mayoría de las maravillas que rodean este singular pueblo. Como hablaba francés, el decía Marte y aquí se le entendía Muerte. Y se quedó con Muerte. La entrada al valle te ofrece una bonita postal. Todo rojizo. Y cruzarlo es un cúmulo de sensaciones, ya que al fondo se alza una gran duna. Siempre quise ver una gran duna, y hoy ha sido el día. Sueño cumplido. Pensaba que este desierto sí tendría un mar de dunas, pero estaba equivocado. Lo que sí tiene son grandes dunas, inmensas dunas. A mi me impresionan. La magia del lugar quizá la empañaba las personas que practicaban sandboard. Pero a cambio si ofrecían una divertida estampa, de caídas, descensos vertiginosos. Una vez cruzado el valle, nos hemos puesto de camino al otro valle, al de la Luna. Si Neil Amstrong estuvo en la Luna, yo puedo decir que también. A mi me ha gustado más este valle. Quizá por que está cubierto por una fina capa de sal, y por sus figuras imposibles creadas por la acción del viento sobre rocas de sal. De entre ellas destaca la de las "Tres Marías", que ahora solo son dos y media, por que una se ha caído.  Estar dentro de este valle es estar como en otro planeta. No sé si la Luna, por que nunca he estado, pero alguno habrá que se le parezca. Aún quedaba lo mejor. Un bello atardecer. Como es invierno aquí, antes de las seis el sol se esconde por el horizonte. Así que nos hemos apresurado primero a subir a la gran duna, para proseguir la ruta por la cresta de un cerro. Era el sitio perfecto para disfrutar. Lo de menos es ver el sol como se esconde. La verdadera magia reside en observar como las montanas, los valles, los llanos, cambian de color, hasta volverse morados, síntoma de que todo ha acabado. Todo había acabado. Ya casi de noche hemos retomado la carretera a San Pedro de Atacama. 

Mañana creo que va a ser el día más frío de mi vida. Hasta la fecha. Estaré a -15º. El lugar, una sorpresa. A las cuatro pasan a recogerme por el hostal. Otra vez a madrugar. Aun no son ni las diez, y San Pedro de Atacama descansa bajo este frío, que noche tras noche no perdona. Bienvenidos al desierto.

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Últimos comentarios

elaguila45678 dice:
Que buenas fotos amigo me recuerdan cuando estuve por ahì San Pedro es fascinante llego de energìa!!!!. Saludos y buenos viajes
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