Estoy a 10000 kilómetros de casa, que de tantos ceros que tiene la distancia uno se pierde y llevo una semana sin Internet, ya sé, que siempre se ha vivido de maravilla sin ella, pero es que después de probar el chocolate una no puede recordar como era su vida antes de degustarlo, y así es lo que pasa que yo ya no sé vivir sin móvil, sin Internet, sin portátil, sin NDS y no pienso avergonzarme por ello . Y es que mi desencuentro con la conexión a Internet no es algo nuevo ni mucho menos.
En todo el tiempo que he pasado en Rio he vivido en un hotel en Copacabana, en un piso monísimo en General Ossorio, en un piso no tan mono pero más grande en Ipanema, en un piso increíble y maravilloso en la mejor esquina de Ipanema y en un piso muy coqueto y lleno de bichos (decorativos) en Arpoador, y si algo tienen en común todos estos alojamientos, a parte de ser escandalosamente caros, es que jamás tuve Internet desde el primer momento, en algunos casos no tuve Internet en ningún momento.
Mi casero y yo hemos llegado a la conclusión de que el trio Rio-Internet-Bárbara no funciona, todo lo que esté dentro de ese triángulo desaparece, entre lo que está mi puñetera conexión. De hecho estoy aquí en Rio con otros cinco compañeros y se niegan a que esté en sus pisos cuando van a conectarse porque dan por hecho que les gafaré, nadie me quiere cerca de un módem. Y razones no les faltan.