Diarios de viaje > Brasil, América del Sur
Las cosas son pasajeras... las experiencias eternas...
Escribe: vickyvido
Creo que todos los que estamos registrados en esta página, que nos interesamos por compartir vivencias, aventuras, puntos de vista de las distintas culturas y sobre todo viajes coincidimos en que cada uno de ellos nos llena de experiencias que sentimos deben ser trasmitidas porque nos llenan en alma y quedan guardadas en nuestros recuerdos por siempre... Y seguramente estamos todos de acuerdo en que el dinero mejor invertido... es aquel que se utiliza para viajar...
Increíble contraste...
Salvador de Bahia, Brasil — lunes, 13 de septiembre de 2010
Nunca voy a olvidar como desde el minuto uno en el que me subí al auto la música de samba y axe comenzó a sonar contagiando la vibra del carnaval que, además, en esas épocas del año late más fuerte. A medida que íbamos recorriendo las diferentes rodoviarias, ruas, pontes, podía observar que se trata de una ciudad muy humilde. Casinhas pequeñas sin pintar, puertas entreabiertas, niños jugando afuera en las veredas, jóvenes bebiendo cerveza en mesas también que daban a la calle, escuchando la misma música nacional que marcaba las ansias por el inicio del carnaval.
Así y todo, noté que en los distintos barrios ellos siguen teniendo ese espíritu de “vecindad” que hoy en día tanto se perdió en las ciudades cosmopolitas, y esto se puede percibir como, por ejemplo, con simples hechos como tocarle bocina a conocidos que están en el bar para saludarlos o juntarse a charlar un rato y tomar un zuco después de cenar con las vecinas de enfrente. No puedo dejar a su vez de rescatar el sentimiento de hospitalidad que tienen. Y creo que la frase de Mainha (la madre de casa “mamita&rdqu
Tomamos parte de nuestro equipaje, para pasar unos días allí y luego volver a Salvador a conocer mejor la ciudad, y emprendimos el camino en un ruta que iba a constar de varias etapas, por así decirlo… primero, nos alcanzaron el auto a la estación del Ferry que salía de salvador hacia la isla de Itacaré… segundo, luego de una hora y media, desde itacaré nos tomamos un “onibus” (micro) a Valenza; tercero, dos horas después, y después de una pequeña caminata por ese pueblo pesquero claramente, llegamos a un puerto desde donde nos tomamos una barcaza comercial que llevaba cosas para abastecer la isla y también personas como nosotras que viajaban a bajo precio; cuarto y último, después de una hora y media aproximadamente llegamos al destino: la bellísima isla del Morro de São Paulo. Desde que bajamos de la barcaza, pudimos notar que claramente se trata un destino plenamente turístico; todos los lugareños estaban ahí presentes para ofrecernos sus servicios, sus alojamientos, sus ofertas gastronómicas.
Todo en un radio de un muelle de aproximadamente una cuadra y media de largo por dos metros de ancho. Por este caminaban viajeros como nosotras con sus respectivos bártulos como también comerciantes entregando la mercadería, y lugareños con carretillas que ofrecían a los recién llegados acarrear sus equipajes. Seguido a éste, hay que subir todo una rampa/escalera para poder tomar la Rua principal que te va guiando a través de la isla hacia las distintas playas… Morro de São Paulo se divide en distintas playas, según como viene su orden con respecto a la entrada y a medida que se va dando vuelta a la isla. Asi, la primer playa al finalizar la Rua principal es Primeira Praia, caracterizada por tener muy lindos y bien ubicados hostels y posadas cerca del centrinho.
Luego viene la Seconda Praia, más popular, donde se concentra la movida durante toda la tarde y la noche, llena de bares y restaurantes… un poco mas lejos, la Terceira Praia, cada vez más poblada (por lo que me contó mi Gery según lo que ella conocía) también con posadas muy bien puestas y casas también para alquilar. Y finalmente están la Quarta y Quinta Praia, mucho más despobladas pero paradisíacas donde uno desde el mar, mirando hacia la costa, puede dar fe de que tanto viaje vale la pena tan solo por poder contemplar esa belleza. El lugar soñado, la gente súper alegre y amable pero, sobre todo, no había ni rastros de pobreza o inseguridad. Hablando con residentes de allí, me enteré que cada uno de los que trabaja en la isla se encarga de mantener el orden y el bienestar de los que visitan el lugar, porque ellos viven de la gente de todo el mundo que va a visitar ese paraíso brasilero y se llevan luego a sus países esa hermosa imagen que trasmiten para que cada vez vayan más personas.
Lo que nos llamo muchísimo la atención a Gery y a mi es que el 70 % de los negocios (bares, restaurantes, posadas) son de argentinos. ¡Claro! ¿Y cómo iba a ser de otra manera? Debemos reconocer que está en nuestra naturaleza el ser “piolas” y si bien, a veces está mal visto, en otras ocasiones implica que se saca provecho de las buenas oportunidades de negocio. Y, como en este caso, muchos argentinos que fueron a la isla en su momento se quedaron enamorados de ella y olieron el crecimiento que iba a tener a medida que pasen los años, y justamente así fue.Ahora, si hablamos de precios, es cuando encontramos la razón por la que muchos de los bahianos que, si bien están a horas de pode visitar la isla, ni la conocen.
Es un destino caro, en lo que respecta al promedio normal de dinero que se gasta en Brasil. Más aún en temporada alta (sea este caso, Rebelión). Fue por ello que el perfil de turista con el cual nos encontramos fue de brasilero con buen poder adquisitivo (profesionales, empresarios) y muchos extranjeros también (italianos, españoles, argentinos y chilenos). Igualmente, con Gery nos basamos en la política cada vez más conocida del “regateo” y pudimos conseguirnos un lugar donde dormir y hasta quedarnos más tiempo del planeado. Disfrutamos muchísimos de la playa (todos los días de sol), y por más de que anochece bien temprano también pasábamos las noches escuchando música, tomando algo o simplemente charlando con distintos personajes que fuimos conociendo a medida que pasaban los días.Pero llego la hora de volver al continente, a recorrer también Salvador como ciudad y conocer un poquito más de su cultura.
El viaje de vuelta fue más agotador, nos confundimos primero con la barcaza y luego no tuvimos suerte con el micro desde Valenza, por lo que todo se retrasó un poco más, pero llegamos sanas y salvas a destino y al otro día ya estábamos listas para recorrer. Nos manejamos en colectivo, por suerte allí no tienen el problema de las monedas, sino que uno sube por atrás, abona el boleto al que cobra y luego pasa un molinete hacia los asientos (cabe destacar que también es una ventaja para que se creen más puestos de trabajo, ya que hay dos empleados por móvil). Sao Salvador de Bahía es una ciudad muy grande, hoy en día con más de 3 millones de habitantes. Desde su fundación en 1549, la ciudad fue dividida en una zona en lo alto y otra en la parte inferior, la primera fue el área administrativo y religiosa más importante, y el hogar de la mayoría de la población. La parte inferior por su parte era el centro financiero, con un puerto y un mercado.
Tuvimos la posibilidad de recorre primero la Ciudad Alta donde desde siempre se concentraron las clases más privilegiadas: específicamente en la Avenida Barra, Vitoria y el distrito Canela y luego, pasear por el Pelourinho , actualmente centro histórico, un lugar repleto de construcciones coloniales pintadas de diferentes colores, cuna de muchísimos artistas, pero que en el pasado era donde vivía la clase trabajadora, esclavos, de la época de la colonia y más tarde ,la pobreza y conocidos traficantes de drogas. Luego tomamos el elevador Lacerda que conecta la Plaza Thomé de Souza en la ciudad alta, y la Plaza Cayrú en la parte baja, y fuimos a recorrer el Mercado Modelo, lleno de stands de artesano y gastronómicos regionales que ofrecían sus productos.
Claramente a lo largo de todo el recorrido pude notar la influencia africana que ésta población presenta. De hecho, gran parte de la misma posee sus raíces en este continente. Lo increíble es que, aún hoy en día, puedan seguir conservando esa cultura tan particular reflejada tanto en la comida como en las danzas (Capoheira, samba, axé). Claro está que Salvador no es una excepción a la desigualdad social que vive Brasil y está muy a la vista que mientras que aproximadamente un tercio de la población vive en barrios pobres donde existen serios problemas de saneamiento y suministro de agua, otra parte de la población vive en el casco histórico, y el resto, en grandes zonas residenciales, muchas de ellas bastante lujosas. Un claro ejemplo es el que pude apreciar viajando un poquito más al norte, a Praia do Forte, en donde existen bellas casas, mansiones y grandes edificios o "Condominios" con piscinas, canchas de tenis y amplios jardines, situación que refleja aún más el drástico contraste social existente en la ciudad.
Así y todo, me llevo un hermoso recuerdo de una ciudad que tiene muy presente su cultura y que todavía no esta tan influenciada por la globalización, y viven su forma de vida con alegría y ansias de carnaval, por más de que, para muchos, sus condiciones no sean la más acogedoras. Y mi viaje no finalizó allí… sino que el 11 de enero me esperaba un avión por tomar…
Tips:
no dejen de tomarse el Elevador para ir a recorrer el Mercado Modelo. Es muy economico. Si mal no recuerdo, solo cuesta 20 centavos de real.
Tiene que ver con: Ahorrar dinero, Imperdibles
En Salvador de Bahia, Brasil
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Increíble contraste...
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¿La ciudad más feliz del mundo?
Río de Janeiro, Brasil | 13 de octubre de 2010
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