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Misiones, una provincia para recorrer y no cansarse!
Escribe: yamila_maga
Misiones es una provincia increible, tiene unos paisajes bellisimos, que lamentablemente se ven muy opacados por la imponente presencia de las Cataratas del Iguazú. Les propongo entonces recorrer conmigo la provincia, contandoles aquellos errores que cometimos, y los aciertos que tuvimos como para que puedan sacarle jugo a la visita que emprendan. Hay mucho para hacer, todos van solo 4 dias, pero podes ir 9 y quedarte corto!!! Animate a recorrer Misiones!
Quinto dia: ¿en ruinas? para nada...
San Ignacio, Argentina — miércoles, 6 de abril de 2011
Partimos tempranísimo, el micro de Rio Uruguay partía rumbo a San Ignacio Miní a las 6hs y el que nos vendió el boleto nos aseguró que no esperaba a nadie.
Estuvimos en la terminal a horario y nos aseguramos nuestros asientos esperando poder dormir las horas que venían por delante.
Pudimos dormir lo suficiente aunque nos extrañó la dinámica que poseen los micros de media distancia en Misiones; los pasajeros lo toman en cuanta parada exista en la ruta o pueblos y no importa si no hay asientos, se viaja parado, tal como lo hacemos en el 60 en Buenos Aires.
Finalmente, tras casi 4 horas de viaje (una menos de lo que decía en la terminal), dos momentos bien olorosos con niños que dejaban sus desayunos en el piso del micro y varios momentos de incomodidad por lo lleno que iba el micro, llegamos a la terminal de San Ignacio Mini.
Lo primero que hay que saber es que el pueblo está de la mano de enfrente de la terminal, cruzando la ruta. Y pegada a la ruta hay una casa de Información turística.
Hacia allí fuimos y nos atendió una chica muy atenta (a pesar de que interrumpimos su pintada de uñas matinal) y nos dio el siempre necesario mapa de la ciudad más una serie de folletos.
Le explicamos que queríamos ir también a las ruinas de los pueblos próximos, Santa Ana y Loreto, y que para eso necesitaríamos de un remisero que nos permita la travesía. Viviana, así se llamaba, nos advirtió acerca de los remiseros que solían aprovecharse de los turistas y nos dio entonces dos teléfonos para que llamásemos de su parte, así lograríamos un precio justo. Le agradecimos toda la información y rumbeamos a las Ruinas.
Son unas 8 cuadras hasta las ruinas, San Ignacio es un pueblo muy tranquilo pero armado, la calle principal tiene un boulevard en el medio que la hace aparentar tener un gran transito que no vimos.
Justo en frente de donde comienzan los puestos de la feria que rodea al predio de las Ruinas, hay un restaurant que nos pareció que podía ser un buen lugar de desayuno, así que hicimos la necesaria parada de recarga de energía para recorrer el ya visible enorme predio que habitaron alguna vez los jesuitas y guaraníes.
Lugar raro este restaurant, el mozo nos dice que el desayuno tradicional era de 15 pesos, que venía café con leche con medialunas o tostadas y dulce, pero inmediatamente nos ofrece agregarle jugo exprimido. La forma en la que nos dijo todo fue tan confusa que no entendíamos si los jugos serian parte del combo o si nos estaba pasando por encima. Tal como lo esperábamos, al traer la cuenta, nos encontramos con 20 pesos más de lo esperado; la cuenta sumaba suculentos 50 pesos, un poco por encima de lo esperado para un desayuno, pero después de todo había sido abundante y necesario después del largo viaje.
Se llevó una yapa al ofrecernos dejar las mochilas en el bar mientras recorríamos las ruinas, cosa que hicimos gustoso, y fue más que oportuno, la caminata dentro del predio era grande.
Dimos la vuelta al predio, mirando la feria que lo rodea, tratando de esquivar a cada uno de los vendedores que ya llegan al momento del acoso, y asombrados por la cantidad de niños que se te acercaban pidiéndote “regalame moneda”.
La entrada a las Ruinas sale 40 pesos por persona. Sacamos las entradas y aprovechamos para preguntar por las de la noche. Nos informaron que las ponían en venta a las 19hs, y que el show comenzaba a las 20hs.
El recorrido comienza con una maqueta que reconstruye lo que las ruinas hoy nos muestran en señales y que en el pasado era un gran complejo donde vivían en armonía los misioneros jesuíticos con los guaraníes, pueblos originarios de la zona.
La recorrimos, nos sacamos las fotos infaltables de lo que se reconstruyó de la puerta de lo que fue la iglesia y en muchos otros lugares… está muy bueno, muy armado todo, porque podes recorrerla toda sin guía, existen unos pilares con botones en diferentes idiomas que te van explicando cómo era la vida en esa misión (dato aparte, esos pilares con esos botones me hicieron acordar a la estación Dharma de Lost, jeje)
Estuvimos una hora y media aproximadamente. Por suerte la salida es justo en frente del bar donde habíamos dejado las mochilas, así que fuimos a buscarlas y nos encaminamos hacia algún locutorio para llamar al remisero.
Por desgracia, no tenía el celular habilitado para llamarlo desde una cabina, así que finalmente llamamos al remisero desde nuestros celulares.
El Sr. Jara (así se llamaba) nos informó que el precio para llevarnos a las ruinas de Santa Ana y Loreto era de 100 pesos, y que si a eso le agregábamos el Teyú Cuaré (Parque provincial que tiene un peñasco muy alto desde donde se tiene una vista del Paraná muy buena), se sumaban 50 más.
Quedamos en que lo esperábamos frente a la iglesia, así que allí nos sentamos a su espera. Llegó unos 20 minutos después, y nos fuimos rumbo a las ruinas de Santa Ana.
Este predio no estuvo del todo bueno. Nos dieron una pequeña explicación a la entrada, con una maqueta muy similar a la de San Ignacio, que se repetirá también en Loreto.
Vale aclarar que con la misma entrada de una de las ruinas tenés 15 días para entrar en las otras totalmente gratis.
Y luego pasamos a las ruinas propiamente dichas. Están en proceso de restauración, por lo que es muy difícil encontrar ruinas con un gran atractivo fotográfico, pero al mismo tiempo es interesante pensarlo en retrospectiva, porque luego nos íbamos a dar cuenta que el proceso de restauración es gigante, yendo desde el estado en el que se encuentran las de Loreto, pasando por Santa Ana, hasta que la restauración llega al estadio de las de San Ignacio, imponentes. Un trabajo gigante, con la selva acechando y tragándose todo el tiempo a los ladrillos.
Comimos en el medio de las ruinas, unos sándwich que llevamos oportunamente desde Iguazú.
Estuvimos poco más de media hora, y nos dirigimos entonces a Loreto, con la mirada puesta en el reloj, pensando en que el tiempo volaba y nos podíamos llegar a quedar sin tiempo para el Teyú Cuaré.
Llegamos a Loreto. En la entrada nos recibió un guía muy simpático que nos invitó a ver una sala museo mientras esperábamos a dos visitantes más que se acoplarían a la visita guiada.
Nuevamente, teníamos la maqueta de lo que fue esa Misión en los 1600s que nos daba una idea de lo que esas paredes de piedra significaban.
Esta visita estuvo muy buena, porque si bien no se ve tanto de las ruinas, el guía fue tan completo en sus explicaciones que pudimos entender esto que decía antes, en cuanto a los estadíos de restauración por los que van pasando estas misiones.
Además el guía sabía muchísimo de botánica, y estas ruinas están devoradas por la selva, por lo que la referencia a las plantas que se habían hecho dueñas del lugar, era más que importante.
Uno de los detalles más estraño en este sentido, es un árbol que se llama higuera que crece “abrazando” a otro árbol o columna de piedra… en el caso del árbol, lo comprime y lo mata, en el caso de las columnas de las ruinas, genera un trabajo extra en la restauración que atrasa muchísimo el proceso.
La visita guiada se extendió por hora y media. Si bien estuvo buenísimo que nos explicaran todo lo que en las otras ruinas no nos explicaron, quizás sí hubo una sobre información de botánica que en el último tramo se puso un poco tedioso. Igual, me pareció excelente la guía, realmente.
Salimos del predio y ya el reloj nos corrió en demasía. Necesitábamos casi una hora para llegar al Teyú porque si bien es corta la distancia, el camino es de ripio y se tarda muchísimo en recorrerlo. Eran más de las 15hs, por lo que llegábamos muy al límite para a las 19hs sacar las entradas del show nocturno.
Resolvimos en ese momento que íbamos a dejar de lado el Teyú, para ir directamente a la costa sobre el rio Paraná.
Jara, nuestro remisero amigo, se soltó un poco más en el camino de vuelta, nos contó algunas cosas de su vida, nacido y criado en San Ignacio, era un jubilado que se entretenía haciendo viajes, por lo que lo tomaba como un hobby, y en eso justificaba que el cobraba más barato. Y nos aclaró “este viaje otro remisero te lo cobra 250 pesos”
Nos llevo hasta la playa y quedamos en que entonces la tarifa era de 120 pesos, pensando en que no llegamos hasta el Teyú, pero habiéndonos llevado hasta ahí, no podía ser tan solo 100.
Nos despedimos ante su insistencia de esperarnos para llevarnos de regreso al pueblo. Preferimos manejar el tiempo de ahí en más nosotros, y volver caminando en un desandar de más de 3km.
La playa tiene una vista muy bonita, del otro lado del Paraná se divisa la costa paraguaya y con el atardecer sobre nosotros, nos pareció más que excelente nuestra idea de hacer este viaje por nuestra cuenta, sin que haya un contingente corriéndonos con los tiempos de hasta sacar una simple foto.
Nos quedamos en un banco de la costa tomando mate, descansando, disfrutando de la calma.
Pasadas las 17hs emprendimos el regreso, pensando en que teníamos un camino complicado a hacer si la noche se ceñía sobre nosotros.
Un camino complicado si pensamos en lo profundamente densa que es la selva al cada lado… se nos hizo largo, no lo vamos a negar, pero estuvo buena la experiencia, uno recorre diferente al caminar la tierra, ¿no?
Llegamos al camino que nos desviaba a la casa que fue del escritor Horacio Quiroga y hacia allí fuimos. En el medio del recorrido nos cruzamos con una moto que manejaba una señora con un joven acompañante. Nos preguntó si íbamos a la casa de Quiroga, y nos explicó que era ella quien abría y cerraba el lugar, y como suponíamos, ya se estaba yendo. Eran las 17.55hs, y en realidad se suponía que estaba abierta hasta las 18hs. Así que nos ofreció que fuera con nosotros el que suponemos que era su hijo y que él nos dejaría entrar en el lugar.
Más que atenta con su consideración, le agradecimos y lo seguimos a nuestro joven guía.
Ingresamos por una camino de cañas, muy particular (otra reminiscencia a Lost, la escena inicial del primer capítulo de la serie, y Jack corriendo entre los juncos) por dónde íbamos viendo distintos carteles que contaban la historia de vida de uno de los escritores populares más representativos de este país.
Saliendo de los juncos se llega finalmente a la casa que fue de Quiroga, conservada de una manera impecable, y una réplica de la primer casa que hizo en ese lugar, mucho más precaria que la de ladrillos que permanece en pie.
Es impresionante ver y retratar el paisaje que Horacio Quiroga tenía desde su casa, el Paraná en su esplendor, con palmeras, y plantas varias generando hermosas sombras en el atardecer.
Salimos del predio media hora después, pagándole a nuestro amigo las entradas correspondientes (tan sólo 7 pesos por persona)
Eran las 18.30 y teníamos que llegar a las 19hs a las ruinas para sacar nuestras entradas, así que emprendimos el regreso al otro lado del pueblo, lo que nos demandaría unas 15 cuadras que se hicieron eternas.
Llegamos a las ruinas, ya había una cantidad considerable de personas en la puerta, y siendo las 19.04hs, cuando nos toca sacar las entradas nos dicen que el show de las 20hs ya estaba completo, y que teníamos que comprar las de las 21hs.
No nos simpatizó para nada que por tan solo 4 minutos hayamos perdido la oportunidad de volver a Iguazú en el tiempo que teníamos planificado. Pero en definitiva estábamos allí para ver el show, así que sacamos las entradas, muy apesadumbrados.
Eran las 19hs y había que hacer tiempo hasta las 21hs… y el cansancio después de toda la caminata del día se hacía sentir. Lo peor de todo era que ya la noche era todo un hecho y no había nada abierto en los alrededores que se pareciera a un bar o restaurant.
Nos sentamos en la esquina de las ruinas, en el suelo, cansadísimos. Se nos acercó un chico, de 13 años, intentándonos vender una orquídea, le dije que no, que no lograba hacerlas crecer, por más que le pusiera empeño y se terminó dando una charla con mi pequeño amigo que resultó en media hora de conversa y el regalo de la orquídea, convenciéndome de que lo lograría (no lo logré, si se lo preguntan).
Después fuimos a un almacén cercano, compramos algo para engañar el estomago y nos quedamos en la puerta de las ruinas aguantando el fresco intenso que se había levantado. Teníamos muy poco abrigo, teniendo en cuenta que había hecho mucho calor durante el día, y hubo que apechugar para aguardar una hora en el frio de la noche sanignacia.
Éramos tan solo 10 personas para el último show de la noche, y nos preguntabamos si no hubiese sido posible incorporarnos en la primer tanda. Por lo menos fue entretenido escuchar las conversaciones de uno de los grupos que esperaba para entrar y que decían que tan solo era un show con muñecos de cera, nada del otro mundo (era raro entonces verlos esperar por un show que criticaban, pero en fin...
Se hicieron las 21hs y en forma puntual entramos al show. Nos explicaron que iban a estar guiándonos a lo largo del predio con la luz de una linterna y que era importante guardar silencio en el recorrido, respetando los límites que las luces marcaban.
El show fue increíble, realmente valió la pena la espera, el frio, todo… la animación en 3D sobre gases que proyectaban imágenes super nítidas y que iban contando una historia relacionada con la misión jesuítica, fue impecable.
Y dato al margen, cuando ingresan al predio miren hacia el cielo; van a ver la mayor cantidad de estrellas posibles en un cielo... se cuentan por miles, una belleza.
Quizás podemos decir que fue un tanto naif la historia contada, bastante lavada de lo ideológico y la dimensión política que significó esa forma de organización en el medio de la selva, pero se entiende que debe ser en un formato turístico la apuesta.
Poco más de 40minutos duró todo el recorrido con proyecciones de imagenes sobre las ruinas, en el aire, por todos lados, con un final impresionante con todas las ruinas ilumnadas en el medio de la noche estrellada.
Salimos entonces del predio siendo casi las 22hs.
Sabíamos que había un micro a las 22.30hs en la terminal, por lo que teníamos que caminar las 10 cuadras a un ritmo medio para llegar.
Llegamos a la terminal y le preguntamos a un señor que estaba con los remises si ya había pasado el de las 22.30hs. Nos dijo que le parecía que sí, y que a partir de ese horario ya no entraban los micros en la terminal, por lo que teníamos que esperar el próximo, de las 23hs, sobre la ruta.
Como aun no llegaba al 6 de los 30 minutos del reloj, decidimos quedarnos un rato en la terminal sentados, aguardando que los planetas se alinearan y llegase un micro antes.
Los planetas se acomodaron y llegó el micro que esperábamos.
Nos subimos rápidamente y emprendimos el regreso a Iguazú, duro viaje por el frio que el aire acondicionado generaba en el interior del micro, aunque el cansancio nos venció y pudimos dormir bastante.
Llegamos a las 2 de la mañana a nuestra anhelada habitación en el apart, deseando un abrigo extra y un buen descanso en la cama que esperaba.
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Últimos comentarios
marcela_m dice:
Excelente relato y datos!
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carlitos_niblles dice:
Gracias por todos los datos.
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El frente de lo qe fue la Iglesia de la Mision Jesuitica de San Ignacio Miní... reconstruidas con un trabajo gigante de...
Capítulos de este diario
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Primer dia: arribando a Iguazú
Puerto Iguazú, Argentina | 2 de abril de 2011
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Segundo dia: deslumbrantes cataratas!
Parque Nacional Iguazú, Argentina | 3 de abril de 2011
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Tercer día: Una frontera, tres paises
Foz de Iguazu, Brasil | 12 de abril de 2011
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Cuarto dia: mas relajado, recorriendo atracciones cercanas
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Quinto dia: ¿en ruinas? para nada...
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Noveno dia: todo concluye al fin!!!
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En San Ignacio...
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