Diarios de viaje > Estados Unidos, América del Norte

Costa Oeste de EE.UU.

Escribe: qvs2005
Una vuelta en auto desde Los Angeles hasta San Francisco

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 2 Capítulo 3
 

Destino San Francisco

San Francisco, Estados Unidos — sábado, 14 de febrero de 2009

Camino a San Francisco
Morro Bay – Monterrey
 Si quien creó la tierra tuviera que guardarse un lugarcito para pasar los fines de semana, seguramente consideraría entre sus opciones algún punto de la ruta que va desde a Morro Bay a Monterrey, en el camino a San Francisco. Caminos sinuosos bordeando el pacífico y las montañas, vegetación verde y frondosa, acantilados que provocan pánico en cada curva y un azul turquesa para tanto océano como jamás vi en mi vida. Unas cuantas paradas para respirar y llenarse de inmensidad fueron suficientes para enamorarme de éste lugar. Cuando me fui de Uruguay decidí fijarme algún lugar como parámetro, que me sirviera para medir los que iba viendo por el mundo. El lugar que tomé como referencia fue Punta Ballena, con la panorámica de Portezuelo, su vista y su atardecer. Debo confesar que éste lugar le hace honor y aún más a ese alejado punto que una vez me fijé como referencia, lo que no es poca cosa. Es un paisaje impresionante, y doy gracias por haber tomado este camino desde Las Vegas a San Francisco que corre por la costa y no el otro, que une ambas ciudades por el interior. Más largo, pero más sabroso.   Montaña Rusa
San Francisco
 Arribamos a San Francisco, y la primera diferencia que notamos con respecto a las demás ciudades en que estuvimos consiste en que aquí se respira vida por todos los rincones: calles abarrotadas de gente que habla, grita y canta, artistas callejeros por doquier, escondidos recovecos inexplorados, una hermosa rambla, parques inmensos, arquitectura fascinante. Cada casa es una postal, y no hace falta ser experto en fotografía para lograr una buena toma. Cada esquina es diferente a la próxima y a la anterior, y no una sucesión de cruces monótonos que se repiten una y otra vez.La llegada en auto ya nos provocó el primer susto, con sus archifamosas pendientes. Recuerdo mi decepción por no haber ido a las montañas rusas de Los Ángeles, y resultó toda una sorpresa llegar a ésta ciudad y encontrarme conduciendo por una montaña rusa natural. Al volante del bote que nos tocó en suerte manejar, me dispuse a escalar las empinadas cumbres por donde pasan las calles de San Francisco. El auto iba demasiado reclinado, por lo que la línea de visión no permitía ver que nos esperaría al llegar a la esquina. Una vez en auto recuperó la horizontal en el cruce de calles, notamos el color peligrosamente rojo de la luz, aunque el dato era a esa altura irrelevante dado que nos encontrábamos en el centro del cruce, siendo la única salida posible acelerar y escaparle al impresionante malón automovilístico que se acercaba rugiendo por nuestra izquierda.   Luego de ésta sudorosa experiencia, arribamos al punto más alto de San Francisco y en una brusca maniobra, realicé un giro a mi derecha para divisar de golpe cinco o seis cuadras de bajadas que metían miedo. Para mi placer, y terror de mis asustadizos acompañantes, apreté el acelerador a fondo, produciéndonos al instante la sensación de vacío estomacal típica de una montaña rusa... ¡inolvidable!  San Bochorno
San Francisco
 El manejo en San Francisco tiene unos tintes de desprolijidad y pestería que la unen momentáneamente con la lejana Montevideo. Ya no existe la corrección de Los Ángeles, y los límites de velocidad no son tan respetados como allí, y hasta se ven autos parados en doble fila. Para aportar un poco de desorden a la situación, decidí mimetizarme con este caos. Iba conduciendo por una calle doble mano en subida contemplando tan pintoresca ciudad, cruzo la bocacalle y me encuentro de golpe con un tranvía que viene descendiendo en dirección contraria, con serias intenciones de seguir haciéndolo a pesar de mi presencia. En ese momento miro hacia un costado y noto, con resignación, que la calle por la que circulaba se había transformado casi sin aviso en contramano. Clavé los frenos, esperando que el conductor de pesado vehículo hiciese lo mismo, y no provocar un bochornosa situación en el centro de San Francisco. Para nuestra suerte, se oyó el chirrido de los frenos, tan estridente como salvador. Acto seguido, el conducto del (afortunadamente) detenido tranvía, comenzó a gritar y emitir indescifrables sonidos que, en un golpe de ingenio, deduzco son insultos, bajo la atenta mirada de los turistas, que sonríen mientras dejo litros de sudor y meto la marcha atrás.   Freak explosion
San Francisco
 Luego de recorrer varios lugares típicos que aumentan mi admiración por esta ciudad, como el Golden Gate, el Fisherman´s Wharf (el puerto de pescadores, con una peatonal en la rambla con venta de mariscos y espectáculos de todo tipo), centros gastronómicos y de compras, paseos y boardwalks, nos dirigimos hacia Market Street, una importante calle céntrica.En ese punto de la ciudad tuve la sensación que se hubiesen juntado todos los locos, extravagantes y más fieros personajes del planeta, y los largaron en esta calle. Cada una de las personas que se cruza en mi camino es merecedora por si sola, de un óleo, una foto y un largometraje de dos o tres horitas. Repito, no una, dos o tres personas: sino todas ellas. Hasta el tipo aparentemente más normal tiene una perturbadora expresión en sus ojos que pareciera que en cualquier momento saca la Uzi y nos acribilla a todos, como Michael Douglas en “Un Dia de Furia”. Algunos te saludan, otros te ignoran, pero nunca se pasa indiferente ante esa fauna que te rodea. La calle va a adoptando distintas características a medida que se la recorre. Hacia la bahía es más turística y cosmopolita, aunque sin perder la característica diversidad. Más hacia el centro de la ciudad se encuentra la Black Zone, donde más allá de alguna mirada extraña, no tuvimos problemas con nadie. Igualmente, las advertencias que nos habían hecho nos hicieron caminar sin prisa pero sin pausa. Siguiendo por Market Street hacia el oeste, nos encontramos con “El Castro”, zona del orgullo gay, barrio maraca, o como desee llamarlo. Se juntan en grupos, y se los puede ver vistiendo indumentarias como trajes de baño, vinchas, conjuntitos floreados, calzas y demás prendas lastimosas que la convierten en un museo viviente del mal vestir.  Personajes
San Francisco
 Caminando por este verdadero zoológico humano que es San Francisco, me topé con un individuo de aspecto preocupante que se acercó y se quedó mirándome. En ese momento tomé conciencia que me asemejaba al perfecto turista idiota: cámara fotográfica colgando del cuello, mochila, riñonera con la mitad de mis valores dentro y cinturón-bolsillo debajo de la ropa con la otra mitad de mis valores. Para decirlo claramente, era un banco ambulante, solo faltaba el letrero luminoso indicando: “Por favor, róbeme”. El personaje se paró a mi lado en una maniobra tan silenciosa como sospechosa, por lo que me di vuelta, enfrentándolo con la mirada y esperando su retirada. Pero no se movió y, devolviéndome la mirada, me preguntó (más bien me ordenó):– Gime some money! (Dame un poco de plata).– Sorry but I don´t have money (Lo siento, pero no tengo plata)– dije, pero esta desafortunada y poco creíble respuesta no lo conformó. Intentó nuevamente creyendo que me ganaría por cansancio, solo logrando la misma insulsa respuesta, pero no me creyó y volvió a la carga, cada vez más cercano y pegajoso, rozando por momentos mi cargada riñonera.– So men, gimme a penny or something (Pues dame unos centavos a lo que tengas)– fue su imperativa nueva frase, dicho esta vez en un tono más elevado y comenzando a fruncir su ceño, aunque para desdicha de sus propósitos, solo consiguió la misma imperturbable respuesta de quien escribe. Este hecho colmó su minúscula paciencia, comenzando de ahí en más su desubicado espectáculo de gritos desproporcionados en medio en medio de Market Street.– Ohhh men, come on! You´re gonna tell me you came here with nothing in your pockets, not even a penny, a dime or something? Do you think I´m stupid? Gimme a breake! (¡Vamos hombre! ¿Me vas a decir que viniste aquí sin nada en tus bolsillos, ni un penique o un centavo? ¿Crees que soy estúpido? ¡Dejáte de joder!)Temiendo una golpiza prematura a diez días de arrancado el viaje, retrocedí unos pasos y retruqué con mi más convincente e ingeniosa respuesta del día– Sorry, but I don´t have money (Lo siento, pero no tengo plata). Acto seguido me miró entre furioso y sorprendido por mi indeclinable actitud, dio media vuelta y se retiró entre nuevos insultos y alaridos. ¡Come on!
Chatarra soy 
Los Ángeles, Phoenix, Las Vegas
 Luego de casi diez días en California, mi cuerpo ha hecho una ingesta de comida rápida y desechable de todo tipo, y eso que hasta ahora nunca pisé un local de Mc Donald´s, con su Ronald despreciable. Jack in the Box, Subway (que llega a cobrar ocho dólares por un refuerzo estilo Almacenes Dante de 25 centímetros), Taco Bell (comida mejicana), etc. Otro lugar que conocí en este tiempo para mi exclusiva colección de comida basura es Whataburger, casas que funcionan solo dentro de E.E.U.U., que poseen contundentes hamburguesas con buena carne y un combo con la posibilidad de rellenar la bebida cuantas veces quiera, o por lo menos eso fue lo que hicimos y nadie nos impidió llevarlo a cabo. En éste lugar intentan diferenciarse del trato frío y distante del resto de las cadenas, ofreciendo una atención amable y servicial, aunque rozando por momentos la alcahuetería barata. Luego de realizar un pedido y ubicarme en una de las mesas, volví al mostrador a pedir mayonesa, creyendo que sería tarea sencilla. Comencé como lo hubiera hecho cualquiera, pidiendo algo así como:– Can I have some maionnese, please? (¿Me puedes dar mayonesa, por favor?).La cara de desconcierto del empleado del mes me llevó a pensar que no había comprendido, por lo que cambié el término maionesse por maion, cosa que tampoco surtió el efecto deseado y atrajo además a otro empleado que andaba por la vuelta. En un desgraciado desliz, cambié el término maionnese por Hellman´s, aumentando con esto su incomprensión, así como la platea que observaba este bochorno a tres empleados, más uno que reía desde el fondo. A un paso de transformar la cosa en “dígalo con mímica”, comencé a ayudarme con distintas partes de mi cuerpo dando explicaciones del tipo:– ... that yellow thing similar to the  ketchup... (...esa cosa amarilla parecida al katchup...) – a la vez que simulaba apretar con mis manos un sachet sobre una hamburguesa imaginaria. Reconozco mi torpeza, aunque admitamos que la perspicacia no era una de las principales cualidades de éstos individuos cuyo número iba en aumento. Hasta un lugareño aportó lo suyo y arriesgó desde una mesa cercana:– Is it barbecue? – preguntó, y ante mi negativa puso cara de «Y bueno, con las pistas que das... ¿que querés que haga?”», uniéndose al juego acto seguido. Finalmente, un iluminado mostró un frasco de mayonesa que tenía escondido debajo del mostrador.– That´s what I want! – dije, señalando el objeto en un último esfuerzo por hacer que me entendieran. Cuando comprendieron de que se trataba el asunto, se miraron entre ellos esbozando una pícara sonrisa y uno de ellos agregó satisfecho:– Ohhh... what you want is may!  Sublime atracón
San Francisco Luego de tanta comida chatarrera, la noche se transforma en un suplicio, deambulando por la ciudad a las 23:00 horas, con la pared delantera de mi estómago a punto de tocarse con la trasera y emitiendo sonidos de todo tipo. En un estallido de desesperación, entramos a rompernos la boca en un bar de latinos al que ya le habíamos plantado el ojo, cuya comida de aspecto suculento y estilo casero hacía agua nuestras bocas. Pedí unas albóndigas con arroz acompañadas de pan recién horneado y una jarra de cerveza Anchor (típica de San Francisco) que fue un deleite para nuestros castigados paladares. Comimos y bebimos hasta altas horas de la noche acomodados en una gran barra de madera, con buena música y de charla con un simpático barman mejicano a quien nuestro aspecto desesperado y miserable conmovió de tal manera que nos invitó una nueva ronda de cervezas «...para los hermanos uruguayos!». Solo faltaba para ser una velada completa la emisión de algún partido de fútbol en lugar de ese tedioso juego de béisbol, que igualmente observamos, simulando entender e incluso disfrutar. El nombre del lugar, Bar Tommy´s, sobre la calle Van Buren, en una perdida esquina de San Francisco.

Publicado
Modificado el
Leído 1938 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 2 Capítulo 3
 
 


Últimos comentarios

maratial dice:
Impresionantes todas las descripciones!! yo tampoco podria vivir sin la mayonesa (y tampoco sin albondigas!) Un beso!!
Publicado

vicvil dice:
Si me ha gustado, pero parece que no te gusta mucho los eeuu, los visitas pero buscando siempre la critica.
Yo he viajado ya 6 veces por ahi y nunca me han pasado cosas como las tuyas, la gente siempre ha sido simpatica, nadie nunca me pidio nada....
y comida basura? pues alla donde fueras haz lo que vieras, asi que yo me pongo las botas y luego cuando llego aqui a Barcelona ya me procuro una buena cura de salud.
gracias por el relato

Publicado

alexandramaryliz12 dice:
Bueno es muy cierto en Mc'Donals es un problema la Mayonesa...
Pero la verdad, si ayudan mucho, y con lo que hay la bola de latinos es peor, inclusive yo he conseguido cosas gratis...

Publicado

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

Capítulos de este diario