Vivì hasta los nosecuantos años en este barrio, -16-18 años, consulte a mi madre pero no supo dar fe de la fecha-, igualmente era de la clase media alta del Quito colonial. Mis padres compraron la casa aquì. Aledaño estaba el barrio de San Roque, de los primeros y màs tradicionales de la capital que en el siglo de su fundaciòn no tenìa màs de 5 cuadras a la redonda de la Plaza Grande. La plaza es el centro de Quito donde estàn los palacios de gobierno, municipal y arzobispal, o sea los tres poderes polìtico, el del cabildo y el espiritual, esquema que se repite en otras capitales latinoamericanas.
El barrio se fue deteriorando, arriba, en las laderas del Pichincha, hay otro barrio que se llama El Placer. Este tenìa otra personalidad, villas familiares màs sencillas. En un tiempo, por los años setenta, hizo moda el rock y la marihuana en la juventud de toda esa vecindad y El Placer se volviò el emporio donde unas tres generaciones bautizaron su vida con el alcohol y la hierba. Parejas de amigos hacìan viajes a Colombia para traer la merca, eran los brujos de la zona. Cuando se daño del todo el sector yo y mi familia emigramos al norte de la ciudad, por la zona de la Mariana de Jesus. En el centro ya no habìa nada rescatable, por lo menos no era vivible, solo habìa que ir de paso o limitarse a recorrer el centro històrico de Quito con sus centenarias iglesias, plazas, calles, casas de la època de la fundaciòn y toda la variedad de la poblaciòn ecuatoriana que confluìa allì.