Recorriendo el Mercosur

Escribe: Gastonqui
Un viaje de 35 días por parte de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay: mi primera experiencia en couchsurfing, 20 ciudades visitadas, 8 sitios declarados Patrimonio de la Humanidad y dos de las nuevas maravillas del mundo.

 

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San Ignacio Miní

San Ignacio, Argentina — domingo, 26 de diciembre de 2010

Llegué a San Ignacio con la dirección de un hostel que había obtenido en Internet, anotada en un papelito. En la Terminal, pregunté si quedaba lejos, y como apenas eran unas seis cuadras desde allí, decidí ir caminando y ahorrarme el taxi.
Lo que no tuve en cuenta fue que el dato que aparecía en la web tenía una antigüedad de dos años. Cuando me iba acercando al domicilio especificado en el papelito divisé un patrullero que se detuvo unos cien metros delante de mí, del cual descendieron dos gendarmes que ingresaron a una casa y salieron minutos después. El patrullero arrancó en el momento en que yo llegaba al lugar, y era precisamente el mismo sitio en el que habían ingresado los gendarmes y del cual se estaban retirando.
La casa, de estilo colonial se veía bastante abandonada por fuera, y no había ningún letrero que indicara que allí se hospedaba a turistas. Golpeé la puerta que estaba entornada y se abrió por sí sola. Solamente avancé un paso y lo que observé allí fue determinante para no permanecer más de diez segundos: un par de colchones tirados en el suelo, muñecas de plástico rotas, entre otros juguetes, platos de plástico y todo tipo de utensilios y objetos decoraban el paisaje abrumador. Indudablemente allí había alguna especie de asentamiento, era algo así como una casa tomada, no comprendía bien la presencia de los dos gendarmes en ese lugar, y preferí no comprender. Continué caminando por la misma calle, en la que no había muchas casas, y tampoco había personas caminando por allí. Me sentía el único loco, con dos mochilas y dos cámaras colgando sin saber adonde ir en San Ignacio y con más de 30 grados de calor.
Al llegar a una esquina, encontré a una familia tomando mate en la vereda y les pregunté si conocían algún hostal económico. Me indicaron que continuase caminando por ese asfalto hasta las ruinas y que después de seguir una cuadra más doblase a la derecha. Así llegué hasta el hostal El Jesuita donde Graciela, la dueña me atendió con su bebé en brazos y le rogué que me dijese que tenía una cama disponible.
Afortunadamente así fue. Graciela me explicó en detalles todas las actividades que podía realizar en San Ignacio, e incluso me recomendó algunos lugares donde comer.
El hostal era pequeño, apenas dos habitaciones y un baño compartido, pero absolutamente cómodo, con una biblioteca y películas relacionadas con la provincia de Misiones y con las misiones jesuíticas guaraníes.
Graciela me presentó a los que se hospedaban allí: un matrimonio europeo, una pareja de españoles, una francesa y un brasilero de edad avanzada con quien trabé amistad enseguida. Sin duda alguna, debo haber sido brasilero en otra vida ya que siempre termino trabando amistad con personas del país vecino.
El brasilero, cuyo nombre lamentablemente olvidé, fue conmigo a ver el espectáculo nocturno de luces y sonidos en las ruinas de San Ignacio, a solo dos cuadras del hostal.
La experiencia fue fascinante y sobretodo me alegré de haber ido aquella noche sin conocer las ruinas, ya que al estar en plena oscuridad en un lugar en el que jamás había estado antes, el factor sorpresa se intensificó. Decenas de guaraníes comenzaron a aparecer ante nuestros ojos, por delante, por detrás, hacia los costados, mientras una voz en off relataba la historia de aquel sitio impactante. Los efectos están tan bien logrados que uno tiene la sensación de que no son imágenes sino actores los que se visualizan.
Luego de aquella experiencia sensacional, fuimos a cenar a un restaurante cercano. En realidad, el brasilero ya había cenado pero me acompañó y compartimos mucha información ya que el destino final de su viaje era Buenos Aires, y yo terminaría aquella semana en Brasil, por lo cual su compañía me sirvió también para entrenar un poco mi portugués.
PRECIOS ORIENTATIVOS:
Hostal El Jesuita: $ 40 la habitación compartida.
Espectáculo nocturno en las ruinas: $ 20 para argentinos.
Cena (una suprema con ensalada, fritas y gaseosa) $ 23
Mirá el video de este capítulo:
http://www.vimeo.com/22043707?ab



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