Salvador de Bahia - Hogar de Capitanes

Escribe: punger
En un rincón de mi habitación suena el repique de un tambor en una canción de Olodum y como por arte de magia ya no estoy aquí, mis pies parecen percibir el calor de los adoquines caminando por...

 

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Capítulo 1

Salvador de Bahia - Hogar de Capitanes

Salvador de Bahia, Brasil — viernes, 7 de diciembre de 2007

En un rincón de mi habitación suena el repique de un tambor en una canción de Olodum y como por arte de magia ya no estoy aquí, mis pies parecen percibir el calor de los adoquines caminando por la calle Largo do Pelourinho. Me detengo frente a la casa Fundación de Jorge Amado y me dejo llevar por las imágenes multicolores que esa esquina me regala. Inevitablemente mis ojos se detienen en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de los Negros y pienso en aquellos esclavos de hace siglos atrás, construyendo su iglesia por las noches con el solo deseo de tener un lugar en donde adorar a sus deidades. Sus torres azules, barrocas, contrastan fuertemente con los amarillos, fucsias y turquesas de las casas que la rodean, como todo lo que se va pintando ante mis ojos, mientras recorro mi amado Pelourinho.

Traigo esos recuerdos hasta mi, y para ello debo regresar ocho años atrás, en un mes de marzo cuando escapando de algunos pesares y de mi misma, decidí comprar un boleto a Salvador de Bahia, e iniciar así mi primer viaje, aquel que nunca olvidaré y que despertó mi espíritu viajero por siempre.

La Historia

Fundada en 1549 por Tomé de Sousa, Salvador de Bahia fue un importante puerto de Brasil y la primera capital de la colonia, centro de la industria de trata de esclavos razón por la cual recibe una enorme influencia africana en toda su cultura, hasta nuestros días. Esta influencia se hace sentir en su música, su comida y sus ritos religiosos.
Fue capital de Brasil hasta 1763, cuando la reemplazó Río de Janeiro.
Hoy es la ciudad brasileña más rica culturalmente, que encanta al viajero ávido de historia, de poesía, de colores y ritmos afro-brasileños.

La experiencia bahiana

Ni bien llegué a Bahía, una sensación peculiar se adueñó de mi. La intuía, la conocía, desde aquellos libros de Jorge Amado que tanto me habían hablado de ella, de sus rincones, de sus calles, de sus "capitanes de la arena", esos niños que puedes ver día y noche sobreviviendo a su difícil realidad. Porque allí conviven la riqueza y la pobreza, la belleza y el dolor, como una extraña mixtura que la transforma en una enigmática ciudad, cargada de misterio, de una magia que todos perciben y que resulta difícil describir. Hay un no se qué en el aire, que se advierte en cada esquina, mezcla de olores, sonidos y sensaciones. Olores de su comida típica y del Acarajé que las mujeres bahianas, blancamente ataviadas, cocinan para los lugareños y turistas en las calles. Olores a incienso y humos de pipas, de tabaco y marihuana, olores que emanan de la piel del bahiano que ensaya su Capoeira en las calles, en las plazas, piel tan negra como pocas he visto en nuestra América. Olor al océano que la abraza y nos regala las más increíbles puestas de sol, desde la bahía.

Sonidos de sus ritos religiosos, prácticas del Candomblé y adoración a los Orixás, que puedo sentir si agudizo mi oído, en cualquier parte, mientras tomo una caipirinha en un barcito callejero del Pelourinho. Súbitamente estos sonidos se abrazan con los ritmos del Axé que por algo significa "energia positiva"; estés donde estés y cómo te sientas, te hacen querer bailar o por lo menos, te alegran un poquito el alma....

Sensaciones que se perciben: la historia vive en Salvador, se palpa la alegría y la tristeza en un solo pestañeo, las dichas y las miserias conviven en sus casas y callejones, mostrándose como es, sin maquillaje y eso la hace encantadora para mi.

Dicen que en Salvador de Bahia hay más de 350 iglesias y por eso le llaman la Roma Negra, pero a pesar de esto no logré percibir un verdadero espíritu católico en su gente, y no es descabellada la idea si pensamos que los esclavos negros fueron obligados por los portugueses a practicar el catolicismo. La forma de continuar adorando a sus divinidades fue establecer un paralelismo entres los santos católicos y sus propias deidades. Así por ejemplo, cuando adoraban a la Virgen María en realidad lo hacían a Yemanjá y este es el espíritu que aun prevalece en este lugar, el que se siente, no el que te cuentan.

Lugares

Quien va a Salvador de Bahía busca, sin duda alguna, disfrutar de las lindas playas brasileñas. Hay algunos lugares que son imperdibles para los amantes del sol y el mar y Praia do Forte es uno de ellos. Ubicada a unos 80 km del centro histórico de Salvador, se pueden tomar buses que parten hacia allí todo el día, en la Estación Rodoviaria o en distintos puntos de parada, y se tarda mas o menos 1.40 hora en llegar. Vale la pena quedarse unos días en esta preciosa villa de pescadores, dueña de una playa encantadora, salpicada de palmeras y que forma parte de la reserva ecológica de Sapiranga que entre otras cosas ofrece la posibilidad de visitar el Proyecto Tamar dedicado a la preservación de tortugas marinas. En ese lugar pudimos ver tortugas de todas las edades y tamaños y el turista puede contribuir al proyecto adquiriendo los productos que se venden en su tienda donde se pueden encontrar diversos recuerditos para llevar a casa o a los amigos.

Nunca voy a perdonarme no haberme quedado mas tiempo allí, solo estuve medio día, pero viajé con un grupo de gente y eso hizo que dependiera mucho de los itinerarios organizados, cosa que también me sirvió para saber que no volvería a viajar de esta forma. Pero las primeras experiencias son así!! Para quienes busquen información sobre este lugar hay un excelente link: http://www.praiadoforte.org.br/

Al regreso de Praia do Forte, y retrocediendo unos 10 km hacia Salvador, nos detuvimos en Guarajuba, una zona de playa muy verde, tranquila y de playas extensas y al menos ese día, de mucho oleaje. Todas las playas de Brasil cuentan con sus famosas "barracas", que son bares ubicados en las playas donde se puede comer y beber mientras se disfruta de la playa y en general no falta el ritmo brasileño en ninguno de ellos, lo que inevitablemente en algún momento del día te hace bailar, haya uno tomado o no caipirinha o cerveza. Ese ritmo contagia. De todas formas, pese a lo divertido que puedan ser estas barracas, debo reconocer que prefiero las playas más tranquilas, donde solo se pueda escuchar el sonido del mar, de los pájaros, del viento....Esa es mi idea de una playa ideal, pero ni que hablar que la costa brasileña es encantadora.

Guarajuba me pareció hermosa y recomiendo a todos que la visiten, pero mi paso por ella me dejó un eterno temor a las olas grandes. Una de esas olas, que a pocos metros parecía venir desde Hawaii jaja...se apoderó de mi y se empeño en no soltarme por un buen rato, impidiéndome salir a flote y golpeándome sobre el fondo del mar, del que creí no poder salir hasta que sin darme cuenta pude respirar aire fresco. Viendo la cara de espanto de mis compañeros de viaje que me buscaban desesperados me di cuenta que el revolcón había sido grande y mi cara debía reflejarlo, así como mi bikini que se había perdido en alguna parte del incidente. Superado el susto, no pudimos hacer mas que reir por la patética situación y con las pocas fuerzas que me quedaban en mis piernas corrí a alguna parte de la arena, de donde ya no me levanté en toda la tarde....(entre otras cosas por la vergüenza jaja)

Otro lugar precioso que conocimos fue Isla do Frade que forma parte de la Bahía de Todos los Santos y es una pequeña isla sin demasiada infraestructura pero con playas hermosísimas, aguas color turquesa, calmas y tibias. A este lugar por supuesto se accede en barco desde el puerto de Salvador y suele ser un paseo de día completo. En la playa abundan los vendedores de caracoles, estrellas de mar, collares artesanales y demás, pero si no estas interesado en general aceptan un "no" por respuesta sin demasiada insistencia.

La Isla de Itaparica, la más grande de la Bahia de todos los Santos, es también uno de los paseos elegidos por los turistas. Lamentablemente, y por el hecho de viajar sola con un grupo de excursión, no puedo decir que realmente conocí esta isla. Simplemente fuimos hasta ella y nos metieron en un club de playa para almorzar y pasar allí el resto del día, sin posibilidad de recorrerla y conocer sus playas naturales. Una pena!! La agencia de viajes con la que viajé en aquel entonces ya no existe, pero tuvo bastantes fallas que con la buena onda de todos las supimos sobrellevar, pero como decía antes, la moraleja fue: compra tu pasaje y arréglatelas solo!!......No hay mejor paseo que aquel que te lleva por el mundo sin ataduras ni programas fijos.

Pese a mi experiencia personal, esta isla es un destino muy elegido por los turistas y es ideal para quedarse al menos un par de días, hay que darse el tiempo para recorrerla.

Nuestro hotel estaba ubicado a unos 20 minutos del centro histórico, yendo por la rambla hacia el norte, frente a la Playa Jardim de Alah, una zona muy linda, muy apropiada para caminatas pues posee una rambla llena de palmeras y parques que permiten un buen esparcimiento. Es muy fácil llegar desde ahí a cualquier punto de Salvador pues la locomoción es excelente. Los buses pasan uno detrás del otro y es muy fácil aprender a moverse. El Hotel Bahiamar se los puedo recomendar, tanto por la zona como por el servicio (http://www.bahiamar.com.br/). Si bien muchísimos turistas que llegan a Bahía prefieren la zona de La Barra para alojarse por su cercanía al centro histórico, su playa no es muy buena (aunque sí las vistas) y por esto es que la opción que elegí para hospedarme me pareció muy apropiada. En esta última zona que menciono, se pueden presenciar atardeceres multicolores desde la rambla o desde el Farol da Barra (Fortaleza de San Antonio) y capturar alguna que otra postal bahiana, de esas que andan dando vueltas por el mundo pero que tenemos el gusto de tomar con nuestra propia cámara.

Más allá de todos estos lugares que suelen ser la principal atracción de los turistas, hay un lugar que se apoderó de mi para siempre, ese lugar al que siempre quieres volver y con solo mencionarlo suspiras y te sientes perdida en sus callecitas, en sus bares, en sus plazas. Sin duda alguna el espíritu auténticamente Bahiano vive en el Pelourinho, centro histórico de la ciudad.

A él me escapaba siempre que podía, incluso salteándome alguno de esos paseos colectivos tan "bien organizados" y yéndome sola a recorrerlo y disfrutarlo. Recorrer el Mercado Modelo y sus múltiples puestos de artesanías era mi perdición. Sin duda es el mejor lugar para quienes quieran llevar algo de artesania local a casa. A el se accede a través del Elevador Lacerda que une la ciudad baja con la alta. El mercado está en la parte baja, mirando la Bahia.

Perderse en el Pelourinho, a cualquier hora del dia o la noche es una experiencia única. Entre sus calles, además de visitar los lugares más representativos de su historia, como Praça da Sé, la Catedral, la Iglesia de San Francisco, la Casa de Jorge Amado, podemos ser observadores o protagonistas, según nuestras ganas, de la cotidianeidad bahiana que se vive en sus casas, en los bares, en los terreiros, en los múltiples puestos de artesanías callejeros y en sus plazas. Siempre se encuentra una sonrisa amable dispuesta al intercambio, al contacto con el viajero.

Una noche en que nos fuimos todos al Pelourinho tuvimos una rara sensación de introducirnos a un mundo nuevo, extraño, donde aparecían por todos lados personajes de los más extravagantes hasta los más humildes, miradas perdidas, miradas excitadas, miradas alegres....voces que cantaban y celebraban, gente que iba y venía en todas direcciones y solo hasta llegar a pocos metros de donde provenía esa música que encantaba a todos por igual lo supimos: era Caetano Veloso y Maria Bethania cantando en plena Praça da Se. Al día siguiente los diarios decían que mas de 400 mil personas habían asistido al evento y entre ellas estábamos nosotros, sintiéndonos parte de una ciudad que vibraba al ritmo de tan maravillosa música.`

Recuerdo esa noche como algo muy especial. Sin darme cuenta estaba siendo llevada por una masa de gente, de pieles muy negras, de miradas curiosas algunos, otros indiferentes, pero tuve la sensación de que eso no importaba porque pese a que algunos sintieron miedo y se volvieron al hotel, yo sentí que nada había que temer pues la fiesta que se vivía allí unía a todos por igual, el disfrute era el elemento que unificaba a esa gran masa.

A medida que el tumulto cedía y la música se dormía, nos fuimos acercando a un bar donde comer y tomar algo. Era un lugarcito muy cálido, donde como en tantos otros, se habían sacado afuera algunas mesas y podías comer en medio de la calle, sobre piso de adoquines y techo de estrellas.

Allí conocimos a Joaquim, un niño moreno de unos siete años, un "capitán de la arena" que se acercó a nuestra mesa y nos pidió algo de comer. Lo invité a sentarse junto a nosotros y accedió con su blanca sonrisa como respuesta. La comunicación no fue fácil. Mi portugués es pésimo y su español era nulo. Pero mientras comíamos unos bocaditos de bacalao y unas pizzas, nos contó cómo había perdido a su Papá en una riña a pocas cuadras de allí, y como su madre debiendo sustentar a cinco hermanos más, se las arreglaba para sobrevivir. Claro está que su deambular permanente por las calles, detrás del turista, era su forma de sobrevivir. Eran ya las 3:00 am cuando este niño nos contaba su historia mientras devoraba su comida, y nos aconsejaba que hacer y que no hacer, en quien confiar y en quien no....y detalle tras detalle, a través de la mirada de un niño que sabía mas de la vida que cualquiera de nosotros, íbamos conociendo la realidad de tantos niños bahianos que luchan por sobrevivir a la pobreza y el abandono.

Al irnos, nos dejó una invitación. La próxima noche era noche de tamboriles. No podíamos faltar pero tampoco se precisó el lugar o mi pésimo portugués no logró captarlo. La noche siguiente, nuestra última noche en Salvador, al recorrer esas callecitas nuevamente, descubrimos un sonido que nos resultaba muy familiar, que parecía pertenecer a nuestro querido Barrio Sur montevideano y detrás de el nos fuimos. Y allí lo vimos, en una de las tantas esquinas, tocando su tamboril junto a una docena o veintena más de niños que se juntaban dos o tres veces a la semana para mostrar lo que sabían hacer mejor: entregar su pasión por los ritmos afro brasileños.

Ver sus manitos golpear la lonja ardiente de los tamboriles, tan pequeños y tan grandes a la vez, tan alegres y tan tristes, me hizo sentir una extraña emoción. Por un momento nuestras miradas se cruzaron y agité mi mano saludándolo. El sonrió y siguió tocando, como en otro mundo, plenamente entregado a lo que ocupaba su vida en ese momento. Esa noche también era muy tarde, y el seguía allí, en su hogar, en la calle.....

Así es Salvador, nos da lo que estemos dispuestos a recibir, nos muestra lo que queremos ver.
Si deseamos mar y playa, nos lo ofrece.
Si queremos ritmo y candomblé lo tendremos.
Si buscamos riqueza la encontraremos no solo en sus barrios más sofisticados, sino en su historia que se revive en cada esquina del Pelourinho.

Luego de conocerla todo cambió para mi. Creo que elegí un excelente punto de partida para descubrir que cada tierra tiene su secreto y su encanto, y que todo eso está en su gente, en sus pequeñas cosas, no en los grandes hoteles ni en las playas paradisíacas que tanto nos gustan pero que poco nos enseñan sobre la esencia de un pueblo. Descubrirla fue descubrirme y saber que no quería parar, que había un mundo por recorrer y conocer y que no me detendría nunca.... Y aquí estoy, soñando con mi próximo viaje, que me llevará quien sabe adonde, luego de haberles relatado mi primer salto al mundo, ese que me llevó a Salvador y hoy me trae el mejor de los recuerdos....

Saludos!!

Patty


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