En San Giovanni se alojaban nuestros amigos, por lo que era común que llegáramos allí al inicio o al terminar la jornada. Coincidimos con los festejos del Día de San Juan, por lo que había muchas actividades en la ciudad: cenas, bailes, música, juegos, exposición de maquinaria agrícola y ¡hasta un desfile de tractores! No los conté, pero eran muchos en alegre bocinería, subiendo y bajando por la montaña, aplaudidos y fotografiados por los que mirábamos. Los había de todas las marcas, colores, tamaños y edades. ¡Qué lindo!
Ese día, domingo, comenzamos nuestra jornada participando en un culto en la iglesia valdense. Aunque mi italiano me permite entender lo que leo y lo que escucho, no me habilita para hablar como quisisera, por lo que sufrí por no poder comunicarme a mis anchas. Pero eso no fue un obstáculo en el entendimiento, cuando sobra la buena voluntad de las partes.
De tarde, continuamos hacia Bobbio Pellice, disfrutando del hermoso paisaje que ofrecen las montañas y el torrente Pellice. Había mucha gente tomando sol en las piedras, al lado del torrene, bañandose y disfrutando almuerzos campestres. A la orilla del camino descubri frutillas silvestres: ¡qué ricas!
Encontramos la Borgata Cairus y pasamos por la Cascada del Pis.
Para culminar la jornada, visitamos una familia amiga, que en la parte de abajo de su casa tiene un tambo. La casa es una construcción del siglo XVII, y ya tenían almacenado para el invierno, el heno para la cama de las vacas y para la comida de las mismas.