Diarios de viaje > América del Sur

Malvinas, una semana en Stanley

Escribe: Estebanvg
Viaje a Puerto Stanley en diciembre de 2007. Siete días en la pequeña y extraña ciudad inglesa clavada en las Islas. Llegué a Stanley. Esperar el avión fue raro, abordarlo fue raro, sentarme al lado de una inglesa y su hijito de un año que no paraba de gritar y llorar in english.

 

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Final

Río Gallegos, Argentina — domingo, 16 de diciembre de 2007

Ahora sí, se terminó. El Aeropuerto Internacional de Río Gallegos es otra vez un desierto. A las siete de la tarde llega un vuelo de Buenos Aires, hasta entonces los asientos están vacíos igual que los mostradores, los negocios y el bar. Mi avión despega recién a la una treinta de la mañana, tengo tiempo, cerca de ocho horas para hacer nada. Nada más que esperar, pensar, revisar y volver a recorrer los días que pasaron. La noche en que llegué con mí hermano a este mismo lugar aparece en mi memoria a una distancia mucho mayor que la de las escasas dos semanas que la separan del presente. Será que pasaron muchas cosas en poco tiempo. Esas islas de mierda tienen algo, me decía el chileno periodista. Y si para vos tienen algo no te imaginás para mí, le respondí. Y yo no me imaginaba tampoco lo que quería decir este viaje, lo dije muchas veces. No sabía qué me tiraba a ir para allá, un lugar que desde el principio se veía lejano, un tanto inhóspito, quizás agresivo o, por lo menos, no demasiado contento de recibir a alguien que nació en la costa que está enfrente, tan cerca. Todo eso es verdad. Es lejos, mucho más por la nula comunicación con el país que por los kilómetros. Es inhóspito, basta con ver una foto de casi cualquier pedazo de las islas. De las piedras, de los pastos y de la cantidad de kilómetros sólo habitados por ovejas. Y es un tanto agresivo. Una parte de la población no quiere saber nada con argentinos. Por el escaso acceso a su forma de pensar que pude obtener parecen estar esperando que un gesto de desagravio parta de nuestro país por la ocupación del ochenta y dos pero más allá de eso no hay vuelta atrás con el sentimiento, nos odian. Dicen que es sólo la parte menos instruida de la población, en el Lookout Lodge viven muchos de ellos. Recién lo supe el día que me iba, los pocos con los que hablé ahí creyeron que era chileno. Si no, otro hubiera sido el trato. El resto de los habitantes de las islas entiende un poco mejor la historia y muchos hablan castellano. Más que nada las personas más grandes. Antes de Galtieri solían venir a estudiar al país, el intercambio era fluido. LADE volaba seguido y frente a Stanley se ven dos depósitos abandonados que muestran los rastros de YPF. No los usan, no sé si porque no sirven o porque fueron hechos por argentinos.

Es entendible la ira, vivían en un lugar que de pronto se transformó en un campo de batalla que cambió sus vidas para siempre. Lo cierto es que las cambió para mucho mejor pero no debe ser sencillo saber que a kilómetros de casa está plantado un ejercito, que el rival está en camino y escuchar los tiros, las bombas, ver pasar los aviones. Isleños que vivían en Malvinas en esa época dicen que temían a la reacción inglesa, creían que podía sobrevenir un vendaval militar que se cargase a los argentinos pero a ellos también. Ese pensamiento muestra bien claro el abandono por parte de Inglaterra, la total ignorancia -anterior a la guerra- de los británicos hacia esos pedacitos de tierra y que el camino para hacerlas argentinas -si es que hubo uno- era intensificando ese intercambio. Ahora la historia es otra, no hay manera de volver atrás.

El pensamiento que comparten, los que nos odian y los que no, se resume en una frase que un isleño le dijo a un periodista argentino que viajó hace un tiempo. "Nos molesta que nos vengan a decir que esta tierra no es nuestra". Clarísimo e irrefutable. Esa tierra es de ellos, de los que hace mucho, pero mucho tiempo viven y trabajan ahí. No hay dudas. Es parte de la lógica de la historia de esta raza. Los territorios se apropian a sangre y fuego y se sostienen asentando poblaciones. Si así no fuera los reclamos Mapuches, o del pueblo originario que fuere, no deberían ser por una porción de tierra sino por la nación toda. Y México terminaría mucho más al norte, y Paraguay mucho más para todos lados, y Bolivia llegaría al mar que tanto reclama y sobran los ejemplos. Es parte de esa idea de la expansión por medio de la fuerza y la insistencia. Jamás se dio a cada país lo que le convenía o lo que resultaba más justo -una idea por demás subjetiva-. No hay mucho más que decir al respecto.

Pero me quedó bien claro que mi relación con Malvinas no tiene nada que ver con eso, con un fervor patriotero de ir a conocer un espacio que este planeta, siempre tan vil contra nosotros, nos ha expropiado. Nada que ver. Creo que me lo pude explicar bastante claro. Esa cercanía tan extraña encontró su motivo cuando me senté en la habitación de Shorty con esos veteranos que no entendían qué era lo que estaba buscando. Entonces, preguntaron. Entonces, ensayé una respuesta pero me quedé pensando y me fui al Lodge, me acosté y pasé larguísimas horas dando vueltas a lo que había dicho y respondiéndome otra vez la pregunta que me hicieron. Acomodé muchas cosas y descubrí muchas otras. Un día después, cuando volví a entrar a Shorty, mis ideas habían mutado bastante. Ahí escuché los primeros relatos de los momentos en que encontraron sus posiciones. Dijeron que el lugar estaba cambiado, muy distinto. Hasta que fueron encontrando los lugares en que habían estado y desde esas ubicaciones empezaron a reconocer el entorno. Y lloraron, y gritaron. Dijeron haber estado eufóricos y no haber podido detener las lágrimas. Tal vez se trate de eso el hecho de enfrentarse a los fantasmas. Estar parado ahí veinticinco años después quería decir, fundamental y obviamente, que habían sobrevivido no sólo a la guerra sino a todo lo que sufrieron después. A las secuelas sin remedio pero, aun peor, sin tratamiento. A la ignorancia injusta y absurda de esa cosa extraña que somos. Es nuestra esencia. Al que pierde no lo queremos ni ver. Pasa con los deportistas, en este caso hay un universo entero de diferencia porque esa forma tan nuestra es responsable directa de la muerte de cientos de chicos que se suicidaron por no encontrar la forma de salir de ese laberinto de espanto y profundo dolor. Seguramente podría -y debería- haber sido distinto. El país nunca había estado en guerra hasta ahora, me dijo uno de estos hombres. Es obvio que para él no terminó ni terminará, aun cuando es parte de esa especie que en algo más de un año llenó la misma plaza para vivar a un genocida y para celebrar la democracia que nos arrancaría per se de todos los padecimientos.

Estar parados ahí también les traía al presente a los compañeros que no salieron y a los que salieron y se mataron pero además a todos los padecimientos propios de esa guerra, de ir al frente de batalla con dieciocho años y escasísimo tiempo de instrucción -por favor, busquen en sus familias a un chico de esa edad e imagínenlo con un uniforme, un casco y un FAL, en zapatillas, enfrentando al ejército de una de las mayores potencias imperiales de la historia-, de aguantar la perversidad de los jefes militares que los hambreaban y los castigaban si se gestionaban su propio alimento. Basta un ejemplo para ilustrar a esta gente que comandó las acciones del lado argentino en la guerra, uno muy conocido y muchas veces contado. Al momento de rendirse, Mario Benjamín Menéndez, el mayor responsable argentino en las islas, se reunió con su par inglés para firmar la caída. El británico llegó con las botas embarradas, el uniforme un tanto deteriorado y bastante sucio. El argentino de borceguíes lustrados y uniforme impecable, pronto para una gala.

Quizás tenga que ver todo esto con la euforia de estos hombres por estar ahí y también será por todo esto la intensidad del dolor de heridas que no se borran por más que uno se reconcilie con su pasado y espante a los fantasmas. Quizás nomás se trate de círculos que no se cierran ni se archivan y la pelea es por acomodarlos y así avanzar del modo más calmo que sea posible aunque estén y vayan a estar siempre sobre el lomo.

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Últimos comentarios

mosquito_viajero dice:
Me faltan estrellas para calificar el diario maestro, un relato espectacular. Me atrapo desde el primer capitulo y me confirmaste mis dudas de que cualquier argentino que visite la isla va a respirar hostilidad. Igualmente si algun dia tengo la posibilidad, no voy a dudar en ir y conocer un poco mas de nuestra historia. Saludos!
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Estebanvg dice:
Gracias.
La hostilidad existe sin dudas y creo que es comprensible. Es un terreno muy extraño, cercano y alejadísimo en más de un sentido. Para mí fue una experiencia riquísima.
Saludos.

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dorisgonza dice:
He terminado de ler tu diario..... de sentir tus palabras en aquellos lugares lejanos.. de ver en la mente a ellos .. los que volvieron a tratar de cerrar el circulo quizas si..quizas no... a todos incluido vos tratando de encontrar algo que tambien cierren tu ida a las islas ojala lo hayas conseguido.
Los reclamos siguen.... y no son escuchados ... como el de los pueblos originarios.
Todo lo que paso alli sirvio para que la democracia volviera, fue volver a la vida despues de tanta muerte.... y hoy paradojicamente el hombre que fue elegido por la gente despues en democracia tambien haya partido....
Te felicito ha sido un diario al interior tuyo y de la historia, un diario muy particular que me gusto leer.
Saludos.

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Estebanvg dice:
Me alegra haber podido bajar algo de lo vivido allá. Mi viaje se convirtió en lo que fue por la enorme casualidad de haber encontrado a quienes encontré en las islas. Y por eso significó una gran lección para mí.
Gracias por haberme leído.
Beso.

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placevil21 dice:
Mmm, con todo el respeto que se merece tu pais, tu pueblo fue utilizado por dictadores apelando a su patriotismo.
Creo que en el mundo hay muchas situaciones muy injustas que lamentablemente no estan a nuestro alcance.
Los ejemplos sobran.

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donvela dice:
muy bueno el relato! pienso viajar en diciembre. te mande un email.
saludos

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noorabor dice:
Primeramente, he de confesar que el tema de Malvinas (por mi profesión como docente de Historia) siempre me atrajo. Dicho esto, tu relato y experiencias llegan al lado más humano y muestra los contrastes y pasiones humanas más altas y bajas a la vez: el amor y el odio entre otras (con o sin razón casi da igual).
Supongo, que este tipo de viajes marcan para siempre y engrandecen el espíritu.
Un abrazo desde España.

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padawan10 dice:
Te agradezco este relato infinitamente, era hora de leer algo asi.
Te hago una consulta, esta prohibido para argentinos llevar camaras fotograficas no? que otras restricciones hay?.
Yo pense que no se podia ir directamente de argentina a las islas malvinas. Pense que solo era posible para veteranos de guerra y familiares.
Saludos!

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Nadenka dice:
Me pareció excelente tu diario. Me diste muchas ganas de ir. Lástima que hay solo 1 vuelo por semana. Muy claro y atrapante. Te felicito
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1941isabel dice:
estoy por viajar a malvinas al comienzo de diciembre, gracias por tu relato
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01ignacio01 dice:
Cuánto sale el pasaje en avión a la isla desde Rio Gallegos? Se puede viajar en barco. Gracias
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1941isabel dice:
aprox. 1.300 $, se puede ir en barco, pero me parece que los cruceros tienen variados destinos y quedan un día en malvinas, solamente
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roletes dice:
Me quedó sin palabras para describir tu viaje y tu forma de relatarlo.
Gracias por hacernos viajar con tus palabras.
Saludos!!!

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Toto2 dice:
No puedo decir nada, sin repetir lo q han dicho previamente. Sólo q etaba comenzando a amasar un viaje allí y, de momento, al leer tu relato, no haré.
Has logrado llevarme a las Malvinas y no sé si podría soportar el vendaval de sentimientos que me provocaría estar de manera real allí.
Infinitas gracias por compartirlo con todos los viajeros de esste lugar.

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