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Vacaciones en el mar!
Escribe: rocha123
Viajar en crucero me sonaba un tanto extraño. No son de mi agrado los hoteles lujosos ni el encierro que supone pasar todo el dia en ellos, sin embargo, se podría decir que viajar en crucero es precisamente ambas cosas juntas. Pero enseguida entendí que ser viajero se trata de estar abierto y no prejuzgar, justamente probar nuevas experiencias!
“Praia, mulheres, cerveja y samba…”
Río de Janeiro, Brasil — viernes, 24 de diciembre de 2010
La Cidade Maravilhosa nos recibió con un día fresco y una neblina abismal. La primera parada de nuestro tur fue el Parque Nacional Floresta da Tijuca, donde en el Cerro Corcovado se encuentra un ícono del país: el Cristo Redentor. Cruzando la tupida vegetación que parece invadir la ciudad, el sinuoso camino nos entrega alguna vista a lo lejos de este monumento. Una vez arriba, el taxi nos esperó.
La entrada puede ser solamente abonada con REALES Y EN EFECTIVO (25 R$).
Camino por los pasillos y las escaleras me sentí como si estuviera, literalmente, caminando entre las nubes. Estabamos realmente en aquel lugar, en uno de los más representativos de Brasil? No podíamos ver más que niebla. Unicamente las postales exhibidas en los negocios nos daban indicios de que así era. Estábamos en Rio, pero sin estarlo. Una gran blancura se extendía sobre la ciudad y, mas alla del mirador, nuestros ojos humanos no alcanzaban a ver nada. El Cristo Redentor fue como un amigo que no quiere aparecer en ninguna foto. No estaba ahí.
Hubiéremos pensado que alguien se lo había robado si no fuera por los gritos de festejo que soltaban los demás turistas cuando, una o dos veces, a la neblina le daban ganas de ilusionarnos y dejar ver la base, no más que la base de aquel colosal estructura.Sin nada que ver o que hacer, mas que tomarnos fotos con el mapa indicador de lo que se debería ver desde el balcón panorámico, nos fuimos. Me hubiese gustado hacer alguna de las trilhas por el Parque Nacional, si van con tiempo no dejen de visitarlas.
Bajando por el cerro, el pequeño-y gratis- mirador Santa Marta nos regaló una vista parecida a la que desde la cima no pudimos tener (y encima, gratis!) Vimos la favela donde Michael Jackson grabó uno de sus famosos videoclips. Escuchando a los guías de otros grupos, divisamos los distintos barrios y algunos estadios en Rio, como Flamengo, Botafogo y, a lo lejos, Ipanema.
Continuamos bajando, apreciando el cambiante paisaje que, a pesar de que iban a pareciendo las primeras casas, seguía conservando su magia. El barrio Santa Teresa escondía una mística indescifrable en sus coloridas calles. Parecia un pueblo perdido y alejado de cualquier gran ciudad, pero estaba lejos de serlo.
Poco después todo quedo atrás y nos adentramos en las avenidas para visitar el Maracaná. Allá nos pusimos a charlar de futbol con unos paraguayos que viajaban en auto, se sabían todas las novedades de los equipos argentinos! Para el almuerzo, el taxi nos llevó a Polis Sucos, un fast food del centro donde 4 licuados y 3 sandwiches nos costaron R$ 40. Los oficinistas hacían una pausa de su trabajo para descansar en este lugar. La verdad que en Buenos Aires es difícil encontrar restaurants de comida rápida que vendan comida saludable y económica, pero parece que en Rio hay muchos de estos lugares.
Más tarde, nos dirigimos a la laguna Rodrigo de Freitas, cruzando los morros por la avenida que acompaña a la costa. La laguna, nada especial, pero, tenía algo muy curioso: un árbol de Navidad que alardeaba ser el más grande del mundo! Mientras un joven descansaba dentro de uno de los pedalinhos o cisnes a pedal que se alquilan para pasear por la laguna, la tarde pasaba lenta en esta porción de la ciudad…
Eran algo así como las 15 hs cuando empezamos a bordear desde el taxi algunas de las playas más famosas del mundo. Debajo del pan de azúcar, lujosos rascacielos se erguían frente al mar y osaban amenazar con esconder en sol detrás de ellos. En una de las playas se podía hacer parapente. “Genial” pensé, hasta que me preguntaron la edad. 15… Otra vez mi edad me limitaba, como cuando no pude ir al gimnasio del crucero por ser menor de 16. La playa estaba desierta excepto por algún que otro intrépido deportista que trotaba sobre la arena… Acá, otra vez, en medio de un Rio de Janeiro agitado, se respiraba tranquilidad.
De nuevo en el auto, pasamos por Ipanema. Las aguas rompientes sobre la deliciosa arena blanca de ese suelo carioca me invitaban a darme un baño, algo que no pudimos hacer por falta de tiempo. Sin embargo, quedaba lo mejor por delante. Entonces, rumbeamos hasta el Pan de Azúcar, aún sin saber si subiríamos o no. La ciudad estaba totalmente cubierta de nubes, pero la cima del morro se veía despejada. Al parecer, a cidade maravilhosa nos quería dar una segunda oportunidad.
No podíamos irnos de Río sin una vista panorámica de la ciudad, así que pagamos la entrada de R$ 44 adultos y R$ 22 menores, y nos subimos a nuestro vehículo. No el taxi, era el bondinho, o como le decimos en español, teleférico. La moderna nave estaba ocupada en su mayoría por japoneses, pero, a medida que íbamos ganando altura, todos nos arrebatábamos por igual en la búsqueda de la mejor foto.Arriba, el cielo se compadeció de nosotros y decidió liberar un espacio para que pudiéramos deslumbrarnos con las vistas superpanorámicas. Es tema de discusión desde dónde se tienen las mejores vistas, si desde el Corcovado con el Cristo Redentor o desde el Pan de Azucar. Si me preguntan, yo tendré que votar en blanco, alegando que (y como excusa para volver) no puedo elegir hasta haberme sorprendido con la vista desde el Corcovado…Alrededor de las 17, ya era hora de volver. Pasamos por Copacabana, donde lo que más me llamó la atención fueron las espectaculares esculturas de arena que parecían firmes y sólidas sobre la debilidad que la superficie les podía ofrecer.La majestuosa bandera verdeamarela ondeaba en la cima del castillito de arena, recordándome, como si alguna vez pudiera olvidar, lo hermoso y variado que es Brasil, tierra que amo y que forma parte de mí…
Tras 6 hs de recorrido por solo una pequeña parte de lo que representa Rio de Janeiro, con sus paisajes, favelas, sus gentes de acá para allá pero también los que encuentran algo de relax entre las corridas, Río superó mis expectativas. El taxi nos dejó en el puerto, pero yo no quería terminar así nuestra visita por la ciudad. Por eso, salimos a recorrer las calles cercanas, solo para conocer más, para conocer otra faceta de la ciudad.Tanta gente en las calles me hacia recordar a Buenos Aires. El camino nos condujo a una angosta calle donde las casas se amontonan unas sobre otras. Del otro lado, precarios puestitos de artesanos, donde en uno compré una pulsera, que me sigue acompañando. Es testigo y prueba, memorial para mí de ese gran viaje…
Bajo una suave llovizna embarcamos, dejando atrás la ciudad maravillosa de Rio de Janeiro. A los pocos minutos partimos, tan pronto como el sol comenzaba a esconderse tras los morros y edificios, y las luces de la ciudad comenzaban a brillar. Desde la cubierta y bajo la lluvia, esa fue nuestra última vista de Rio… Solo por un tiempo.
Tips:
Una excelente opcion para recorrer Rio en poco tiempo es en taxi. Si llegan en crucero contratar un taxi fuera del puerto (revisar matricula). En todos casos, arreglar las horas de paseo y el precio de antemano.
Tiene que ver con: Ahorrar dinero, Transporte
Ideal para: Familia con hijos, Grupos
En Río de Janeiro, Brasil
La entrada al Parque Nacional Floresta da Tijuca se abona en efectivo y con reales si o si!
Tiene que ver con: Imperdibles, Qué llevar
En Río de Janeiro, Brasil
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Últimos comentarios
yerbabuena dice:
Muy buenos tus relatos.
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