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Marruecos: la magia del sur

Escribe: pepemanolo
Marruecos es un país fascinante. Quien lo visita y se sumerge en sus colores, sus olores, sus cielos y llanuras, sus montañas y medinas, vuelve distinto. Momentos mágicos bajo las estrellas del desierto, tomando un té a la menta o dejándose perder por las callejas de la medina; respirar el aire cálido del desierto, el helado de las cumbres del Atlas y el especiado de la medina; dejarse impregnar por los colores de las dunas y el cielo, los olores de las especias y el hechizo de la música

 

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La necrópolis de Chellah (Rabat)

Rabat, Marruecos — viernes, 5 de agosto de 2005

Ya estaba a punto de oscurecer, pero hemos decidido entrar. 10 Dh nos han abierto la puerta de un lugar especial, fascinante.

Nada más entrar, el silencio lo invade todo. Los altos muros lo aíslan del resto del mundo, y el saber que sólo los muertos y nosotros poblábamos el lugar en esa hora del atardecer en que la luz cambia de color las cosas y declina anunciando la oscuridad, le daba al momento un hechizo especial.

La puerta árabe con dos torres almenadas y el contorno de la muralla dan una imagen que no corresponde con la paz del interior.

Las ruinas romanas (aquí estuvo la Salé romana) y las árabes se mezclan en un universo silencioso y mágico, de belleza sugerente, conquistado por una vegetación frondosa en la parte inferior, conquistada por decenas y decenas de cigüeñas y garzas. En el suelo, una docena de gatos descansa plácidamente.

La luz cada vez más escasa y las sombras crecientes dan un aspecto misterioso y mágico a las ruinas de la mezquita, hoy destechada pero que conserva, altiva, su torre cuadrada alicatada, y grabados árabes en el interior.

En el suelo se hallan las tumbas donde descansan Abu el-Hasan (el "Sultán Negro") y su esposa Chams ed-Duha ("Sol de la Mañana"), una europea convertida al Islam y desposada con el más importante de los sultanes meriníes.

Más al fondo y más en ruinas se aprecian los restos de la Salé romana, básicamente unas estructuras abovedadas que formaban parte de las construcciones subterráneas bajo el capitolio, y la base de las columnas del peristilo que rodeó en su día un templo. Cuando ya empezaba a hacerse difícil caminar con seguridad, hemos decidido dejar a las cigüeñas en los árboles y en el alminar de la mezquita, y a los gatos junto al manantial donde cuatro velas encendidas ardían en silencio, dejadas por no se sabe quién, y que aún acentuaban el halo de misterio del lugar con su luz trémula.

El silencio, más profundo aún si cabe, nos ha despedido cuando atravesábamos la puerta, en nuestro retorno al mundo de los vivos.

A la salida, las sombras de la noche se habían adueñado ya de la ciudad y la necrópolis. Era ese momento de la noche en que en el cielo quedan aún algunos rastros de luz que se resisten a morir, y en la tierra el hombre ha conseguido crear un espectáculo fascinante de luz y color, enmascarando los defectos y resaltando la magia de la piedra milenaria.

Las murallas de los almohades casi parecen cobrar vida de nuevo a la luz naranja de los reflectores, y la Chellah... la Chellah vuelve a levantar sentimientos de admiración por la belleza tallada en cada una de sus piedras, en cada una de sus sombras, en cada uno de sus rincones.

Las almenas se recortan en un cielo oscuro, en majestuoso silencio, protegiendo el descanso de los muertos antiguos. Sólo el sonido cada vez menor de las aves se oye, hasta quedar en completo silencio. Estremece. Ahora que los seres vivos duermen o callan, vuelven a reinar los muertos en la oscuridad profunda del interior.

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Últimos comentarios

Acuario64 dice:
Me ha gustado tu relato delicado lleno de magia y misterio.
Marruecos es un lugar pendiente para mí.

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laparoja dice:
Interesante relato lleno de mágica poesía.
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Puerta principal [2005]

   

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