Diarios de viaje > San Bartolomé, América del Sur

Bosques de Zarate

Escribe: multiaventura
Del 17 al 18 de Setiembre del 2011, inolvidable y adolorida caminata a los bosques, no importa el dolor o sacrificio, todo es pasajero, mas no la dicha de llegar a la meta.

 

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Capítulo 1
 

Aqui empieza y termina la historia

San Bartolomé, Perú — domingo, 18 de septiembre de 2011

Sabado 17 de setiembre seis de la tarde, bajan Parque Echenique.

Por fin, que lento se hizo el viaje, demasiado trafico. Chosica empieza a anochecer, no hace frio mas bien el clima esta templado. Carlos, Raquel, Ceci, Vane, Hernan, Luisa, Daniel ya estan esperando, y me reciben con algarabia, entre otras razones porque llevo la carpa para cuatro de
ellos y tambien la cocinilla, al rato llega Hamilton y el equipo esta completo para ir a los Bosques de zarate. La combi lleva el equipo en el techo mientras vamos un poco apiñados en su interior, el viaje dura unos cuarenta minutos. 

Un circo nos recibe en San Bartolome y despues de las coordinaciones, Elmer, el piurano que nacio en tumbes y vive aca felizmente casado desde hace veinte años, nos guiara hasta nuestro destino. Salimos del pueblo, hasta llegar al desvio al Bosque, un letrero nos da la bienvenida y seguimos por un camino ancho y afirmado, y va subiendo lentamente curvas tras curvas. Vamos los nueve viajeros con nuestras mochilas al hombro, linternas frontales prendidas y bastones ajustados, disfrutamos del cielo estrellado y el silencio del camino. 

El camino ancho termina y empieza una subida abrupta entre cultivos de tunas, despues de esta subida que mas parece escalada llegamos a un lugar llamado Chanaca, en un futuro cercano la carretera llegara hasta este punto y se levantara una zona de camping, y se construiran cabañas y
servicios higienicos, tiene agua cercana y tendra energia electrica. Es el primer descanso. Cerca vimos dos puntos amarillos brillantes, nos dijeron eran los ojos de un zorro. De alli seguimos ascendiendo, en algunos trechos muy empinados y en otros, tambien.

Siempre teniendo a nuestra derecha el abismo oscuro, directo al fondo de la quebrada y a nuestras espaldas las luces de San Bartolome, cual tesoro de oro brillante y resplandeciente. 

Elmer nos alienta a seguir. Falta una hora, es cerca a esas luces, en efecto vemos a lo lejos unas luces que cada vez nos acercamos se alejan mas y mas.

Caminamos y cada paso es un gran esfuerzo, llevamos demasiado peso y solo nos alumbra la luz de los frontales, un paso en falso y nos vamos al fondo de la quebrada. Desde el comienzo, con Hamilton  somos los que cerramos fila, aun no descubro si es porque somos lentos, llevamos mucho
peso o es por cuidar a nuestros amigos, no nos importa llegar primeros o ultimos, solo queremos llegar. Luego de tres horas desde nuestra partida, llegamos a la zona de campamento,Mital se llma y  hace mucho tiempo que no experimentaba tremenda satisfaccion.

Una vez levantado el campamento con las dos carpas, las chicas se encargaron de preparar la cena y los chicos de preparar el brindis con un litro de sangria, todos contentos y cansados nos entregamos a los brazos de morfeo, arrullados por el suave rumor de unos bramidos, perdon
ronquidos, de origen hasta ahora desconocido. 

Una rayo de luz desperto a los exploradores de la carpa grande, nos frotabamos los ojos cuando Hamilton con su toque de trompeta sin trompeta termino por despertar y enojar a todos. A la voz de levantense soldados, son las seis de la mañana y demas ordenes de tipo militar, termino por
arrancarnos el sueño y hacernos comprender que estabamos a mitad del camino. Despues del desayuno y dejar las cosas en las carpas proseguimos con nuestro el camino, este era zigzagueante en parte
y de un fuerte ascenso, sabiamos que el desnivel era de mil quinientos metros, y como nos lo recordaba el bosque en cada curva.

Elmer simplemente nos dijo, en esa bandera estan las ruinas, en el letrero a lo lejos, esta Gatero y asi poco a poco y con mucho esfuerzo llegabamos a cada uno de los puntos de referencia. Poco a poco y casi sin darnos cuenta estabamos dentro del Bosque, este no es como el de los cuentos de hadas, este bosque esta en la ladera de la montaña, con arboles nativos, de ramas retorcidas y espectrales, troncos casi sin piel, hojas y espinas abundantes, aves unicas de las zonas, un ambiente unico y excepcional.

Un ultimo ascenso, ya el camino es mas suave entre arboles y tapizado por hojas secas. Despues de cuatro horas, desde el campamento llegamos a Pampa de Zarate. Merecido triunfo sobre el cansancio, premio a la perseverancia y teson, foto de rigor y la mayoria solo atino a
echarse a descansar, casi toda la caminata el cielo estuvo nublado, lo cual fue una bendicion, caso contrario el sol nos hubiese calcinado.

Estar en la cima, estar en la meta rodeados de pastos altos y amarillos nos da una libertad y tranquilidad, aunque sabemos que el retorno sera duro. Almorzamos fruta y conservas de grated de pescados, alli estaban cansados y en sueño profundo Vane, Ceci y Daniel sus cuerpos estaban en Zarate, sus mentes quizas en sueños relajantes o simplemente desconectadas. Carlos y Raquel al igual que Hernan y Luisa disfrutaban el paisaje y la satisfaccion de la tarea cumplida, para
algunos como Hamilton, Raquel y Carlos no era la primera vez que venian a Zarate, y aunque alguno de ellos diga lo contrario, no creo sea la ultima vez tampoco. Hamilton tenia en el cuerpo pero mas en el alma las heridas de esta jornada, sus inseparables rodillas le pasaron la factura
de tantas aventuras. Descansando sentiamos a ratos bocanadas de calor que nos arrojaba el sol, quiza como premio, quiza para advertencia o quiza para que reparemos que el o los Apus habian sido benevolentes con nosotros. Despues de hora y media descansando empezamos el retorno, se supone el descenso es mas facil, solo se supone, porque es mas de cuidado, un resbalon y terminas al fondo junto al rio seco. Vas bajando y dandote cuenta lo dificil de debio ser, por si es que ya no te acuerdas, la subida.

Los bastones se exigen al maximo, pero aun asi mas de uno termino sentado sobre las piedras del camino luego de resbalarse. Que interminable se hace la bajada curva tras curva, metro tras metro. Por fin llegamos al campamento. Bajar el campamento, reorganizar las mochilas y seguir bajando, tenemos menos peso, pero no tanto pues bajamos con toda nuestra basura, botellas, latas, envases y bolsas. Debemos apresurarnos si no queremos que la noche nos gane, aun es temprano pero estamos retrazados o eso creemos, pronto legamos a Chanaca, desde aqui se ve San Bartolome, la bajada abrupta, los inmensos campos de tunales, lo que pensamos seria veinte minutos nos tomo mas de una hora, que dificil se ve el camino en sentido contrario, hasta pareciese que por alli no habiamos subido. Ultimo esfuerzo y estamos nuevamente en la carretera, todo juntos, heridos pero
felices, adoloridos pero intimamnete satisfechos, nadie habla de nuevos proyectos o salidas, pero todos interiormente ya estamos pensando donde ir la proxima semana, mes o año. Asi somos, como despues diria Carlos, somos Masoquistas Trek. 

Una hora despues ya camino a mi casa, pienso y agradezco la suerte que tengo. Poder hacer lo que me gusta, poder caminar (a veces arrastrarme) en las montañas, poder respirar aire limpio y diferente, poder dar a mis ojos y mente sensaciones inolvidables, y sobre todo la suerte de conocer y tener amigos de la montaña, amigos diferentes, buenos amigos que comparten gustos similares, amigos verdaderos que no es necesario a veces que digan mucho, para que te des cuenta que son sinceros y fraternos. 

Gracias amigos por estos dos medios dias, que parecieron eternos, llenos de aventura y belleza. Sacrificio, dolor y amistad, gracias Dios por la bendicion de contemplar, respetar tu creacion, y regresar sanos y salvos, chancaditos y abollados pero salvos. Ya nos vemos en la montaña.

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Comenzando la caminata (Foto Hamilton Segura)

   

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