Diarios de viaje > Río de Janeiro, América del Sur
Vuelvo al río...
Escribe: Barbara_
Pues sí, pues sí. Aunque creí que mi periplo por tierras cariocas había llegado a su fin, nada más lejos de la realidad, vuelvo a Rio pasado mañana, así que habrá más historias que contar, y el carnaval se acerca peligrosamente...
Después de tres meses
Río de Janeiro, Brasil — martes, 24 de febrero de 2009
Al principio, el periodo que pasé desde mi llegada hasta mi vuelta a casa por navidad, lo que impidió que lo visitara fue el mal tiempo que nos castigaba fin de semana tras fin de semana. De lunes a viernes, o de segunda a sexta como se dice aquí, el tiempo era increible, y los sábados, todos sin excepción, comenzaba a llover como si nunca antes lo hubiera hecho, o eso, o el Cristo era acorralado por unas nubes espesas que nos restregaban por la cara que íbamos a vivir un domingo más sin conocer a la estatua de piedra.
Haciendo honor a la verdad, no es que sintiera mucha ilusión por conocerlo, total, lo veía a diario, pero desde abajo. Lo que ocurrió es que después del tercer domingo que no pudimos visitarlo comenzó a ser una lucha entre la meteorología y yo, así que me lo planteé como un reto, que claramente perdí cuando volví a España el 22 de diciembre sin haberlo visto, menos mal que pasé poco tiempo en casa y no mucha gente me preguntó que qué me había parecido el Corcovado, porque en mi interior me daba verguenza no haberlo conocido.
Pero el maldito destino y SAC, mi empresa, me brindaron una segunda oportunidad devolviéndome a tierras cariocas. En este segundo viaje lo que se antepuso entre él y yo fue básicamente el alcohol y el trabajo, al principio no había sábado que no nos cachazáramos, como a Ángel le gusta decirlo, y los domingos los dedicábamos a sobrevivir lo más dígnamente posible dados de la mano con nuestra resaca, y después superada nuestra etapa ébria llegó lo de trabajar de sol a sombra, de lunes a domingo.
El caso es que el domingo no aguantábamos más y aprovechando que llegó Susana, la novia de Esteban, fuimos la pareja, Edu y yo, porque Ángel volaba en esos momentos a Lisboa y Roberto ya había estado.
Cogimos un taxi y decidimos subir en tren cruzando la selva que rodea el monte del Corcovado. De la estatua poco que decir, es bonita, impresiona, pero lo realmente llamativo son las vistas, Rio está a tus pies, y nosotros, sin haberlo planeado, llegamos cuando estaba anocheciendo, para los fotos es una pena, pero por las vistas de la ciudad con la iluminación merece la pena sacrificar las fotos.
Disfrutar de las pocas que pude hacer.
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Últimos comentarios
katacroker dice:
bonitas fotos
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