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Marruecos: una gran sorpresa

Escribe: Sulis
Cada año intentamos viajar a un lugar del mundo que nos atraiga. Este año la decisión de ir a Marruecos no fue solo tomada por el hecho de ser un pais desconocido para nosotros sino también porque deseabamos viajar a un lugar cercano que al mismo tiempo tuviera una cultura diferente a la nuestra. La realidad es que aunque por un lado nos apetecía viajar allí, por el otro las diversas experiencias en otros paises islámicos hacían que nos cuestionáramos si Marruecos nos gustaría.

 

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Rissani y Erg Chebbi

Rissani, Marruecos — jueves, 1 de octubre de 2009

Empezamos el día y nos dirigimos a Rissani para pasear por su peculiar mercado, lleno de frutas, dátiles y especias que dan gran colorido  al paisaje,  nos llamaron la atención sus sorprendentes carnicerías que pese al calor están al aire libre y vimos un curioso parking de burros, que es el medio en el cual muchos de ellos se mueven. Cada octubre se celebra la fiesta de los dátiles pero por desgracia  no pudimos disfrutarla ya que se celebraba unos días después de nuestro paso por allí. 

El calor de octubre no es tan fuerte como el del verano, sin embargo nos apetecía tomar algo y Mustapha nos llevó a un de sus bares. Mientras  bebíamos  algo Mustapha fue a buscar una pizza bereber: pasta rellena de carne especiada,  estaba muy sabrosa y  era suculenta.  Nuestro guía  nos  dijo  que la comeríamos en el desierto y como la imaginación del ser humano es muy vívida pensamos que lo haríamos en un palmeral pero cual fué nuestra sorpresa que después de varios kilómetro sin ver ni un arbusto descubrimos uno, y bajo su pequeña sombra nos apiñamos para disfrutar de la pizza bereber.  

Volvimos a "les caravanes" , otro albergue del lugar,   absolutamente sedientos, creo que nos bebimos casi una botella de agua de 1 y 1/2 por persona.   Al final de la tarde, cuando ya el sol no quemaba tanto,  nos subimos a los dromedarios para que estos nos adentrarán en el desierto  y durante 1 hora estuvimos "cabalgando" en ellos para al fin, un poco antes de la puesta de sol, llegar a las haimas en donde ibamos a pasar la noche. El silencio y la tranquilidad que destila el desierto, así como el humo de una buena "xisha",  hicieron que la puesta de sol fuera, si cabe, aun más maravillosa que la que habíamos visto el día anterior. Disfrutamos de una cena estupenda y de nuevo salimos a contemplar el cielo del desierto. Faltaba un día para la luna llena por lo que si bien no pudimos ver tantas estrellas  como esperábamos , si pudimos contemplar un desierto iluminado por la fantasmagórica luz de este astro. 

Curiosamente y aunque no teníamos tantas comodidades como en  nuestra casa dormimos plácidamente. La tranquilidad nos inundaba y sentiamos como nuestro cuerpo y nuestra mente estaban en pleno equilibrio. Hay que decir que este plácido sueño se vió roto cuando uno de los camellos, vino junto nuestra tienda  a visitarnos con el consiguiente susto  que nos llevamos ... a pesar del sustito seguimos durmiendo como lirones.

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