Peregrinación a Röcken

Escribe: Elena-Calvo
Mi viaje a Weimar, no era fortuito: queda cerca de Röcken, la patria de Nietzsche. Llegué el viernes por la tarde y el miércoles siguiente partiría a Koblenz. Tomando en cuenta que los lunes los museos están cerrados, mi tiempo para conocer Weimar, visitar Röcken y Naumburg era muy limitado. El sábado la pasé con dolor de cabeza, para colmo... Así que decidí ir a Röcken el domingo. ¡Hubiera sabido!...

 

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Capítulo 1

Röcken, el pueblo invisible

Röcken, Alemania — domingo, 23 de enero de 2011

Este pueblo perdido, es tan pequeño que ni la gente de los pueblos vecinos sabe ubicarlo. Tampoco es fácil llegar en transporte público. Tenía que  ir de Weimar a Weissenfels en Tren, luego a pie buscar una calle llamada Leipziger Strasse, ahí tomar un bus a Lutzen y de Lutzen tomar otro a Röcken. Lo que yo no sabía es que los domingos no había bus a Lutzen.

Ya era meritorio haber encontrado la tal calle Leipziger, pero llevaba ahí media hora congelándome cuando pregunté a unos transeuntes que me contestaron que no sabían de ningún bus que pasara ahí los domingos. Me dijeron que Röcken quedaba a 5 km de ahí, (qué dicha que no les hice caso, porque ¡queda mínimo a 12km!)
Me devolví al centro de Weissenfels y pregunté a la encargada del café en la estación de buses por como llegar a Röcken. ¡Ella no sabía qué era Röcken!!! (y eso que se lo escribí). Luego de buscar en una guía me dijo que solo podía ir en taxi. Después de darle muchas vueltas, decidí tomar el taxi. Que me estafó, pues me dijo que eran 20 km y me cobró 20 euros por el viaje. No hablaba inglés así que nuestro entendimiento era muy limitado (de hecho nadie de ahí lo hablaba). Le pregunté al taxista cómo llegar de vuelta y me dijo que tendría que llamarlo, porque en Röcken no había taxis. Este pueblo consta de unas cuantas casas (máximo 10) y una iglesia. ¡Ni una tienda, ni un teléfono público!
Llegué a los lugares sagrados y... lo primero que hice fue buscar un baño

Luego entré en el museo. Era pequeño, casi no había objetos, solo fotos y estands y gráficos y explicaciones: ¡todo en alemán! No entendí nada y salí algo frustrada. Pero lo que había afuera me recompensó con creces: ahí estaban las tumbas de Friedrich, Elizabeth  y de su familia y al lado la de la familia Burkhardt, Jakob Burkhardt, fue un historiador famoso, colega y amigo de Nietzsche y, aunque al final de su vida los dos ya no se entendían, Burkardt siempre conservó su cariño por su joven examigo. Tanto que su familia quiso ser enterrada al lado de Nietzsche.

Después de sacarme un montón de autofotos, entré en la iglesia que otrora fue administrada por el padre de Nietzsche, la iglesia en la que Karl Ludwig, con lágrimas en los ojos le ofreció a Dios a su pequeño hijo, ese mismo diría años más tarde que "Dios ha muerto". Sin embargo, tal vez sea ese gesto en esa pequeña iglesia, el que marcó de por vida el pensamiento de Nietzsche e hizo que, a pesar de ser un ateo, en la forma de expresarlo siempre conservó un matiz religioso.
La iglesia que aún se usa para servicios religiosos, es pequeña y muy sencilla, por el frío intenso y el olor a antigüedad, más bien parece un zaguán o una bodega. Me subí hasta el órgano, incluso hubiera podido subir al campanario: nadie custodiaba la iglesia.

Exploré los alrededores y encontré un monumento a Nietzsche. Es un grupo de estátuas representando una foto de Friedrich con su madre y dos Nietzsches desnudos, con solo un sombrero cubriéndoles el sexo. De hecho el "monumento" me parece muy grotesco y algo ofensivo, pero creo que Zaratustra lo hubiera aceptado. Yo aproveché la oportunidad de tomar del brazo a mi filósofo favorito.


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