Historia de Rabinal Achi

Escribe: normamonroy
Es preferible llegar aquí a finales de enero, cuando las calles de Rabinal se convierten en una marea humana multicolor, formada por los trajes típicos del grupo cultural maya-achí y por los desfiles de comparsas y grupos de baile que rodean la celebración de los Patronos San Pedro y San Pablo.

 

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Capítulo 1

Historia de Rabinal Achi

Rabinal, Guatemala — domingo, 6 de septiembre de 2009

A Rabinal se llega por una serpenteante carretera que culmina casi cinco horas de trayecto desde Ciudad de Guatemala. Está inmersa en el corazón del país, en el departamento de Baja Verapaz. Es preferible llegar aquí a finales de enero, cuando las calles de Rabinal se convierten en una marea humana multicolor, formada por los trajes típicos del grupo cultural maya-achí y por los desfiles de comparsas y grupos de baile que rodean la celebración de los Patronos San Pedro y San Pablo.Estas imágenes cristianas son expuestas en el atrio de la iglesia en andas de grandes proporciones, adornadas con plumas y motivos de vibrante colorido.

En realidad, San Pedro y San Pablo son el revestimiento de Tojil y Tijax, espíritus centrales de la espiritualidad rabinalense en torno al calendario maya. Ahora, de forma sincrética, salen en procesión por las calles del pueblo, acompañados de los melancólicos sones de la marimba, las chirimías y el tambor.Otro golpe de percusión anima la ceremonia: es el tun, un instrumento autóctono hecho con árbol de hormigo. “El tun es el eco de las montañas, la llamada de los dioses a la asamblea de los pueblos mayas”, recuerda José León Coloch, anfitrión y director del Rabinal Achí. Con este sonido, comienza la representación del baile-drama, la cual, con el nombre de Xajooj Tun o Baile del Tun, se realiza desde el siglo XV, o sea, incluso desde antes de que llegaran los españoles a Guatemala.

La historia


El Rabinal Achí se enmarca en las luchas internas que protagonizaron los quichés y los rabinaleb hace aproximadamente ochocientos años. Estos y otros grupos, todos de origen maya, pretendían hacerse con el control del territorio guatemalteco, sin imaginarse que, años después, serían sometidos por otro imperio llegado de Europa.En su argumento, el Rabinal Achí relata la gesta de este guerrero local al capturar y llevar ante su padre y rey, Job Toj, al líder de los quichés, Kiché Achí, quien había intentado conquistar a los rabinaleb. Job Toj ofrece a Kiché Achí ser su vasallo, pero éste se niega, por lo que es condenado a muerte. Sin embargo, antes de cumplir la sentencia pide tres deseos que le son concedidos: tomar la bebida ceremonial de los rabinaleb, bailar con la princesa indígena de Rabinal y realizar un viaje para despedirse de su pueblo. Una vez cumplidos esos deseos, Kiché Achí regresa ante Job Toj para ser ejecutado, labor que llevan a cabo los soldados rabinaleb, representados en forma de águilas y de jaguares.

Los cerros sagrados


La ciudad donde se desarrollaron los hechos sigue existiendo. Se llama Kajyub. Todavía pueden apreciarse las ruinas de sus principales templos. Está junto a Rabinal, en lo alto de un imponente cerro al que ascendemos con Mateo Ismalej, guía espiritual maya-achí.En la cumbre, el valle se abre majestuoso. Los cerros sagrados rodean el pueblo de Rabinal. En ese escenario grandioso, Mateo invoca en idioma achí a los espíritus mayas en una ceremonia en la que la que el fuego consume elementos sagrados como el maíz, las candelas, el azúcar o el ajonjolí. A su término, Mateo nos confiesa que el fuego ha sido el elemento de comunicación con el propio Rabinal Achí. Para Mateo y los rabinalenses, este guerrero sigue vivo. “Está entre nosotros, como también lo está Kiché Achí. Ambos son héroes, porque ambos buscaron lo mejor para su pueblo y pactaron para ello”, añade.

El Sac Be’


Las palabras de Mateo revelan el trasfondo de la historia que nos transmite el Rabinal Achí. Está basado en una forma de meditación maya llamada Sac Be’ o Camino Blanco, la cual significa: “busca a tu complementario que marcha siempre contigo y suele ser tu contrario”. El Sac Be’ utiliza la guerra como el camino de la no disensión, del acuerdo, del sacrificio, de la paz, de la búsqueda del equilibrio con la comunidad y con el cosmos. Por eso, el Rabinal Achí, más que la historia de una guerra, es una historia de hermandad y respeto mutuo.El texto original del Rabinal Achí ha permanecido intacto, sin influencia externa, desde su origen. Sobrevivió en la clandestinidad durante la conquista española y, posteriormente, en el conflicto armado interno que azotó Guatemala entre 1960 y 1996.Es admirable pensar que la tradición oral se encargara de transmitir fielmente, de generación en generación, el guión del Rabinal Achí. Claro que, para su conservación hasta nuestros días, también fue clave la obra del abate Charles Etiénne Brasseur de Bourbourg quien, en el siglo XIX, lo transcribió al maya-achí y posteriormente lo tradujo al francés. Según los expertos que la han estudiado a fondo, lo más llamativo de esta pieza literaria es su complejidad narrativa a pesar de su antigüedad, pues la trama está repleta de referencias retrospectivas y su lenguaje es eminentemente protocolar.Con los espíritus de Kajyub, Tojil y Tijax como testigos, el atrio de la iglesia de Rabinal se llena de improvisados espectadores para presenciar un año más la puesta en escena del Rabinal Achí. Entre los sonidos del tun, ocho actores representan en maya-achí a los protagonistas principales: Rabinal Achí, Kiché Achí, Job Toj, la princesa, las doncellas y los guerreros águilas y jaguares. Éstos últimos ejecutan a Kiché Achí, quien, antes de expirar pronuncia sus palabras inmortales



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