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Aprendiendo a viajar: el Noroeste Argentino
Escribe: noritacecilia
Un recorrido por la Quebrada de Humahuaca y los puntos más relevantes de Salta. Siempre viajé sola, aunque hacia algún destino donde tuviera un amigo que me recibiera. Este fue mi primer viaje parando en hosteles y sin tener conocidos en destino. Es la historia de un viaje a sitios sorprendentes a los que espero regresar; y una confirmación de aquel dicho de que "mejor solo que mal acompañado"
Junto al Tren de las Nubes
San Antonio de los Cobres, Argentina — miércoles, 25 de enero de 2006
Fue un día excelente. La tristeza se fue yendo de a poquito. En una Renault Kangoo íbamos el guía, un cordobés que sabía un montón de geología, y un matrimonio de antropólogos con su hija que venían de recorrer Catamarca. Un grupo de lujo.
Subíamos por la quebrada del Toro, paralelos al tren de las nubes. Lo que al principio era yunga, paulatinamente se fue transformando en un paisaje árido muy pintoresco, mucho más agrestre que la famosa Quebrada de Humahuaca; más inhóspito y despoblado.
Tal como me dijeron en la agencia de turismo, lo que valía de visitar San Antonio de los Cobres era el trayecto; además, ir por la ruta, paralelo al tren, nos permitió admirar la obra de ingeniería, detenernos, caminarla. Las vías del ferrocarril serpenteaban entrecruzándose con la ruta; nos detuvimos en varios puntos para caminar por los viaductos y para ver de cerca el mecanismo de los zigzag con los que el tren va ganando altura. Dicen que es un sistema único en el mundo, y que por sus características, sumado a la gran altura media a la que corre, puede acentuar los rasgos del apunamiento.
Hicimos varias paradas "no turísticas" en el recorrido, porque el guía iba visitando familias. Siempre nos pedía disculpas, se bajaba 5 minutos y regresaba al grito de: "paso a la vuelta". En algunos lugares simplemente tocó bocina y gritó desde su ventanilla.
En el abra de Tastil el tren y la ruta se separan, y nosotros subimos al cerro para visitar las ruinas de Santa Rosa de Tastil, un pueblo preincaico donde se supone que vivían más de 3000 personas. Caminamos entre los restos de las casas, está poco explorado y visitado, así que todavía se pueden conseguir fragmentos de cerámica roja pintada de negro.
Al bajar, entramos por una quebrada estrecha, enmarcada por cerros desnudos color gris, color rosa. Cuando paramos para caminar por el río, vi que los escombros de aquel cerro eran de granito: de ahí su color rosado, era un enorme bloque granítico a cielo abierto. El guía conversaba conmigo de estas cosas, más cuando veía que mi mochila se iba llenando de rocas a las que yo observaba como si fueran gemas preciosas (había que ejercitar mis nuevos conocimientos de geología); de hecho, me dijo que iba a tratar de encontrarme un trilobites. Lo intentó, pero no lo consiguió. Para mí valió la intención.
No olvidaré más ese último tramo del viaje. La ruta subía, se perdían los cardones, y permanecíamos todos en silencio. Nuestro guía iba cambiando la música, y hubo una canción que cada vez que la escucho, me hace volver a aquel momento: "Comfortably numb" de Pink Floyd. Después seguimos con León Gieco.
El guía nos iba dando los nombres de todo con una sencillez extraordinaria. Recuerdo que marcó la desaparición de los cardones (por la altura) y señaló el nevado de Acay; nos mostró también, en la lejanía, el Abra de Acay, atravesado por la famosa Ruta 40 en lo que es el paso vial más alto del mundo. Y de repente, en una curva, vimos abajo San Antonio de los Cobres.
San Antonio de los Cobres es un pueblo marrón que se confunde con la aridez de la Puna. Visto desde arriba eran un montón de pequeñas casas dispersas, con tejados brillantes hechos de chapa acanalada. Paramos un rato en la estación antes de introducirnos en sus calles, donde salieron muchos chicos a pedirnos que apadrináramos su escuela. El guía nos dijo que en ese pueblo son todos niños y ancianos; los jóvenes se van en busca de mejor suerte. Y que hay tanta pobreza, que él cada vez que tiene que guiar por allí, aprovecha de llevarles cosas; ropa que va juntando, o simplemente comida que de su bolsillo compra para ellos. Por eso todos le salían al encuentro en el camino a la ida. La vuelta fue un rosario de paradas donde fue dejando un paquete aquí, un paquete alla... verdaderamente muy conmovedor.
Por la lluvia no pudimos visitar el famoso viaducto de la Polvorilla, al que se llega por el cauce seco de un río porque no hay otro camino. Al llover tanto, estaba imposible. Queda para otra vez, dicen que es el paso ferroviario más alto del mundo; debe ser imponente. Ya los viaductos de hierro, más bajos, que cruzan la Quebrada del Toro en el ascenso son muy impresionantes. Queda para la próxima (es bueno que quede algo que te motive a volver!)
Me dejaron en el hostal cuando anochecía, feliz con mi experiencia, que obviamente le conté con entusiasmo a la señora María Eugenia. Ella me esperaba con una sopa (realmente me sorprendió su gesto), y me pidió que me sentara y le contara todo lo que hice. Por fin las cosas volvían a encaminarse.
Opiniones:
| Servicio | |
| Responsabilidad | |
| Precio/calidad |
Yaco Turismo
Transporte & Servicios: Guía Turístico en Ciudad de Salta, Argentina
En las tres excursiones que realicé con ellos quedé muy conforme; fueron puntuales con los horarios, cumplieron con todo lo pactado; utilizan buenos vehiculos y los guías son idóneos, además de armar grupos reducidos que permiten un trato más personalizado. Los recorridos fueron muy buenos, con paradas y tiempos suficientes para detenerse y aprovechar el viaje. En cuanto a los precios, los encontré más accesibles que en otras agencias.
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