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South 920

Escribe: Ratisol
A continuacion les contare acerca de un alucinante viaje que me llevo por seis paises de nuestra enjundiosa America, cinco ciudades capitales, mas de 20 ciudades intermedias, e inumerables parajes y poblaciones escondidas en la misteriosa geografia de este continente hermoso. Un inolvidable viaje por el pulmon, corazon y sangre del planeta: la America del Sur.

 

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Rio de Janeiro: Playa, Ala Delta, Samba, Bicis y Jazz

Río de Janeiro, Brasil — martes, 7 de abril de 2009

Viernes 2 de Abril
 
La noche anterior había programado una alarma a las 5.00 de la mañana, que efectivamente hizo su ruidosa aparición para recordarme que debía partir, tome una ducha, un liguero desayuno y salí con todo nuevamente acuestas, una vez afuera del edificio me detuve un momento a reflexionar, atrás habían quedado las comodidades, los autos, la piscina y la exquisita comida, estaba de nuevo solo, cargando con todo el peso de mi maleta, acompañado solamente por la voz de mi conciencia y empujado a lo desconocido por el compulsivo deseo de tragarme toda la América del Sur.     
 
Camine por aquellas calles solitarias hasta una parada de bus, no pagaría 50 reales de taxi, me arriesgaría a llegar por el metro. Un bus me dejo en el terminal Bandeiras, allí hay una estación de metro, entonces agarre el metro hasta la estación de Praça da Se y de allí hasta la estación Portuguesa-Tiete, pues según la gente solamente desde la Rodoviária Tiete salen buses para río de Janeiro, fue fácil llegar y aquello me significo solamente 4 reales ($1.78 dólares).
 
Una vez en la Rodoviária me apresure para averiguar envarias compañías de transporte, 58 reales ($25 dólares) costo el pasaje hasta la cidade maravilhosa, el viaje recorre 423 Kilómetros por vías en excelente estado, salimos a las 6.50 AM y llegamos a eso de las 11AM, lo primero que me sorprendió fue ver el mal estado en que se encuentra la terminal de buses de la ciudad, tome un taxi y nos dirigimos a Copacabana, apenas pude ver el Cristo Redentor a lo lejos me sentí muy emocionado aquello me recordaba que me encontraba en Rio de Janeiro, jamás pensé terminar en esta ciudad pero ahora estaba ahí rodeándome con su exuberante belleza, sus árboles, sus lagos, sus túneles, su gente amable, su aire cálido y su de aroma a mar.  
  
El taxi facturo 30 reales ($13 dólares) hasta Copacabana, el conductor tomo una ruta estupenda, en un momento paso por un túnel y a la salida nos encontramos con una enorme laguna, bellísimo, con todo el poder de la novedad río es capaz de enamorar al viajero a primera vista. El conductor me dejo a una cuadra de mi hostal en la Rua Anita Garibaldi 87, el Hostal Che Lagarto, un lugar sensacional, justo lo que necesitaba para pasar unos días de placer en río de Janeiro, inicialmente pensé en quedarme un par de noches así que tuve que pagar por adelantado 83.30 reales -$37 dólares- un precio algo elevado para una habitación compartida pero más que justificado por tratarse de Rio de Janeiro, además el hostal es realmente cómodo, el ambiente genial y los desayunos súper completos, hay otro Che Lagarto en Ipanema pero en mi opinión y por lo que pude notar con unos chicos que se mudaron, el de hostal de Copacabana es más barato, más central, es mejor, bueno eso depende de la zona que uno prefiera.
 
Ya acomodado me fui al Cristo Redentor, agarrar bus para llegar fue complicado, llegue como a las 4PM a la estación de tren que sube el cerro, el tren cuesta 36 reales ($16 dólares) y ofrece un trayecto interesante, la primera vista de la ciudad camino a la cumbre es fantástica, toda la gente se pone de pie y exclaman toda clase de alabanzas y expresiones de asombro. Sin embargo, cuando por fin llegamos a la cima, todo estaba nublado, el cristo mismo no se podía ver bien estuve bastante decepcionado, regrese al hotel después de acompañar a una chica inglesa que estaba un poco asustada por la noche y por no saber como llegar de nuevo a Copacabana. 
 
Aquella noche conocí a mis compañeros de cuarto: tres chicos Argentinos que estaban de vacaciones, habían viajado desde buenos aires y que estaban próximos a volver. Estaban aterrados de que yo estuviera haciendo este viaje solo desde Colombia, y más aun cuando yo les contaba mis intenciones de volver cruzando la selva amazónica, les parecía una empresa imposible, uno de ellos me dijo al preguntar por mi edad “pero si sos re jovencito” - viajar como el amor no tiene edad- todos ellos eran muy queridos charlamos un rato, luego me invitaron a una fiesta pero yo estaba muy cansado, así que preferí quedarme en el hotel reposando.
  
Después de reposar un buen rato volví a la playa para tomar algunas cervezas, esta vez un grupo de ancianos tocaban algo de jazz y bossa nova en una de las tiendas próximas al sendero peatonal junto a la playa, el ritmo era fantástico, tanto así que me quede varias horas escuchándoles en completo éxtasis musical, pero luego de estar varias horas, me estaba quedando dormido por efecto del cansancio y el alcohol, pague mi cuenta y con el ultimo aliento llegue al Che lagarto directo a dormir.
 
Sábado 4 de Abril
 
Desperté tranquilamente en el segundo piso del camarote de mi hotel, era una habitación compartida con lugares para unas 6 personas, mi cama estaba justo frente a la ventana del segundo piso, en mi opinión la mejor acomodación de todo el lugar. Cuando desperté estaba solo en la habitación, tome una ducha y fui a desayunar. Entonces tome una bicicleta de las que hay en el hotel y me fui a pasear, por la ruta próxima a la playa, el día era maravilloso, una vez llegue a la punta de Copacabana continué los escasos metros que la separan de la playa de Ipanema, y entonces por toda la Avenida Viera Souto pedalee tranquilamente mientras observaba atento la suave belleza de la playa y el azul fuerte del mar embravecido, me dirigí al Lago Rodrigo de Freitas muy cerca de allí.
 
Estaba haciendo un día espectacular, el clima era cálido pero no sofocante y el cielo bastante despejado, entonces regrese al hotel para desayunar, me cambie para ir a la playa y me dedique el resto de la mañana a nadar en la playa de Copacabana, yo no podía creer que estuviera en Rió, pero cada segundo que pasaba allí me acogía más y más el ambiente envolvente que tiene la ciudad. Por la playa pasan contoneándose hermosas mujeres que le han hecho fama a Rió por tener muy lindas “garotas”.
 
Aquel día transcurría lento y eso me hacia muy feliz, cada segundo de estar en esta ciudad, de respirar el puro aire de las mañanas  que se filtra el resto del día por entre las calles de Copacabana es algo delicioso que logra darle paz física y mental al viajero. Sin embargo, tenia presente las actividades que quería hacer en la ciudad, Paola la linda modelo que conocí en Sao Paulo me había recomendado algunas actividades entre ellas “fazer asa delta” (hacer ala delta) desde el cerro de São Conrado.
 
En el hotel se podía contratar la aventura aérea con transporte puerta a puerta y todas las comodidades, sin embargo el precio era muy elevado 250 reales ($110 dólares), según el chico del hotel ese era un precio muy conveniente, porque además según él se pueden encontrar otras agencias de vuelo más baratas pero peligrosas, bingo! eso quería decir
traducido a lenguaje de backpacker, que podía encontrar un precio mejor para volar, eso de que es peligroso es relativo, muy seguramente puro “terrorismo comercial” que uno aprende a identificar luego muy fácilmente.  

Entonces telefonee a varios números de agencias de vuelo, en varias no respondieron pero entonces en una logre comunicarme y hasta negociar el precio de mi vuelo a 150 reales ($66 dólares) genial, me ahorraría 100 reales, sin duda volaría esa tarde, pero ¿con que dinero llegaría a Colombia? eso ya no era una preocupación, después de volar sabría que hacer. Regrese al hotel para alistarme, tome un liguero almuerzo y pidiendo indicaciones a la gente logre agarre un bus hacia São Conrado, yo preguntaba mientras hacia cara de interrogación: “Que ônibus vai á São Conrado”, los cariocas son muy amables y siempre dispuestos a ayudar, lo demás es poner mucha atención para entender lo que dicen.  
 
El trayecto hacia el São Conrado es muy interesante, se pasa por varios túneles y el paisaje de la ciudad cambia constantemente por donde va la ruta, es muy lindo. Pregunte a la señorita cobradora para que me avisara donde tenia que bajarme, ella muy amable acepto, muy cerca de allí queda una de las favelas más grandes de Rió de Janeiro, yo podía advertir en el rostro de algunas personas que viajaban en el bus conmigo una expresión de dolor, de frustración, el hecho causaba un gran contraste con mi presencia pues mi rostro por el contrario estaba radiante de felicidad, escuchaba mi música favorita y me sentía a plenitud, nada me incomodaba, mi única carga era la responsabilidad por mi viaje, solo tendría que llevar mi cuerpo de regreso a Bogota gozando de los más variados placeres durante el trayecto.
 
Una vez baje del bus a las faldas del São Conrado olvide todo lo demás, entonces busque el lugar donde salen los equipos de vuelo, allí se pueden apreciar varias cometas, instructores de vuelo y gente dedicada a la practica de este y otros deportes aéreos. Entonces se me acercaron varios instructores a preguntarme que si venia a volar, yo les dije que si, pero que ya tenia una cita con un instructor en particular, entonces uno de ellos me dijo que me llevaba en el mismo precio, cuanto te han cobrado “150 reales” dije, vamos que yo te llevo en el mismo precio dijo uno de ellos, sin embargo aquel hombre no me inspiro confianza y continué hasta encontrar al instructor que me estaba esperando, no volaría con el pero si con uno de sus amigos, con Marcelo, un tipo excelente.   
 
Es preciso antes de salir pagar 10 reales ($4.44 dólares) para la asociación de vuelo libre de la ciudad, luego hay que anotar los datos personales y firmar un papel asegurando hacerse responsable por cualquier suceso infortunado durante el vuelo. Hecho el pago, partimos con Marcelo en su auto hacia la cima de la montaña Pedra bonita donde esta ubicada la “Rampa de Vôo Livre do Pepino”, una vez allí se pueden observar varias personas haciendo las practicas previas al vuelo, camine hasta el final de la plataforma de
salida para comprobar el vértigo que se siente y observar algunas de las salidas de otros antes que yo.  

Llegada la hora de volar, me colocaron el arnés y nos enganchamos a la Ala delta junto con Marcelo, es preciso correr a toda velocidad por la rampa para un vuelo exitoso; entonces Marcelo dijo: “la única forma de volar es correr” y salimos corriendo a toda velocidad, de repente yo hice una tremenda frenada,  Marcelo me miro sorprendido y algo asustado, un pasajero así resultaba muy peligroso para el vuelo, lo que paso fue que yo había entendido aquella salida como una practica previa, entonces le explique y ensayamos una vez más.

Antes de nosotros salió otra ala delta igualmente en modalidad Tandem, es decir con un
piloto y un pasajero, pero el pasajero no corrió muy bien y ambos sufrieron un horrible vació, pareció como si fueran a caer irremediablemente, precisamente por ello yo quería que nuestra salida fuera correcta, debíamos coordinar la salida.
 
Llegado nuevamente nuestro turno, después de mí frenada, Marcelo me pregunto si estaba listo, entonces con la mirada asentí, y entonces a la cuenta de tres salimos corriendo por la rampa hasta alcanzar vuelo, segundos después de haber tenido los pies sobre la tierra se siente un liguero vació, pero entonces las alas se llenan de viento y se puede volar perfecto. Yo estaba un poco asustado apenas comenzamos a volar entonces Marcelo dijo aquella frase memorable: “Tranqüilos, Tranqüilos agora voamos como passarinhos”, esto hizo que me relajara y me dedicara a contemplar el privilegiado paisaje que se observa desde las alturas.  

Justo debajo de donde volábamos están ubicadas lujosas mansiones de gran extensión, se pueden contar decenas de piscinas y canchas de tenis de uso exclusivo, Marcelo me contaba que allí viven las personas más adineradas de la ciudad, enseguida me señalo la ubicación del monte Dois Irmaos a cuyas faldas esta localizada la favela da Rocinha”, es fácil distinguir la pobreza desde el aire; mientras los ricos viven a sus anchas sobre extensos predios rodeados de naturaleza y comodidades; los pobres comparten un espacio reducido hacinados en pequeñas casas improvisadas.
 
Volar en São Conrado es encantador, el aire es cálido y el paisaje estupendo, a mi izquierda podía ver la favela, a mi derecha veía imponente la hermosa Pedra da Gavea, al fondo veía el mar espectacular, y junto a la playa serpentea elegante la avenida das bandeiras que atraviesa un túnel para seguir su camino bordeando la costa en un maravilloso recorrido. Toda la belleza sumada al hecho de volar es una combinación suficiente para dejar a cualquiera impresionado con Rio de Janeiro y sus múltiples atracciones.
 
Volábamos placidamente sobre la playa, el vuelo total se tarda unos quince minutos, que incluye varias vueltas por los alrededores, se pueden hacer algunas maniobras aunque eso depende del instructor, en un momento nos elevamos un poco para descender en picada, es muy emocionante. Llegado el momento de aterrizar Marcelo me dio algunas indicaciones, entonces nos alineamos a la playa y descendimos gradualmente hasta alcanzar la arena en un rápido movimiento de descenso.  

Terminado el vuelo Marcelo me obsequio las fotos, que normalmente tienen un precio extra de 50 reales, pero por tratarse de una persona tan legal como yo me las obsequio. Estas cosas son frecuentes cuando viajas con buena actitud, cuando nada te molesta, logras despejar tu mente al punto que atraes cosas positivas en todo momento. Me despedí de abrazo con Marcelo y regrese a la avenida para agarrar un bus hacia mi hotel en Copacabana.
 
Sin embargo, durante el recorrido decidí bajarme en Leblon para conocer un poco de este famoso barrio próximo a Ipanema, recorrí algunos centros comerciales, Rio Design y Shopping Leblon, ambos muy bonitos y agradables. Leblon es quizás un barrio más tranquilo y un poco más refinado que Copacabana, sin embargo, en mi opinión el estilo de Copacabana no tiene igual. Tome la Av. Vieira Souto que va justo frente a la playa de Ipanema, iba de camino al hotel cuando me tropecé con una señora que vendía cocadas, trozos de coco blanco compactos y acompañados con leche condensada a 2 reales, pedí uno y quede encantado, jamás antes había probado algo tan delicioso, fue tal el placer que repetí gustoso, más tarde comprobé con tristeza que era verdaderamente difícil encontrar esta clase de cocadas en el resto de la ciudad, al parecer solo aquella señora de Ipanema vendía semejante delicia.
 
Seguí caminando hasta algún templo sobre la Rua Francisco Otaviano, las personas llevaban ramos y cantaban bonitas canciones, entre de inmediato, al otro día seria domingo santo tal era el motivo de semejante celebración. Estuve un tiempo escuchando la misa, que sigue el mismo formato que en los demás países católicos excepto porque la hacen en portugués. Brasil es el país católico más numeroso de todos,  por lo tanto participar de aquel evento fue algo que disfrute emocionado por su gran colorido. Aquella noche habían exhibidas hermosas y variadas pinturas sobre la Avenida Atlántica de Copacabana: el cristo redentor, las pedras de la ciudad, rostros indígenas y mujeres desnudas son los motivos recurrentes que iluminan la noche de la ciudad con su belleza, colorido y encanto. Fotografié algunos de los cuadros con el permiso de los artistas y
continué mi camino.
 
Ya a pocas cuadras del hotel en extremo cansado y hambriento pase junto a una pequeña tienda donde había una maquinilla de asar pollos, aquellos manjares daban la vuelta constantemente dentro de aquella maquina cocinándose y despidiendo un olor exquisito, tendría que tomar una buena cena, el almuerzo había sido regular y había tenido mucha actividad física ese día. Pregunte el precio con mi portugués básico: “Quanto custa o frango” (cuanto cuesta el pollo),  al oír la respuesta sentí una felicidad absoluta, solo 10 reales no lo podía creer, entonces ocurrió algo muy chistoso: saque 5 reales y le dije a la señorita que me vendiera medio pollo, ella no entendía nada, entonces hice un movimiento con mis manos representando un cuchillo que cortaba algo a la mitad, en este caso: el pollo. 

Hasta este momento los demás comensales me miraban con incredulidad e indiferencia, les intrigaba mi actitud pero no demasiado como para interesarse demasiado. Entonces recibí un papelito y me dirigí a la caja registradora a pagar por mi cena, mientras tanto observe con alegría que mi instrucción había sido exitosamente comprendida, en efecto el pollo había sido partido a la mitad y empacado para mi, le entregue el papelito a la señorita en la caja registradora, dicha maquina hizo su sonido característico e imprimió un recibo por 7 reales, entonces quede sorprendido, como era posible que medio pollo costara siete reales cuando el pollo entero costaba 10 reales, acaso tendría que pagar dos reales por el servicio de cortarlo a la mitad, aquello no tenia sentido, proteste.
 
Una vez más con mi portugués básico hice sentir mi incomprensión. No, no un momento dije mientras agitaba mis manos a manera explicativa: “tudo o frango dez reais” (todo el pollo diez reales); “Agora o frango médio custa cinco reais” (ahora medio pollo cuesta cinco reales). Aquello causo la risa de todos los comensales que estaban en el lugar, por lo visto si estaban bien atentos a lo que esta pasando, yo podía escuchar sus cotilleos y distinguir lo que decían. He aquí una conversación entre dos compañeros de mesa: “O que acontece com este menino” (que pasa con este chico)”/ “Ele quer comprar meio frango, você pode imaginar isso? Meio frango, meio!” (El quiere comprar medio pollo, puede usted imaginar eso, medio pollo, medio!). Jamás pensé que aquello pudiera asombrar a alguien, pero lo cierto es que todos allí estaban escandalizados por el hecho de que yo quisiera comprar solamente medio pollo y no el pollo completo. Creo que dicha diferencia cultural radica en el hecho de que ellos no piensan en mitades, para los brasileños es “todo o nada”, esto nos pone a los demás en desventaja, mientras nosotros pensamos ½ ellos piensan 1, tienen una visión de la totalidad más completa que los demás, quizás por ser un país de dimensiones continentales. 
 
Finalmente comprendí que lo mejor era comprar el pollo completo, el precio de medio pollo seguían siendo 7 reales a pesar de mis intentos por ajustarlo a la mitad, en otras palabras solo 3 reales me separaban del pollo completo, seria una tontería comprar solo la mitad en esas condiciones, entonces le dije a la señorita que mejor compraba todo el pollo y le entregue los 10 reales, apenas la señorita ordeno que me empacaran la otra mitad todos volvieron a reír, esta vez les hacia gracia que finalmente yo hubiera decido llevarme todo el pollo, no me sentí apenado pero sentía deseos de abandonar aquel lugar ante la mirada curiosa y burlona de los demás, agarre mi pollo completo y me fui después de decir con una venia “muito obrigado” (muchas gracias) a la señorita.     
 
Después de cenar me aliste para salir, guarde la mitad del pollo en la nevera del hotel y me fui a la habitación, tendría que ducharme y estar presentable pues me encontraría con una amiga de mi primo que estaba en la ciudad e iríamos a una fiesta en Lapa el barrio rumbero de la ciudad. Aquella noche tuve que cambiarme de habitación, así que de una vez pase todas mis cosas a la nueva habitación en el primer piso. Luego salí y agarre un bus, llegue sin complicaciones a Lapa en el centro de la ciudad, estaba atiborrado de gente, la mayoría jóvenes que van allí para divertirse, la oferta de bares, discotecas y demás lugares de diversión es gigante.  
 
Lapa tiene sus característicos arcos de color blanco en estilo romano, estos eran utilizados como acueducto en tiempos de la colonia para traer agua del río Carioca a la ciudad. Son en total 42 arcos los que componen la estructura colonial más importante del Brasil y que son utilizados ahora como viaducto para el tranvía que lleva al morro de Santa Teresa. Muy cerca de allí queda la Catedral São Sebastião, otra joya de la arquitectura de la ciudad, su forma cónica se eleva hacia los cielos en forma de cono invertido adornando la ciudad con su gracia y elegancia. Todo esto es muy bello, sin embargo por ser de noche no pude apreciar aquellas obras con más detalle, vale la pena visitar el lugar durante el día, tomar el tranvía sobre los arcos debe ser una experiencia gratificante.
 
Domingo 5 de Abril
 
El domingo era mi ultimo día en la ciudad, Rio de Janeiro me había brindado en pocos días una estadía placentera llena de actividades, hermosos lugares y nuevas experiencias, sin embargo, la mejor noticia de todas es que allí no terminaba nada, apenas se iniciaba un nuevo capitulo de un viaje que me llevaría de regreso por lugares exóticos y desconocidos a través de la inmensa geografía del Brasil. 
 
Habría podido arreglar un vuelo hacia Bogota, pero no me agradaba la idea de llegar volando a mi ciudad y perderme una aventura a través de la selva, no hay muchas oportunidades en la vida de hacer un viaje totalmente desconocido por parajes alejados y explorados apenas por un reducido numero de personas, no desperdiciaría la oportunidad por nada en este mundo. Había recorrido más de 9.700 Kilómetros hasta Rió de Janeiro en un viaje alucinante y aun me faltaba un trayecto de incalculable distancia e inesperadas
aventuras, de solo pensar en ello me sentía la persona más afortunada del planeta entero.   
 
Como era mi ultimo día en Rió, decidí tomármelo con calma, esta ciudad no conoce la prisa y la única forma de compenetrarse a fondo con ella es yendo a la misma velocidad que ella va, lento.  Comencé el día en la playa nade un poco y luego tome el sol varios minutos.  Tenia que decidir mi ultima actividad del día, habían dos lugares que quería visitar (El Cristo redentor y el Pão de Açúcar) pero en razón del tiempo y el dinero disponible solo podría visitar uno de ellos, esto de por si era ya un lujo, pues era definitivo mi viaje de regreso a través de la selva, necesitaría hasta el ultimo centavo, en todo caso no me iría de Rió de Janeiro sin echar un vistazo desde las montañas, finalmente me decidí por el Cristo, ya había estado allí el primer día que llegue a la ciudad pero la neblina había frustrado cualquier intento de apreciar la ciudad desde lo alto, tomaría venganza de aquel infortunado suceso, regresaría. Respecto del Pão de Açúcar no me preocupe demasiado, subiría la próxima vez que estuviera en Rió, porque definitivamente tendría que regresar.      
 
A eso de la 1.20 PM estaba justo en la boletería del tren negociando el precio de mi tiquete, ya había subido el día en que llegue pero no pude ver nada, después de alegar un poco me hicieron un descuento en el precio del boleto, solo tuve que pagar 22 reales ($9.78 dólares) en vez de los 36 reales de la tarifa corriente. Iniciamos el trayecto hacia la cumbre, esta vez el vagón iba con el cupo lleno. Durante el ascenso se puede observar el lago Rodrigo Freitas, el Morro da Saudade junto al lago  y una parte de la ciudad, desde ese  justo momento se puede uno dar cuenta que esta en presencia de una ciudad  muy hermosa, la música hasta la cima estuvo a cargo del grupo bom de samba.
 
Por fin de regreso en el Cristo note de inmediato la diferencia, el cielo estaba despejado. La ciudad era perfectamente visible, desde las alturas del cerro se pueden distinguir perfectamente los lugares más representativos de la ciudad, el centro, los barrios de Lapa, Gloria, Catete, Flamengo, Botafogo, Copacabana, Ipanema, Leblon. Se ven además algunos iconos de la ciudad como el estadio Maracanã; la Catedral metropolitana; el cementerio de São João Batista que ocupa un gran espacio justo a las faldas del Morro de São Joao;  el Pão de Açúcar con la hermosa bahía de Guanabara al fondo, el Jockey Club con el cerro Dois Irmãos al fondo, es posible  ver incluso más allá de la bahía de Guanabara, es decir, la población de Niterói y el cerro de Itacoatiara; el puente presidente Costa e Silva el sexto más largo del mundo más conocido como el puente río Niteroi, que se ve en todo su esplendor desde el Cristo Redentor rodeado de decenas de embarcaciones. 
 
No hacen falta muchos segundos para notar que es en efecto la ciudad más hermosa del mundo, no en vano se la distingue como la  “cidade maravilhosa”, en mi caso no conozco todas las ciudades del mundo como para atreverme a afirmar que Rio es la más hermosa, pero si creo que difícilmente hay otra ciudad con el encanto mágico que ejerce río sobre las personas. Entonces, allí desde las alturas con Cristo de testigo, ratifique personalmente su buen merecido titulo como la “A cidade mais bonita do mundo”.
 
Estuve un buen rato contemplando la belleza de Rio, entonces llego la hora de descender, yo me había llevado un recuerdo hermoso así que mientras el tren bajaba de regreso solo podía sentir satisfacción, había valido mucho la pena regresar al Cristo para siempre me llevare aquella imagen de una ciudad donde brilla el sol para iluminar la belleza de sus lugares y sus gentes. Totalmente enamorado regrese al hotel, había en mi ser una especie de encantamiento, mis emociones eran totalmente neutrales, sabia que esa misma noche dejaría la ciudad pero aquello no me molestaba, era como si pudiera tener a Rio en mi para siempre, la sensación de esta ciudad me acompañaría aun sin estar allí, que maravillosa libertad que sentía al caminar entre sus calles respirando en cada momento su aire único.
 
En el hotel almorcé tranquilamente la otra mitad del pollo que había guardado en la nevera, el hotel estaba lleno, los chicos jugaban al poker y las chicas conversaban que es lo que mejor saben hacer, yo por mi parte no le encontraba sentido a quedarme en el hotel con semejante día tan espectacular que hacia fuera, repose un rato en compañía de unas hermosas rubias y regrese a la playa, esta vez me lleve un par de cervezas, que mejor forma que despedirme de la ciudad con un buen baño en Copacabana, estuve asoleándome y disfrutando de las cervezas, nade un rato contemplando la ciudad desde las aguas que se ve hermosa desde todos los ángulos, quizás también se la vea hermosa desde una favela, a estas alturas del viaje había aprendido que la belleza y las cosas satisfactorias se encuentran dentro de uno, es decir en el ojo del observador, lo mismo ocurre con las sensaciones de insatisfacción y frustración, también ellas todas tienen su casa en los más recónditos parajes de nuestra propia conciencia.
           
Terminada la hora de descanso en la playa y acorde con mi plan de viaje, deje las aguas para volver al hotel después de un par de horas de recreo, al volver donde había dejado mis cosas note que mis sandalias ya no estaban, habían viajado con migo desde Montañita en el Ecuador, alguien las había robado, preferí pensar que ellas habían decidido quedarse, yo ya no las necesitaba más que para regresar al hotel, viajaría hacia el interior, Rio era mi ultimo destino de playa en mi camino de regreso. No me molesto que mis sandalias hubieran decidido quedarse, sin embargo tuve que caminar descalzo hasta el che lagarto y aparte de quedar mis pies totalmente sucios recibí una liguera punzada de vidrio en mi pie derecho.
 
Ya en el hotel tome una ducha y me aliste para salir, luego en la recepción la señorita trataba de averiguar si había algún asiento disponible en un bus que viajara a Brasilia. Apenas pronuncie la palabra Brasilia, un hombre se intereso y se incluyo en la conversación, no podía creer que yo me dirigiera Brasilia, se trataba de un buen tipo, era brasileño y tenia su propia agencia de viajes, me aconsejaba que me olvidara de Brasilia, que fuera a Salvador o a Ouro Preto, que definitivamente tendría que considerar un cambio en mi plan de viaje y que este no incluyera Brasilia. 
 
El tipo era tan insistente, su actitud sugería que yo estaba a punto de cometer una locura, por lo que mire el mapa un par de veces más, estaba dudando, aunque ya había aprendido a formar mis propias opiniones y a desconfiar de los extremistas pero este tipo me hizo dudar, entonces en su afán por convencerme de ir a otra parte dijo como ultimo recurso: “Brasilia es una ciudad que solo es importante para la política” vaya afirmación contradictoria, aquello solo tuvo el efecto contrario en mi, eso era justo lo que quería escuchar, ya había tenido suficiente de playa y diversiones de todo tipo, conocer la capital de una potencia mundial como Brasil seria algo magnifico además por tratarse en mi caso de un animal político, se podría decir que esta ciudad estaba ya de antemano como parte de mi destino.
 
Sin embargo, no solo la política era mi interés en visitar Brasilia, tendría que acortar camino en mi regreso a Bogota y la mejor manera seria adentrarme en el país en lugar de bordear la costa, Salvador ejercía particular atención sobre mi, por tratarse de una ciudad exótica, llena de música y tradiciones ancestrales, pero tenia que pensar acorde a mi pequeño presupuesto, además reclamaría un dinero que me había enviado mi tía y que no pude reclamar en Rio, según me dijeron era posible reclamarlo en Brasilia, así que al igual que en un videojuego Brasilia significaba un lugar de recarga, de aprovisionamiento para continuar el viaje.        

La situación se complicaba, la señorita no podía averiguar con certeza si habían sillas disponibles para Brasilia, lo único que sabia era que el ultimo bus salía a las 7PM, el tipo de la agencia de viajes por su parte seguía intentando persuadirme de irme a otra parte, eran casi las 6PM y el bus hasta la Rodoviária Novo río se tarda casi una hora en llegar, entonces decidí arriesgarme, me despedí y me fui rápidamente a buscar un bus que fuera al terminal Novo río.
 
Por fortuna, encontré uno fácil y rápido, aquello era un alivio pues un taxi me habría cobrado unos 30 reales mientras en el bus pague solamente 1.60 reales, el bus hizo un recorrido alargado, paso por el centro, pude ver la fachada del Teatro Municipal y otros lugares interesantes del centro que no alcance a visitar, entonces se adentro por unos barrios de mal aspecto, posiblemente atravesamos una favela, a esas alturas el único pasajero era yo y viajaba con todas mis maletas, en otras palabras era la victima perfecta para un atraco y más tratándose de la clase de lugar por donde pasábamos. No obstante, no sentí miedo, si iban a robarme no me importaría ya había gastado todo mi dinero, solo tenia unos pocos reales y mis tarjetas de crédito, además ya me había tragado una buena parte del continente Suramericano.
 
Después de unos minutos por fin llegamos a la Rodoviária, me sentí aliviado pero con mucho afán de alcanzar a comprar mi boleto a tiempo. Entre corriendo y preguntando “tem para Brasilia, tem para Brasilia?” a lo que me respondían diciendo el nombre de la compañía que viajaba a la capital, por fin encontré la ventanilla de Itapemirim y comprobé con alivio que habían boletos disponibles para el bus de las 7PM, pague los 158 reales ($70 dólares) del boleto con mi tarjeta de crédito guardando así los últimos 50 reales que tenia en efectivo.
 
El bus salió prácticamente de inmediato, había llegado justo a tiempo, compre algunas cosas de comer y aborde aquella bonita maquina amarilla que me llevaría a la capital del Brasil. El bus viajaba prácticamente solo, muy pocas personas, hecho afortunado pues tuve ambas sillas para mi solo donde pude dormir muy cómodo.

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