Hoy, mientras leía el diario de una amiga viajera, recordé Rio y sus favelas. Reproduzco aquí una parte de mi comentario:
Rio no sería Rio sin sus cientos de favelas. Son como heridas sin sanar y hacen parte de su piel, una piel mestiza que cuenta historias de disparidad étnica y económica, herencias de los tiempos coloniales. Lo de la ciudad feliz no es más que un mito publicitario asfixiante que impone modelos inalcanzables de felicidad basados en el frágil bienestar material.
Con o sin carnaval, con poca felicidad ó muchas favelas, a mi esta ciudad realmente me impactó y volvería una y otra vez. Yo sueño con Río, y claro, con sus favelas.