Ecuador por oriente, sierra y costa

Escribe: juancatoto
Hacía tiempo veníamos planificando una nueva visita a ese hermoso país que es Ecuador. La idea, que finalmente concretamos, era recorrerlo en su extensión uniendo el oriente, la montaña y la costa. Los viajeros, cinco. Quien escribe, mi esposa Sandra, Carla nuestra pequeña hija de dos años y medio y nuestros dos sobrinos mayores: Javier y Nicolás. Con Javier ya hemos compartido algunos viajes. Para Nicolás iba a ser su primera vez. Esta es la historia de nuestro viaje.

 

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Quito antiguo y Quito moderno

Quito, Ecuador — viernes, 28 de diciembre de 2012

Es viernes. Al aguardo que dentro de un par de días lleguen Javier y Nicolás, dos sobrinos que estarán viajando desde Córdoba para sumarse a la aventura, elegimos recorrer el centro histórico de Quito. El Quito viejo. En esta ciudad, el sistema de transporte te facilita mucho las cosas. Ecovía, Trolebus, Metrovía, son nombres de las distintas redes que circulan por la larguísima geografía quítense llevándote a donde quieras por 25 centavos de dólar, que es la tarifa oficial. Utilizándolas se puede llegar de norte a sur sin invconvenientes.

Las horas pico, claro, como en cualquier ciudad que se precie de tal, son sinónimo de apretujones en los vehículos de transporte, pero uno que está de vacaciones, puede elegir esquivarle a esos horarios y viajar cuando le parezca. Y eso hicimos. Parada de Plaza Marín, en pleno Quito viejo y a recorrer sus calles antiguas de balcones que parece que se te van a caer sobre la cabeza y adoquines centenarios.

La Plaza principal nos recibió con su belleza y amplitud de siempre y nos invitó a bajar la empinada cuadra que nos llevó hasta La Ronda. La Ronda es una calle que tendrá unas pocas cuadras, pero que conserva, restauraciones mediante, el encanto de la ciudad colonial. Especialmente preparada para que el turista conozca cómo era Quito en aquellos tiempos, hoy es un paseo muy agradable, con frentes blanqueados, balcones reciclados, referencias a la vida cotidiana del Quito de otros tiempos, restaurantes, espectáculos callejeros… en fin, un lugar para ir a conocer, sin dudas, en una ciudad que tiene unos cuantos rincones interesantísimos.

Luego de recorrerla, volvimos al sector comercial, cerca de La Marín. Algunas compras de ropa a buen precio, y de vuelta a la zona moderna. Que en definitiva, entre paseos, ecovía, compras y almuerzo ya se nos había hecho la media tarde y los cuerpos ameritaban un descanso y una reparadora ducha.

Pero algo fue más fuerte que el cansancio. Las ganas de ver artesanías pudieron más que Sandra y bajamos un par de paradas antes para ir a la Feria de Artesanías de La Mariscal y de paso, a la que está en el Parque El Ejido, separadas ellas por un par de cuadras.
En este parque, Carlita se dio el gusto de recorrer sus juegos, subirse a las hamacas, jugar el subibaja y treparse por sus escaleras. Negocio redonde para la niña. Y para nosotros, que queríamos ver artesanía a pesar que al otro día íbamos al sitio artesanal por excelencia que tiene Ecuador: Otavalo.

De regreso al hotel, unos buenos mates acompañados por “cachos”, que son lo más parecido a las medialunas nuestras, pero solo eso: parecidos.


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