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El Origen Perdido

Escribe: JinetePalido
Los objetivos de estos dos meses de viaje son claros. Machu Pichu, único lugar en el mundo que realmente quiero sentir. Desierto de Atacama, paisajes lunares, grandes dunas, geisers, toda una aventura. Cataratas de Iguazú, grandeza en estado puro. Patagonia, segundo lugar en el mundo, alli me sentiré pequeño, y la naturaleza salvaje me superará. Comienza la aventura.

 

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Atacama Dos: Geisers de Tatio

San Pedro de Atacama, Chile — martes, 11 de agosto de 2009

Martes 11 Agosto. El día prometía frío, y no ha defraudado. Nunca he pasado tanto frío en mi vida. La temperatura marcaba los -14º. Me he puesto toda la ropa de invierno que tenía a la vista. Pero el frío no se ha ido hasta que el sol no ha hecho acto de presencia. Por un momento he dudado si podía hacer fotos. He sufrido para hacer fotos. Pero todo una vez más ha merecido la pena.

A las cuatro ya estaba en la puerta del hostal. Con interés por descubrir lo que iba a acontecer. La noche era fría, las estrellas copaban el firmamento, bajo la atenta mirada de una media luna, ya en fase decreciente. Todo era silencio. Pronto, como por arte de magia, todo ha cambiado. Autobuses, furgonetas, coches privados han roto ese silencio. Se estaba gestando la caravana que nos llevaría a los Geisers de Tatio. Primera parada. La furgoneta que pasaba a recogerme, para variar, se ha retrasado más de lo que debía. Fallo mecánico. La gente andaba algo enfadada, ya que si no estás justo para el amanecer, nada tiene sentido. El guía nos ha tranquilizado, y nos ha prometido recompensarnos. Y vaya si lo ha hecho. La furgoneta era una nevera con ruedas, que mas que rodar parecía que cabalgaba, así era imposible dormir. Los Géisers de Tatio están a una altura de más de cuatro mil metros, así que conforme se subía el frío se sentía más. La calefacción no funcionaba. Después de casi dos horas de duro trayecto por pistas de tierra, y curvas algo imposibles, hemos llegado a las puertas de la reserva protegida. Bajarse de la furgoneta, ver que el termómetro marcaba -14º, y quitarse los guantes para pagar el boleto de entrada ha sido lo mas duro. Cuanto frío. Pero ya al fondo se podía distinguir el maravilloso espectáculo del que íbamos a formar parte. Ya en los geisers todo y nada ha cambiado. Por un lado todo era sorprendente, y por otro lado el frío casi que no te dejaba pensar. Por lo menos a mí. Hace menos de un año vi un reportaje de Islandia. País de Geiser. Y quede fascinado. Hoy estoy en otro lugar del mundo, pero viendo el espectáculo del agua hirviendo emanando de las entrañas de la tierra, el planeta que nos acoge. Hemos llegado tarde, y el sol ha aparecido al poco. Pero a mi no me ha importado. El sol, aunque sea a las siete, calienta en estas latitudes, y ha sido todo un alivio. Además hemos visto los geisers en estado puro, y para mi ver el amanecer allí es lo que mas me ha gustado. Uno puede sentir bajo sus pies el calor del planeta, el movimiento de sus constantes. Es todo único.

Primera deuda del guía.
El Geiser Blanco. Esta parada no estaba incluida en la hoja de ruta. Este lugar es un manantial de agua sulfurada que emana de la tierra bastante caliente. Eran las ocho y media de la mañana. Aún hacía frío. Pero bañarse en estas aguas era una opción irrechazable. Todos lo hemos hecho. Estábamos solos, y allí hemos permanecido una hora. Impresionante el lugar, impresionantes las aguas. Otra cosa que se puede hacer en Islandia, y en Atacama también.

La tercera parada del día, ha sido el pequeño pueblo atacameño de Machuca. Con solo ocho habitantes es una pequeña aldea, con bastante historia, sobre todo durante la colonización y evangelización de épocas remotas. El guía me lo ha recordado más de una vez. Parece que hay que sentirse culpable por algo que ocurrió hace ya más de cuatrocientos años. Del pueblo solo destacar su discreta y humilde iglesia.

Segunda deuda del guía
. Valle de los Cactus. Nombre más que original. Adentrarse en este minúsculo valle, es como transportarse al puro desierto mexicano. El lugar ofrecía instantáneas bastante singulares. Los captus eran inmensos. Y el arroyo aun fluía bajo una capa de pequeña capa de hielo. Al final del recorrido una pequeña cascada, y un lugar de sombra para descansar. El guía había cumplido con su palabra, y había que agradecérselo. A mi me llamaba España.

Un tema aparte es hablar de los guías que habitan por estos lugares. Todos diferentes, todos únicos.

Esto ha sido lo acontecido en el día de hoy. A las una de la tarde ya estábamos en el pueblo. Son las cuatro y acabo de escribir estas líneas, ya que esta noche antes de las diez estaré dormido. No he dormido nada desde que me levanté a las tres y media. Ni creo que lo haga. La tarde pinta bonita en Atacama. Voy a aprovecharla. Hay un museo que visitar.

Los días pasan apacibles en Atacama. Este pueblo tiene algo. Aquí se conocen todos. Las calles son de tierra, las casas de adobe, pintadas blancas o marrones. Todo está diseñado para el turismo. Pero de una forma sostenible. Además vive bajo el influjo del desierto, de las sales, que hace de él un buen sitio para visitar por lo menos una vez en la vida.

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Últimos comentarios

elaguila45678 dice:
Que buenas fotos amigo me recuerda cuando estuve hacia 18 grados bajo cero, pero bien valiò la pena el frìo y la levantada temprano el lugar es increible!!!!. Saludos.
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