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Crónica de un viaje a La Guajira
Escribe: lomome
Al parecer el agüero del 31 de diciembre de salir a media noche con las maletas a la cuadra funciona ya que iniciamos la primera semana del año viajando a la hermosa y deslumbrante Guajira....
Crónica de un viaje a La Guajira
Riohacha, Colombia — domingo, 27 de enero de 2008
Todo empezó con un sueño, visitar a la Guajira, conocer y adentrarnos en su cultura y ancestros, legado cultural y patrimonio de nuestro país. Y como tanta belleza fue cierta a través de esta crónica quiero narrarles lo que fue esta experiencia única e irrepetible en la travesía a la Guajira.
Rumbo a nuestro primer destino Valledupar - César, al cual llegamos a las 9:30 a.m. aprox. después de varias paradas. Durante este recorrido pasamos por: Villeta, Guaduas, Honda, Dorada, Puerto Salgar, Puerto Boyacá, Puerto Olaya, Puerto Araujo, San Alberto, San Martín, Pelaya, Agua Chica, Méndez, San Fernando, Pailitas, Curumani, Bosconia, y finalmente llegamos a Valledupar.
Valledupar, sus vallenatos y acordeones y su gente linda hace del César un viaje inolvidable digno de repetir. Nuestra visita al río Guatapurí fue un magnífico escenario de agua dulce al son de su música. Las aguas cristalinas de Guatapurí dejaban apreciar grupos de peces pequeños y grandes que junto a nosotros se chapuceaban en este delicioso río de agua fresca.
Dejando atrás Valledupar y siendo las 10:00 a.m. nos dirigimos a nuestro tan anhelado encuentro con la cultura Wayúu y su Guajira en esplendor. Pasamos por La Paz, La Jagua De Erbirico Urubita, San Juan Del Cesar, Distracción, Fonseca, La Estación y Riohacha. Nuestro arribo a Riohacha fue alrededor del mediodía, un sol abrasador nos da la bienvenida. Ya estando al frente del malecón apreciando el mar de nuestra costa caribeña después de 18 horas de viaje por carretera, tenemos al imponente mar azul, son 1.121 km. los que nos separan de Bogotá.
Una vez estando ahí nos dirigimos hacia la ranchería del Dividivi en donde degustamos un delicioso plato típico de allá, el chivo. Después como cierre de esta visita pudimos presenciar y apreciar el baile de chichamaya, el cual es realizado como un acto representativo de la cultura Wayuu.
Este baile es realizado una vez la niña sale del encierro cuando pasa a ser mujer y debe demostrar su destreza. El baile es armonizado por un sonoro tambor al cual al ritmo de este bailan las niñas hasta que caiga el hombre con el cual se casarán. No podíamos dejar pasar esta oportunidad para también vestirnos como ellas y tratar de bailar el mismo ritmo. Nos pintaron nuestras caras con guricha un mineral que representa alegría y les sirve para protegerse del sol.
Dejando atrás esta ranchería siendo las 3:00p.m. nuestro rumbo era el Cabo de la Vela, nuestro tan anhelado punto turístico a conocer y confirmar si todo lo que se ha escuchado del mismo era cierto.
Todos estabamos ansiosos sin lugar a duda, sabíamos que el viaje iba a ser largo, nos esperaban aproximadamente 5 horas de viaje, de las cuales gran parte era por carretera destapada, sin señales, sin luz y hasta sin compañía desierto adentro. En cuatro vías usualmente se alquilan las camionetas 4x4 para atravesar el desierto, tienen un costo de $500.000 el recorrido.
Así fue, iniciamos nuestra travesía hacia el Cabo de la Vela, a las 6:00p.m. antes de entrar a la última tienda/gasolineria del camino, que me llamó la atención por cobrar $ 1.000 la entrada a un baño rústico y mal oliente, desde ese momento caí en cuenta que el agua para ellos es un recurso muy valioso y apreciado, desde ahí, empezamos a apreciar la importancia de cuidarla y valorarla como es. Definitivamente su escasez nos afecta a todos ante todo por el baño, en el Cabo de la Vela, tienes que pagar el agua que utilices, $1.000 el balde pequeño y $ 2.000 el grande, si no cargar bolsas de agua dulce así sea para bañarse la boca.
Fuertes vientos nos acompañaron durante nuestra estadia allí, cosa que hace este inhóspito lugar frío en las noches lo que amerita un buen saco y cobija para dormir al aire libre en las hamacas, que es lo típico allí. Arena hay por todo lado, dado que el viento la trae del desierto, de la Alta Guajira.
Llegamos finalmente después de algunas perdidas, como les decía antes no hay señales, ni guías en el camino y en medio de la oscuridad, los caminos parecen ser el mismo, siendo las 8:00 p.m. finalmente llegamos al Cabo de la Vela. Se llamo así porque los españoles a su llegada divisaron como si una vela estuviera allí derramando su esperma a este extremo de la Costa.
El cabo de la Vela es conocido por los indígenas como el Camino de las Almas, por donde los espíritus de los guajiros inician su camino después de la muerte hacia lo desconocido.
En esta población habitan aproximadamente 500 indígenas Wayuu, en el pueblo sólo hay una vía principal, a la entrada del pueblo tenemos un puesto de Policía, un Centro de Salud, una tienda de víveres, la Alcaldía, una pequeña Iglesia, y un sin fin de hoteles que ofrecen hospedaje en camas, en hamacas y chinchorros, los más exclusivos incluyen habitaciones con baño privado, las demás compartido.
A la ranchería donde llegamos, la matrona nos ofreció hamacas en un sitio al frente del mar, este lugar tenía una pared y un techo de paja. Allí reposaban una junto a la otra nuestras hamacas para esa noche.
La primera noche fue larga, el ronquido del vecino, el viento que mecía la hamaca, el ruido de las olas del mar, el frío nos abrazaba en una noche estrellada, donde era muy claro observar las estrellas y su constelación.
Era una noche hermosa, mi primera noche en la Guajira, en el Cabo de la Vela, la naturaleza y ese hermoso paisaje nos daba la bienvenida, gracias Guajira, nunca la olvidaré.
Lo mas fascinante fue ver el amanecer, la salida del sol en ese desierto, como fiel compañero ese inmenso mar, azul profundo que no tiene fin, que magnifico escenario. El sol tocaba sus tibias aguas haciendo un reflejo detonante, a lo lejos también participan unas lindas aves que nos saludaban esa mañana.
Esa mañana después del desayuno nos dirigimos hacia el Pilón de Azúcar en la Bahía Portete, el cual desde lo lejos se puede apreciar el porque lleva su nombre. El escenario es único, por un lado los acantilados sobre la línea costera sobre el mar Caribe, las playas de arena blanca y por el otro una zona desértica rodeada de oasis adornados con cactus de diferentes formas y tamaños, esto acompañado de fuertes vientos. Estando allí en la cima del Pilón de Azúcar tenemos una vista esplendorosa donde se puede divisar el Cabo de cabo a rabo en su extensión.
El agua generalmente es obtenida de casimbas o pozos y aljibes, los Wayuu son una sociedad matriarcal, habitan el departamento de la Guajira en Colombia y en el estado de Zulia en Venezuela.
Estando allí nos bañamos en Playa Dorada, playa de agua cristalina, que formaba diferentes tonalidades de colores azul, aguamarina y verde de ensueño. La arena era como un tapete de color gris, el mar a su orilla nos dejaba regalos traídos de su profundidad en forma de conchitas y caracoles.
Ese día 5 de enero de 2008, en la tarde visitamos el "Faro" un observador único en su especie, desde el cual contemplamos el mejor atardecer que mis ojos hayan contemplado, el sol se ocultaba, de un color amarillo, naranja intenso que se hundía entre el mar despidiéndose de nosotros y dándole la entrada a una oscuridad iluminada por muchos astros incandescentes, siendo testigo de este espectáculo la Luna silenciosa.
El viento traía voces del mar, de historias de indios, piratas y conquistadores de otros mundos y nos acarician la piel corriendo arena sin parar, en medio de ese silencio todo era abrumador y contemplativo, todo en el desierto es de otro mundo, lejos del mundanal ruido, de los trancones, del bullicio de las grandes avenidas, estamos en un lugar apartado y porque no decir lejos de todo hasta de la civilización.
Un Wayuu nos contó entre otras cosas la leyenda de 3 hermanos que huían con su abuela madre del Cabo, a quienes se les advirtió de no volver su mirada atrás mientras salían. Uno de ellos quien fue distraído en el camino incumplió esa recomendación siendo el primero en devolver su mirada atrás quedando así convertido en el Pilón de Azúcar. El segundo al ver que su hermano no lo alcanzaba miró hacia atrás y se convirtió en el Cerro del Parque La Macuira y el tercero a quien le pasó lo mismo se convirtió en el Cerro de la Teta.
Al día siguiente salimos atravesando de nuevo ese gran desierto pasando por el Parque Eólico "Jepirachi" con sus imponentes hélices gigantes movidas por el viento de origen alemán y con estremecedores retenes de niños Wayuu, que nos sorprendían e impedían nuestro paso sin antes no dejarles algo a cambio, fueron muchos los retenes de niños que salieron a pedir cualquier cosa, fueron 3 horas aproximadamente de nuestro regreso a la ciudad de Uribia, cuna indígena de la Guajira. Que inocentes caritas Wayuu y que tristeza a su vez, que salen al encuentro de cualquier caminante a cambio de una esperanza de dinero o ayuda para sus humildes vidas.
El pueblo Wayuu es uno de los pueblos Arawak que lograron escaparse de la voraz y arrazadora conquista española en la época del siglo XVI dado que las duras condiciones ambientales del desierto les sirvió como refugio a los Wayuu.
Ellos viven del pastoreo, en especial de cabras o chivos, dado que tener un buen número de estas especies les da prestigio. Intercambian chivos para sellar alianzas matrimoniales, como derecho sobre una descendencia entre otros fines. Aunque también se dedican a la pesca, el comercio, la producción textil tradicional, en las minas de carbón del Cerrejón, explotaciones de talco y dividivi y muy recientemente el turismo.
Es una sociedad matrilineal organizada en clanes en donde sobresale un palabrero, según la sangre, el tío materno es quien ejerce la autoridad. Como dato curioso cada hombre puede tener varias mujeres, esto de manera oficial. Antes de cada matrimonio se hace un acuerdo del número de chivos y joyas a entregar a cambio de la mujer. Habitan en rancherías (piichipala o miichipala) pequeñas comunidades distantes unas a otras, conformadas por agrupaciones de parientes cercanas al clan.
El clima que encontramos allí es tropical de desierto se caracteriza por sus elevadas temperaturas es la región menos lluviosa de Colombia, por su ubicación la Guajira este frente a los vientos Alisios del noreste (a Barlovento), los cuales al absorber la humedad ambiental y no encontrar a su paso barrera montañosas donde depositarla, resecan la tierra, por eso a nuestro paso solo pudimos observar plantas xerófilas o raquíticas, como cactus, cados y espinos.
Donde nos encontramos era en la Baja Guajira, tierra plana, comprendida entre el río Ranchería y el Cabo de la Vela, árida, de vegetación raquítica y pocos cultivos. La Alta Guajira continental esta con limites con los departamentos de Cesar y Magdalena. Fue una lastima no poder visitar las minas de El Cerrejón que quedaban a solo 150 km. del puerto en Bahía Portete. Nuestro carbón tiene un bajo contenido de cenizas y azufre y tiene un alto poder calorífico. Una ventaja grande que tenemos es tener una mejor distancia mina-puerto y puerto -mercado.
Tenemos un ferrocarril que viaja casi en línea recta 150 km. Y luego de recorrer esta pequeña parte de extensión de la Guajira que en su totalidad es de 20.180 Km., nos dirigimos hacia el Magdalena, hacia la encantadora Santa Marta de atardeceres naranja, hasta nuestro final regreso a Bogotá después de 9 días de recorrido.
Bueno con un poco de historia y datos curiosos me despido de todos los viajeros invitándolos para que visiten este hermoso lugar de colores característicos como son el blanco por su sal, el negro por su carbón y el azul profundo de sus mares.
LorenaM
Viajeros.com
Ene de 2008
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Publicado |
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Últimos comentarios
misney dice:
ESTA LINDO Y BELLO TU DIARIO CUANDO VUELVES PODRIAS INVITARME'
SALUDOS DESDE VENEZUELA
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