Diarios de viaje > Sambo Creek, América Central
Honduras
Escribe: kandy1
Sambo Creek, me habían informado que erra un pueblecito con magníficas playas y habitado por gentes de color negro, gentes que aún conservaban sus costumbres y por ello me pareció podía ser...
Honduras
Sambo Creek, Honduras — martes, 14 de octubre de 2008
Cuando llevamos 15 minutos de viaje para el autobús y por la puerta trasera suben 3 jóvenes muy negros, con camisas de colores muy brillantes y 3 bicicletas muy viejas, éstos me miran también muy extrañados y se sienta uno a mi lado y los otros dos detrás de mí, a mi eso me mosquea ya que en el autobús no hay más de 10 personas y por lo tanto casi todos los asientos están vacíos. Una jovencita negra muy guapa por cierto, saca una bolsa que llevaba consigo y de ella saca un trozo de pollo y empieza a comerlo escupiendo los huesos en el suelo y limpiándose las manos llenas de grasa en el respaldo del asiento, ahora comprendo el que todo el autobús estuviese tan sucio, al fin después de unos 45 minutos de viaje para el autobús y todos se bajan. Yo me dirijo hacia la playa para lo que tengo que recorrer unos 5 kms. por un camino polvoriento que cruza una especie de poblado con casas o mejor dicho cabañas hechas de paja y barro escondidas tras una tupida vegetación.
El polvo del camino era cada vez más denso por lo que al caminar mis pies se enterraban hasta el tobillo. Observo como entre los árboles hay gentes que me miran escondiéndose y niños negros que llegan hasta mí, me miran con ojos de extrañeza y al final se ríen y se van corriendo a esconderse detrás de las plantas, también hay muchos gorrinos que no sé de donde salen ni en donde se meten, algunos de ellos pasan corriendo junto a mí dejando una inmensa polvareda, es duro, no era esto lo que yo imaginaba ver, pero bueno debo de llegar hasta la playa donde creo habrá algún turista bañándose en la playa o algunos bares donde sirvieran un frío batido de frutas. Estábamos en Abril y por lo tanto en Honduras era la temporada alta.
Pero asombroso, llego a la playa y allí no hay absolutamente nadie y el único "chiringuito" que encuentro está cerrado, no sé que hacer son las 5 de la tarde y bueno paseo por la fina arena de esta playa caribeña y contemplo la belleza de sus aguas de azul turquesa, pero de repente me doy cuenta de que los 3 muchachos que venían conmigo en el autobús están junto a mí. Yo no sé que hacer, si saludarles o callarme, pero como veo que descaradamente me siguen ya me dirijo a ellos con la más amplia y acogedora sonrisa que podía hacer y les saludo muy amistosamente, ellos entonces me dicen si no quiero beber algo en la caseta de madera que estaba cerrada y que yo ya os he dicho lo llamo "chiringuito", bueno les digo, pero está cerrado, no, me dicen, ahora mismo se abre y acto seguido empiezan a dar porrazos en las paredes y en esto que las puertas del mostrador del bar se abre y aparece un hombre rubio muy gordo que ellos me dicen es un americano que lleva allí viviendo mucho tiempo. Aquí como en muchos más lugares, al verme extranjera dan por supuesto que tengo que hablar inglés ya que según ellos todos los turistas hablan inglés. y llevar dólares.
Yo cuando vi al americano pensé, bueno a lo menos este hombre me va a proteger, pero gran error por mi parte, abre las puertas y veo al fondo una mujer negra y 5 o 6 niños tumbados en camastros y sin ganas para nada, ni de charla ni de trabajar, casi por la insistencia de estos 3 negros nos ponen unos refrescos, refrescos por supuesto que tengo yo que pagar. Pregunto la hora del autobús para volver a Ceiba y me dicen que ya no hay ningún autobús hasta mañana a las 8 horas. Entonces pregunto dónde hay algún lugar para dormir y me dicen que aquí no hay nada pero que él, me dice el más joven, tiene una casa y que puedo dormir en ella.
No puede ser, les digo, debo regresar al hotel esta noche ya que yo no vengo sola si no con amigos que saben estoy aquí y que me esperan. Pido un teléfono para llamar a un taxi, ya no me importaba lo que me cobrara pero me dicen que aquí no hay teléfono.
A todo esto uno de los chicos se empeña en que me haga una foto con él para ello, debo dar la cámara a su amigo para que nos haga la foto y yo pienso, ahora cogen la cámara y se largan, pero como siempre soy positiva, cambio ese desafortunado pensamiento y me digo que no, que todo va a salir bien, pero la verdad que creo estaba pasando uno de los momentos de más miedo de todo mi viaje.
Más tarde uno de ellos me dice, mire señora, yo tengo una familia y no tengo ni para cenar por lo tanto me tiene que dar 80 lempiras yo abro una bolsita que compré en Bolivia y que siempre la llevo colgada al cuello y les enseño que solamente llevo 100 y les digo, con este dinero necesito pagar el viaje de vuelta de manera que sólo os puedo dar 50 y os las repartís entre los tres.
Parece que mi proposición les pareció bien y me dicen: Bien señora, ahora ya no tenga miedo de nada que nosotros le vamos a proteger. (y yo entonces me pregunto) ¿De qué me van a proteger? eso quiere decir que estoy en peligro. Observo que ya está anocheciendo y cada vez estoy más asustada al pensar que tengo que dormir sobre la arena de la playa o en la casa de uno de los tres acompañantes, pero al fin uno de ellos me dice que si me acerco a la carretera general suelen pasar coches y que si les levanto la mano puede ser que me paren. Bueno no es lo mejor pero por lo menos vislumbro una esperanza de volver a Ceiba.
Después de oir esto, no espero ni un minuto más, desando el camino de tierra, ignorando las miradas de los contados vecinos que los presentía y a veces veía a través de las plataneras, paso entre los gorrinos que se acercaban tanto a mí que parecían quererme morder los dedos del pié y al fin llego a la carretera principal. Ya es de noche y pasan muy pocos coches, yo me planto en medio de la carretera y claro esta que el siguiente coche, para o me atropella, de manera que paró, menos mal, se trataba de un viejecillo encantador quien me dice le di un susto de muerte y que tuve suerte porque su furgoneta no tenía muy buenos frenos, le digo tengo que llegar a la ciudad y no hay ya ningún trasporte público, mire me dice, como verá la cabina está llena de fardos de hierba , pero si usted quiere en la caja de la furgoneta puede acoplarse, vaya si quería, donde fuera, mejor que dormir en la carretera y de un salto me encontré dentro de la caja y acompañada de dos gorrinos pero que menos mal, éstos, ignoraron mi presencia y a penas si se movieron.
Yo me senté sobre un saco de forraje y en ese momento me sentí como una verdadera reina en su trono, pero al poco tiempo de emprender la marcha, por cierto lentísima, veo que la furgoneta se para y es que hay un control de policía, vaya lo que me faltaba, pienso yo, pero no ocurrió nada, me pidieron el pasaporte y yo les dije lo que me había ocurrido y me aconsejaron que a esas horas del día no saliese sola, era mejor ir con mis amigos.
Tantas eran las ganas de llegar a la pensión que en el camino compré unos plátanos, una botella de agua y a dormir para mañana salir camino de Copán.
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Últimos comentarios
xalito dice:
=) entonces era peligrosa ono la ciudad, buen relato da miedo eso de entregar la camara.
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minino82 dice:
dejame desirte qe la ceiba es una ciudad muy sana en la ceiba podes andar de noche apie pero en eso pieblos qe estan alas orillas de la ceiba no es tan peligroso soloqe te recomiendo andes siempre acompañada si sos mujres una mujer nunca tien qe andar sola y menos en un lugar qe no conoc telo digo yo por qe yo e ido a ese lugar con amigos y me la e pasado muy bien y d verdad t digo en ese lugar un unos buenso restaurantes donde c come muy bien asaber donde t fuiste a meter vos pero bueno , espero ayas disfrutado tu estadia en honduras mas en la bella ciudad d la ceiba ,
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Wuschelkopf dice:
Hola Candida
Seguro eres nueva viajando... no hay lugar como el hogar cuando uno tiene miedo, si no quieres aventuras.
uno no camina por caminar
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