¡Por las rutas de mi Colombia!

Escribe: ivanfiuza
Después de 1 año y medio lejos, no pude evitar escuchar el corazón, así que le di oídos… Le di oídos, disposición y alma para visitar más una vez la tierra de las 45 millones de sonrisas, de infinitos colores y talentos mundialmente reconocidos. Bienvenidos más una vez a la tierra de los más hermosos contrastes que ya he visto en mi vida, ¡Bienvenidos a Colombia! Tradición, modernidad, cultura y naturaleza.

 

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Quindío: El Eje Cafetero no es solo café

Salento, Colombia — lunes, 19 de julio de 2010

Salí de Medellín muy contento, conexiones por Ibagué y Bogotá, y así llegué a Armenia, capital del departamento de Quindío, en la cordillera central colombiana, zona del cinturón de fuego del Pacífico (más grande intensidad de terremotos en el mundo).Vine a Quindío en busca del mejor café del mundo, a tener una “cita” con el famoso Juan Valdez y principalmente en busca de una fijación personal: el Valle del Cocora.  Llegué a eso de las 9 y media de la noche y allá estaba Cristina, la dueña de la posada adonde me iba a quedar, con un cartel donde había escrito el nombre de la posada. De pronto nos conocimos y ya fue como si nos hubiéramos conocido antes, tras tantos e-mails con dudas y más dudas e informaciones. Cristina también fue una excelente anfitriona, a pesar de que estaba contratando un servicio, actuaba como si fuese simplemente una amiga que me recibía en su linda región. Fuimos conversando a lo largo del camino, pues llevaría una hora hasta que llegase a la posada en el pueblo que iba a alojarme: Salento. Llegamos allá tarde de la noche en un lunes, no había nadie en la calle, un silencio y una tranquilidad impresionantes, aún así subimos en lo alto de uno de los miradores del pueblo, porque Cristina quería que escuchase el sonido del río… ¡Eso me encantó! Soy una persona que ama la naturaleza y lo sencillo de la vida es lo único que importa al final de las cuentas, entonces sentir la energía del río aunque no veía nada a causa de la oscuridad, para mi fue como una tarjeta de bienvenidas al Eje Cafetero. Así es Cristina y así es la gente del Quindío, sencilla, amantes de la naturaleza y acogedora.
 
La posada en que me quedé se llama: Hostería Calle Real y la encontré en el sitio http://www.posadasturisticasdecolombia.com/posada/hosteria-calle-real-3/ , es linda, acogedora, bien ubicada, igual como en las fotografías, sin hablar en el tratamiento que le dan a los huéspedes Cristina y también su amable novio que ahora no me acuerdo el nombre, este sitio POSADAS TURISTICAS DE COLOMBIA, es una excelente opción de búsqueda de alojamientos para los que quieren un mayor contacto con la gente local, lugares más personales, acogedores y también con un mejor precio, por supuesto.
 
Dormí en mi agradable y fría habitación, al día siguiente me desperté y tomé mi primer desayuno quindiano: arepa con queso, huevos pericos y un chocolate. En Colombia (e imagino que en muchos países andinos) es increíble como cambian el pan por arepas, acá en Brasil no hay desayuno o cualquier merienda sin pan, eso da una cierta angustia asumo, jejeje. Fui entonces a caminar por el pueblo, más precisamente a subir en los miradores para ver lo que en la noche anterior solo pude oír. Y qué linda vista tiene Salento, unos valles lindísimos, pensaba yo que ya era el Valle del Cocora, pero me dijeron que no. Después fui a resolver la cuestión de mis recorridos por la región, y mientras preguntaba algunas cosas a Cristina, conocí a Dawini, que estaba allá de paso por la posada, él tiene una agencia de turismo en Salento, donde puedes hacer prácticamente todos los recorridos de la región, así que conversamos mucho y después de unos 40 minutos de charla decidí por mi itinerario en esos 3 días en Quindío. Decidí quedarme en Salento desde el inicio de mis planes porque me encantó desde que vi las primeras fotos y leí los relatos de muchos colegas viajeros que dijeron estar encantados con lo que encontraron en este pueblito, pero desde el punto de vista de quien va a hacer recorridos por el Eje Cafetero colombiano, más precisamente en el departamento de Quindío, lo mejor serpia alojarse en Armenia (la capital) pues se pierde mucho tiempo desplazándose, ya que Salento está lejos de todo y casi todos los recorridos pasan por Armenia obligatoriamente, es una ruta obligatoria, no hay otro camino, así que cualquier pueblo o atracción que quieras visitar, tendrás que pasar por Armenia (menos el Valle del Cocora). Entonces tal vez fuese mejor reservar uno o dos días para los recorridos y uno o dos días para conocer Salento…Pero no me arrepiento para nada, Salento es un pueblo muy agradable, lindo y su temperatura es muy agradable, aunque muy fría por la noche, en invierno la ciudad llega a ser cubierta por la niebla, eso me parece fantástico, pero fui en verano así que nada de niebla… Incluso me dijeron que este había sido el verano más intenso de toda la historia, la temperatura por la noche quedaba entre 10 y 14 grados, ¡imagínense el mejor invierno!
 
Entonces, hablaba que había encontrado a ese muchacho, Dawini, dueño de una agencia de turismo llamada AQUA, podrán encontrar informaciones acá: http://www.salentotravel.org/ , entonces planeé irme al día siguiente a hacer un balsaje por el río La Vieja y en el último día a recorrer lo que de verdad me trajo a Quindío, el Valle del Cocora. Y para el primer día como ya era demasiado tarde y ni siquiera aún había almorzado, Dawini me llevó a un lugar en la carretera para comer una rica comida y de verdad estaba muuuy rica, más una vez fui de lomo de cerdo, jejeje, ¡me encanta el marrano! y en seguida visitamos el Jardín Botánico del Quindío en el pueblo de Calarcá, segunda mayor ciudad del departamento, pero muy chiquita. El jardín cuenta con un mariposario en forma de mariposa, entre otras cosas, es un bonito lugar pero solo es opción si no tengas tiempo de hacer algún otro recorrido o si ya hayas hecho de todo por allá, lo que es difícil porque no falta qué hacer en Quindío. Video en el Jardín Botánico:
 
http://www.youtube.com/ivanfiuza#p/u/20/waAhFx8a64Q
 
 
A esas alturas ya deben estar preguntándose: ¿y el café?, ¿Y Juan Valdez? Bueno, llegué al Eje Cafetero pensando en visitar el Parque Nacional del Café o haciendas cafeteras de la región pero me sorprendí con tanto que había por hacer y tantos recorridos de naturaleza que decidí por otro itinerario, así que el Eje Cafetero colombiano no es solo café y Quindío que es solamente una pequeña parte de ese Eje tiene muchísimas opciones de recorridos, sean de naturaleza, historia, ocio, culturales, etc. Y mira que Quindío es el más pequeño de los departamentos que forman el Triángulo del café, juntamente con Caldas y Risaralda. Me dijeron que cada uno de esos departamentos tenía una característica económica más fuerte, Quindío era agricultura y ganadería, Caldas el café y Risaralda la industria. Pero todos con los mismos rasgos de la gente, el pueblo más acogedor y quizá más amable de Colombia.
 
Después de un agradable día en el Jardín Botánico de Calarcá, Dawini me llevó a conocer su familia, después salimos para comer. Están viendo que cuando digo que la gente es amable y acogedora no estoy de broma, mal nos conocíamos, contraté un servicio suyo pero en ningún momento sentí que era una relación comercial, me sentía como en una calurosa acogida y además me encanta charlar, me encanta conocer gente y más que todo escuchar sus historias, así que Dawini pensaba lo mismo que yo y bueno, me encantó poder conocerlo y a su familia también.
 
Al día siguiente me desperté y corrí apresuradamente porque ya me había retrasado para coger el transporte que me llevaría hacia Armenia y desde allá al Río La Vieja para hacer el balsaje. Después de llegar a Armenia y de recoger a unas veinte personas en todos los lugares más distintos de la región, unas 3 horas después llegamos al Río La Vieja, que no era lejos pero se retrasaron recogiendo a la gente. Pero de verdad valió la pena la espera, estuvimos por unas 4 horas recorriendo el río La Vieja en una balsa hecha de guaduas, ¡que daba la sensación de que podría hundirse a cualquier momento! Muy divertido. La gente que hizo el balsaje conmigo también era muy divertida, había una familia enorme de esa misma región pero muchos vivían en Estados Unidos y estaban de vacaciones, gente de Medellín, Bogotá y un hombre de Bahamas, que pienso yo tal vez haya disfrutado más que todos de la naturaleza colombiana. A lo largo del recorrido la familia quindiana me ofrecía a todo momento vasitos de aguardiente colombiana, la antioqueña, que dicen ser la mejor, pero desafío cualquier ciudadano del mundo a probarse el aguardiente brasileña, ¡para ver qué es un aguardiente suave! Me encanta todo lo de Colombia pero su aguardiente… ¡Próximo párrafo! Para terminar, aún hicimos un senderismo hasta una cascada muy hermosa, una caminata de media hora, valió muchísimo la pena.
 
Video en el balsaje: http://www.youtube.com/ivanfiuza#p/u/19/F4BP9CRVlrs .
 
 
Bueno, según día finalizado en el Quindío, todo chévere, pero el último día me guardaba lo que de verdad me había traído a esa región: el Valle del Cocora. Hace muchos meses estaba viendo a un programa llamado “5 takes” en el canal Discovery Travell & Living, donde un grupo de personas viajaba por Latinoamérica con solamente pudiendo gastar 50 dólares al día, y uno de los lugares que visitaron cuando estuvieron en Colombia fue ese valle y me enamoré. Además de eso, es un lugar algo mítico, por él pasa el río Quindío y Cocora en la lengua indígena quindiana significa: estrella de agua. En esta zona hay también reservas forestales, animales endémicos, una rica biodiversidad y es la tierra del árbol nacional de Colombia, la palma de cera de Quindío, que puede llegar a medir unos 60 metros de altura, es una palma endémica (sólo hay aquí) y está en extinción. Es increíble como se queda de pie siendo tan flaquita, pero al mismo tiempo tan fuerte y firme. ¿Sería una metáfora de Colombia?, ¿Pareciendo vulnerable pero fuerte, linda e imponente? Bueno, caso de reflexión… Vale decir que de cada diez palmas en el mundo, una es colombiana. J Pero volviendo al grano, contraté una guía para que me acompañara en este recorrido y todo mi paquete incluía: los transportes, almuerzo, refrigerio, informaciones, entrada al criadero de truchas y una cabalgata por el camino de los indios (bonita región cerca de Salento). Debo decirles que mi guía era una chica muy agradable, de verdad todo el recorrido fue chévere, pero no era necesario pagar esos 80 mil pesos… Pero bien, marinero de primer viaje en el Eje cafetero… Pensaba yo que me iban a llevar en cabalgatas por el valle, que iba a visitar las montañas, ver la niebla, tal cual en el canal de Discovery…Dulce ilusión, ¡ni tiempo había para eso! Por más que uno esté acostumbrado a viajar y haya estado en diferentes sitios, nunca escapa por completo de ciertas situaciones donde se gasta más de lo que debería o también de idealizar tanto algo, que al final no sucede como habías soñado. Pero hermoso el Valle, ¡lindísimo! No hay sensación mejor que estar en el campo, rodeado de esa vegetación imponente, diría hasta mágica, porque la palma de cera desafía a nuestros ojos. Después del recorrido en el valle, visita al criadero de truchas, en seguida fui a almorzar y de esta vez nada de marrano jejeje, comí una trucha gratinada, riquísima. Tener hambre en Colombia es muy agradable, porque sabes que el plato va a venir en cantidades gigantescas! Jejejeje Después de la comida ahora faltaba la cabalgata…Yo nunca había montado en toda mi vida, fue mucho más fácil de lo que pensaba, me encantó pero me quedaron algunos callos como recuerdo de esta 1 hora de “aventura”… Esa parte no fue nada agradable Video en el Valle del Cocora:
 
http://www.youtube.com/ivanfiuza#p/u/18/gnHcWWDCYzE
 
En este último día pude llegar a Salento más temprano y disfrutar un poco más del pueblo, así que fui a recorrer las tiendas, y compré una cosa que ya quería hace siglos, símbolo de Colombia, ¡el sombrero vueltiao! , ¡Caña flecha del Caribe papá! Jejejeje, lindo y al final me cobraron un precio justo, 30 mil pesos, porque antes lo más barato que me habían ofrecido era 50. Compré también otra cosa que es la cara de Colombia, una mochila. Y por supuesto con los colores de la bandera, me encanta lo patriótico que son los colombianos y como les gusta vestirse con sus colores y yo como me siento también parte de esa tierra no podría estar diferente, ahora con el vueltiao, la mochila y mis miles de manillas puedo decir que en fin soy colombo brasileño Por la noche fui a comer por el pueblo y como dijo un amigo, en Latinoamérica uno nunca está libre ciertas cosas… Comí una arepa rellena con mortadela o algo así y desde el segundo que terminé de comer sabía que me iba a hacer mal, el malestar fue inmediato. Resultado: la noche entera en el baño, vomité 6 veces…Terrible. Por la mañana Cristina, la dueña de la posada, se asustó con mi cara y me cuidó, me dio un té de limón para sacar la grasa de mi cuerpo y se ofreció para llevarme al aeropuerto en Armenia, porque de verdad no tenía la mínima condición de coger 2 buses. Y así llegué al aeropuerto, encontré nuevamente la familia del balsaje, conversamos y todo lo que logré tomar sin marearme fue un helado. Tomé mi vuelo a Bogotá, en donde me quedaría por el fin de semana, en la casa de mi amigo Carlos Julio, antes de ir a San Andrés.
 
El Quindío fue una experiencia inolvidable y por supuesto sus paisajes naturales son un gran atractivo. Tomé el mejor café del mundo, hecho en la zona originaria y les digo, de verdad es muy suave, me gusta así, a lo contrario de los brasileños en general, que les encanta el café fuerte y amargo (amargo para el gusto colombiano), así que de café 1 x 0 para Colombia, pero de aguardiente… JAJAJAJAJA!
 
El centro agro-ganadero colombiano es tierra de lindos paisajes y de la cultura cafetera que sin duda ultrapasa la mesa y se refleja en la manera de actuar de las personas sobretodo del quindiano, nativo de esta zona, que hace cuestión de recibir bien y mostrar su región con el pecho lleno de orgullo de sus bellezas y atractivos, ¡bien como el titulo del mejor café del mundo! Pero como ya he dicho antes, el Quindío no es solo café. Si te gusta la naturaleza y las costumbres autóctonas de un pueblo, no puedes dejar de ver esa maravilla en el medio de la cordillera central colombiana. Tal vez el pueblo más amable de Colombia, el quindiano te va a recibir con una larga sonrisa en el rostro y un café calentito sobre la mesa. Todo sin una gota de prisa, pues como ellos mismos dicen allá: “aquí es el fin del afan”.
 
Videos en Colombia: www.youtube.com/ivanfiuza


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