Viaje por el Norte Argentino

Escribe: leticia_fs
Llevaba casi un mes en Buenos Aires visitando a un amigo cuando decidí emprender mi primer viaje en Argentina, él se ofreció a acompañarme ya que no conocía mucho de su país, nos dirigíamos al norte, donde no imaginábamos lo que íbamos a encontrar...

 

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Capítulo 1 3

De Buenos Aires al Norte...

San Miguel de Tucumán, Argentina — martes, 13 de noviembre de 2007

  Compramos los billetes en Retiro (estación de trenes) para salir el 13 de noviembre hacia San Miguel de Tucumán, ésta era la opción más económica ya que los vuelos nacionales en Argentina son más bien caros y en autobús la diferencia de precio también era considerable en relación al coste del pasaje de éste tren que no llegaba a los 40 pesos (10 euros aprox.). De modo que el día 13 a las 12 de la mañana partíamos de Buenos Aires en un viejo tren de incómodos asientos de madera, repleto de familias de norteños cargados de enormes bultos y algún que otro viajero como nosotros con la mochila llena de ganas de llegar a su destino.

  Veintiséis horas más tarde llegamos a la ciudad conocida como “el jardín de la Republica”, Tucumán, tras un duro viaje de tan sólo 5 paradas, en las que todos los pasajeros bajábamos desesperados por andar en los andenes y, en nuestro caso, buscar a alguno de los tipos que buenamente se buscan la vida por la estación vendiendo alfajores y café caliente en termos. Está de más decir que no dormí en todo el viaje  y al bajar del tren y cargarme la mochila me di cuenta de que no sería capaz de andar con ella ni diez minutos, de modo que a pesar de que habíamos planeado no pasar la noche allí optamos por buscar un hostel en el que poder darnos una ducha, descansar y recuperar fuerzas (encontramos uno muy bueno por 25 pesos x persona en “dormis” o habitaciones compartidas).

  Al atardecer salimos a recorrer un poco la ciudad y sus verdes calles que resultaron estar cargadas de un interesante patrimonio arquitectónico; como la casa de gobierno, la catedral, la iglesia de san Francisco, la Casa de la Independencia... terminamos sentados en la plaza Alberdi, la misma plaza de la estación donde horas antes nos habíamos sentado agotados tras el viaje, esta vez disfrutando del silencio y la paz que allí se respiraba, estábamos en plena primavera pero fue el primer día desde mi llegada a Argentina que sentí que la temperatura era perfecta, podría haberme quedado en aquel lugar todo el tiempo del mundo...


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