Europa del este: Hungria, Rumania, Bulgaria...
Escribe: lolajimar
Hemos recorrido más de 10000 kms y atravesado varias fronteras hasta llegar a este rincón de Europa que comenzaba a sacudirse de su pasado para intentar despertarse en la nueva Unión Europea.
Rumanía
Rumania — viernes, 9 de agosto de 1996
VIERNES, 9 AGOSTO. Llegada a RUMANÍA.Estábamos tan sólo unos 20km de la frontera, antes de cruzarla llamamos por teléfono a España para agotar la tarjeta. El nerviosismo crecía por la proximidad de la frontera. Había bastantes coches y camiones. Nosotros carecíamos de visado, que nos tenían que hacer en la misma frontera. La espera era larga, Satur me sugería que fuera a preguntar aquí o allá, ¡como siempre! y yo lo intentaba, pero en honor a la verdad tengo que reconocer que intuía las respuestas, en ningún momento entendí nada, ya que yo preguntaba en español con algún sonido afrancesado y ellos me respondían en rumano o en inglés.Debo decir que el señor que me atendió en la oficina fue muy atento y agradable, y entre lo que intuí y lo que añadí de mi imaginación la cosa resultó menos o más... el visado valía 46USD y en aquel mismo lugar se cambiaban dólares por moneda local.Volví a contarle a Satur y decidimos cambiar allí algo de dinero, total: por 3000 ft. y 104 $ nos dieron = 400600 leis.Volví al coche con un montón de billetes que no me cabían en las manos, calculadora en marcha para averiguar el valor de la nueva moneda: si el $ en aquel momento nos costó a 127´3 pts y por cada $ nos dieron 3275 leis, -100 leis = 4 pts.
En el primer semáforo que paramos, un chaval se acercó a limpiarnos el cristal del coche y aunque le señalamos que no, él insistió y yo le dí un billete de 500 leis, me miró con gesto raro y no entendí entonces porque fue tan desagradable, luego, cuando calculé el importe de mi generosidad, me di cuenta de lo tacaña que soy, le había dado la friolera de 20pts, (0'12&eur
no me extraña que el chico me mirara con tanto cariñoA la entrada de la ciudad (Oradea) paramos a repostar: llenamos el depósito con 42500 leis = 1660pts, o 10€ aprx, una pasada, porque el litro de gasoil salía a no más de 30pts, menos de la mitad que en España en aquel momento. Satur le dío 45000 leis, para paliar el patinazo anterior.Habíamos cambiado de país pero parecía seguir el mismo escenario, no era tanta la diferencia con el sur de Hungría, Oradea es una ciudad bastante grande, industrial por lo que vemos, con muchos coches, casi todos iguales: "Dacia" los Renault 12 de nuestra Europa, una ciudad limpia, con tiendas de ropa, de electrodomésticos, con buena pinta. La calle peatonal principal "República" muestra un estupendo aspecto, con unos edificios señoriales, que nos recuerda a ciertos pueblos de Austria. La impresión que nos causó fue positiva, la gente no mostraba tanta pobreza como esperábamos encontrar. Claro que sólo estábamos a unos pocos kilómetros de la frontera con Hungría.A la salida de Oradea cogemos la carretera que conduce a Cluj y el paisaje se va haciendo más ameno, aparece algún carro en la carretera, en sus orillas hay puestos callejeros de frutas, de grandes sandías, de telas bordadas, de prendas de lana, de colorido, la cosa ya se va animando y nuestro entusiasmo creciendo.A la entrada de la ciudad buscamos la señal de "centrum" y conseguimos llegar fácil, anduvimos por el centro de la ciudad siguiendo las indicaciones de la guía, visitamos los monumentos que encontramos abiertos, nos sentamos en la terraza de una plaza transitada a tomar un refresco y a empaparnos del entorno observándolo todo. Nos pareció tan agradable el sitio que comimos allí mismo.
La cuidad es muy bonita y está limpia.Desde Cluj tomamos rumbo al norte, según convinimos con Alina, hacia Baia Mare, era tarde, la carretera ofrecía muchos obstáculos, iba empeorando y teníamos que digerir todo aquello tan extraordinario, por tanto lo mejor era buscar sitio donde pasar la noche. En cuanto tropezamos con la primera señal de camping paramos a preguntar, entendimos que la respuesta era sí y no lo pensamos dos veces: ¡nos quedamos!, era como un campamento de vacaciones para niños con instalaciones rudimentarias. La gente muy agradable, los niños, curiosos, nos atosigaban mirando el coche, nos decían todos los nombres de futbolistas de equipos españoles, nos pedían monedas, las dimos algunas y cuando descubrieron la de 25ptas que tenía un agujero se mondaban de la risa, hasta que un profe les llamó al orden. Yo pensé regalarles unos bolis que llevaba, pero no me atreví a abrir el maletero porque los críos me tenían totalmente rodeada y dada mi estatura no parecía recomendable.Por la noche hubo fiesta y nos hizo gracia verlos bailar "La Macarena", que aquel verano "arrasaba". Cenamos lo que nos trajeron: unas salchichas con patatas, pan y cerveza y nos obsequiaron con un licor muy fuerte.Esta noche fue muy especial, nos regalaron hospitalidad y atenciones a raudales. Los niños nos miraban como bichos raros, debe ser que no hay muchos turistas por allí y españoles menos. Lo cierto es que desde que salimos de Budapest no hemos visto ningún coche con matrícula española.Aquella noche dormimos en una nube.
SÁBADO, 10 AGOSTO. MARAMURES, ROMANIA.Cuando nos despertamos por la mañana buscamos la ducha pero no la encontramos... en su lugar había una pileta de agua, colectiva, que nos permitió darnos dos "chapotones" de agua fresca en la cara. La factura del camping era de 0 leis, en realidad los servicios también eran 0, pero les dimos las gracias como mejor supimos por su hospitalidad. Seguro que este camping lo recordaremos siempre como uno de los "mejores".Nos dirigimos a Baia Mare, la adrenalina comenzaba a subir. Visitamos el centro del pueblo, nos comimos unas tortas de perejil buenísimas en un puesto callejero.
Le dimos una propina a niño de rostro simpático que pedía y le compramos un refresco de limón. Estábamos en la zona de Maramures, de hecho, Baia Mare es el centro urbano mas importante. Es la región más pintoresca, colorida y folklórica que habíamos encontrado hasta el momento. Las casas no terminan nunca a lo largo de la carretera y la gente va y vuelve a sus quehaceres, sacar agua del pozo, llevar a la vaca, traer a la cabra, recoger hierba, hacer ganchillo y lana para vender como "souvenir", en fin, de lo más entretenido. Los puestos callejeros ofrecen frutas apetitosas, sandías, uvas, melocotones. Un tren nos obliga a detenernos por que pasa por mitad de un pueblo, sin barreras en el paso, aunque su velocidad tampoco era la del AVE precisamente. Hemos retrocedido unos cuantos lustros en la memoria de nuestra propia historia.Las casas están construidas con madera, con una ornamentación original, muy trabajada y colorida que nos llama mucho la atención. Y la madera es la protagonista de una iglesia que anduvimos buscando pueblo arriba, pueblo abajo, hasta que ¡por fin...! La verdad es que mereció la pena ver su interior, la señora que nos atendió no hacía más que señalar la falta de clavos, ni uno sólo según la guía, pero parecía casi imposible.En fin, estamos "embobaos", a mí se me pone un nudo en la garganta que no me deja articular palabra. No paro de grabar, me lo traería todo en la cámara de vídeo. ¡Cómo disfrutamos del espectáculo!Nos dirigimos hacia Sapanta, que se encuentra muy cerca de la frontera con Ucrania. Aquí hay que visitar un cementerio poco común: "el cementerio alegre" que ofrece una manera simpática de recordar a los que se marcharon. Con lápidas de madera pintadas de vivos colores y descripciones, en clave de humor, del personaje que allí yacía.
Comimos en Sighetui Marmatiei, según el libro de ruta: "menú único de carne con patatas, el sitio estaba limpio, era agradable y la tarifa barata".Seguíamos la ruta según lo previsto, bordeando la frontera ucraniana: ¡lástima no tener visado para entrar! El piloto que indica el combustible avisaba de vez en cuando, pero desde Borsa no vimos gasolinera alguna. Lo que sí vimos en aquella tarde de sábado, fue mucha gente en los alrededores de las iglesias, con trajes de fiesta. Las mujeres con blusa blanca y falda negra airosa, los hombres con camisa blanca y pantalón oscuro y muchas niñas con traje parecido a los de comunión, aunque no tan vistosos como aquí, a los niños no supe distinguirles bien su vestuario, no guardaban tanta uniformidad.Nos ha llamado mucho la atención la cantidad de iglesias en construcción que hay en toda la zona; en cada pueblo, por pequeño que sea, están levantando una iglesia. Todas con la misma forma y colorido, con unas vistosas cúpulas doradas y, ortodoxas, claro.Buscamos el camping de Vatra Dornei, un lujazo porque tenía agua caliente y la ducha se prometía estupenda después de la anterior. Estaba en lo alto de una colina verde, con casitas de madera muy coquetas y en un entorno muy pintoresco. Era un "hotel" con encanto y muchas estrellas... DOMINGO, 11 AGOSTO. DÍA DEL GASOILNuestra primera misión era repostar, puesto que andábamos con la reserva. El día que llamamos a Alina, nos advirtió que tuviésemos cuidado con el combustible, porque en televisión habían dicho que habría huelga de transporte. Lo cierto es que nunca pensamos que fuera tan grave la cosa.
En la primera estación de servicio que encontramos nos dijeron que no había gasoil y decidimos seguir por la ruta prevista. En la siguiente nos dijeron lo mismo, pero nuestra necesidad aumentaba, el nivel disminuía, empezamos a tomarnos el asunto en serio y a desanimarnos porque no avanzábamos y se escapaba el tiempo. Nos propusimos no pasar de la tercera sin que nos vendieran algunos litros para poder seguir. Yo puse cara de circunstancia y le eché teatro a la cosa con voz de súplica. Conseguimos 10 litros que pagamos caros y que agradecimos con miles de gracias. Pero esta cantidad no era suficiente, aunque nos ayudaría a llegar a la siguiente estación. Tuvimos suerte, porque la siguiente que encontramos nos llenó el depósito sin objetar nada. Parecía que todo volvía a la normalidad y después de este episodio seguimos la ruta prevista. Nos dirigimos al Monasterio de Moldovita, donde nos cobraron una tasa por entrar y otra por la cámara de fotos. Es sencillamente ALUCINANTE. Nos embobó de tal manera que el tema del gasóleo se nos olvidó de repente. De Moldovia nos fuimos a Suceava y visitamos el Monasterio Sucevita, posiblemente nos impactó menos porque acabábamos de ver el otro, pero es impresionante igualmente. El colorido de Las pinturas del exterior dejan boquiabierto a cualquiera, dentro asistimos a un acto "ortodoxo". El día se estaba enderezando.
Compramos unas cosillas en una tienda que encontramos a la salida: coca-cola, melón, 2 paquetes de galletas y patatas fritas.Cerca encontramos un hotel-restaurante y decidimos parar a comer, sólo había: -sopa, -cerdo con patatas fritas, -pepinos en vinagreta y cerveza, olvidaba reseñar que estaba todo acompañado con "poca limpieza", por llamarlo de una manera suave. A la salida de aquel "antro" nos encontramos a una anciana y una niña pidiendo y decidimos regalarles la compra. No mediamos palabra, pero no hizo falta, nos quedamos mal. Hacía unos momentos nos quejábamos de la comida y ahora nos sabíamos unos privilegiados. ¡Qué desgracia no poder comer!Seguimos dirección sur, en Tirgu Neamt visitamos su castillo, que según la guía era un monumento importante, nos costó subir por sus rampas empinadas, pero mereció la pena porque ofrecía unas bonitas vistas del valle. Gastamos la friolera de 100 leis (4pts) en mirar por un catalejo del siglo pasado o del anterior, muy divertido.Descendimos hacia el valle hasta llegar al Monasterio de Neamt, no muy lejos del pueblo.
No pagamos nada por entrar, pero comparado con los que vimos por la mañana este no ofrece casi nada. Es de muy reciente construcción, está muy cuidado y con muchas flores, fue en el único que vimos monjas. Muchas monjas vestidas de un negro radiante. ¡Ha surgido otra vez la vocación con fuerza!, ¿o será el hambre...?Fuera del recinto había varios puestos de venta, me he regalado un jarrón marrón de cerámica que parece madera, que me recordará, mientras exista, "el Monasterio de las monjas negras".Ya era tarde, no avanzamos mucho más, buscamos camping a la entrada de Piatra Neamt. En cuanto paramos y bajé a preguntar, ¡SORPRESA! no encuentro mi pasaporte. Miramos varias veces por todo el coche, volví a revisar el bolso: ¡NO ESTÁ!Nos pusimos un poco nerviosos. La gente del camping se portó de lo más... fueron muy amables, intentaron llamar al camping de Vatra Dornei, pero no hubo suerte. En honor a la verdad tengo que decir que aquella noche no dormimos ni mucho, ni bien, porque no sabíamos si estaría en el camping, o con tanto sube y baja del coche se me habría caído en alguna parte. Yo me veía ya en la embajada haciendo diligencias para volver.
LUNES, 12 AGOSTO. DÍA DEL PASAPORTE, CASI MARTES Y 13.La única misión que nos encomendamos para este día era encontrar el pasaporte. Madrugamos bastante, volveríamos por otra ruta que, según el mapa, era más corta, sólo 150kms separaban Piatra Neamt de Vatra Dornei. El camino era interminable, una carretera de cabras que impedía ir a más de 50-60kms/hora. Conforme nos acercábamos al pueblo nos subía la adrenalina, pero la suerte nos sonrió y ¡GUAY! allí estaba mi amado pasaporte. El camino de vuelta era el mismo, así que, muy aburrido porque se hacía eterno y en los 300kms extras gastamos el gasoil que tanto nos costó encontrar.De pronto aparecieron Las Gargantas del Bicaz. La carretera se empotró entre las piedras y se hizo casi un túnel natural de rocas rojizas encima de nosotros. En medio de la nada apareció un mercadillo pleno de vendedores y compradores. Los artículos que ofrecían los garantizaban como hechos a mano y no dudamos de su palabra, puesto que no podía ser de otra manera.Compramos algunas cosillas que nos llamaron la atención:Lápices de madera grandes, gorra y dos bolsos de piel, bandeja de madera decorada, águila de resina y flauta de madera.
Pasamos un rato de lo más entretenido, nos habíamos gastado un "pastón", la friolera de 69000 leis, 2800 pts. (unos 17&eur
Seguimos la ruta, el depósito de gasoil se resentía y la próxima misión era buscarlo. En Gheorghieni encontramos, por fin, una gasolinera, pero sin combustible. Tratamos de llorar un poquito para que nos vendiesen algo pero no fue muy productivo. El expendedor señaló hacia un señor que le acompañaba, yo no entendí nada; pero Satur y él intercambiaron algunas palabras en inglés, y de repente me encontré persiguiendo a un "Dacia" amarillo, con Satur dentro, por unos caminos que nos condujeron a un almacén lleno de aperos de labranza. Este señor sacó una vasija de 10 litros de gasóleo, un embudo y se los pusieron al coche. Nos pidió 12000 y le pagamos 15000 leis, ¡viva la solidaridad, y muchas gracias!Las arcas monetarias estaban ya escasas y lo próximo que había que hacer era rellenarlas. Unos kilómetros más adelante, en Miercurea Cluc, encontramos, en el "centrum", un banco. Entro, me dirijo a una señora y le enseño la tarjeta Visa junto a mi pasaporte, la funcionaria me pone "cara de no querer" y me suelta un discurso del que no entendí nada. Al fin decido sacar un billete de 100$ y su semblante cambia, me dio a cambio 312000 leis.La gente de la calle es muy amable, preguntamos, con el mapa en la mano, la salida de aquel pueblo en dirección a Brasov y si no nos decidimos a marchar nos dan allí las uvas, porque cada persona que pasaba por el sitio se paraba y aportaba su explicación. Con gestos nos señalaban, unos hacia la derecha y otros hacia la izquierda ¡MUCHAS GRACIAS!Poco después de la salida del pueblo volvemos a encontrar una gasolinera, parada, ruegos y por fin se apiadan de nosotros y nos llenan el depósito.Nuestro propósito era llegar a Brasov aquella tarde, Satur me viene diciendo que le apetecería comer algo cocinado por nosotros pero no sabe qué podría ser...
Lo que de verdad le apetece, concluye, son unos huevos fritos en nuestro aceite de oliva. Justo cuando hablábamos de ello pasamos por una aldea donde se ve una especie de tienda, paramos, cojo el monedero y me dirijo a ella, efectivamente es un "hipermercado" del este europeo. No había en él más de 18-20 artículos, entre ellos: un cubo de zinc, dos latas de atún, un trozo de manteca de cerdo, media docena de vasos, una cazuela y dos jarritas de porcelana roja y blancas y, alguna cosa más, pero no veo huevos. La señora que lo atiende me deja mirar y se muestra solícita. Trato de explicarle a la atenta señora lo que quiero, por señas naturalmente (le hago la gallina), y con una amplia sonrisa me indica que espere, llama a un niño que juega en la calle y le dice algo, el niño cruza corriendo la calle y entra en una casa. Minutos después vuelve corriendo otra vez, habla con la señora y me señala extendiendo los dedos de la mano = 5, yo le había señalado antes 6. Le hago un gesto de aprobación y el niño vuelve a marcharse, luego viene acompañado de la vecina y de los 5 huevos, ¡DA!, me escribe en un papel la cifra de 1000 leis. Yo sé que aquellos son los huevos más caros que ha vendido en su vida, pero a mi no me importa porque yo puedo pagarlos, ¡los caprichos son caros!Vuelvo en busca de Satur, que me espera, aparcado, un poco más adelante, está acompañado de un señor mayor que observa embobado el coche, le da palmadas en el hombro de cordialidad y cuando me acerco me tiende su mano, yo le devuelvo el saludo tendiéndole la mía y me sorprende con el "besamanos" que ya creíamos en desuso.
Fue un bonito episodio, tierno, de gente auténtica.Seguimos camino de Brasov. Nuestra intención era visitar la estación de esquí Poianha, que según nuestra información era muy "atómica", ni siquiera entramos en la ciudad, seguimos los indicadores que nos conducían a ella. Evidentemente no había nieve y tampoco había ambiente, de los 4 hoteles que hay, 2 estaban cerrados, el restaurante estaba custodiado por una señora con gesto desagradable que dijo alguna estupidez, lo dedujimos por su semblante, y nos sentimos invitados a marchar en busca de mejor alojamiento. Tuvimos que llegar hasta Risnov, a 15km donde había un camping.Dispusimos todo para freír los huevos, después de derramar el aceite y buscar refugio que no apagara el fuego, lo logramos y por fin Satur pudo culminar su "capricho".
MARTES, 13 AGOSTO. Encuentro con la Familia IONESCU.Nos levantamos pronto, nos vamos al aseo porque suponíamos que habría cola para la ducha, ya que sólo había una, pero sorprende que no sea así. Yo me cojo mi toalla, mi bolsa de aseo y me dispongo a tomar una duchita, no tengo competencia pero me siento observada por las mujeres que se concentran en los descuidados aseos. Descubro pronto el motivo, no era mi desnudez, es que ¡NO HAY AGUA CALIENTE!, y la que sale está como el mismísimo hielo. No era nada agradable pero yo me tenía que duchar.A Satur le pasó lo mismo, luego nos reímos de nuestra suerte.Volvemos a Brasov, el centro de la ciudad resulta estar muy recogidito: la plaza de la iglesia negra, una larga calle peatonal donde está el comercio, oficinas, todo muy limpio y muy agradable. Desde una oficina de telefónica llamamos al personal y también a Alina, nos dijo que tenía todo dispuesto y nos esperaban hacía días. Decidimos aligerar la marcha para llegar pronto a Bucarest. Antes de abandonar la ciudad, en las afueras, nos hemos topado con un Macdonald´s, un lujo de aseos y limpieza en esta zona, decidimos parar a comer, la tarifa es cara y nos parece que no esté al alcance de todo el mundo, pero hace poco que lo han abierto y hay bastante gente.En el camino, al pasar por Sinaia paramos a visitar el Castillo de Péles, pero no fue posible porque lunes y martes está cerrado por descanso. Lo que pudimos ver del exterior nos pareció muy bonito, accedimos a los jardines tras "donar" una propina al guardia.Luego supimos que en aquel castillo, que Chauchescu se adjudicó como residencia de vacaciones con fuertes medidas de seguridad, trabajó el General Alexandro Ionescu (padre de Alina) como Jefe de la Guardia Real antes de la Guerra, en Rumania reinaba entonces "Carlos I".Alina pretendía salir hasta las inmediaciones del aeropuerto para esperarnos porque temía que nos perdiéramos en la ciudad...
Contábamos con un mapa de Bucarest que nos remitieron de su embajada y el desafío no era mayor que en cualquier otra ciudad europea de las que ya hemos visitado. Lo que teníamos claro es que debíamos de llegar a media tarde para que nos sobrara luz del día y, porque en caso de tener que preguntar a la gente, nos proporciona más tranquilidad.Había transito, como en todas las ciudades grandes, pero nos situamos pronto en una gran avenida. La cosa se complicó un poco ya en la zona próxima a su casa, donde tuve que bajar a preguntar en varias ocasiones, mapa en mano; luego aparcamos el coche y buscamos a pie, estábamos justo frente a su casa. Sentimos una gran alegría cuando descubrimos que nos encontrábamos en la Avenida 13 de Septembrie, nº 101, Bloque 97.El recibimiento fue grandioso, el General Ionescu se había vestido con el traje de gala para la ocasión, nos impresionó verlo, mamá Gabriela nos estaba esperando abajo en la calle, se mostró tan cariñosa que parecía conocernos desde siempre. Nos dispensaron una cordialidad y mostraron tal entusiasmo que nos sorprendió gratamente. Se molestaron en prepararlo todo minuciosamente, buscaron el patio de la casa de un vecino para guardar el coche, nos hospedaron en su casa, nos prepararon los mejores manjares, comidas típicas muy laboriosas y muy caras para su frágil economía...¡EMOCIÓN!, creo que este es el término justo que encuadra lo que sentimos Satur y yo con su hospitalidad, su generosidad y el cariño que la Familia IONESCU nos regaló. En fin, no se si podremos pagar sus atenciones y su bondad para con nosotros; lo intentaremos devolviendo la hospitalidad, en la medida que nos sea posible, a Alina cuando tenga la oportunidad de volver a España.
Aquella noche nos enteramos de la tragedia del camping de Biescas ya que ellos ven el canal internacional de TVE. *A Alina la conocimos, casualmente, a finales de junio de aquel año, vino de visita a Altea invitada por una familia que sabía de nuestro viaje a Rumania. Ellos nos presentaron y ella aceptó quedarse unos días en nuestra casa. Nos ayudó a diseñar el itinerario y quedamos en vernos en Bucarest.
MIÉRCOLES, 14 AGOSTO. BUCAREST.Alina tenía previsto el recorrido de su ciudad, se colgó su antigua tarjeta de "guía oficial" y nos mostró lo que consideró oportuno. El museo de la Aldea, el grandioso Parque de la Libertad, con viaje en barco por el lago incluido, el monumento a los caídos, el Patriarcado, donde el Patriarca de Rumania celebra la Pascua, el Palacio de los Metropolitas, la antigua iglesia ortodoxa Stavropoleos, un pequeño museo de arte costumbrista, la avenida Victoria,... Ignoro si actualmente se llamará todo igual.Posiblemente sin ella nosotros hubiéramos visitado algunos de estos monumentos, pero también nos hubiéramos perdido por otras zonas de la ciudad. Alina ejerció de "guía oficial" durante muchos veranos, habla muchos idiomas, y ahora lo hacía para nosotros, por tanto, no había que preocuparse del nº del bus, ni de llevar mapa para situarse...Comimos en casa lo que nos preparó su madre, hacía mucho calor.Por la tarde anduvimos sin parar otra vez durante horas, yo no podía caminar más, se me había roto una zapatilla, pero Alina insistía en que un taxi era demasiado caro (400pts era demasiado para su frágil economía, aunque ella es profesora de Física Cuántica en la Universidad de Bucarest). Por fin Satur insiste y después de comprar unas pizzas para la cena, tomamos uno para volver. Charlamos, reímos con ellos, nos acostamos muy tarde.Aquella noche decidimos que nos marcharíamos al día siguiente, porque no queríamos incordiar más.Deseábamos obsequiarles con algo pero no sabíamos qué les podía hacer falta. Les habíamos llevado desde España ropa de abrigo, aceite y unas botellas de vino. Compramos las pizzas para la cena porque dijeron que les gustaba la comida italiana, luego pensamos dejarles la comida enlatada que llevábamos en el coche y algunos dólares para la compra de su próximo billete de avión a España.
JUEVES, 15 AGOSTO. En el desayuno les confirmamos que nos marcharíamos después de comer.Salimos para despedirnos de la ciudad, visitamos un pequeño museo de pintura muy bonito y luego fuimos en busca de las maravillosas cremas Gerovital de la Doctora Aslam, compré 28 tarros, y anduvimos otro montón por el centro de Bucarest.Volvimos a la hora de comer, nos agasajaron con un rico SARMALE comida típica de Navidad, que resultó estupenda.El General Ionescu quería ver nuestro "coche casa" y convinimos llevarlo a la parte trasera de la casa para que pudiese verlo desde el balcón. Hacía varios años que no podía salir de casa porque tenía una pierna amputada.Se vistió con su uniforme de General para que le hiciésemos una foto y lo filmáramos con la cámara de video, luego salió al balcón a despedirnos... Después de cariñosos abrazos y miles de ¡GRACIAS! nos vamos, las despedidas siempre son tristes. Apenas dijimos nada en el camino hacia la frontera, pero estoy segura de que los dos pensábamos y sentíamos lo mismo, la tristeza que nos causaba ver a estas personas tan cultas, tan modernas a pesar de sus años, tan dinámicas, metidas en este pequeño "agujero" sin apenas aspiración posible. Deseamos, tanto como ellos, que cambie y avance este país.No sabemos a qué hora exacta llegamos a la cola, había muchos vehículos para pasar la frontera.Aquello era un poema, pero trágico. Los guardias tenían cara de niño y andaban con un arma a la espalda. Nos daba la impresión de poca seriedad y nos infundía poca confianza la situación, pues los chicos iban pidiendo cerveza de coche en coche.
Recordamos al General, allí debería estar él para poner orden en aquel caos.Un número indeterminado de gitanas quería vendernos "algo", algún guardia con gesto de "borrachín" nos pedía cerveza con insistencia, otros posibles funcionarios nos querían cobrar impuestos,...era curioso, todos querían dólares, hasta los funcionarios.Tuvimos que pagar varias "tasas de salida":1ª tasa: paso del puente que une a los dos países= 8$2ª tasa: ecológica = 5$3ª tasa: decimos que no entendemos y pasamos del funcionarioDespués de casi 4 horas, por fin, parece que nos toca, un soldadito nos indica que sigamos con gesto de rapidez, de repente, cuando ya caminaba el coche, otro señor más mayor, también uniformado, indica que paremos con semblante de pocos amigos, nos pide los pasaportes y nos llena de incertidumbre... Repetía ¿españolos?, ¿españolos? (la verdad es que españoles no había muchos en aquella frontera).Todavía pasaría un rato, que se nos hizo eterno, hasta que se dignó a atendernos, entonces se le ocurrió revisarnos el interior del coche, Satur bajó y abrió el portón trasero y repetía: "camping, camping", destapó el baúl donde llevamos los cacharros de cocina, el camping gas,... de repente aquel buen hombre nos devolvió los pasaportes y nos dejó marchar. Por suerte no nos pidió pagar otra tasa que era lo que intuíamos.Pasamos por el "Puente de la Amistad" cruzando el río Danubio que marca la frontera entre los dos países...
En el primer semáforo que paramos, un chaval se acercó a limpiarnos el cristal del coche y aunque le señalamos que no, él insistió y yo le dí un billete de 500 leis, me miró con gesto raro y no entendí entonces porque fue tan desagradable, luego, cuando calculé el importe de mi generosidad, me di cuenta de lo tacaña que soy, le había dado la friolera de 20pts, (0'12&eur
La cuidad es muy bonita y está limpia.Desde Cluj tomamos rumbo al norte, según convinimos con Alina, hacia Baia Mare, era tarde, la carretera ofrecía muchos obstáculos, iba empeorando y teníamos que digerir todo aquello tan extraordinario, por tanto lo mejor era buscar sitio donde pasar la noche. En cuanto tropezamos con la primera señal de camping paramos a preguntar, entendimos que la respuesta era sí y no lo pensamos dos veces: ¡nos quedamos!, era como un campamento de vacaciones para niños con instalaciones rudimentarias. La gente muy agradable, los niños, curiosos, nos atosigaban mirando el coche, nos decían todos los nombres de futbolistas de equipos españoles, nos pedían monedas, las dimos algunas y cuando descubrieron la de 25ptas que tenía un agujero se mondaban de la risa, hasta que un profe les llamó al orden. Yo pensé regalarles unos bolis que llevaba, pero no me atreví a abrir el maletero porque los críos me tenían totalmente rodeada y dada mi estatura no parecía recomendable.Por la noche hubo fiesta y nos hizo gracia verlos bailar "La Macarena", que aquel verano "arrasaba". Cenamos lo que nos trajeron: unas salchichas con patatas, pan y cerveza y nos obsequiaron con un licor muy fuerte.Esta noche fue muy especial, nos regalaron hospitalidad y atenciones a raudales. Los niños nos miraban como bichos raros, debe ser que no hay muchos turistas por allí y españoles menos. Lo cierto es que desde que salimos de Budapest no hemos visto ningún coche con matrícula española.Aquella noche dormimos en una nube.
SÁBADO, 10 AGOSTO. MARAMURES, ROMANIA.Cuando nos despertamos por la mañana buscamos la ducha pero no la encontramos... en su lugar había una pileta de agua, colectiva, que nos permitió darnos dos "chapotones" de agua fresca en la cara. La factura del camping era de 0 leis, en realidad los servicios también eran 0, pero les dimos las gracias como mejor supimos por su hospitalidad. Seguro que este camping lo recordaremos siempre como uno de los "mejores".Nos dirigimos a Baia Mare, la adrenalina comenzaba a subir. Visitamos el centro del pueblo, nos comimos unas tortas de perejil buenísimas en un puesto callejero.
Le dimos una propina a niño de rostro simpático que pedía y le compramos un refresco de limón. Estábamos en la zona de Maramures, de hecho, Baia Mare es el centro urbano mas importante. Es la región más pintoresca, colorida y folklórica que habíamos encontrado hasta el momento. Las casas no terminan nunca a lo largo de la carretera y la gente va y vuelve a sus quehaceres, sacar agua del pozo, llevar a la vaca, traer a la cabra, recoger hierba, hacer ganchillo y lana para vender como "souvenir", en fin, de lo más entretenido. Los puestos callejeros ofrecen frutas apetitosas, sandías, uvas, melocotones. Un tren nos obliga a detenernos por que pasa por mitad de un pueblo, sin barreras en el paso, aunque su velocidad tampoco era la del AVE precisamente. Hemos retrocedido unos cuantos lustros en la memoria de nuestra propia historia.Las casas están construidas con madera, con una ornamentación original, muy trabajada y colorida que nos llama mucho la atención. Y la madera es la protagonista de una iglesia que anduvimos buscando pueblo arriba, pueblo abajo, hasta que ¡por fin...! La verdad es que mereció la pena ver su interior, la señora que nos atendió no hacía más que señalar la falta de clavos, ni uno sólo según la guía, pero parecía casi imposible.En fin, estamos "embobaos", a mí se me pone un nudo en la garganta que no me deja articular palabra. No paro de grabar, me lo traería todo en la cámara de vídeo. ¡Cómo disfrutamos del espectáculo!Nos dirigimos hacia Sapanta, que se encuentra muy cerca de la frontera con Ucrania. Aquí hay que visitar un cementerio poco común: "el cementerio alegre" que ofrece una manera simpática de recordar a los que se marcharon. Con lápidas de madera pintadas de vivos colores y descripciones, en clave de humor, del personaje que allí yacía.
Comimos en Sighetui Marmatiei, según el libro de ruta: "menú único de carne con patatas, el sitio estaba limpio, era agradable y la tarifa barata".Seguíamos la ruta según lo previsto, bordeando la frontera ucraniana: ¡lástima no tener visado para entrar! El piloto que indica el combustible avisaba de vez en cuando, pero desde Borsa no vimos gasolinera alguna. Lo que sí vimos en aquella tarde de sábado, fue mucha gente en los alrededores de las iglesias, con trajes de fiesta. Las mujeres con blusa blanca y falda negra airosa, los hombres con camisa blanca y pantalón oscuro y muchas niñas con traje parecido a los de comunión, aunque no tan vistosos como aquí, a los niños no supe distinguirles bien su vestuario, no guardaban tanta uniformidad.Nos ha llamado mucho la atención la cantidad de iglesias en construcción que hay en toda la zona; en cada pueblo, por pequeño que sea, están levantando una iglesia. Todas con la misma forma y colorido, con unas vistosas cúpulas doradas y, ortodoxas, claro.Buscamos el camping de Vatra Dornei, un lujazo porque tenía agua caliente y la ducha se prometía estupenda después de la anterior. Estaba en lo alto de una colina verde, con casitas de madera muy coquetas y en un entorno muy pintoresco. Era un "hotel" con encanto y muchas estrellas... DOMINGO, 11 AGOSTO. DÍA DEL GASOILNuestra primera misión era repostar, puesto que andábamos con la reserva. El día que llamamos a Alina, nos advirtió que tuviésemos cuidado con el combustible, porque en televisión habían dicho que habría huelga de transporte. Lo cierto es que nunca pensamos que fuera tan grave la cosa.
En la primera estación de servicio que encontramos nos dijeron que no había gasoil y decidimos seguir por la ruta prevista. En la siguiente nos dijeron lo mismo, pero nuestra necesidad aumentaba, el nivel disminuía, empezamos a tomarnos el asunto en serio y a desanimarnos porque no avanzábamos y se escapaba el tiempo. Nos propusimos no pasar de la tercera sin que nos vendieran algunos litros para poder seguir. Yo puse cara de circunstancia y le eché teatro a la cosa con voz de súplica. Conseguimos 10 litros que pagamos caros y que agradecimos con miles de gracias. Pero esta cantidad no era suficiente, aunque nos ayudaría a llegar a la siguiente estación. Tuvimos suerte, porque la siguiente que encontramos nos llenó el depósito sin objetar nada. Parecía que todo volvía a la normalidad y después de este episodio seguimos la ruta prevista. Nos dirigimos al Monasterio de Moldovita, donde nos cobraron una tasa por entrar y otra por la cámara de fotos. Es sencillamente ALUCINANTE. Nos embobó de tal manera que el tema del gasóleo se nos olvidó de repente. De Moldovia nos fuimos a Suceava y visitamos el Monasterio Sucevita, posiblemente nos impactó menos porque acabábamos de ver el otro, pero es impresionante igualmente. El colorido de Las pinturas del exterior dejan boquiabierto a cualquiera, dentro asistimos a un acto "ortodoxo". El día se estaba enderezando.
Compramos unas cosillas en una tienda que encontramos a la salida: coca-cola, melón, 2 paquetes de galletas y patatas fritas.Cerca encontramos un hotel-restaurante y decidimos parar a comer, sólo había: -sopa, -cerdo con patatas fritas, -pepinos en vinagreta y cerveza, olvidaba reseñar que estaba todo acompañado con "poca limpieza", por llamarlo de una manera suave. A la salida de aquel "antro" nos encontramos a una anciana y una niña pidiendo y decidimos regalarles la compra. No mediamos palabra, pero no hizo falta, nos quedamos mal. Hacía unos momentos nos quejábamos de la comida y ahora nos sabíamos unos privilegiados. ¡Qué desgracia no poder comer!Seguimos dirección sur, en Tirgu Neamt visitamos su castillo, que según la guía era un monumento importante, nos costó subir por sus rampas empinadas, pero mereció la pena porque ofrecía unas bonitas vistas del valle. Gastamos la friolera de 100 leis (4pts) en mirar por un catalejo del siglo pasado o del anterior, muy divertido.Descendimos hacia el valle hasta llegar al Monasterio de Neamt, no muy lejos del pueblo.
No pagamos nada por entrar, pero comparado con los que vimos por la mañana este no ofrece casi nada. Es de muy reciente construcción, está muy cuidado y con muchas flores, fue en el único que vimos monjas. Muchas monjas vestidas de un negro radiante. ¡Ha surgido otra vez la vocación con fuerza!, ¿o será el hambre...?Fuera del recinto había varios puestos de venta, me he regalado un jarrón marrón de cerámica que parece madera, que me recordará, mientras exista, "el Monasterio de las monjas negras".Ya era tarde, no avanzamos mucho más, buscamos camping a la entrada de Piatra Neamt. En cuanto paramos y bajé a preguntar, ¡SORPRESA! no encuentro mi pasaporte. Miramos varias veces por todo el coche, volví a revisar el bolso: ¡NO ESTÁ!Nos pusimos un poco nerviosos. La gente del camping se portó de lo más... fueron muy amables, intentaron llamar al camping de Vatra Dornei, pero no hubo suerte. En honor a la verdad tengo que decir que aquella noche no dormimos ni mucho, ni bien, porque no sabíamos si estaría en el camping, o con tanto sube y baja del coche se me habría caído en alguna parte. Yo me veía ya en la embajada haciendo diligencias para volver.
LUNES, 12 AGOSTO. DÍA DEL PASAPORTE, CASI MARTES Y 13.La única misión que nos encomendamos para este día era encontrar el pasaporte. Madrugamos bastante, volveríamos por otra ruta que, según el mapa, era más corta, sólo 150kms separaban Piatra Neamt de Vatra Dornei. El camino era interminable, una carretera de cabras que impedía ir a más de 50-60kms/hora. Conforme nos acercábamos al pueblo nos subía la adrenalina, pero la suerte nos sonrió y ¡GUAY! allí estaba mi amado pasaporte. El camino de vuelta era el mismo, así que, muy aburrido porque se hacía eterno y en los 300kms extras gastamos el gasoil que tanto nos costó encontrar.De pronto aparecieron Las Gargantas del Bicaz. La carretera se empotró entre las piedras y se hizo casi un túnel natural de rocas rojizas encima de nosotros. En medio de la nada apareció un mercadillo pleno de vendedores y compradores. Los artículos que ofrecían los garantizaban como hechos a mano y no dudamos de su palabra, puesto que no podía ser de otra manera.Compramos algunas cosillas que nos llamaron la atención:Lápices de madera grandes, gorra y dos bolsos de piel, bandeja de madera decorada, águila de resina y flauta de madera.
Pasamos un rato de lo más entretenido, nos habíamos gastado un "pastón", la friolera de 69000 leis, 2800 pts. (unos 17&eur
Lo que de verdad le apetece, concluye, son unos huevos fritos en nuestro aceite de oliva. Justo cuando hablábamos de ello pasamos por una aldea donde se ve una especie de tienda, paramos, cojo el monedero y me dirijo a ella, efectivamente es un "hipermercado" del este europeo. No había en él más de 18-20 artículos, entre ellos: un cubo de zinc, dos latas de atún, un trozo de manteca de cerdo, media docena de vasos, una cazuela y dos jarritas de porcelana roja y blancas y, alguna cosa más, pero no veo huevos. La señora que lo atiende me deja mirar y se muestra solícita. Trato de explicarle a la atenta señora lo que quiero, por señas naturalmente (le hago la gallina), y con una amplia sonrisa me indica que espere, llama a un niño que juega en la calle y le dice algo, el niño cruza corriendo la calle y entra en una casa. Minutos después vuelve corriendo otra vez, habla con la señora y me señala extendiendo los dedos de la mano = 5, yo le había señalado antes 6. Le hago un gesto de aprobación y el niño vuelve a marcharse, luego viene acompañado de la vecina y de los 5 huevos, ¡DA!, me escribe en un papel la cifra de 1000 leis. Yo sé que aquellos son los huevos más caros que ha vendido en su vida, pero a mi no me importa porque yo puedo pagarlos, ¡los caprichos son caros!Vuelvo en busca de Satur, que me espera, aparcado, un poco más adelante, está acompañado de un señor mayor que observa embobado el coche, le da palmadas en el hombro de cordialidad y cuando me acerco me tiende su mano, yo le devuelvo el saludo tendiéndole la mía y me sorprende con el "besamanos" que ya creíamos en desuso.
Fue un bonito episodio, tierno, de gente auténtica.Seguimos camino de Brasov. Nuestra intención era visitar la estación de esquí Poianha, que según nuestra información era muy "atómica", ni siquiera entramos en la ciudad, seguimos los indicadores que nos conducían a ella. Evidentemente no había nieve y tampoco había ambiente, de los 4 hoteles que hay, 2 estaban cerrados, el restaurante estaba custodiado por una señora con gesto desagradable que dijo alguna estupidez, lo dedujimos por su semblante, y nos sentimos invitados a marchar en busca de mejor alojamiento. Tuvimos que llegar hasta Risnov, a 15km donde había un camping.Dispusimos todo para freír los huevos, después de derramar el aceite y buscar refugio que no apagara el fuego, lo logramos y por fin Satur pudo culminar su "capricho".
MARTES, 13 AGOSTO. Encuentro con la Familia IONESCU.Nos levantamos pronto, nos vamos al aseo porque suponíamos que habría cola para la ducha, ya que sólo había una, pero sorprende que no sea así. Yo me cojo mi toalla, mi bolsa de aseo y me dispongo a tomar una duchita, no tengo competencia pero me siento observada por las mujeres que se concentran en los descuidados aseos. Descubro pronto el motivo, no era mi desnudez, es que ¡NO HAY AGUA CALIENTE!, y la que sale está como el mismísimo hielo. No era nada agradable pero yo me tenía que duchar.A Satur le pasó lo mismo, luego nos reímos de nuestra suerte.Volvemos a Brasov, el centro de la ciudad resulta estar muy recogidito: la plaza de la iglesia negra, una larga calle peatonal donde está el comercio, oficinas, todo muy limpio y muy agradable. Desde una oficina de telefónica llamamos al personal y también a Alina, nos dijo que tenía todo dispuesto y nos esperaban hacía días. Decidimos aligerar la marcha para llegar pronto a Bucarest. Antes de abandonar la ciudad, en las afueras, nos hemos topado con un Macdonald´s, un lujo de aseos y limpieza en esta zona, decidimos parar a comer, la tarifa es cara y nos parece que no esté al alcance de todo el mundo, pero hace poco que lo han abierto y hay bastante gente.En el camino, al pasar por Sinaia paramos a visitar el Castillo de Péles, pero no fue posible porque lunes y martes está cerrado por descanso. Lo que pudimos ver del exterior nos pareció muy bonito, accedimos a los jardines tras "donar" una propina al guardia.Luego supimos que en aquel castillo, que Chauchescu se adjudicó como residencia de vacaciones con fuertes medidas de seguridad, trabajó el General Alexandro Ionescu (padre de Alina) como Jefe de la Guardia Real antes de la Guerra, en Rumania reinaba entonces "Carlos I".Alina pretendía salir hasta las inmediaciones del aeropuerto para esperarnos porque temía que nos perdiéramos en la ciudad...
Contábamos con un mapa de Bucarest que nos remitieron de su embajada y el desafío no era mayor que en cualquier otra ciudad europea de las que ya hemos visitado. Lo que teníamos claro es que debíamos de llegar a media tarde para que nos sobrara luz del día y, porque en caso de tener que preguntar a la gente, nos proporciona más tranquilidad.Había transito, como en todas las ciudades grandes, pero nos situamos pronto en una gran avenida. La cosa se complicó un poco ya en la zona próxima a su casa, donde tuve que bajar a preguntar en varias ocasiones, mapa en mano; luego aparcamos el coche y buscamos a pie, estábamos justo frente a su casa. Sentimos una gran alegría cuando descubrimos que nos encontrábamos en la Avenida 13 de Septembrie, nº 101, Bloque 97.El recibimiento fue grandioso, el General Ionescu se había vestido con el traje de gala para la ocasión, nos impresionó verlo, mamá Gabriela nos estaba esperando abajo en la calle, se mostró tan cariñosa que parecía conocernos desde siempre. Nos dispensaron una cordialidad y mostraron tal entusiasmo que nos sorprendió gratamente. Se molestaron en prepararlo todo minuciosamente, buscaron el patio de la casa de un vecino para guardar el coche, nos hospedaron en su casa, nos prepararon los mejores manjares, comidas típicas muy laboriosas y muy caras para su frágil economía...¡EMOCIÓN!, creo que este es el término justo que encuadra lo que sentimos Satur y yo con su hospitalidad, su generosidad y el cariño que la Familia IONESCU nos regaló. En fin, no se si podremos pagar sus atenciones y su bondad para con nosotros; lo intentaremos devolviendo la hospitalidad, en la medida que nos sea posible, a Alina cuando tenga la oportunidad de volver a España.
Aquella noche nos enteramos de la tragedia del camping de Biescas ya que ellos ven el canal internacional de TVE. *A Alina la conocimos, casualmente, a finales de junio de aquel año, vino de visita a Altea invitada por una familia que sabía de nuestro viaje a Rumania. Ellos nos presentaron y ella aceptó quedarse unos días en nuestra casa. Nos ayudó a diseñar el itinerario y quedamos en vernos en Bucarest.
MIÉRCOLES, 14 AGOSTO. BUCAREST.Alina tenía previsto el recorrido de su ciudad, se colgó su antigua tarjeta de "guía oficial" y nos mostró lo que consideró oportuno. El museo de la Aldea, el grandioso Parque de la Libertad, con viaje en barco por el lago incluido, el monumento a los caídos, el Patriarcado, donde el Patriarca de Rumania celebra la Pascua, el Palacio de los Metropolitas, la antigua iglesia ortodoxa Stavropoleos, un pequeño museo de arte costumbrista, la avenida Victoria,... Ignoro si actualmente se llamará todo igual.Posiblemente sin ella nosotros hubiéramos visitado algunos de estos monumentos, pero también nos hubiéramos perdido por otras zonas de la ciudad. Alina ejerció de "guía oficial" durante muchos veranos, habla muchos idiomas, y ahora lo hacía para nosotros, por tanto, no había que preocuparse del nº del bus, ni de llevar mapa para situarse...Comimos en casa lo que nos preparó su madre, hacía mucho calor.Por la tarde anduvimos sin parar otra vez durante horas, yo no podía caminar más, se me había roto una zapatilla, pero Alina insistía en que un taxi era demasiado caro (400pts era demasiado para su frágil economía, aunque ella es profesora de Física Cuántica en la Universidad de Bucarest). Por fin Satur insiste y después de comprar unas pizzas para la cena, tomamos uno para volver. Charlamos, reímos con ellos, nos acostamos muy tarde.Aquella noche decidimos que nos marcharíamos al día siguiente, porque no queríamos incordiar más.Deseábamos obsequiarles con algo pero no sabíamos qué les podía hacer falta. Les habíamos llevado desde España ropa de abrigo, aceite y unas botellas de vino. Compramos las pizzas para la cena porque dijeron que les gustaba la comida italiana, luego pensamos dejarles la comida enlatada que llevábamos en el coche y algunos dólares para la compra de su próximo billete de avión a España.
JUEVES, 15 AGOSTO. En el desayuno les confirmamos que nos marcharíamos después de comer.Salimos para despedirnos de la ciudad, visitamos un pequeño museo de pintura muy bonito y luego fuimos en busca de las maravillosas cremas Gerovital de la Doctora Aslam, compré 28 tarros, y anduvimos otro montón por el centro de Bucarest.Volvimos a la hora de comer, nos agasajaron con un rico SARMALE comida típica de Navidad, que resultó estupenda.El General Ionescu quería ver nuestro "coche casa" y convinimos llevarlo a la parte trasera de la casa para que pudiese verlo desde el balcón. Hacía varios años que no podía salir de casa porque tenía una pierna amputada.Se vistió con su uniforme de General para que le hiciésemos una foto y lo filmáramos con la cámara de video, luego salió al balcón a despedirnos... Después de cariñosos abrazos y miles de ¡GRACIAS! nos vamos, las despedidas siempre son tristes. Apenas dijimos nada en el camino hacia la frontera, pero estoy segura de que los dos pensábamos y sentíamos lo mismo, la tristeza que nos causaba ver a estas personas tan cultas, tan modernas a pesar de sus años, tan dinámicas, metidas en este pequeño "agujero" sin apenas aspiración posible. Deseamos, tanto como ellos, que cambie y avance este país.No sabemos a qué hora exacta llegamos a la cola, había muchos vehículos para pasar la frontera.Aquello era un poema, pero trágico. Los guardias tenían cara de niño y andaban con un arma a la espalda. Nos daba la impresión de poca seriedad y nos infundía poca confianza la situación, pues los chicos iban pidiendo cerveza de coche en coche.
Recordamos al General, allí debería estar él para poner orden en aquel caos.Un número indeterminado de gitanas quería vendernos "algo", algún guardia con gesto de "borrachín" nos pedía cerveza con insistencia, otros posibles funcionarios nos querían cobrar impuestos,...era curioso, todos querían dólares, hasta los funcionarios.Tuvimos que pagar varias "tasas de salida":1ª tasa: paso del puente que une a los dos países= 8$2ª tasa: ecológica = 5$3ª tasa: decimos que no entendemos y pasamos del funcionarioDespués de casi 4 horas, por fin, parece que nos toca, un soldadito nos indica que sigamos con gesto de rapidez, de repente, cuando ya caminaba el coche, otro señor más mayor, también uniformado, indica que paremos con semblante de pocos amigos, nos pide los pasaportes y nos llena de incertidumbre... Repetía ¿españolos?, ¿españolos? (la verdad es que españoles no había muchos en aquella frontera).Todavía pasaría un rato, que se nos hizo eterno, hasta que se dignó a atendernos, entonces se le ocurrió revisarnos el interior del coche, Satur bajó y abrió el portón trasero y repetía: "camping, camping", destapó el baúl donde llevamos los cacharros de cocina, el camping gas,... de repente aquel buen hombre nos devolvió los pasaportes y nos dejó marchar. Por suerte no nos pidió pagar otra tasa que era lo que intuíamos.Pasamos por el "Puente de la Amistad" cruzando el río Danubio que marca la frontera entre los dos países...
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