De ruta por Centroamérica
Escribe: Pastor82
Objetivo: recorrer seis países en 30 días en uno de los meses más calurosos del año en esta parte del mundo. El istmo centroamericano que une México con Sudamérica es un maravilloso mundo de selváticos paisajes, antiguas culturas y gentes con una hospitalidad increíble.
Mi efímero paso por Costa Rica
San José, Costa Rica — domingo, 23 de marzo de 2008
Marcela seguía durmiendo, pero Ivania y las nenas se levantaron para despedirnos. Después de la emotiva despedida, en la esquina de la calle de la casa vimos pasar un taxi. Regateamos a 30 las iniciales 50 córdobas (1,5 euros) y el taxista aceptó; ya estábamos acostumbrados a la picardía latinoamericana.
Le dijimos al taxista que nos llevara a una gasolinera para desayunar algo. Allí conocimos a Ernesto Cornejo, un viejete que se mostró muy amable todo el tiempo. Tenía una hija en España y estaba encantado de hablar con nosotros. Se mostró tan servicial que nos sugirió llevarnos a la central de Tica-Bus (compañía de autobuses de Costa Rica), muy cerca de la Laguna de Tiscapa. La sorpresa fue que al ser domingo estaba cerrada. Preguntamos en otra compañía, Transnica, con la misma suerte.
Después de preguntar a algunos agentes de policía y llegar a la conclusión de que aquel domingo iba a ser imposible viajar directamente a San José (Costa Rica), el hospitalario Ernesto nos dio un tour por Managua en su 4x4 y nos dijo de probar suerte en los autobuses de línea que iban a la frontera y desde allí probar suerte.
Así lo hicimos, y después de un emotivo abrazo con aquel hombre que fue el último gran ejemplo de la amabilidad de este pueblo, tomamos un bus que se dirigía a Rivas (la última ciudad antes de Costa Rica).
El autobús sale; Carlos y yo estamos sentados detrás del todo en un extraño asiento que está de espaldas a las ventanas laterales. Una puertecilla situada en la parte trasera comunica con unas escalerillas exteriores que suben al techo, donde están nuestros equipajes y los del resto de pasajeros.
Pasan las horas; el paisaje, aunque bonito, se empieza a hacer algo monótono hasta que atravesamos la estrecha franja de tierra de pocos kilómetros de anchura que une el exterior océano Pacífico con el interior Lago Nicaragua. Cuando llegamos a la ciudad de Rivas, ubicada en esa pequeña franja de tierra, que es el origen del pueblo que da nombre a este país, el cobrador del bus dice que aquí concluye el trayecto. Nos han engañado! Qué picaros son! Bueno, pensamos, el mal no es tan grave. Estamos a pocos kilómetros de la frontera, así que cargamos nuestras mochilas y damos una vuelta de reconocimiento por la ciudad.
No sabemos si hacer noche en Rivas o seguir hasta la frontera y probar suerte si algún bus va hasta San José. Vamos a contrarreloj, porque al día siguiente sale nuestro vuelo a Cuba.
Decidimos tomar un taxi para que nos lleve a la frontera. Es tarde pero todavía hay sol. Mientras el taxista nos comenta, hablando de Cuba, que su hijo tiene una beca para estudiar en La Habana, yo observo a la izquierda de la carretera el Lago Nicaragua con la Isla de Ometepe en medio, y sus dos volcanes cónicos, de forma perfecta. Porqué no hemos ido allí? Bueno, en otra ocasión.
Media hora después llegamos a Aguas Claras, el puesto fronterizo entre Nicaragua y Costa Rica. Después de pagar al taxi y recibir la desalentadora noticia que ese día no salen más buses a Costa Rica, decidimos buscar un lugar donde dormir.
Estoy nervioso por el estrés que provoca la preocupación de no llegar a tiempo a San José y tengo algunos enfrentamientos con un muchacho bastante pesado que nos tacha de gringos. Al final él mismo nos acaba diciendo donde podemos dormir y vamos allí.
Después de jugar un partidillo con una pelotita y perder sorprendentemente dos veces contra Carlos subimos a cenar. Le mando un sms a mi madre, le digo nuestro paradero y que estamos bien. La habitación es sucia y tiene agujeros por todas partes por donde se cuelan millones de mosquitos, el calor es insoportable, el baño no tiene agua (sólo en un barreño) y el olor al repelente de Carlos es inaguantable. Aún así, duermo como un niño y todavía de noche, a las 5 AM, nos sabe mal, pero tenemos que despertar a la chica (una jovencita que no tendría más de 15 años) para que nos abra.
Mientras hacemos la burocrática entrada a Costa Rica (pasaportes, papeleo, tasas…) se hace de día, y unos simpáticos monos en unos árboles nos indican que ya estamos en otro país que, tan cercano al que acabamos de dejar, es otro mundo totalmente diferente.
Horas y horas... el bus es cómodo aunque el conductor bastante antipático. Entramos en Guanacaste. El paisaje ha cambiado, es montañoso y el clima más fresco y agradable que en Nicaragua. Las infraestructuras nos dan fe de que este país está más desarrollado, aunque eso sí, parece ser un Estado más de Estados Unidos; centenares de casitas de adinerados gringos se dejan ver desde la ventana del bus.
Horas y horas... faltando media hora para llegar a San José cedo mi asiento a un viejete campesino que se muestra agotado. Antes de entrar a la ciudad pasamos por el aeropuerto. Por fin algo de suerte! Bajamos y vamos corriendo para ver si está el vuelo a La Habana. No lo vemos, algo pasa!
Miro el pasaje y dios mío! El vuelo es mañana! Nuestro despiste nos obliga de forma inesperada a hacer noche en Costa Rica, cosa que en parte agradecemos, porque así podremos ver algo de este país. Tanta prisa para nada.
Lo primero que hicimos fue ir a la ciudad de Alajuela, la más cercana al aeropuerto, a unos 7 minutos en bus. Una tranquila y bonita ciudad donde comimos algo típico aunque algo caro. Después de pensarlo bien decidimos dormir en San José y así ver la capital. Llegamos casi anocheciendo aunque tendríamos todo el día siguiente para verla bien. El Hotel, cuyo nombre no recuerdo, era céntrico y con una vista genial desde un 9º piso. Se vía parte del entorno urbano de la ciudad y al fondo las verdes montañas. Precioso. Después de dejar las cosas en el hotel, la noche nos sorprendió dando vueltas por el centro y paseando por las calles peatonales de esta ciudad tan europeizada y tan distinta a todas las que habíamos visto anteriormente. Cenamos cerca del hotel.
Al día siguiente pudimos ver San José de día. Una ciudad muy bonita. Me gustó. Terminamos en un parque céntrico y decidimos ir a comer a Alajuela, aunque terminamos comprando cosas rápidas en un centro comercial. Poco después fuimos caminando hacia el aeropuerto, contemplando por última vez el verde paisaje de este país de paso que prácticamente no pudimos conocer. La verdad es que es un país donde se necesitan muchos días para verlo y disfrutarlo, aunque es bastante más caro que el resto de países que vimos.
A las diez de la noche, después de dos horas de vuelo, el avión llegaba a Cuba.
|
Publicado |
|
Últimos comentarios
ARTE-SANO dice:
jajajaja... andale y tu corriendo por que se te iba el avion....
Publicado
bob_alonso dice:
Te saltaste Panama, creo que te hubiera gustado!!!
Publicado
Kenia_CR dice:
Jorge que mal que no te quedaste más en mi país!!! Bienvenido cuando quieras darte un recorrido más grande
Saludos!
Publicado
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
-
1
Ciudad de Guatemala: primer destino del viaje
-
2
Antigua y Chimaltenango: hacia la Guatemala profunda
Antigua Guatemala, Guatemala | 7 de marzo de 2008
-
3
Escuintla: el Pacífico guatemalteco
Puerto San José, Guatemala | 6 de marzo de 2008
-
4
El Salvador: carretera y volcanes
El Salvador | 8 de marzo de 2008
-
5
Granada, a orillas del Lago Nicaragua
-
6
Chontales, en el corazón de Nicaragua
-
7
R.A.A.S. (Nicaragua): el Caribe desconocido
Bluefields, Nicaragua | 13 de marzo de 2008
-
8
Maravillosa y caótica Managua
-
9
Mi efímero paso por Costa Rica
San José, Costa Rica | 23 de marzo de 2008
-
10
Yo estuve en la Cuba de Fidel
En San José...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “Mi efímero paso por Costa Rica” con tus amigos en Facebook?