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Polinesia, navegando en catamarán

Escribe: marwill97
En Julio de 2011 Junto con mi marido y otras tres parejas (todos navegamos en velero) fuimos a la Polinesia Francesa y en diez días y, viviendo en un catamarán a vela y motor que alquilamos, recorrimos Raiatea, Taha, Bora Bora y Huahine. Luego paramos un día en Papeete y 3 días con sus noches en Moorea.

 

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Volviendo a Puerto

Raiatea, Polinesia Francesa — viernes, 15 de julio de 2011

A la mañana siguiente volvimos a salir temprano por el Passe Avamoa y pusimos proa al Raiatea, donde entraríamos por el Passe Iriru o Maire, ubicado un poco más al Sur que el Teavapiti por donde habíamos salido dos días antes, y fondeamos cerca de la Ile Tipaemau, donde almorzamos y pasamos la tarde.

Para la noche elegimos la Baie Faarora, un profundo fiordo mencionado en la Pilot Guide, en el que se sugería fondear cerca de la desembocadura de un pequeño río, en 12 metros de agua, en coordenadas precisas de GPS donde encontramos un velero de bandera alemana que nos había ganado de mano. Con el objeto de no importunarlo buscamos ubicarnos a cierta distancia, pero la profundidad crecía rápidamente y el fondo –quizás por la influencia del río- era lodoso. Después de un par de intentos fallidos creímos estar clavados, y nos relajamos mientras el sol se ponía. Una hora o dos después, mientras soplaban 25 nudos de viento, por primera vez en todo el viaje y en plena oscuridad, nos dimos cuenta que garreábamos…

En esa emergencia, el plotter fue una ayuda inestimable. El timonel buscaba un nuevo lugar a ciegas, alejándose del velero del pobre alemán que probablemente nunca supo que un cata de 47’ pudo llevárselo puesto, mientras otros de nosotros lo guiábamos desde el tablero de navegación. Fueron 15 o 20 minutos de inquietud hasta que pudimos tirar el ancla de nuevo –en unos 18 metros de agua y soltando los 60 metros de cadena disponibles- y pareció que tomaba. Cenamos con el ojo puesto en el plotter, y configuramos dos GPS portátiles con alarma de garreo para poder dormir algo más tranquilos. Como corresponde, no dormimos tranquilos, pero el fondeo se portó.
 
La mañana siguiente nació por primera vez nublada y con algo de llovizna. Desayunamos con pereza y cuando escampó dejamos el maldito fiordo y nos movimos hacia la Ile Tipaemau, donde echamos el ancla en 4 metros de agua cristalina y organizamos una incursión a la isla en el auxiliar, que incluyó un hermoso snorkel entre sus arrecifes.

Después de almorzar y descansar un rato, iniciamos el retorno a Uturoa, por dentro de la laguna, en dirección al Norte y con una suave brisa del Este que nos permitió despedirnos del barco con escotas filadas.

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