Crucero Buenos Aires - Rio de Janeiro

Escribe: andrescl
Año nuevo en un crucero desde Buenos Aires hasta Rio de Janeiro En año nuevo del año 2006 nos embarcamos con mi novia y su familia en un crucero de la empresa MSC, el Sinfonía. El itinerario era Buenos Aires (Argentina)...

 

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Capítulo 1

Crucero Buenos Aires - Rio de Janeiro

Río de Janeiro, Brasil — sábado, 30 de diciembre de 2006

En año nuevo del año 2006 nos embarcamos con mi novia y su familia en un crucero de la empresa MSC, el Sinfonía. El itinerario era Buenos Aires (Argentina)-Ilha Bela (Brasil)-Buzios (Brasil)-Rio de Janeiro (Brasil)-Santos (Brasil)-Punta del Este (Uruguay)-Buenos Aires (Argentina) en un viaje que duraría 8 días. El barco era una mole de 11 pisos de alto y 2 cuadras de largo, contaba con 2 restaurantes, varios bares, discoteca, 2 piletas y jacuzzis. Nosotros teníamos una habitación interna, por lo que no íbamos a poder disfrutar de las vistas a lo largo del viaje, pero no nos importaba. Durante el viaje, las comidas estaban todas incluidas y solamente teníamos que pagar las bebidas que no fueran agua, los precios eran en dólares, lo que encarecía un poco la cosa.

Subimos al barco el 30 de diciembre al mediodía, pero este recién zarpó del puerto a la 1 de la mañana. Fue una sensación increíble ver la ciudad desde otra perspectiva, con todas sus luces, algo que no se ve todos los días. Nos sentamos en las terrazas de popa del barco para admirar esa postal de la gran ciudad iluminada alejándose. Los siguientes dos días fueron de navegación, la idea fue tomar mucho sol en las piletas y hacer alguna que otra actividad que hubiera en el barco. Como todo crucero, había un batallón de gente que se encargaba que los pasajeros no se aburrieran, armaban todo tipo de juegos y diversiones, obviamente que cada uno era libre de participar o no. El 31 a la noche hubo una gran gala y fiesta para despedir el año viejo y recibir al nuevo, todo el mundo festejando y brindando, estuvo muy bueno.

Algo para destacar del crucero es la comida. A toda hora había disponibilidad de lo que quieras, al mediodía hay un gran bufé en el que vos podías elegir qué comer, desde pastas hasta hamburguesas. A la noche, en el restaurant teníass 3 opciones de entrada, plato principal y postre, uno podía elegir la cantidad de platos que desee.

El 2 de enero nos levantamos con el barco entrando en Ilha Bela, una isla que queda cerca de la costa de Brasil, a unos 200 km de San Pablo. Al mediodía nos subimos al bote que nos llevaría a tierra. La isla es la mayor de Brasil y en su mayoría está cubierta de vegetación, se divide en dos partes, una frente al continente, con playas en general chicas y con un mar calmo y en donde se encuentra el pequeño centro de no más de un par de cuadras pero con callecitas muy pintorescas. La otra parte es la que da al océano Atlántico, con selva y playas desérticas con más oleaje. Teníamos unas 3 horas para recorrer y disfrutar ese lugar, el barco zarparía a las cinco de la tarde sin falta. Decidimos caminar un poco, alejarnos del centro y nos quedamos tirados en una playita un par de horas. Luego fuimos a pasear un poco por el centro y a hacer unas compras.

De vuelta en el barco, esa noche se levantó una tormenta enorme, se bamboleaba para todos lados y las olas golpeaban fuertemente contra la proa. Muchos pasajeros estaban descompuestos. Al otro día el crucero debía parar en Buzios, pero debido a las condiciones climáticas no lo pudo hacer y tuvimos que ir directamente a Río de Janeiro, a donde llegamos al anochecer de ese cuarto día de viaje, el 3 de enero. A pesar de estar bastante bajoneados por no haber podido bajar en Buzios, la entrada a la Bahía de Guanabara nos borró toda la amargura, fue increíble ver toda la ciudad iluminada desde el agua, con el contraste entre los barrios de clase media y las favelas.

Al otro día salimos bien temprano, a tratar de recorrer lo más posible está ciudad espectacular. Primero tomamos una excursión que nos llevaría al Cristo Redentor. La subida a este fue en el tradicional trencito, que hace el recorrido en un ángulo muy empinado en el medio de la selva. Desde arriba se puede ver una panorámica de toda la ciudad que bien vale la pena. Estar ahí a los pies de esa inmensa estatua en la cima del morro, realmente da vértigo. Al bajar todavía teníamos un poco de tiempo, por lo que decidimos ir a uno de los lugares más característicos de la ciudad: la playa de Ipanema. Si bien estaba medio nublado y un poco fresco, no pude dejar de darme un chapuzón en el mar y disfrutar un poco de la arena. Esas dos horitas en la playa fueron un relax absoluto, contemplando el paisaje y comiendo alguna que otra cosita que comprábamos a vendedores ambulantes que pasaban por ahí. A la tardecita ya estábamos de vuelta en el barco, listos para zarpar. La salida de la Bahía de Guanabara con el sol poniéndose es una imagen que no se me va a borrar nunca.

Al día siguiente el barco atracó en el puerto de Santos. Este está ubicado cerca de la ciudad de San Pablo y es el más grande e importante de Latinoamérica. Cerca de allí se encuentra la ciudad de Guaruja, que es la ciudad de veraneo de todos los paulistas. Hacia allí fuimos, a hacer un poco de playa. Esta ciudad tiene grandes edificios y playas amplias y mar bravo. El día no estaba muy lindo, pero eso no nos impidió pasarla bien.

De vuelta en el barco, pasamos los siguientes dos días en altamar, que transcurrieron más que nada tomando sol en la pileta, jugando a las cartas, participando de algún torneo de futbol o básquet  y descansando. Arribamos finalmente, el 7 de enero, a Punta del Este. El crucero luego seguiría para Buenos Aires, pero para nosotros ese era el final del viaje, ya que nos quedaríamos una semana más en Punta del Este.

Como experiencia viajar en crucero está muy interesante, es una manera de viajar que no a todos les convence, pero yo soy del pensamiento que hay que probar todo en la vida, o lo más que se pueda. No sé si lo volvería a hacer, pero la pasé muy bien mientras duró, y eso es lo que cuenta.


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El barco de noche

   

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