Diarios de viaje > Salamanca, Europa
Mi primer viaje a Europa
Escribe: Virtoscano
Salamanca – Paris – Londres: Diario de viaje rescatado de una carta escrita a un amigo hace como 15 años…
“Nunca se sabrá como hay que contar esto, si en primera o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna...
Mi primer viaje a Europa
Salamanca, España — martes, 13 de abril de 2010
“Nunca se sabrá como hay que contar esto, si en primera o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna o : nos me duele el fondo de los ojos, y sobre todo así: tú la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo delante de mis tus nuestros vuestros sus rostros. Que diablos.Puestos a contar, si se pudiera ir a beber un bock por allí y que la máquina siguiera sola (porque escribo a máquina), sería la perfección… Pero si me voy de tonto solo tengo la suerte, esta Remington se quedará petrificada sobre la mesa con ese aire de doblemente quietas que tienen las cosas inmóviles cuando no se mueven. Entonces tengo que escribir. Uno de todos nosotros tiene que escribir si es que esto va a ser contado……Pongamos un poco de orden bajemos por la escalera hasta… (Las Babas del Diablo - Julio Cortazar)
Algún miércoles del mes de julio de 1995, casi 2 meses atrás. La Plaza Mayor de Salamanca resultaba tan acogedora, como este cigarrillo, el café cortado y aquella entre muchas charlas. Cuando la atravesé, la atravesamos, la atravesó al lado mío, sentí al instante que, difícilmente en Europa hallaría algún otro lugar en el cual sentirme más cómoda.
Resultó algo extraño verme en remera en pleno julio, despertarme a las 9 de la mañana y convencerme de que aquí (allá) todos dormían, la lógica tampoco explicaba como podía sentir tan familiar una plaza tan lejana de todo lo que sentía mío. Salamanca no nos era extraña, dos o tres días, o un rato, o cualquier otra forma de medir el tiempo, bastaron para decir: “te espero en casa”,”paso a buscarte por tu aula”, “nos encontramos con los chicos en La Fanega”, “te veo en la plaza”… o para los pequeños gestos familiares: “Paco sirviéndome el café con leche con poquito café -sabedor de que me resultaba demasiado fuerte el café español”.
Siempre salíamos con la cámara de fotos, hasta cuando íbamos a estudiar a la Universidad, eso a veces me molestaba porque junto con los mapas de la ciudad que llevaba en mi mochila, nos convertían en los turistas que no dejábamos de ser…
“… cuando se anda con la cámara hay como el deber de estar atentos, de no perder ese brusco y delicioso rebote de un rayo de sol en una vieja piedra, o la carrera trenzas al aire de una chiquilla que vuelve con un pan o una botella de leche. Michel sabía que el fotógrafo opera siempre como una permutación de su manera personal de ver el mundo por otra que la cámara insidiosa (ahora pasa una gran nube casi negra) pero no desconfiaba, sabedor de que le bastaba salir sin la Contax para recuperar el tono distraído, la visión sin encuadre, la luz sin diafragma…”
Me traje a Salamanca lo más entera e intacta que pude: Las galerías del “patio de escuelas” que atravesó algún inquisidor antes o después de tachar partes del libro que tuve en mi mano. Las piedras amarillas del muro que espiaban a Unamunu mientras escribía. El colegio de Fonseca. La Tuna universitaria tocando en la plaza esas noches de calor. La Plaza Mayor.
Vivimos Salamanca poco más de un mes, todo lo que duro el curso de postgrado. Los fines de semana salíamos a conocer otros sitios de España, la primera vez viajamos solos, después se fueron organizando salidas en grupo, donde cada uno había dejado de ser “uno” convirtiéndose en un montón de “unos” juntos, “la mexicana”, “el colombiano”, “los argentinos” o “los che” como les gustaba llamarnos al resto de los latinoamericanos.
Conocimos Ávila, caminamos sobre su muralla… hacía tanto calor, tomé litros de agua mientras hacía ese recorrido, saqué muchísimas fotos de sus torres y sus callejones medievales.
Segovia también es bellísima, y el acueducto romano se ve más bonito en contraste con el cielo bien celeste.
Desoyendo tu consejo “sobre mantenerse alejado de las multitudes”, el fin de semana puente del 25 de Julio nos fuimos a Santiago de Compostela. Maravilloso, la catedral se veía imponente, la belleza del frizo con los doce Apóstoles es majestuosa. Los gaiteros con sus trajes típicos alegrando la plaza, el pueblo era una verdadera fiesta. Hicimos noche en Pontevedra, y pasamos un día de playa en Vigo.
Dejamos Salamanca un viernes muy caluroso de Agosto. La última imagen que recuerdo está en una fotografía tomada a través del vidrio del autocar, detrás del Tormes se ve la Catedral imponente, hermosa, antiquísima… en realidad esa última imagen la vio mi cámara, yo tenía los ojos demasiados llenos de lágrimas.
Unas horas después estaríamos llegando a Paris, pero yo cargaba con la angustia de dejar Salamanca. Imagino que de algún modo nunca la dejé.
La estación de Saint Lazare es una megaestación, nuestro hotel quedaba a tres cuadras de allí sobre la Rue Amsterdan. Tardamos un rato en encontrar la salida, ni te imaginas la cantidad de trenes, de personas y de pantallas anunciado salidas y llegadas.
“…Lo que sigue ocurrió aquí, casi ahora mismo en una habitación de un quinto piso. Pasaron varios días antes de que Michel revelara las fotos del domingo, sus tomas de la Conserjería y de la Saint – Chapelle eran lo que debían ser. Encontró dos o tres enfoques de prueba ya olvidados, una mala tentativa de atrapar un gato asombrosamente encaramado en el techo de un migitorio callejero y también la foto de la mujer rubia y el adolecente. El negativo era tan bueno que preparó una ampliación…fijó la ampliación en una pared del cuarto y acercándose, en esa operación comparativa y melancólica del recuerdo frente a la perdida realidad, recuerdo petrificado, como toda foto, donde nada faltaba ni siquiera y sobre todo la nada, verdaderamente fijadora de la escena… ” (Las Babas del Diablo - Julio Cortázar)
París me resultó célebre. Seguro no es la palabra, pero se me ocurre decir que Paris me resultó “célebre”. Lo vimos, vivimos y soñamos tantas veces. Te acordás de aquella publicidad de rouge con esa modelo elegante, o la del auto último modelo que arremolinaba hojas por el Champs Elysees? Eso es parís, con el café de la Paix, las bailarinas del Moline Rouge, la Tour Eiffel. Paris es cada uno de los edificios que copió Alvear y que nosotros tenemos rodeando la plaza San Martín o en la Esquina de Bolivar y Plaza de Mayo. Es tan elegante, es tan señorial, tan bonita.
Pero también es tal como lo cuenta Oliveira en la Rayuela de Cortázar, es la Maga y la carta a Rocamadur, es el juego de los reflejos en el subterráneo, los conejitos aplastados en la calle, la autopista del sur, los cloyardes durmiendo bajo el puente de los inválidos.
Caminar por la Ribera del Sena en esas noches de verano, se está tan bien allí, es todo tan lindo, yo estaba muy cansada y me dolían mucho los pies. En París no paré de andar y de andar, que dolor tan terrible, pero las noches eran tan bonitas y el Sena y la Tour Eiffel iluminada, y el olor a verano, no daban ganas de irse a dormir, pero que cansancio, y vos sabés que no miento, a veces exagero pero nunca miento.
Recorrimos La Defense con sus modernas torres espejadas, encontré una explanada bajo el “Grande Arche” y allí me quedé un rato abstraída en medio de una marea de turistas y hombres de negocios. Que bonita la Basílica del Sacre Coeur y el barrio de Montmartre, te gustaría tanto, te emborracharía de placer su bohemia, sus cafés, sus calles de adoquín angostas, sus artistas callejeros y los retratos pintados a mano.
“…después seguí por el Quai de Bourbon hasta llegar a la punta de la isla, donde la última placita (intima por pequeña y no por recatada, pues da todo el pecho al río y al cielo) me gusta y me regusta. No había más que una pareja y claro palomas, quizás alguna de las ahora pasan por lo estoy viendo. De un salto me instalé en el parapeto y me dejé envolver y atar por el sol, dándole la cara, las orejas, las dos manos… No tenía ganas de sacar fotos y encendí un cigarrillo por hacer algo…” (Las Babas del Diablo” - Julio Cortázar)
En honor a la verdad, pocos fueron momentos como ese. Sin darnos cuentas, el viaje se iba convirtiendo en una carrera contra el tiempo. Pasaríamos una semana en París y hay tanto para hacer que hasta da culpa sentarse en cualquier plaza y ver pasar a la gente, pero a mí me ahoga esa puta sensación de tener que llegar al final de la maratón turística, así que por momentos me daba permiso y me quedaba un rato tirada en algún rincón de la ciudad solo mirando. Ahora llegan a mi memoria y me divierten las imágenes de nosotros corriendo en “Gare du Nord” saltando molinetes, buscando desesperadamente entre los quince o veinte andenes que tiene esa estación, el tren que nos llevaría a Bruselas. Esa tarde llegamos a Brujas y recorrimos en bici esa aldea medieval soñada como en un cuento de hadas.
Y después Londres, desde Paris por el Eurotúnel, llegamos a Londres en menos de 2 horas y media.
Cuanto para contarte… los paseos por el Hyde Park y el Regent´s Park, la caminata por Oxford Street hasta llegar a Trafalgar Square. Y me quedé a esperar el cambio de guardia, y ví el desfile de los soldaditos de plomo, aunque me digas que soy una viajera muy cholula.
El encanto del Soho y de sus calles llenas de pubs y restaurantes. Una tarde ya bien tarde, entramos en un pub a tomar algo y escuchamos la última campanada, como en las series, y es verdad todos se apuran por un trago y después el lugar queda casi desierto. Esa noche sin saberlo perdimos el último metro, no teníamos idea de cómo volver al hotel que estaba como a media hora de subterráneo de allí. Tomamos un bus, dimos muchas vueltas, no podía ubicar ninguna de las calles en mi mapa, yo ya estaba algo intranquila, terminamos bajando del bus y tomando el típico taxi “black cab” londinense, con un chofer que nos sorprendió por su honestidad, el viaje fue solo una vuelta de manzanas, y nos dejo frente a nuestro hotel.
Tengo tantas fotos para mostrarte, lo bueno es que no vas a hacer demasiadas preguntas, ni vas a ponerme caras raras… Porque me encantó ver tantos musulmanes manifestando en contra de la guerra en la ex Yugoslavia en Trafalgar Square, y saqué muchas fotos allí. Y también me preguntaron quienes eran las monjas que tomaban helado? Y no supe que contestar, estaban en la puerta de la catedral de Westmister, tomando helado y sonreían y disfrutaban sus helados. Y tomé fotos de las monjas, y casi de casualidad, traje alguna foto de la catedral. Y el negro tocando el saxo? Sonaba tan lindo, nos quedamos un rato largo allí parados en el West End escuchándolo y antes de irnos le tomé una foto, no sé…algunas cosas si se tienen que explicar pierden su encanto.
Varias cartas comencé a escribirte en mi memoria, sobre todo en los trayectos de una ciudad a otra, cuando cerraba los ojos en el tren antes de caer dormida. Vi tantas fotos a través del objetivo de tu cámara fotográfica, algunas las tomé porque plagiarte es una forma de rendirte homenaje, lo sabés? Otras no pude, porque a vos te salen mejor que a mí. Y después leyendo “Las Babas del Diablo” de Cortázar encontré muchas de las palabras más exactas que debía escribirte, por ese te copié algunos párrafos del cuento, otras seguirán esperando que les dé forma y prometo escribírtelas si las encuentro.
“… en ese momento no sabía porque la miraba, porque había fijado la ampliación en la pared, quizás ocurra así con todos los actos fatales, y sea esa la condición de su cumplimiento… Las costumbres son como grandes herbarios, al fin y al cabo una ampliación de ochenta por sesenta se parece a una pantalla donde proyectan cine, donde en la punta de la isla una mujer habla con un chico y un árbol agita unas hojas secas sobre sus cabezas…” (Las Babas del Diablo” - Julio Cortázar)
No podría dejar de recordarte siempre, aunque me vaya lejos. Es así, tan sencillo como necesario, estás siempre.
|
Publicado |
|
Últimos comentarios
babydollspain dice:
Muchas gracias querida, me encanta lo que cuentas y cómo lo haces.. y a la vez me traes tantos recuerdos de lugares que he andado, y ahora he vuelto a andar contigo (Bruselas mágica, París increíble!!! sin más, y tantos otros...).
También veo que "disfrutaste" de nuestro calor veraniego.. ejjeje
Por cierto, el café con leche con muy poquito café... aquí se le llama una "manchada" (en el sur de España al menos), es lo que pido yo siempre, la cafeína y el sueño son incompatibles en mi...
Un abrazo enorme guapa, me ha encantado disfrutar contigo este diario.
Publicado
carmenparis dice:
Muy bueno tu relato, muy bien explicadas tus primeras impresiones de Europa. Siempre es lo mismo en muchos viajeros al enfrentarse con el viejo continente . Europa es bella pero sobre todo trae a nuestra memoria toda la Historia del mundo occidental que trancurre en ella. Un buen consejo que doy siempre, para venir a Europa lo mas importante son los zapatos comodos y el equipaje bien liviano .. !! un abrazo Vir !
Publicado
kubasvensken dice:
Un viaje de ensueño para cualquier viajero.
Publicado
morton dice:
Me encantó tu relato, las citas de Cortazar parecen haber estado pensadas para unirse con tu carta. Una cosa no existe sin la otra. Genial.
Publicado
Virtoscano dice:
Gracias amigos, es un relato viejo, pero lo encontré y me pareció un buen lugar dejarlo en mi pagina de viajeros, Saludos. Vir
Publicado
flor30 dice:
Hola Vir, me pareció uno de los diarios de viaje más creativos que leí hasta el momento. Mucho arte en tu relato. Me encanta porque es cálido y muy personal. Me gusta que lo hayas compartido.
Un beso grande
Flor
Publicado
Virtoscano dice:
Gracias Flor, me alegro que te haya gustado, un beso Vir
Publicado
Cristina-Menendez dice:
Excelente relato. Mis cariños y mis 5*
Publicado
Virtoscano dice:
Gracias Cris, un beso
Publicado
Elvireta dice:
¡Qué relato más bonito, Virtoscano! Me quedo con la primera parte.¿De verdad te gustó la plaza Mayor de Salamanca?, para mí, es la más bonita de España.¿Recuerdas el color de la piedra que tienen todos los edificios? Gracias por tu diario. Me hubiera gustado estar en Barcelona, que tú la visitaras y yo enseñártela. Abrazos
Publicado
Virtoscano dice:
Me enamoré de la plaza Mayor de Salamanca, y volví algunos años después y hubiese vuelto allí cada vez que estuve en España, de haber podido!! Saludos y gracias por tus comentarios. Vir
Publicado
Viaggiatore dice:
Hola Vir;
Tu relato es precioso...
Tienes talento para escribir y has descrito a la perfección tus vivencias. Pero más que lo que describes lo que de verdad me ha gustado ha sido el sentimiento que desprende.
Me alegra que España te atrapara de esa manera!
La parte en la que hablas de Londres también me ha gustado mucho...De aquí a unas semanas estaré por allí y ya puedo hacerme una idea de la diversidad de culturas y personas que me encontraré ![]()
Saludos desde Barcelona
Publicado
Nocturna dice:
Te felicito. Me sirvio para mi viaje
Publicado
danielhr dice:
Emotivo,nostálgico,emocionante...y tantos adjetivos más. Me ha traído muchos buenos recuerdos de todos esos sitios. He disfrutado mucho leyéndolo.Enhorabuena!!
Publicado
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
En Salamanca...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “Mi primer viaje a Europa” con tus amigos en Facebook?