Crónicas Filipinas
Escribe: Gato_perplejo
A primera vista, Filipinas no parece ser uno de los destinos prioritarios que se te pueden ocurrir si quieres visitar el sudeste asiático. Quizá eso es ya un buen motivo para visitar este archipiélago de más de 7000 islas, el segundo más numeroso del mundo.Pero afortunadamente tengo información de primera mano: mis compañeras María y Ángela Yoldi nos han hablado maravillas del país donde vive parte de su familia. Interminables playas, buenos precios, gente amable, fondos marinos espectaculares,.
Y por fin: ¡el sol!
Sabang, Filipinas — jueves, 28 de julio de 2011
Si hoy se suspende será una doble mala noticia: una, que hace mal tiempo y dos que nos quedamos sin excursión. Ayer cuando nos acostamos hacía unas cuatro o cinco horas que no llovía y, visto lo visto, eso aquí es bastante.
Yo caí redondo y he dormido de un tirón hasta las cinco y media, hora en la que empieza a amanecer y empieza la actividad. Todos los gallos de la zona se arrancar a cantar, algo muy poético pero bastante irritante porque debe de haber cientos. Un repartidor de no se que toca su bocina, los bebés empiezan a llorar y otro recorre el barrio gritando “booooooooo, booooooo”, como si fuera un afilador.
Total, que a esa hora hay que ponerse algo en los oídos si quieres dormir otro rato. Yo me pongo el Ipod, y a las siete menos algo Clara me avisa de que Charles está llamando a la puerta. Nos dice que hay excursión y que a las siete y media nos recogen aquí al lado. Toma ya, esto si que es improvisar. Saltamos de la cama, preparamos una mochileja en la que no puede faltar el impermeable, desayunamos y a y media estamos en el sitio convenido. La actividad ya es absoluta, con los niños caminando impolutos entre charcos para ir al cole. Aquí las vacaciones de verano son en abril y mayo, así que todos van con sus carteras en la mano y nos saludan con una sonrisa.
Por supuesto, aquí el concepto del tiempo es distinto, por eso no nos alarmamos cuando son casi las ocho y nadie ha venido todavía a por nosotros. A las ocho en punto aparece una furgoneta que nos recoge; la guía nos saluda y cuando nos subimos vemos que vamos a compartir día con otros tres filipinos. Ya en marcha la chica nos pide los pasaportes para poder entrar al parque natural del río subterráneo: primer imprevisto, nadie nos ha avisado de que había que llevarlos. Damos la vuelta, echo una carrera a la casa y en cinco minutos estamos otra vez en ruta. Para los 76 km tardaremos casi dos horas, ya he dicho que aquí el tiempo va de otra manera, y el servicio de mantenimiento de carreteras también. El paisaje es espectacular en cuanto salimos de la ciudad: arrozales con búfalos de agua encharcados en ellos, perros cruzando constantemente por la carretera, motos, bicis y más niños que nos dicen adiós cuando atravesamos su pueblo. Hacemos una parada en la típica tienda de souvenirs, donde los filipinos aprovechan para comprar una especie de picatostes llamados biscoshos y unas mazorcas de maiz.
Seguimos marcha y un rato llegamos a la playa de Sabang. Aunque está nublado echamos de menos las gafas de sol porque la luz es cegadora y no nos deja abrir los ojos. Por fin vemos una playa y desde luego no nos defrauda, aunque en la guía dice que esta es de las normalitas. Palmeras, barcas en la orilla, arena blanca y casi nadie en la orilla. Ahora hay que hacer el papeleo para la entrada al parque, luego esperar que nos toque nuestro turno para la barca y después un trayecto de veinte minutos más o menos hasta la entrada del parque. El problema es que como ayer se cancelaron todas las excursiones, hoy estamos los de ayer y los de hoy, el doble de gente: nos tocarás esperar una hora más o menos. Pero sale el sol y eso nos anima, nos damos un paseo por las tiendecillas, comemos cacahuetes, recorremos la playa y hacemos fotos a casi todo. Por fin llega la hora de subir a la barca; nos ponemos los chalecos y partimos hacia el río. Vamos bordeando la costa, llena de vegetación y montes cubiertos de árboles, con playas desiertas a sus pies. De vez en cuando viene una buena ola y la barca se tambalea, pero las “alas” que lleva en sus laterales la hacen segura. La llegada a la playa es impresionante; está flanqueada por bloques de roca que ellos llaman limestones, en cuyo interior suponemos que está la cueva.
Desembarcamos en la playa y vemos el cartel del underground river, que este año opta a ser una de las nuevas siete maravillas naturales del mundo. Aquí tenemos que dejar nuestros datos de nuevo en el puesto de entrada al parque. Hay bastante gente, así que la guía, que por cierto se llama Divine, nos aconseja que demos una vuelta por la ruta del mono, una zona de trekking entre esta zona y Sabang, de 5 km que discurre por en medio de la jungla. En cuanto avanzamos un poco empezamos a entender el por qué del nombre: vemos a familias de macacos que nos miran desde los árboles, pájaros, arañas y todo tipo de animales. Lo que no vemos, y menos mal, es al varano, un lagarto de 2 metros que también habita por estos lares. El paisaje es una pasada, es pura jungla a través de la cual se ha abierto un pequeño camino y algunos puentes de madera para flanquear obstáculos. No nos internamos mucho porque tenemos que ir a lo del río, pero me hubiese gustado hacerla entera hasta el pueblo.
Cuando llegamos de nuevo a la entrada, y tras otro rato de espera, por fin parece que vamos hacia la entrada del río. Al llegar, resoplo: bastante más gente espera su turno. Ya vemos la entrada de la cueva, pero debido a la tormenta el agua no es del verde cristalino que hemos visto en las fotos, sino que está bastante turbia. Hay que decir que este es el río subterráneo navegable más largo del mundo, con 8,5 km y medio de largo, aunque para los visitantes como nosotros sólo se recorren la mitad.
Un chaval con la camiseta de Messi nos oye hablar español y entabla conversación con nosotros. Pertenece a un grupo de filipinos que estudiaron cuatro años en Pamplona, y nos cuenta sus andanzas por España, su pasión por el fútbol, la semana santa y los chuletones. Parece ser que estudió teología en Pamplona, pero es simpático para ser curilla. Seguimos hablando con él de España y de Filipinas hasta que por fin nos llega el turno. Nos equipamos con casco y chaleco y subimos en la canoa de ocho personas. El primero de la fila lleva un foco conectado a una batería para ir iluminando el interior. Hay un olor fuerte en cuanto entramos, debido a la mezcla de humedad y excrementos de murciélago, que ellos llaman guano. El interior demuestra que ha merecido la pena esperar. Cientos de murciélagos baten sus alas sobre nuestras cabezas mientras emiten una especie de pitido. Hemos dejado los chubasqueros fuera en las mochilas, porque ¿quien iba a pensar que encontraríamos lluvia dentro de una cueva? Pues no hay lluvia, pero casi. Las estalactitas sueltan agua a base de bien y más de un chorro nos cae encima. El guía nos va contando estadísticas de la cueva y, totalmente a oscuras, vamos iluminado las caprichosas formas que la naturaleza ha esculpido. Me sorprende especialmente lo que el guía llama la medusa y que a mi me recuerda más al monstruo de Alien. Llegamos a la zona llamada la catedral, donde la cueva alcanza la friolera de 60 metros de alto y encontramos lo que parece una vela gigante y tres formas que ellos llaman la sagrada familia. Los colores de las rocas varían del negro, al gris o amarillo mientras seguimos avanzando. Después vemos el champiñón y una silueta de una mujer desnuda de espaldas. Llegamos a otra zona con mucha altura y emprendemos el regreso mientras nos cruzamos con alguna canoa que va en sentido contrario. La profundidad del río aquí es de 9 metros, por lo que seguro que también hay bichos raros debajo de nosotros. Mejor no pensarlo mucho, ya que la canoa es muy baja y si pasase alguno junto a nosotros se llevaría un buen susto una que yo me sé.
Después de 45 minutos de recorrido nos deslumbra de nuevo la salida al exterior. La espera sin duda ha merecido la pena. Son las tres y media y ahora lo que estamos es hambrientos; menos mal que hemos podido matar el hambre con los biscoshos que nos han ofrecido los filipinos mientas comentábamos las palabras que son comunes en español y en tagalo.
Nuestro barquero nos recoge en la playa y volvemos a Sabang, pero como la marea ya ha bajado nos deja en la playa. En la excursión estaba incluido un pic.nic, que al final resulta ser una comida en el bufé de uno de los restaurantes de la playa. Arroz, verdura, carne de varios tipos, pescado y bananas, acompañados por una bebida de naranja marca Royal.
Bueno, ahora ya con el estómago lleno la vida se ve de otra manera. Nos encaminamos hacia la furgoneta para emprender el regreso. A la vuelta paramos en un par de sitios para hacer fotos desde un mirador o ver más de cerca las plantaciones de arroz. Doy un par de cabezadas en la furgo, pero es imposible dormir algo con la de baches que hay.
Nuestro plan de hoy era que nos dejaran en Puerto Princesa a la vuelta, dar un paseo y luego cenar por allí en un buen restaurante de pescado al que le habíamos echado el ojo, pero como hemos comido tan tarde decidimos ir a casa y luego picar algo allí.
Llegamos con muchas ganas de ducha, enciendo la bomba del agua mientras colocamos nuestras cosas y al rato llega Charles diciendo que por favor apaguemos la bomba. Resulta que la ducha tiene un funcionamiento peculiar, porque hay que apagar la bomba antes de cerrar el grifo de la ducha para que la cañería no se rompa. Bueno, pues algo he hecho mal al encenderla, porque se oye agua caer desde arriba y parece que la cañería se ha roto justo ahora que nos íbamos a duchar. Charles me mira con cara de resignación y se pone manos a la obra para intentar arreglar el tema. Como ha tenido que desconectar algunos fusibles tampoco hay Internet de momento. Mientras, como mis conocimientos en fontanería rayan el cero, me pongo a descargar las fotos, el vídeo y a escribir el blog. Una hora después Charles dice que hay que esperar a que el pegamento se seque por lo menos otra hora más. Aprovecharemos para comer algo aquí y dejaremos la ducha para antes de ir a dormir. Joer, que mala pata.
Mañana a las nueve hemos quedado con él para que nos acerque a la estación de autobuses y emprender el camino hacia el norte. Nuestra primera parada será Por Barton, un pequeño pueblo ya pasado Sabang con unas playas espectaculares y muy poco transitadas, ya que la gente se va directamente a El Nido, más al norte. Esperamos poder reservar alojamiento allí cuando vuelva Internet.
Nos va a costar dejar esta casita: llevamos aquí sólo tres días y ya nos hemos hecho a ella y al barrio. Pero hay que seguir para continuar conociendo las maravillas de este país, que por supuesto os seguiremos contando aquí. Hasta mañana.
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