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República Dominicana: un rincón de maravillas en el caribe

Escribe: mariposadefuego
La República Dominicana ocupa más de la mitad del territorio de la Isla de la Hispaniola (la que comparte con Haití), es tierra de exuberantes y verdes montañas, fértiles campos y por sobre todo doradas playas, que llevaron a Cristóbal Colón a calificarla como la tierra más bella que ojos humanos hayan visto jamás.

 

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República Dominicana: un rincón de maravillas en el caribe

República Dominicana — miércoles, 16 de febrero de 2005

Una historia complicada

Los primitivos habitantes de la isla eran los taínos, que la bautizaron con el nombre de Qisqueya ("Madre de todas las tierras"). Procedentes de las cuencas del Orinoco y el Amazonas, este pueblo amerindio de carácter pacífico vivía de la pesca y la agricultura. Organizados en cacicazgos, han aportado al castellano palabras como barbacoa, coco, macuto o hamaca. Tras la llegada de los españoles y a pesar de la resistencia de caciques como Anacanoa, una mujer, fueron diezmados por la esclavitud y las guerras. Sus adversarios, los violentos y caníbales caribes, tampoco corrieron mejor suerte.

El 5 de diciembre de 1492 Cristóbal Colón arribó a Puerto Plata, en el norte de la isla. Tras tomar posesión de ella, la bautizó como La Española y con los restos de la naufragada embarcación en la que llegó construyó el fuerte Navidad. Tras dejar allí a un destacamento al mando de Diego de Arana, volvió a España. A su regreso un año después, la guarnición había sido eliminada por los nativos. No obstante, la colonización siguió en marcha y se fundaron las primeras ciudades del nuevo continente, La Isabela (1493) y Santiago de los Caballeros (1496). En 1502, Bartolomé Colón, hermano del almirante, y Nicolás de Ovando fundaron Santo Domingo.

 Bajo el virreinato de Diego Colón, hijo del navegante, se introdujo en la isla el cultivo de la caña de azúcar, importado de las islas Canarias. La necesidad de mano de obra hizo que se trajeran esclavos procedentes de África. El siglo XVI fue una etapa de esplendor para La Española. El comercio y las artes florecieron, mientras que Santo Domingo era el principal puerto americano. Tras la conquista de México el protagonismo pasó a La Habana.

En el siglo XVII la isla fue objeto de constantes ataques por parte de piratas, como el célebre Francis Drake. La creciente influencia de los franceses, instalados en parte de La Española, puso en peligro la hegemonía española. Ante esta presión, España cedió a Francia por el tratado de Ryswick en 1697 la zona occidental de ésta. En 1805 la isla volvió a estar bajo la Corona española.

Los criollos, deseosos de lograr su independencia, se sublevaron en 1821 a las órdenes de Núñez de Cáceres. Aunque llegó a redactar una Constitución, el recién creado gobierno duró poco, ya que en 1822, Haití -que se había independizado en 1804- invadió la parte oriental de La Española. En 1844, la revolución encabezada por Juan Pablo Duarte -fundador de la República Dominicana y héroe nacional- devuelve la libertad a los dominicanos. Para oponerse a la amenaza haitiana, el gobierno pidió ayuda a España, que intentó recuperar la colonia ocupándola entre 1861 y 1865. Ese año las últimas tropas españolas fueron expulsadas definitivamente. Sin embargo, el país no alcanzó la estabilidad política y se sumió en una crisis económica y social.

A principios del siglo XX, y con la excusa de cobrar su deuda, EEUU ocupó el país hasta 1924, cuando se firmó una nueva Constitución. En 1930, Trujillo dio un golpe de estado e impuso una férrea y cruel dictadura que se prolongó hasta 1961, cuando fue acribillado a balazos por un grupo de opositores. La democracia se restableció con Balaguer, muy vinculado a la dictadura, que se mantuvo en el poder durante siete mandatos. En 2000 el socialdemócrata Hipólito Mejía ganó las elecciones. El país aún intenta salir de su situación de pobreza y crisis económica.

Música para todos

La principal manifestación cultural de Santo Domingo es, sin duda alguna, la música. El merengue y la bachata, los géneros más populares, se oyen a todas horas en calles, playas, restaurantes... El primero, una música mestiza que ha alcanzado fama mundial, nació en el siglo XIX en los arrabales, entre la gente humilde, y fue pronto tachada de lujuriosa y excesivamente sexual. A finales de 1840 el músico Alfonseca, autor de uno de los himnos nacionales, la incorporó al repertorio de su banda, sacando este ritmo de los barrios humildes y llevándolo a las grandes salas de baile. Poco a poco, este género fue popularizándose en todas las capas de la sociedad. A mediados del siglo pasado, y con el mecenazgo de Trujillo, el merengue se impuso como género con grandes figuras como Compadre Pedro Juan, Luis Alberti o Negrito Chapuseaux.

Actualmente, este ritmo arrasa en las emisoras de todo el país.
Tanto en la música como en otras manifestaciones de la cultura popular, la impronta africana tiene una enorme importancia. En los barrios marginales de las ciudades y en el campo se practica un especial sincretismo que mezcla los ritos y símbolos cristianos con otros procedentes de las religiones animistas que los esclavos africanos trajeron consigo. Esta mezcla de creencias que los locales conjugan con perfecta armonía, se engloba bajo el nombre genérico de vudú. Aunque su uso no está tan extendido como en el vecino Haití, la fe en los loas -presencias sobrenaturales que rigen la vida- y los zombis -personas vivas o muertas que se transforman en animales o plantas- se mantiene activa.

Festividades

A las fiestas típicas de los países católicos (Reyes, Navidad, Año Nuevo, Semana Santa) destacan otras, como la festividad de Nuestra Señora de Altagracia, una de las más espectaculares, que se celebra el 21 de enero en Higüey con procesiones y peregrinaciones a la basílica. Mientras, el 26, el natalicio de Duarte, padre de la patria, es fiesta nacional.

Sin duda alguna, la celebración más importante en el país es el Carnaval, especialmente el de Santo Domingo, que se llena de desfiles y carrozas. De arraigada tradición e influencias barrocas es el de Santiago de los Caballeros, mientras que los de La Vega destacan por los "diablos cojuelos", hombres disfrazados con prendas de vivos colores.
El 15 de julio la capital acoge el popular y animado Festival del Merengue. Durante toda una semana, la ciudad es un hervidero de música, baile, mercadillos y puestos de comida. Durante la primera semana de septiembre, la fiesta se traslada a Puerto Plata con su Festival.

Parque de los Tres Ojos

Es una cueva de 15 metros de profundidad con tres lagos subterráneos, con escalinatas rodeadas de vegetación natural y estalagmitas en pleno proceso de crecimiento, que ofrecen una deslumbrante visión.

Sosúa

El pequeño pueblo de Sosúa, con su ambiente informal que mueve a descansar y disfrutar de la naturaleza, fue originariamente lugar de asentamiento de refugiados judíos que llegaban de Europa durante la Segunda Guerra Mundial, y hoy es conocida por su hermosa playa, sus restaurantes - terraza y su movida nocturna, ya que allí se dice que cuando puerto plata se acuesta, Sosúa se despierta.

Cabarete

A sólo 15 minutos al este de Sosúa, este pueblito localizado entre una bahía y una laguna, atrae a los fanáticos del wind surf . Allí se llevan a cabo etapas del torneo Copa Mundial de la Asociación de Windsurfing y tiene lugar cada año la Cabarete Race Week (una semana de competencias).

Juan Dolio

Esta pequeña ciudad costera, con cerca de 4000 habitaciones hoteleras, brinda a sus visitantes la posibilidad de jugar en sus casinos o en sus dos campos de golf de 18 hoyos. Ofrece una variedad de deportes náuticos y les permite disfrutar de su gastronomía en los restaurantes casualmente elegantes o informales.
Cerca de Juan Dolio está Boca Chica, con el Parque Nacional de la Caleta, uno de los cinco mejores puntos de buceo del Caribe.

La Romana

En la Romana, Casa de Campo es un verdadero paraíso para quienes aman los deportes: campos de tiro, de tenis y de golf.
Muy cerca de este atractivo resort se hallan los Altos de Chavon, una de las principales atracciones del país.
Esta ciudad de artistas es una réplica ecléctica de una ciudad italiana del siglo XIV. En ella trabajan y habitan artistas nacionales e internacionales en una atmósfera romántica, rodeados de tiendas de artesanía, museos, iglesias, anfiteatros y restaurantes con vista espectacular al Río Chavon.
Cerca de allí, yacen las playas de Bayahibe y Dominicus, desde donde el turista puede trasladarse fácilmente a las Islas Catalina y Saona, para contemplar las áreas vírgenes y protegidas del Parque Nacional del Este.

Valle del Cibao

Este fértil y hermoso valle, el más grande de la República Dominicana, ofrece, además del atractivo de Santiago de los Caballeros, otros lugares de gran interés.

 En pleno corazón del valle se encuentra el pueblo de La Vega. Con un entorno que llevó al mismísimo Colón a proclamar que "era la tierra más hermosa que ojos humanos jamás hayan visto", esta pequeña localidad, fundada en 1495, destaca por las ruinas de la ciudad vieja, al pie del Santuario Nacional del Santo Cerro. Allí colocó Colón la Vera Cruz que Isabel la Católica le entregó antes de partir hacia Nuevo Mundo y donde, según la leyenda, apareció la Virgen de las Mercedes. Además, alberga los balnearios de Bayacanes y Acapulco y celebra uno de los carnavales más pintorescos del país. Las cercanas Constanza y Jaracaboa ofrecen la oportunidad de practicar deportes de aventura o relajarse en balnearios.

Punta Cana


Hace tan sólo 30 años, esta Costa Oriental de la Hispaniola no era más que una desolada extensión de selva y playa. Hoy es sin duda uno de los destinos de más rápido crecimiento en el Caribe.
Más de 15 grandes complejos hoteleros, con un número superior a las 10.000 habitaciones, bordean los 35 kms de playa , recibiendo los pasajeros en mas de 70 vuelos chárter y regulares semanales a través del aeropuerto internacional de Punta Cana.

Las playas de Bávaro, Macao, Arena Gorda, Cortecito, Cabeza de Toro y Punta Cana son particularmente deslumbrantes. Sus espléndidos resorts están construidos respetando 60 metros a partir de la costa, ya que la ley prohíbe interrumpir este verdadero espectáculo de la naturaleza.

Gastronomía

La cocina autóctona es una mezcla de la gastronomía taína, africana y española. Sin embargo, es muy sencilla y, en contra de la costumbre caribeña, no abusa del picante. El sancocho, una especie de cocido con caldo y varias clases de carne y legumbres, y el locrio criollo, similar a la paella valenciana, son dos platos influidos por la gastronomía española. Los chicharrones, el mondongo -equivalente local a los madrileños callos- o el arroz moro, con legumbres y vegetales, son comidas muy populares.
De la cocina taína se conservan la catibia, empanada rellena de yuca y picadillo, y el casabe, muy rico en fibra vegetal. Otros platos locales son el pescado con coco, típico de Samaná, la langosta, el chivo, guisado o linivero, acompañados de tostones de plátano frito o yaniqueques, panecillos de harina fritos en aceite.

De postre, prueba el piñonate, elaborado con leche y coco, el majarete, con azúcar, leche, maíz y canela o las excelentes y jugosas frutas que se crían en el país, ya sea en zumo o al natural. Hay una amplia variedad donde elegir: pomelo -llamado toronja-, plátano, mango, coco, piña, melón, sandía, tamarindo, zapote o papaya. Un buen ron es lo mejor para finalizar un suculento condumio.

Souvenirs

De la rica artesanía local destacan los objetos elaborados con caparazón de tortuga, la cestería, los bordados y los muebles finamente trabajados. Encontrará también cerámica, tallas de madera, las famosas muñecas sin rostro, hechas con barro cocido y vidriado, pinturas naïf de estilo haitiano y piedras semipreciosas. El coral, rojo y negro, abunda, pero asegúrese de que poseen un certificado de legalidad, ya que sino constituyen un grave atentado al medio ambiente. A la hora de comprar objetos típicos no pueden faltar las alhajas y otros objetos de ámbar, la joya nacional. Un viaje a la República Dominicana no está completo si no se adquiere esta resina fósil de tonalidades amarillentas o marrón oscuro. El mejor lugar para comprarla es en Puerto Plata, donde incluso existe un museo sobre esta piedra. En todo caso, conviene comprarlo en lugares reconocidos para evitar las falsificaciones.
En Santo Domingo es recomendable visitar el Mercado Modelo o los alrededores de la calle Conde. Alrededor de la calle Sol se ubican establecimientos de interés en Santiago de los Caballeros. Excepto en hoteles o centros comerciales de prestigio, la norma es regatear.

Tips:

Clima: Aunque el clima predominante es el tropical húmedo, existen cinco microclimas: el húmedo, el seco estepario, el tropical de selva, el de bosques y el de sabana. En general, las temperaturas son suaves y veraniegas, fluctuando entre los 18 y los 27ºC, aunque el nivel de humedad es alto. El mes más caluroso es agosto, y el más fresco enero. En la temporada de lluvias, que transcurre entre mayo y noviembre, pueden ocasionalmente producirse huracanes.

En República Dominicana

En taxi: En las ciudades hay pequeños coches-taxis que siguen unas rutas regulares con paradas. Los taxis no llevan taxímetro, pero están regulados por el Gobierno. Pacte con el taxista de antemano el precio de la carrera. Los motoconchos son los taxis más populares y baratos: son motocicletas particulares que te llevan si vas en su dirección.

En República Dominicana

En autobús: Es una buena manera de moverse por el país, ya que conectan las principales ciudades y sitios turísticos. Los formales tienen horas de salida fijas, son más cómodos y paran en estaciones en el centro de las urbes. Los comunes son los usados por los locales, más incómodos y sin paradas fijas (hay que establecerlas con el chofer), aunque más entretenidos y pintorescos.

En República Dominicana

En avión: En el país existen siete aeropuertos importantes: el de Herrera, al norte de la capital; el de Las Américas, al este; el de La Unión, al norte del país; Punta Cana y Punta Águila al este; el de Barahona, en el suroeste y el de Cibao, en Santiago de los Caballeros. Entre éstos y las ciudades no existe un servicio de autobuses, por lo que hay que tirar de taxi. El transporte aéreo local es una buena opción para desplazarse.

En República Dominicana

En coche: Alquilar un coche es caro, pero da libertad. Sólo se precisa ser mayor de 21 años y poseer carné de conducir válido y tarjeta de crédito. En las grandes ciudades existen compañías de alquiler de vehículos. Las carreteras en general son aceptables, aunque algunas tienen socavones. La manera de conducir de los dominicanos es endiablada, sin señalizaciones y con normas no escritas que sólo conocen ellos. Como contrapartida, la gasolina es más barata que en Europa.

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Últimos comentarios

Marjaler dice:
Para los mejores restaurantes de la República Dominicaba les envio el: Fundamento y origen de la genuina receta de la Paella de la Parreta / Paella Valenciana
Fragmentos del libro de investigación gastronómica


PAELLA VALENCIANA
PAELLA DE LA PARRETA ®


Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio sin autorización escrita del autor Juan B. Viñals Cebriá.-Inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual, V.- 20-04-2007.
Por medio de la documentada “Agència Valenciana del Turisme”, sabemos que.-“La gastronomía valenciana está basada históricamente en: “Los diez libros de agricultura del famoso Columela, el Libro de Cocina del romano Apicio, las Etimologías de San Isidoro (siglo VIII), el Libro de Cocina Hispano- Magrebí, traducido por Ambrosio Huici Miranda (siglo XIII), incluidos muchos párrafos metafóricos de la poesía arabito andalusí surgidos de la imaginación de Ben al Talla y Cafar Ben Hutman, entre otros literatos, además del libro Arte de Cozina del valenciano Diego Granado, cocinero de Felipe II; configuran un gigantesco antecedente cultural que de una forma directa o velada posee un fiel reflejo en muchos de los hábitos alimenticios de estas tierras”. Por mi parte decir que mis meritos o conocimientos gastronómicos caso de poseerlos son debido a los continuados consejos y a las meritorias confidencias que con tanta paciencia me revelara mi tía María Cebriá Miralles(1906-1992-Valencia), hermana mayor de mi madre quien a principios de la década de los años sesenta se encargaba de los notorios fogones de la histórica Parreta, donde se mantenía la rigurosa “recepta” (receta) oral de la Paella Valenciana, plato germinado en aquella tan glorificada cocina. Mi tía María, me explicó aquella receta tal cual le había facilitado de propia voz la tía Lola, otra familiar nuestra descendiente directa de los fundadores de tan dignificada posesión. Hechas estas importantes revelaciones preliminares, es necesario situar la cuestión en el estudio de la cocina y sus recetas, porque a nadie se le escapa que la comunicación de las formulas y los libros en la cocina, es algo relativamente moderno. Por aquellas mismas décadas, mientras atendía mi tía con tanto donaire sus guisos, me iba explicando las materias primas, la justa medida y el adecuado procedimiento que correspondía emplear en cada momento para la elaboración de la reina y señora de la gastronomía que ahora llamamos Comunidad Valenciana.Fruto de aquellas confidencias hoy en día se dispone de la receta escrita donde se exponen los elementos didácticos e invariables que son exclusivos para las paellas condimentadas con el Fundamento de la Paella de la Parreta o Paella Valenciana. Por lo tanto, nuestra fuente documental es trascendente y directa desde el mismo origen, mi abuelo paterno D. Vicente Cebriá Ballester que era pariente próximo de los dueños de aquella célebre alquería del camino de Burjasot, referida por Vicente Blasco Ibáñez, el novelista valenciano más universal, decir que tan acreditado predio se encontraba situado en el septentrión de extramuros de la ciudad de Valencia, contiguo al renombrado convento de la Esperanza, justamente en el chaflán del camino de Burjassot, por donde por una, y otra parte, discurrían los históricos caminos Real de Liria, y Paterna, tan frondoso lugar se hallaba rodeado de unas bien cuidadas huertas y arboledas, bañadas por las caudalosas acequias de Petra, Mestalla y Tormos.
Nuestro manjar
Tendremos que convenir que la Paella Valenciana es el manjar más conocido de la enaltecida gastronomía española, es la glorificación misma del arroz a nivel mundial. Este plato tan exquisito de la cocina mediterránea surgió en un principio entre las cocinas de las más señoriales alquerías de la huerta, después de la mano de la burguesía capitalina fue introducida y glorificada en los ambientes, artísticos, religiosos y literarios de Alicante, Castellón y Valencia. Incluso en estos mismos tiempos cuando los valencianos de alguna de sus tres provincias quieren solemnizar alguna efeméride especial con amigos, personalidades, Jefes de Estado, Reyes, o Papas, nunca faltará desde el mantel y la mesa más distinguida, a la más modesta, la reina y señora de la gastronomía española. Por lo tanto tendremos que convenir que la elaboración de la genuina paella es un arte que va mucho más allá, en tierras valencianas su elaboración se considera todo un rito y reverenciado ceremonial, por lo tanto nos encontramos ante una concepción especial de una receta anclada en bases tan fundamentales que no defrauda por lo exacto y lo concreto de sus ingredientes. Los antiguos y experimentados cocineros de aquellos suntuosos fogones eran tan exigentes, que para la cocción seleccionaban la leña de limonero, naranjo o algarrobo. La autentica paella debemos cocinarla con llama (fuego muy vivo), jamás con la brasa. Es fundamental el cuidado del fuego, hasta el extremo que en las más lujosas alquerías disponían de un habitáculo especial cimentado y diseñado con caracteres exclusivos. En esa parte de la cocina quedaba reservada con carácter propio para elaborar según los cánones no escritos del plato valenciano más universal, ese habitáculo se encontraba situado en aquella parte del feudo que por su situación permitía mantener en algunos momentos un fuego rápido y continuado e intenso; es impensable una buena paella sin utilizar un buen golpe de fuego, acompañada de una llama armoniosa y continuada. Otro rito, o ceremonial desaparecido, era el reposo de la paella, se apartaba recipiente del fuego y se dejaba sobre la tierra húmeda formada junto la humedad del pozo artesiano, jamás se dejaba sobre pavimento o piedra, esta tradición basada en profundas y a veces misteriosas convicciones practicadas fielmente por todos aquellos cocineros de antaño, hasta el punto, que en la editorial Destino se publicaba la versión castellana del libro de Joseph Pla (1879-1981 Gerona).“El que hem menjat”, se podía leer,-“(…) En los rústicos corrales de pueblo hay tierra para el reposo de la paella, mientras que en una cocina moderna sólo disponemos de azulejos, mármol, railite y el “foguer” de gas-ciudad”.

Mi consejera gastronómica

Mi tía María, con su armoniosa voz y su dulce modo de hablar, me solía decir.-“La Paella, con nuestra receta, se debe de comportar como un alimento para los sentidos, que se funde lentamente –para prolongar el gozo- en la lengua e impregna el paladar. La sola acción de llevarse a la boca la paella supone para los que gusta saborear las –exquisiteces- casi una experiencia mística. La paella ha sido y es, para los más exigentes un alimento más divino que humano, tienta, deleita, reconforta, y su ancestral receta se inscribe dentro de los más puros cánones de la acreditada dieta valenciana o mediterránea, nadie puede alcanzar eminencia de buen sibarita, si antes no ha experimentado el placer de saborear la paella con cuchara de madera”. (Traducido del valenciano)
Los profanos, o carentes de un sensitivo paladar, dicen “paella” a todo el arroz condimentado con ese recipiente. Para saborear una buena paella no se debe de atiborrar el receptáculo con ingredientes más o menos extraños, extravagantes, coloristas o estrafalarios. Para considerar exquisita una paella, el arroz debe de encontrarse en su punto, los granos secos, sueltos, separados, que cada grano tenga personalidad propia: para conseguir todas estas cualidades se contará con los justo y precisos ingredientes; arroz, aceite, verduras, pollo, conejo, fresco y selecto, todo pura ambrosía.
Otra necesaria aclaración, su nombre: es Paella, por lo tanto no se diga paellera. -Paella, es como desde siempre le llama a tan singular recipiente, que por sus medidas se le ha desprovisto del mango y en su lugar se le han fijado dos asas, por lo tanto se trata de un receptáculo metálico, redondo, ancho, cóncavo y poco profundo. Seguramente la palabra procede del latín "patella". El hecho de decir paella, sólo se invoca el receptáculo, o sartén, pero debemos de asumir, por muy exigentes que pretendamos ser con el léxico, que el término en su origen, hace referencia al contenido, y no al continente. En la carta de cualquier restaurante del mundo, desde el más lujoso, al más modesto, aparecerá escrito paella.-Paella si, -y no paellera como dicen algunos por desconocimiento; -porque paellera en todo caso, sería la cocinera, y no el recipiente donde se cocina la paella que desde su nacimiento en las tres provincias valencianas siempre se ha dicho y escrito paella, y nunca con el neogolismo paellera.

Ingredientes exactos y precisos

Los ingredientes exactos y precisos para condimentar la auténtica Paella, son: arroz, pollo, conejo, tomate maduro, judías blancas o tabella, judía verde ancha o ferraura, garrafón, además de pimentón rojo dulce, azafrán en rama –seco, aceite de oliva virgen, sal, y agua. Un secreto.-Con un cazo aparte con agua se colocan unas ramitas de romero y una vez el agua haya hervido se pasará por un tamiz para que sus hebras no molesten a la hora de comer. Después se verterá a la paella con el caldo y de esta manera proporcionará el específico sabor de baquetes (caracoles) de montaña.
Muy importante, solo utilizar los productos recomendados en la receta; insistir en el arraigado pensamiento de aquellos grandes cocineros cuando decían.- “La Paella valenciana, no consiste en atiborrar el recipiente de incongruentes ingredientes, o mezcolanzas, la paella ya está inventada y sus componentes son los que son, y por lo tanto no precisa de las veleidades de cocineros inexpertos”

Componentes didácticos e invariables.-

1.- Arroz: Son preferibles los arroces Denominación de Valencia, de las variedades Senia o Bomba, (grano medio o corto). Nunca utilice arroz de grano largo, porque absorbe menos caldo y no resulta tan gustoso. (POR NUESTRA EXPERIENCIA SIEMPRE RECURRIMOS A UNAS DETERMINADAS MARCAS DE ARROZ, LA CUAL COSA NOS ASEGURA UNA PERFECTA ELABORACIÓN DE LA PAELLA VALENCIANA).
2.- Fuego (actualmente difusores de gas): debe de cubrir toda la base posterior de la paella. Se precisa un utensilio especial formado por varios aros concéntricos perforados para permitir la salida del gas y formar llamas pequeñas que calienten por igual la paella en toda su superficie posterior.
3.- Recipiente: Siempre se empleará una paella para elaborar tan selecto manjar gastronómico. En el antiguo “raval de Marjalena”, se le definía “paella sense mànec” (paella sin mango), metafóricamente, quienes cocinan con nuestra ancestral receta, siempre tienen la sartén cogida por el mango.

PAELLA DE LA PARRETA O VALENCIANA,
INGREDIENTES
(para 4 personas):
500 gr. de pollo
500 gr. de conejo
250 gr. de bajoca (judía verde ancha)
200 gr. de garrofó (judía blanca ancha)
100 gr. de tavella
100 gr. de tomate
400 gr. de arroz
100 CC. de aceite de oliva virgen
Azafrán o colorante alimentario amarillo
Sal
Pimentón colorado
Agua, (Queremos romper un mito, por los análisis realizados, estamos en condiciones de asegurar que todas las aguas potables son buenas para condimentar la paella).
Infusión de Romero. (No coloquen tal cual la rama de romero en la Paella, hace vulgar y, sus briznas molestan al buen gourmet).

Nota.- La Parreta, fue distinguida con el titulo y medalla del centenario de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Valencia (1886-1986).
PD. Tienen mi autorización para publicar y comentar estos fragmentos.
Fdo.- Juan B. Viñals Cebriá


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