Al descender del micro, la suave brisa calida, dejaba impreso sin lugar a dudas que me encontraba al norte de mi querida Republica Argentina. En el Hostels, la bienvenida por parte del personal hizo que me relajara aun más. Por un par de días ese seria mi hogar.
Luego de un reconfortante baño, salí al centro de la ciudad donde quedé vislumbrada con la casa de Gobierno, la Catedral y demás edificios históricos iluminados, me deleite con una peña que demostraba sus danzas en la plaza, y la música de fondo acompañaba mi paseo nocturno. Un trago fresco con unas empanadas Tucumanas en una confitería del lugar para descansar y sorber el aire nocturno de la ciudad, y la vuelta al Hostels.
Al llegar, una cerveza con Martín y Guille, y filosofía sobre cuestiones de la vida hasta altas horas, cerraron el día. Mañana soleada invitaban a un paseo.
Tras unos mates, partí a conocer, junto a Ezequiel quien seria mi compañero de tours, lo que se conoce como Circuito Chico; Dique el Cadillal, la villa veraniega de Raco y El Siambon.
Al llegar a la cumbre del Cerro San Javier, donde se encuentra el Cristo Bendicente (Imponente monumento de 28 mts altura, 7mo en mayor altura del mundo, y 3ro en Argentina luego del Redentor de Mendoza y el Penitente de Salta) ya se notaba un frente frío que nos haría abrigarnos nuevamente.
Tras unas cuantas fotos y mucho frío, retomamos hacia Tucumán por la ruta 38. Al llegar al centro de la ciudad, luego de la despedida con deseos de buen viaje, me interne en el Parque 9 de Julio, donde observe varios monumentos, el Rosedal y un escenario montado con maquetas recreatorias de la zafra.