Patagonia en moto

Escribe: antonioushuaia
PATAGONIAARGENTINAENMOTOMÁS DE 8000 KILÓMETROS SOBRE DOS RUEDAS.Antonio Repiso Prades y Mª Félix Romero Santos-Mora sobre una BMW R1100GS.Esto fue nuestro periplo en moto por un mundo...

 

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Capítulo 1

Patagonia en moto

San Martín de los Andes, Argentina — sábado, 16 de diciembre de 2006

PATAGONIA
ARGENTINA
EN
MOTO
MÁS DE 8000 KILÓMETROS SOBRE DOS RUEDAS.
Antonio Repiso Prades y Mª Félix Romero Santos-Mora sobre una BMW R1100GS.

Esto fue nuestro periplo en moto por un mundo totalmente desconocido.
Empezaremos en el mes de Agosto, cuando Mª Félix vino una semanita a casa y acabamos de preparar la caja para la moto y hacer cuantas pruebas y recolocaciones de equipaje hicieron falta, que fueron algunas. Al final nos apañamos.
Todo preparado para cuando fuera la cosa en serio.
Después pasaron unos cuantos meses en los que veías llegar la fecha pero algo te decía que no podía ser y que pasaría cualquier cosa y habría que anularlo todo. En el mes de Octubre, vía internet, compramos los billetes de avión. Nos costaron 1200 euros, que eso era ya algo como para empezar a creer en que nos íbamos. Tal como llegaba la fecha nos preparábamos para empaquetar la moto. Antes hicimos una escapada a Andorra donde Mª Félix se dejo la extra de Navidad comprándose un traje de gore-tex y unas botas de verdad.
Yo hice un curso acelerado de mecánica básica para la BMW en el concesionario Planamotor de Castellón, que luego de algo me sirvió.
Llegó el 16 de Diciembre, día que teníamos que irnos a Valencia a dejar la moto preparada para su embarque el día 22. Con la colaboración de un compañero de trabajo llevamos la moto en caravana hasta Valencia, en concreto a Sedaví. Raúl con la furgo con la caja de la moto dentro, Mª Félix con su coche y yo con la moto. Llegamos al almacén, bajamos la caja y Raúl se marchó. Allí nos quedamos Mª Félix y yo, con la caja, la moto, y todo por empaquetar. Como ya estaba todo "entrenado", desmontamos retrovisores, cúpula, matrícula y parrilla del top-case, metimos la moto en la caja, la atamos, y colocamos todo el equipaje, maletas, cascos, trajes de gore-tex, botas, sacos, tienda de campaña y todo lo demás. Cerramos la caja, la pesaron, la midieron y se la llevaron para adentro. Bueno, de aquí a un mes te recogemos en Buenos Aires. Nosotros nos volvimos para casa en el Megane de Mª Félix. Estábamos a 16 y ya casi no había vuelta atrás.
El día 22 salió la moto de Valencia. El día 26 me llamó Mª Félix bastante seria y casi llorando. Se había caído en un paseo por la montaña y se había hecho un esguince en el tobillo de los que quitan el hipo y no sabía si iba a estar bien para hacer el viaje. El avión salía el 16 de Enero, justo tres semanas después.
Yo no sé qué fue, si realmente no era tanto como aparentaba, las ganas que tenía ella de hacer el viaje, o que se aliaron los cometas en su favor, pero el caso es que tres días antes de salir el avión cogió el alta, caminando aún con una muleta, y se vino conmigo para Argentina. Fue algo increíble, realmente demostrando mucha valentía y confianza.
Bueno, día 16 de Enero. 20:00 horas. Ya estamos en el aeropuerto del Prat Yo en mi vida he subido a un avión, pero para cumplir mi sueño lo he de hacer, así que allá vamos. A las 21:15 nos subimos. Me parece que es un avión grande, con asientos de dos a un lado y de tres al otro, y un montón de filas de asientos. Vamos hacia Madrid, para coger el avión que va directo a Buenos Aires. La sensación de aceleración es alta pero no notas la velocidad real. Si para despegar se han de poner a 400 Km/hr en tierra realmente no lo notas. Tres cuartos de hora después estamos aterrizando en el aeropuerto de Barajas.
A las 23:45 nos llaman a embarcar en el avión donde vamos a estar 12 horas antes de tocar de nuevo tierra firme. Al ir por el pasillo para subir al avión miro por una ventanilla y me doy cuenta de la inmensidad de este avión. "Joder, este si que es grande", pienso, a la vez que se lo digo a Mª Félix para que lo vea ella también. Una vez dentro, una fila de dos, una de cuatro y otra de dos, y tropocientas filas. Afortunadamente nos toca una de dos, con lo cual ella puede quitarse la zapatilla de su pie izquierdo y subirlo para descansarlo en mis piernas.
Despegamos de nuevo, nos sirven la cena, el desayuno, las bebidas que quieres, etc, etc. El precio desde luego ya lo vale. A ver si descansamos un poco, que mañana estamos ya en Buenos Aires.
Sobre las 8 de la mañana bajamos, pasamos los trámites de la aduana, en admisión temporal como turistas, y todas estas mandangas. Taxi y para capital federal, como llaman los argentinos a lo que aquí sería Barcelona ciudad, o Madrid ciudad. Por el camino ya nos sorprenden varias cosas. Vemos una circulación pausada y sosegada, tranquila. El parque móvil no está para tirar cohetes, coches bastante viejos, casi ni una moto, y camiones como los que repartían antes la leche o las bebidas, de esos que apenas se ven ya por España, pero con sacos de patatas que a cualquier bache se caían, gente en las cajas de los camiones por plena autopista, gente parada en los arcenes con el coche averiado, coches tirando de otros coches con una cuerda, sí, en plena autopista, gente en los laterales descansando con la mesa desplegable, justo al acabarse el arcén, no sé, cosas que si las hicieras aquí no tardaban ni tres segundos en denunciarte. Al entrar en capital federal, lo que más me llama la atención son los semáforos. Afortunadamente es la misma secuencia de colores que en España, el problema es que te los encuentras en la esquina siguiente al cruce. Es decir, llegas a un cruce, y si lo buscas como en España no está, y dices "no hay, como salimos por la derecha tenemos preferencia", pero ves que el taxista para. Entonces a la esquina siguiente ves una luz roja y dices "joder, otro semáforo en rojo". Buffff, creo que me va a costar un poco acostumbrarme.
Bueno, el taxi nos deja en el cruce de 9 de Julio con Belgrano. Buscamos un hotel para descansar, "vaya, uno de 4 estrellas, entramos?". Preguntamos precio, nos parece que está bien y como será solo una o dos noches lo cogemos. Descargamos el poco equipaje que llevamos, ya que el resto viene con la moto, y después de una rápida ducha, nos vamos a ver qué podemos aclarar sobre la moto. Sobretodo si está aquí y en qué condiciones ha llegado. Vamos a Belgrano 355, a Maritime, la naviera, donde nos indican los pasos a seguir. Como buenos chicos los seguimos y después de estar esperando en un lugar llamado EMBA (Estación Marítima Buenos Aires) más tiempo del que creemos necesario, gracias al agente de aduanas Héctor, que se ahogaba en un vaso de agua, y tras pagar las tasas de nuevo en Maritime, nos vamos al almacén donde está la moto, en el barrio de Boca, uno de los más peligrosos de Buenos Aires.
Vemos la caja de la moto, está intacta, quitando un par de agujeros en la madera lateral que afortunadamente no tocó nada por dentro, y nos la sacan a una explanada para que podamos montar la moto.
Cerraban a las 18, y aún había que hacer papeleos aduaneros, así que montamos la moto en un tiempo record, gracias a que ya lo teníamos bastante ensayado.
Bien, a las 18:15 salíamos con la moto cargada hasta los topes. Cada vez que paraba en un semáforo no dejaba de mirar a los lados por si alguien se acercaba y os aseguro que si alguien se hubiera acercado me hubiera pasado el semáforo hubiera estado en el color que hubiera estado. Afortunadamente nadie se acercó y pudimos llegar de nuevo al hotel sin ningún problema.
Estábamos agotados, a Mª Félix el pie parecía que le iba a estallar, y mientras yo guardaba la moto en el parking del hotel, ella se relajaba con un baño en un hotel de cuatro estrellas...... por los que luego no se podría dar...
Esa noche nos acostamos con unas ganas tremendas de comenzar ya a rodar con nuestra moto, que era a lo que habíamos ido allí.
Al día siguiente, desayuno de campeonato incluido en el precio del hotel, y a acabar de hacer un par de trámites para irnos ya.
Primero fuimos al consulado español a que nos sellaran el pasaporte para que alguien de allí supiera que estábamos allí. Nos tuvimos que hacer un par de fotos. A mí el tipo me dijo que bajara el mentón, y yo abrí la boca. Salí con una cara de alelado......jajajaja, menos mal que no nos pasó nada en el resto del viaje y no salió esa foto publicada en los telediarios de España, que si no......
Lo segundo que hicimos fue sacar el seguro para la moto ya que el de España no nos servía. Sacamos uno para un mes entero por 39 pesos, que al cambio son unos 11 euros. Igualito que aquí, oye.
Total que sobre las 12 h. del día 18 de Enero salimos de Buenos Aires con dirección a Bahía Blanca, aunque sabíamos que no llegaríamos al estar bastante lejos como para llegar habiendo salido al mediodía.
Sobre las 19 h. paramos en Tres Arroyos, en un hostal de carretera, porque ya estábamos cansados y el pie de Mª Félix seguía dolorido. Al día siguiente estuvimos todo el día sobre la moto para llegar a Neuquén, que estaba un poco lejos.
Una de las cosas que nos llamó la atención fue que en una carretera que aquí sería una nacional se pagaban peajes, pero curioso era que las motos no los pagaban.
Siendo ya hora de buscar cama paramos en un hostal a ver si tenían habitaciones libres.
Había un grupo de moteros brasileños que nos filmaron con una cámara al ver que veníamos de España, ya que la moto en sí, y más la matrícula, cuando la veían, llamaban bastante la atención.
Al final encontramos un hotel dentro de Neuquén, donde al día siguiente coincidimos con un grupito de tres moteros argentinos con los que viajamos un buen tramo.
Aquí tuvimos una pequeña crisis, ya que fue un día pesado, con mucho calor, muchos kilómetros sin un paisaje que ver, Mª Félix con el pie como una pelota, y viéndose que era el segundo día en moto y lo que le quedaba se agobió mucho, pero luego de hablarlo se arregló.
Hicimos con este grupito de tres los 300 kilómetros que nos quedaban para llegar a San Martín de los Andes, nuestra primera parada de varios días. Por el camino vimos a otros dos moteros, con los que hablamos un buen rato en una gasolinera. Uno me recuerda mucho a uno de los trabajadores de un almacén de materiales de Alcora, que era el que le gustó a Mª Félix. No iré a este almacén con ella, por si acaso...jajaja.
Llegamos a San Martín y en el primer camping que vimos nos metimos. Los lavabos mejor ni nombrarlos porque dejaban bastante que desear pero la estancia fue agradable. El dueño nos indicó muy bien qué había que ver y hacer allí, así que le hicimos caso, y ya al día siguiente dimos un paseo en barco por el Lago Lacar que está justo al final de la avenida principal del pueblo. Al día siguiente hicimos, esta vez en moto, la ruta de los siete lagos y el valle encantado. Realmente maravilloso.
Intentamos conseguir un transporte para que nos llevara a El Calafate, ya que teníamos 1600 km, 850 de asfalto y 750 de ripio, y preferíamos no correr riesgos, entre otras cosas por el pie de Mª Félix. Lo más normal por el ripio es caerte y una caída podía ser fatal para ella. Después de buscar camión para la moto y autobús para nosotros, de intentar alquilar una pick-up (nos pedían una auténtica barbaridad, no sé si el tío se creyó que éramos gilipollas o qué), y alguna posibilidad más, nos planteamos hacerlo con la moto, con calma, pero con la moto. Como íbamos bien de días, al haber sacado la moto de Buenos Aires el día de nuestra llegada, decidimos hacerlo así.
Menos mal que se nos ocurrió preguntar allí a un buen señor dónde estaban las gasolineras y las gomerías en la ruta 40, porque si no casi seguro que la hubiéramos cagado. Pillamos un tramo de 440 km de ripio sin nada.....sin nada, nada de nada.
Salimos el 23 de Enero con dirección a Río Mayo. Todo asfalto, pero entre el viento, el cansancio y el calor nos volvimos a agobiar. En las gasolineras donde parábamos nos regábamos con agua por encima del gore-tex, y la sensación era agradable, pero al cabo del rato otra vez calor. Al final del día llegamos a este pueblo que fue el primero que nosotros vimos que estaba sin asfaltar. Encontramos el hotel, sí, el hotel, pues solo había uno, y tela. La habitación era pequeña, maloliente, sin ventana, con la ducha al lado del water sin mampara ni cortinilla, no sé, muy poco cuidado. Lo único bueno de allí fue la cena, que como en casi todas partes, era a base de carne, mucha carne. Muy buena, y muy barata al cambio. Al día siguiente venía lo más duro, esos 750 km de ripio para hacer en dos días, si no pasaba nada.
Salimos pronto, ya que la velocidad por ripio es de entre 30 y 50 km/hr., no más. Llegamos a la hora de comer a un pueblo llamado Perito Moreno, a 125 km de Río Mayo. Ya cansados y no habíamos hecho más que comenzar. Después de comer probamos hacer otro intento de que alguien nos llevara hasta El Calafate, preguntando a la gente.
De repente apareció un personaje, Raúl, que nos llevó a su casa, nos dejó dentro y se fue corriendo porque él conocía a uno que nos llevaría. Al cabo del rato volvió con el otro tipo y una pick-up bastante nueva. Dijo que solo nos podía llevar hasta Bajo Caracoles, que era el tramo de ripio que más feo estaba, y aunque solo eran 125 km más, aceptamos. Negociamos el precio, y se fue a buscar a su mujer, que también nos acompañaría. Nos quedamos hablando con el tal Raúl, y nos contó que había sido policía, que estaba amenazado de muerte por sus ex-compañeros porque había declarado en contra de no sé quién por un delito de violación a una niña y no sé qué más cosas. Todo esto en un pueblecito de 1500 habitantes. No sé, fue todo un poco extraño, aunque con nosotros se portó de maravilla. Tenía un camping, que no era más que un trozo de césped al lado de su casa, y una casa que daba un poco de cosa meterse, pero bueno, es otro mundo, sin duda.
Al final cargamos la moto en la pick-up e hicimos los 125 km que nos faltaban hasta Bajo Caracoles, el pueblo sin duda que estaba más en medio de la nada que cualquier otro.
En este tramo el tipo que llevaba la pick-up nos ofreció hoja de coca. La probamos por probar, pero la verdad es que ni nos gustó ni nos dio ninguna sensación especial.
En Bajo Caracoles coincidimos con una par de moteros alemanes. Medio en inglés medio en español les preguntamos cómo estaba el ripio de más adelante ya que ellos venían de allí. Nos dijeron que bien, que mucho viento y que la siguiente gasolinera estaba en Tres Lagos, a 440 km de allí. Llené el depósito de la BMW a tope y cargué un bidón de 4 litros más.
El día siguiente fue el que podemos catalogar más "complicado" de todo el viaje.
Nos levantamos a las 6 de la mañana para salir sobre las 7. Al poco de salir, allá sobre las 8:30 h. noto una sensación rara en la rueda trasera, como que baila demasiado. Se lo digo a Mª Félix que va engarrotada de frío detrás de mi. Se baja de la moto, y antes de que pudiera bajarme yo me dice que sí, que está la rueda pinchada. A ver, situación: ella y yo, la moto toda cargada, en un lugar entre Bajo Caracoles y Tres Lagos, dos pueblos de la Patagonia Argentina que están en la ruta 40 que debe soportar un tráfico de unos 15 coches al día.....sí, unos 15 coches al día; rueda trasera de la moto pinchada, sin cobertura en el móvil, un frío del carajo, aunque ya estaba saliendo el sol, y preguntándonos que coño hacíamos allí.
Bueno, otra vez los cometas, porque pude reparar el pinchazo después de dos intentos y con la colaboración de Mª Félix. Arrancamos de nuevo. Sobre las 11 me doy cuenta que la moto se está calentando más de lo normal. "Joder, y ahora qué?". Sigo un poco controlando la temperatura y veo que sube otra ralla, lo cual no es normal, y paro. Me pregunta Mª Félix y le contesto que vamos a comer algunas galletas y dudo en comentarle lo de la temperatura. No recuerdo si al final lo hago o no, pero por la situación de la "carretera" y por de dónde soplaba el viento encuentro una razón lógica. Al ir tan despacio y soplar todo el viento totalmente de "cola", o de culo, para nosotros, no le da nada de aire al radiador de aceite con lo cual la temperatura sube. Al poco, y tras decidir continuar, al arrancar la moto veo que la temperatura ha descendido bastante, por lo que me quedo un poco más tranquilo. Más adelante hay una curva amplia a derechas que se mantiene, con lo que el aire empieza a pegarnos de lado y regula la temperatura de la moto. Ya ningún problema más de temperatura, pero aún quedaban 200 km para Tres Lagos y no sabíamos si la reparación provisional del pinchazo aguantaría. Volvemos a parar un poco más adelante y rellenamos el depósito de gasolina con los 4 litros que llevábamos en el bidón. Tras descansar un rato más y sobre las 15 h. llegamos a la gasolinera. Llenamos el depósito, comemos, y nos vamos a reparar el pinchazo. Miguel Ángel Ferrari lo hace, de la forma más artesanal, pues tenía una máquina nueva para desmontar la goma pero no sabía utilizarla. Tomándose su mate, por supuesto. Al irnos, no atamos bien la goma de la parrilla del top-case y perdemos las fundas de los cascos que iban cogidas ahí. También perdimos el saco estanco, pero Mª Félix se dio cuenta enseguida y giramos a cogerlo.
Sobre las 18 h llegamos a El Calafate después de un palizón de moto del copón. A punto de caernos dos veces en todo el tramo de ripio, pero por fortuna no lo hicimos.
Los dos súper emocionados porque preveíamos que lo más duro del viaje ya estaba pasado, y ahora tocaba disfrutar con el glaciar Perito Moreno y unos días de descanso.
En El Calafate cogimos una cabaña de madera en un camping porque nos la ganamos, y de momento aún íbamos bien de perras.
Visita al pueblo, compras, y a descansar. Mientras yo me duchaba, Mª Félix se quedó dormida encima de la cama, no era para menos. Lo peor había pasado.
Al día siguiente estuvimos descansando sin tocar la moto para nada, y el 27 alquilamos un coche para ir a ver el Perito Moreno y seguir descansando de moto. El glaciar mejor que lo veáis vosotros si podéis. Crujía, se oían como truenos y era el hielo al chocar entre sí en el corazón del glaciar. Este mismo año pero para Marzo, rompió. Si no sabéis lo que es, miradlo en internet, es algo impresionante.
Por la tarde aprovechamos para ir al lago roca, también con el coche, y a última hora ya volver para hacer las maletas, pues el 28 salíamos hacia Ushuaia, mi sueño.
Salimos pronto para intentar llegar lo más lejos posible pero sin agobiarnos porque de tiempo íbamos de cine. Hicimos unos 350 km. y llegamos a la frontera con Chile para ir a buscar la "balsa" que nos cruzara el Estrecho de Magallanes. A ver, era la primera frontera que pasamos yendo con la moto, vale?, y no sabíamos qué se tenía que hacer. Llegamos a lo que era la salida de Argentina y vemos tres o cuatro coches parados. Pues total, paramos detrás de ellos. Al cabo de un ratito vemos que el militar que había por allí ni estaba con los coches ni dejaba pasar a nadie ni nada, y nos extrañó. El caso es que al cabo de un rato más se nos acercó y nos hizo parar más adelante. Entonces nos fijamos que en los coches no había nadie. Paramos, bajamos, le preguntamos, y nos dice que tenemos que entrar a hacer los trámites aduaneros nuestros y de la moto. Bueno, pues cogemos todos los papeles y nos vamos para adentro. Adentro estaban los de los coches que estaban parados. Pues a trancas y barrancas y preguntando a unos y a otros lo hacemos todo. Salimos, los coches ya no estaban, bueno estaban otros, y arrancamos. Nadie nos dice nada y pasamos. Joder a los 200 metros otra frontera. Claro, la de entrada en Chile, y una cola de unos 15 coches. Dejamos la moto y nos vamos para allá con los papeles. Entramos y había una cola del carajo. Pues otra vez a trancas y barrancas, colándonos y colándosenos a nosotros también gente, al final papeleo hecho. Salimos, nadie nos pide nada, ni nos mira la moto y pasamos. Paramos a comer unos sándwiches que habíamos comprado, y seguimos.
Llegamos a la "balsa", que era más grande que cualquier ferry aquí, jajaja. Entramos 4 trailers, unos 20 coches y nosotros, la única moto. Media horita de descanso mientras navegábamos, con mucho viento, pero bien. Salimos de la balsa, otros 300 km., bastantes de los cuales de ripio, lloviznando, y llegamos otra vez a la frontera. Esta vez, primero salida de Chile, y a unos 20 km. entrada en Argentina de nuevo. En uno de los cuatro pasos, no recuerdo cual, nos encontramos a una pareja de españoles que viajaban en plan mochileros y eran del barrio de al lado de donde vive Mª Félix en Barcelona. Allí preguntamos por un hostal y nos dijeron que nada más pasar había uno pero no era bueno. Estábamos bastante cansados y casi nos daba igual, así que entró Mª Félix a ver la habitación y salió con cara de "nos quedamos aquí". Eran sobre las 19 hr., así que ducha, paseo de relax, cena y a dormir. Mañana llegábamos a la ciudad del fin del mundo.
No madrugamos porque estábamos a menos de 400 km para llegar y era todo asfalto, así que nos lo tomamos con calma. Seguía lloviznando un poco y hacía frío, pero de una manera u otra lo soportábamos, yo mejor que ella (ya sabéis, normalmente las mujeres son más frioleras).
Llegamos y realmente no me lo creo. Estoy aquí, y me parece que estoy al lado de mi casa. Ni me inmuto. Damos una vueltecita y paramos a comer en uno de los pocos restaurantes que hay abiertos a estas horas (y son sobre las 15 h.).
Entramos, nos sentamos, solo había otra pareja comiendo, y de repente dicen: "de dónde sois?". Contestamos que de España, de Barcelona, y nos dicen que ellos son de Mallorca. Hablamos con ellos un poco, y me fijo que un tipo empieza a hacer fotos a la moto, que está aparcada fuera. Mira hacia dentro y le sonrío como diciendo que la moto es mía, y coge y entra en el restaurante súper alterado: "hola, perdona que os moleste, me llamo Luís, soy de Madrid, y he visto la matrícula y me he quedado todo rayado, porque mi hermano está dando la vuelta al mundo con una moto como esta, y quiero enviarle estas fotos a él, porque está en China y lo tienen retenido un mes.........", etc, etc. Al final nos despedimos y se fue con una sonrisa de oreja a oreja. Acabábamos de llegar y ya casi éramos famosos. Yo le decía a Mª Félix durante todo el viaje que éramos una especie de atracción de feria, ya que allí donde parábamos, gasolineras, fronteras, restaurantes, hoteles, todo el mundo preguntaba que cuánto tiempo llevábamos viajando, cómo habíamos traído la moto, adónde íbamos, etc., etc. En realidad, a los dos nos gustaban esas preguntas.
Comimos y fuimos a buscar un hostal para cinco noches, que eran las que íbamos a pasar allí después de haber acumulado algún día extra, y ser la vuelta todo asfalto y en principio sin complicaciones.
Ushuaia es caro, es como España, así que dimos bastantes patadas hasta encontrar algo que se nos ajustara, y fue siendo la primera noche en un sitio y las otras cuatro en otro. Pero al final estuvimos bien, cómodos y calentitos.
Pegamos una limpiada a la moto con manguera a presión y fue cuando nos dimos cuenta que había reventado un retén de la barra derecha de la horquilla, y perdía aceite.
Estando buscando sitios conocimos a Haiko, un alemán con una 1150 adventure, que llevaba 11 meses viajando, y a un brasileño que iba con él desde hacía un mes. Al brasileño no lo volvimos a ver, pero con Haiko coincidimos bastante a la vuelta.
La estancia en Ushuaia fue en plan turista, claro. No tocamos la moto para nada, y tras llamada telefónica a Planamotor le hicimos el apaño para llegar a Buenos Aires. Empaquetamos la barra con una bolsa de basura y con papel del water dentro para que emparara el aceite y no cayera en el disco de freno, pues hubiera sido peligroso. A la puerta del hostel, un camión la tiro al suelo el día que la BMW cumplía diez años y rompió el anclaje de debajo de la maleta izquierda, que después de varios intentos de arreglarlo, lo apañamos tipo McGyver, con cinta aislante, una funda de carrete de fotos, y un tornillo.
Durante los cinco días que estuvimos allí fuimos al Parque Nacional Tierra del Fuego con un coche de alquiler, subimos en el tren del fin del mundo, fuimos a ver los pingüinos de la estancia Harberton, y los lobos marinos. También al glaciar Martial y poca cosa más, que ya era bastante.
Yo nunca había subido a un telesilla y para subir al glaciar había que coger uno. Mª Félix se descojonaba viva cuando empecé a decir "qué miedo, joder, que miedo, cómo se mueve esto".
El día de los lobos marinos fue el del susto. Os cuento:
Resulta que estaba en Ushuaia el Queen Mary II, el barquito este pequeño, verdad?. Pues gracias a eso el puerto estaba abierto, porque si no hubiera estado cerrado por el temporal que hacía, pero si lo cerraban los ricos del Queen Mary II no podían subir ni bajar del barco. Pues aprovechando que estaba abierto nosotros salimos con un barco de excursiones, fue el único barco que se atrevió a salir, para ir a ver los lobos marinos. Un temporal del copón y olas de dos a tres metros. Una vez visto todo y volviendo ya al puerto, nos explicaron que mientras pilláramos las olas de cara, no pasaba nada, el problema era que en un momento dado, teníamos que girar para entrar al puerto y nos darían las olas de lado, con el peligro que eso suponía. Pues en el momento en el que el capitán de le dio al timonel la orden para girar yo escuché perfectamente que le decía: "Venga, ahora, que sea lo que Dios quiera", y el timonel empezó a girar el barco como un poseso. Joder, aquello se balanceó de lado a lado una barbaridad. Yo no lo tenía nada claro, pero se ve que es muy difícil que un barquito de estos vuelque, pero vaya tela. Llevaba la mano en la rodilla de Mª Félix, y luego me dijo que le estaba apretando mogollón. Que mal rato, señor!!.
Uno de los guiris que venía con nosotros voluntariamente se quedó fuera del barco, es decir, a la intemperie, y cuando estuvo todo más calmado, que empezamos a salir todos, parecía como si hubiera estado debajo de una manguera de lo mojado que iba. Lo que no sé es cómo se lo llevo ninguna ola, porque hubo momentos que ni en las películas.
Bueno, el día 3 de Febrero hicimos los casi 400 kilómetros que habían entre Ushuaia y San Sebastián, todo asfalto y con la satisfacción de haber cumplido con un sueño. Al día siguiente era el día de los agobios de las fronteras, papeleos, paso de la balsa y todas estas cosas, así que nos mentalizamos para que no nos afectara demasiado.
Coincidimos con Haiko, el alemán, que también se iba para arriba, pero no con el brasileño, que se ve que se quedó en Ushuaia más tiempo. En el último tramo de ripio que pasamos, ya a punto de coger de nuevo la balsa, vemos de cara una luz de una moto. Estaba lloviznando y el tío hizo ademán de pararse a nuestro lado, así que paramos, y el tío empieza a hablar en alemán, diciendo vete tu a saber qué. Entonces le decimos que somos españoles, que de dónde viene y tal, y nos comenta que venía desde Alaska, cruzando todo el continente de Norte a Sur. Tendríais que haberlo visto. Tendría cerca de unos 55 años, iba con una moto como la mía pero modelo más viejo, cargado hasta arriba, con dos neumáticos incluidos, con un caso abierto, lloviendo como estaba, y tenía una cara de felicidad encima que a mi me hizo hasta sonreír. Algo increíble.
Un poco después tuvimos otro pequeño susto, pues me pareció como si hubiéramos vuelto a pinchar. Bajamos de la moto, vimos que era una falsa alarma y después de respirar tranquilos seguimos nuestro camino. Vimos nuestros últimos ñandúes y guanacos que solo se movían por los tramos de ripio, tanto en la ruta 40 como por aquí.
Llegamos a la balsa, que se movió mucho más que a la venida, pues hacía mucho peor tiempo, pero cruzamos el estrecho sin mayores problemas.
Una vez en Río Gállegos nos volvimos a ver con Haiko. No dormimos en el mismo lugar, nosotros nos quedamos más a las afueras. Aquí fue donde arreglamos del todo la maleta y para encontrar el tornillo que me hacía falta me llevaron un par de jóvenes en coche a una ferretería. La verdad es que todos los argentinos que conocimos nos trataron de maravilla, ayudándonos, preguntándonos de todo e interesándose por nuestra ruta.
Al día siguiente nos pegamos otra "panzá" de moto, con otra anécdota. Salimos pronto y nos volvemos a encontrar con Haiko que salía a la misma hora y en la misma dirección. Rodamos un rato juntos hasta que él aceleró un poco más y se fue. A la hora de la comida le adelantamos, porque ya por la tarde nos volvió a pasar él. Al cabo de un rato lo vimos parado en la cuneta, con media moto desmontada. Paramos a ver qué le pasaba y decía que se le había parado la moto, que podría ser la bomba de gasolina. Nunca olvidaré su tono de voz. Le pregunté, por si acaso, si estaba seguro de que llevaba gasolina y sus palabras fueron: "Si, Klharo, de sobbra". Qué gracia me hizo. Al cabo del poco sin aclarar nada pasó un coche con remolque, le paramos para ver si nos podía llevar a algún sitio. Intentamos negociar para que nos llevara a las dos motos y a nosotros tres hasta Comodoro-Rivadavia, que era donde nosotros íbamos, pero dijo que tenía un cliente esperándole en Tres Cerros. Entonces le dijimos si podía llevar a Haiko y su moto hasta allí. Dijo que sí, y le cargamos la moto. Nosotros nos fuimos, pero aún nos volveríamos a ver.
Justo en Tres Cerros estaba la gasolinera que hacía falta, pero tenía un problema: se estaba quedando sin gasolina en los tanques y solo ponía 20 pesos por vehículo. Había una cola del copón, me chocó bastante. Mientras Mª Félix descansaba dentro, y yo esperaba turno para llenar el depósito llegaron Haiko y el señor de la grúa. Le ayudé de nuevo a descargar la moto y allí se quedó. Una vez repostamos nosotros, continuamos el viaje, despidiéndonos ya definitivamente de Haiko.
Llegamos a Comodoro después de casi 1000 km., y a la puerta del hotel que nos recomendaron, vemos que se nos para una moto. Una pareja de norteamericanos que nos habían visto y nos habían seguido para saludarnos, eso nos dijo la chica, que hablaba bastante el español (creo que ella era argentina).
Al día siguiente de descanso en Comodoro, apenas tocamos la moto. Arreglé allí la luz trasera que se había fundido.
Nos mojamos los pies en la playa de enfrente del hotel, en pleno océano atlántico.
El 7 de Febrero salimos de Comodoro hacia Península Valdés. Paramos en el camping de Puerto Pirámides, y estuvimos otro día entero parados descansando, que ya hacía falta, pues tres semanas en moto cansan a cualquiera. Fue una lástima que no pillamos época de ver ballenas, que fue lo único que nos faltó. En el camping había horario para ducharse y solo tenías 7 u 8 minutos por persona, o algo así. Todo muy "cumbayá" que dice Mª Félix.
El 9 salimos para Bahía Blanca, y a medida que estábamos más cerca más ganas teníamos de llegar, aunque a la vez más pena nos daba que se acabara todo ya.
En Bahía Blanca vimos varios coches circulando sin capó, y tan tranquilamente, parece ser que aquí está casi todo permitido. Después de los 700 km. de hoy solo quedaban otros 680 para llegar a Buenos Aires.
Nos íbamos a desviar hacia Pehuajó a conocer a un internauta pero me avisó a tiempo que no iba a estar en casa por problemas de trabajo, así que decidimos ir a Azul, a ver la mítica "Posta del viajero en moto".
Llegamos un viernes y allí no había nadie, y fuimos el sábado y tampoco. Qué desilusión. Total nos quedamos en el hotel Gran Azul. Comimos un día en una pizzería de influencia italiana directa y fue realmente un manjar, y además barato claro. Una gozada. El sábado de descanso y el domingo para Buenos Aires, que estaba a unos 300 km.
Como seguíamos bien de perras habíamos llamado al mismo hotel de cuatro estrellas que habíamos estado a la llegada a capital federal para reservar tres noches más. La verdad es que fue una gozada. Nos ayudaban a descargar todo el equipaje, nos preguntaban cómo nos había ido, y la verdad es que todo muy bien.
El lunes 13 de Febrero hicimos todo el papeleo para empaquetar la moto (de nuevo con nuestro amigo Héctor haciendo de las suyas) y dejar solo el montar la caja para el martes, para no ir muy agobiados. Así lo hicimos, y el martes para irnos de nuevo al barrio de Boca con todo cargado pensamos en otra cosa. No estábamos seguros de saber llegar así que decidimos coger un taxi en el que fuera Mª Félix con todo el equipaje y yo detrás con la moto. Al llegar al sitio fui yo el que adelanté al taxi porque ya sabía como llegar y el taxista no localizaba el lugar exacto, y me siguió él.
Fuimos a por la caja, que se suponía nos la estaban guardando, y cuando la vi me entró de todo pues estaba despedazada, sin las carracas y toda rota. Menos mal que las mochilas sí que estaban dentro si no no sé qué hubiéramos hecho. Después de lanzar unas cuantas maldiciones y ponerme un poco melodramático me pusieron a tres tíos conmigo para rehacer la caja. Total, que empaquetamos la moto mejor que la habíamos traído. Una vez el papeleo hecho, taxi(o remis, que era algo parecido, pero con precio fijo y creo que clandestinos) y para Maritime a pagar las tasas y au. Luego al hotel y mañana avión para Barcelona.
Salimos de Buenos Aires el día 15 de Febrero a las dos de la tarde. Llegamos a Barcelona el 16 a las 9 de la mañana. La moto salía en teoría el jueves 23 para llegar a Valencia sobre el 10 de Marzo. Sobre el 8 de Marzo me llaman por teléfono para decirme que la moto aún está en Buenos Aires, por un problema con unos papeles. Bueno, aquí empezó mi odisea para recuperar mi moto, que para resumir os diré que fui a buscarla definitivamente el 21 de Abril, dos meses y una semana después de haberla dejado yo en Buenos Aires.
Pues bien, por difícil que parezca, a la primera arrancó. Llegó con la rueda de atrás pinchada, pero eso lo reparamos rápido en un Norauto de Sedaví.

Esto ha sido un sueño hecho realidad. Gracias Mª Félix.

Nati: "He ido, he volado, y he vuelto".



RUTA VIAJE ARGENTINA.

Salida de Barcelona día 16 de Enero a las 21:00 hr.
Día 1º (17 Enero): Llegada a Buenos Aires. Sacamos moto del puerto.
Día 2º (18 Enero): Aseguramos la moto y salimos. BBAA- Tres Arroyos: 525 Km.
Día 3º (19 Enero): Tres Arroyos- Neuquén: 765 Km.
Día 4º (20 Enero): Neuquén- San Martín de los Andes: 300 Km.
Día 5º y 6º (21 y 22 Enero): San Martín de los Andes.
Día 7º (23 Enero): San Martín de los Andes- Río Mayo: 850 Km.
Día 8º (24 Enero): Río Mayo- Bajo Caracoles: 250 Km.
Día 9º (25 Enero): Bajo Caracoles- El Calafate: 500 Km.
Día 10º y 11º (26 y 27 de Enero): El Calafate.
Día 12º (28 de Enero): El Calafate- San Sebastián: 670 Km.
Día 13º (29 de Enero): San Sebastián- Ushuaia: 390 Km.
Día 14º, 15º, 16º, 17º (30, 31, 1 y 2 Febrero): Ushuaia.
Día 18º (3 Febrero): Ushuaia- San Sebastián: 390 Km.
Día 19º (4 Febrero): San Sebastián- Río Gállegos: 390 Km.
Día 20º (5 Febrero): Río Gállegos- Comodoro Rivadavia: 945 Km.
Día 21º (6 Febrero): Comodoro Rivadavia.
Día 22º (7 Febrero): Comodoro Rivadavia- Puerto Pirámides: 550 Km.
Día 23º (8 Febrero): Puerto Pirámides.
Día 24º (9 Febrero): Puerto Pirámides- Bahía Blanca: 700 Km.
Día 25º (10 Febrero): Bahía Blanca- Azul: 350 Km.
Día 26º (11 Febrero): Azul.
Día 27º (12 Febrero): Azul- BBAA: 300 Km.
Día 28º y 29º (13 y 14 Febrero): BBAA. Empaquetamos moto.
Salida de BBAA el 15 de Febrero a las 14:00 hr. Llegada a Barcelona el 16 de Febrero a las 10:00 hr.


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