Escribe: catalinag89
19 micros, no-sé-cuántas combis, 16 hostels -y demás noches en "semicama" (100°)-, un tren, una avioneta y dos aviones nos trasladaron y nos alojaron durante un mes de viaje por Bolivia y Perú. Un viaje intenso, sin tiempo para comer, ni dormir... ni pensar! Pura acción. Aquí, la aventura que vivimos con mi amiga Julieta-
Samaipata, un "descanso en las alturas" no tan relajado...
Samaipata, Bolivia — martes, 17 de enero de 2012
Todavía asustadas por el viaje, pero ilesas, nos bajamos en Samaipata a las 7 de la mañana. El pueblo estaba desolado. A las únicas personas que encontramos les preguntamos cómo llegar al hostel que habíamos reservado y caminamos derechito hasta ahí, con unas caras de sueño que daban lástima. El check in en el hostel Siles es a las 10 am, pero el señor nos dejó entrar a la habitación y creo que en 25 segundos ya estábamos durmiendo. La idea era levantarnos a las nueve para ir a hacer alguna excursión… Qué sueño tenía!!
Samaipata es un pueblo chiquito que en enero goza de un clima caluroso, porque está más cerca del nivel del mar que los otros lugares que habíamos visitado. Queda a 120 km de Santa Cruz de la Sierra, en medio de un paisaje de montaña y a 1650 msnm. Es un pueblo muy tranquilo y acogedor, de casas bajas y tejados carcomidos por el tiempo.
Para dormir no había tiempo. Juli se levantó primero y se fue a averiguar sobre las excursiones posibles que se podían hacer en o desde Samaipata. Fue la responsable de organizar lo que íbamos a hacer ese día porque yo había organizado todo el itinerario del viaje pero esta visita a Samaipata se salía del programa. Además ella había dormido en el micro y yo no, y como era la interesada en conocer Samaipata, era la que tenía la decisión del plan del día.
Yo tenía mucho sueño y sufrí al levantarme, pero me levanté rápido. Haber dormido dos horas no había sido suficiente pero peor hubiera sido nada. Me bañé y preparamos mate para tomar en la terracita del hostel. El día estaba increíble, por fin hacía calor y por fin nos poníamos algo de la ropa de verano que venía viajando en las mochilotas en vano. Tomamos mate con Dana, una chica israelí que se estaba quedando en el mismo hostel. Charlamos un rato en inglés que era el idioma en común y después nos fuimos a iniciar la excursión elegida por Juli (“tomamos” y “charlamos” es un decir, Dana apenas probó el mate y yo casi no hablé porque estaba muy dormida. Sólo las escuchaba mientras contemplaba la inmensidad selvática que rodeaba todos los alrededores de Samaipata. Era grandioso ver tanto verde junto y, mezcladas entre los árboles, un par de casas escalando las montañas).
Juli, que era la más interesada en ver ruinas de las dos, eligió que fuéramos a visitar un lugar conocido como “El Fuerte”, un sitio arqueológico pre-incaico que es la piedra tallada más grande del mundo. “El Fuerte” fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1998 por la UNESCO. Queda a 9 km de Samaipata, se puede ir en taxi (cobran 80 BOB ida y vuelta y te esperan) o caminando. O se puede ir en taxi y volver caminando
porque está en subida "la cuestión", como dirían los chilenos. La entrada al Fuerte sale 50 BOB.
Nosotras decidimos ir en taxi y volver caminando. Como queríamos contratar un guía para recorrer el lugar, cuando llegamos al lugar esperamos un ratito para ver si venían otras personas y formábamos un grupo, un poco para que pagarle al guía nos saliera menos y otro poco para que fuera más divertido. Cuando aparecieron Ernesto y sus dos hijos, emprendimos la marcha.
La verdad, el guía explicaba bien y el recorrido estuvo bueno, pero “el fuerte” en sí está tan deteriorado que no se aprecia mucho. A mí, por lo menos, no me emocionó mucho verlo. Me gustó más el paisaje que se apreciaba durante todo el trayecto que el fuerte en sí. Ojo, no estoy diciendo que los más entendidos en el tema no lo puedan disfrutar. Sin duda debe de ser una muestra crucial de la labor pre-incaica, si no no la hubieran declarado Patrimonio de la Humanidad, pero a mí me resultó un paseo caro (sumando el costo del taxi, la entrada al lugar y los servicios del guía) para lo que es.
Cuando terminó el recorrido, Ernesto se ofreció a llevarnos de nuevo hasta Samaipata. Yo: feliz, porque no tenía ni ganas de caminar 9 km al rayo del sol después de haber dormido dos horas y luego de viajar trece horas a los saltos por una ruta arruinada y con el corazón en la boca porque el chofer aceleraba en todas las curvas y manejaba a toda velocidad.
Llegamos al hostel a eso de las cinco de la tarde, muertas de hambre. Nos cocinamos los cappeletinis que habían sobrado de hacía dos noches en Sucre y después nos fuimos a charlar con Dana y Laura, una chica de Burzaco que también se estaba quedando en el hostel. Para variar, ¿qué les propusimos hacer a las chicas? Ir al mirador de Samaipata! Con el termo bajo el brazo y la intención de tomar unos mates contemplando Samaipata desde arriba, emprendimos la marcha. El mirador quedaba a 1km del pueblo.
La cosa es que caminando, caminando, la poca luz que le quedaba al día se fue extinguiendo. Íbamos por una calle larga y con muy pocas luces, y para el mirador nos quedaba todavía un tramo largo, aparte de que había que subir la montaña, claro, porque si no no habría vistas. La cabeza sensata del grupo (es decir, yo) habló. Primero les pregunté si alguna tenía linterna. Yo tenía una chiquita, de bolsillo, que tuve encima todo el viaje, pero que no alcanzaba ni de casualidad para alumbrarle el camino a cuatro paseanderas que caminaban a distinto ritmo. Ninguna tenía. A la cuadra y media dije que creía que lo mejor era volver, porque no quedaba nada de luz e íbamos a tener que hacer todo el camino de ida y de vuelta en la oscuridad y en una zona desolada. Sí, me estaba agarrando un poco de cuiqui. Cuando las chicas levantaron la vista coincidieron en que no era seguro seguir andando. Decidimos volver a la plaza principal de Samaipata y tomar los mates ahí.
En la plaza rompimos muchos corazones jaja! Nos gritaban "my love, my love!" y se nos sentaban alrededor como moscas! Ni el mate les hacía pensar que éramos argentinas (tres de nosotras). Suponemos que nos gritaban en inglés porque estábamos hablando en inglés para poder incluir a Dana en la charla, pero esta no fue ni la primera ni la última vez que se creyeron que éramos gringas. De hecho, nos hablaron en inglés en casi todos los puestos que nos detuvimos a mirar durante todo el viaje. Yo ya tenía ganas de escribirme “argentina” en la frente!
Mientras las chicas tomaban mate, fui a un locutorio a llamar y reservar hostel en nuestro próximo destino, porque esa misma noche (sí sí, esa MISMA noche) partíamos hacia Vallegrande. Teníamos que esperar en la ruta que pasara un micro a partir de las diez de la noche, y en teoría, alrededor de las 2 am estaríamos llegando a destino. Al menos en eso más o menos coincidían varias de las personas a las que les preguntamos.
Antes de partir tenía que subsanar un antojo: comer una porción de salchipapas!! Fue una buena excusa para que “cenáramos” todas juntas y para tener con quien tomar una cerveza! (Juli no toma, pero Dana y Laura sí). Marcharon cuatro salchipapas, unas paceñas y un agua. Y siguió la charla!
Con la panza llena y la mochila lista, teníamos que correeer a la ruta para agarrar el micro! Aceleramos el paso lo más que pudimos, llegamos a la parada 22.01 (lo juro) pero cuando estábamos a media cuadra vimos un micro que pasaba a toda velocidad. No sabíamos qué rumbo llevaba, pero quizás iba hacia Vallegrande. Varias personas nos dijeron que pasaban varios micros, que esperáramos. Incluso un señor viejito que vivía justo enfrente de la ruta y parecía dedicar su vida a ver los autos pasar nos decía “ya va a venir, ya va a venir”. Yo sentía que su palabra era sagrada, que si él lo decía, con tantos años acumulados de observar la ruta, era porque sabía que así sería, como si tuviera un sexto sentido para adivinar por dónde venía el micro.
TRES HORAS RELOJ esperamos porque su sexto sentido nos decía que el micro “ya iba a venir”. Recién después de tres horas en las que estuvimos paradas con las dos mochilas de mano y las dos mochilotas a cuestas al lado de la ruta rogando que llegara el micro, el señor dijo “YA NO VA A VENIR”. Imagínense, yo sentía que tenía un radar el señor. Le creí plenamente y me resigné por completo. Ya no tenía más ganas de esperar ahí parada, viendo como muchos autos querían levantarnos (ni locas subíamos) y esperando que llegara el autobús mágico, reitero, luego de un día con caminata bajo el sol y sin haber dormido la noche anterior. Estaba cansada, enojada porque no habíamos seguido viaje hasta Santa Cruz, desde donde sí salen micros a horarios determinados hacia Vallegrande, y preocupada porque no sabía cómo nos íbamos a ir de ese pueblo.
Era la una de la madrugada. Volvimos al hostel, con la cabeza gacha. Dana estaba despierta y nos vio por la ventana de su habitación, y nos ayudó a despertar al dueño para decirle que ocuparíamos la pieza nuevamente. Pero esta vez no me dormí en veinticinco segundos. Me puse a leer la Lonely Planet desesperadamente como si fuera a encontrar ahí la solución a todo. Tenía tantas ganas de ir a Vallegrande!
Por fin me dormí, esperando escuchar el despertador para levantarnos e ir a la ruta, a esperar nuevamente…
Gastos del día
- Hostel: 35 BOB
- Taxi al Fuerte: 20 BOB
- Entrada al Fuerte: 50 BOB
- Guía de Turismo: 12,50 BOB
- Agua: 7 BOB
- Cena: 16 BOB
Tips:
En Samaipata hay más lugares para conocer aparte del "Fuerte". Se puede ir a visitar unas cascadas y a conocer helechos gigantes al Parque Nacional Amboró. Yo me quedé con las ganas de eso!
Tiene que ver con: Imperdibles
En Samaipata, Bolivia
Samaipata es zona de riesgo de malaria. Consulten con un infectólogo si planean viajar a esta zona. Nosotras tomamos Tropicur, que es un medicamento antipalúdico que se toma una vez por semana desde una semana antes de entrar y un mes luego de salir de la zona de riesgo. Averigüen!
Tiene que ver con: Salud e higiene
En Samaipata, Bolivia
Lleven repelente! El Off larga duración (el del envase verde oscuro) es una buena opción.
Tiene que ver con: Qué llevar
En Samaipata, Bolivia
Opiniones:
| Servicio | |
| Ubicación | |
| Limpieza | |
| Precio/calidad |
Hostel Siles
Alojamiento: Hostel en Samaipata, Bolivia
35 BOB por persona la habitación doble con baño privado, y eso que nuestra pieza tenía una cama grande y una de una plaza! :) Es un hostel muy lindo, muy tranquilo, que también ofrece habitaciones con baño compartido. Tiene una terracita con una mesa y sillas para descansar en paz y contemplar toda la naturaleza que rodea Samaipata. Hay cocina y utensilios para cocinar y comer ahí. También hay pileta para lavar ropa y tendal. Sin duda lo recomiendo! Los dueños: muy amables!!
Tipo de viaje: Placer, Escapada, Vacaciones | Ideal para: Parejas, Con amigos, Solos y solas
| Calificación general |
Fuerte de Samaipata
Actividades: Lugar de Interés en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia
El guía explica bien y el recorrido está bueno, pero “el fuerte” en sí está tan deteriorado que no se aprecia mucho. A mí, por lo menos, no me emocionó mucho verlo. Me gustó más el paisaje que se aprecia durante todo el trayecto que el fuerte en sí. Ojo, no estoy diciendo que los más entendidos en el tema no lo puedan disfrutar. Sin duda debe de ser una muestra crucial de la labor pre-incaica, si no no la hubieran declarado Patrimonio de la Humanidad, pero a mí no me resultó tan copado.
Ideal para: Familia con hijos, Con amigos
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Publicado |
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Últimos comentarios
está en subida "la cuestión" jajaj, si, así diríamos algunos... o "la wea" jajaj.
Que ganas de conocer Samaipata, que lindos paisajes se ven, esas montañas verdes... bello! muy buen diario amiga viajera, saludos!
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jajaja q lindo capítulo, me encantó!!!!
No lo decís en el relato, pero me quisiste matar desde que pisamos el pueblito hasta que nos fuimos. Yo tmb me quedé con ganas de conocer Santa Cruz, pero me gustó hacer algo no planeado de antemano y ese pueblo es hermoso. Un descanso de tanta ciudad para nuestro viaje. Hubiera sido más disfrutable si hubiéramos tenido tiempo de sacarle el jugo.
Dicen que el parque Amboró es hermoso, pero algunos paseos requieren más de un día (o una mañana como en nuestro caso) para hacerlos. =)
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Jajaja Natalie, es verdad!!! "la wea"!!! me reí mucho. Lo de "la cuestión" es muy práctico! va bien siempre. Nosotros los argentinos decimos mucho "la cosa" o "el coso"... pero queda desprolijo al hablar jaja. Me alegro de que te haya gustado el diario! cariños!
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Jajaja Juli, ya la exageraste. Estaba muy dormida para querer matarte (!!!!) Jaja! a mí Samaipata me encantó. El fuerte no pero Samaipata sí y volvería a ir y haría las otras excursiones. Pero me aseguraría "exit ways" más confiables y menos estresantes! Lo que me tenía mal era no poder hacer la ruta del Che o que se arruinara el itinerario, no Samaipata en sí. Y ese hostel Siles fue mi favorito. Volvería a ir para sentarme a leer en la terracita nomás. Pero vuelvo con la camiseta de argentina, eh! Qué "my love" ni qué "my love"!
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Mi próximo itinerario va a ser más largo y va a tener un día "libre" por lugar visitado, más o menos. No va a ser tan apretado. Así se pueden agregar las cosas que te recomiendan en el momento y de las que no te habías enterado (Ojo del Inca, te suena??) y estar más relajado.
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Catalina, jaja es verdad que "la cuestión" es una palabra práctica, queda bien siempre... y también se escucha por acá (claro que menos frecuente) decir así como verbo "custionar", jaja...
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Ja ja ja ja Habló JUly, La querias matar y no lo confesaste en tu diario. Ya lo adivinaba yo, porque en tu lugar SI la habría matado. jajajajaja (Es broma, porque si la elegiste para este viaje es porque son buenas amigas y se tienen mutua confianza)
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me gusto el pueblito pero no pusistes ninguna foto del fuerte,para apresiarlo,aunque yo teniendo la opcion de un parque nacional,no tendria dudas,lo importante que se ponen de acuerdo a pesar de los distintos puntos de vista sobre los destinos,todo es experiencia chicas. bien por las dos.-
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Hola, Horni! Fijate bien porque sí hay fotos del Fuerte! Saludos y gracias por leer!
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