Diarios de viaje > Perú, América del Sur
Quillabamba en motocicleta
Escribe: anilou
El barrio latino y los paseos por el Sena, las ramblas madrileñas, los canales de Brujas, un paseo por el Central Park, el atardecer más bello en el Valle de la Luna todos momentos únicos e inolvidables, pero incomparables en el recuerdo con este viaje cruzando la cordillera en una 250 para llegar al ¨ paraíso¨!
Sabor a Quillabamba
Quillabamba, Perú — lunes, 10 de diciembre de 2007
Recuerdo que esa mañana Aldo salió al patio del hotel a darle unos toques a Platero mientras que yo me bañaba y alistaba para salir a tomar el desayuno. En la esquina de la Plaza encontramos un localcito en donde desayunamos unos sanguchitos y jugo de pura fruta, que nos sabían a gloria.
El programa del día: llegar a Siete Tinajas. El trayecto si la memoria no es frágil e infiel al recuerdo debió de ser de una hora más o menos. Tomamos una pista no asfaltada que llevaba a Echarati, y a nuestra derecha fiel acompañante el rio Vilcanota impetuoso por¨ saltar¨ al Amazonas. Ambos contemplábamos silenciosos los campos de caña, de café, los frutales….. un par de veces tuvimos que sortear charcos de agua que ganaban la pista, agradecidos porque aun las lluvias de verano no estaban de visita.
Al rato vimos el letrero que anunciaba nuestra llegada. Siete Tinajas es una propiedad privada ya que se encuentra dentro del terreno de una familia local. Nos sentamos a descansar un ratito mientras que el propietario nos ofrecía Coco fresco o Yaca. Optamos por la segunda pues el nombre nos era extraño y exótico…. En verdad era una especie de guanábana pero de mayor tamaño. Un año después descubriría que también existía en Brasil y con el mismo nombre.
Pagamos el ingreso que no era más que un par de soles, y caminamos por un sendero hasta las Siete Tinajas. Recibe este nombre porque con el tiempo esta caída de agua ha ido erosionando la roca dándole la forma de justamente siente tinajas….. el propietario le ha acondicionado como pequeña piscina natural y es delicioso el baño.
De vuelta a Quillabamba tomamos otra salida en busca de una hacienda de caña donde uno podía conversar con la administradora y ver el proceso, desafortunadamente no se encontraba. Regresamos a Quillabamba ciudad para la hora del almuerzo.
Para ese entonces nos habíamos percatado que éramos los bichos raros del lugar. Después de tanto pensar descubrimos la razón, pues como buena tierra caliente todos se movilizaban en dos ruedas… pero NINGUNO, ni siquiera la policía, usaba casco de protección!
Luego del almuerzo, sentados bajo la sombra de uno de los arboles de la plaza, soñábamos con una vida por estas tierras?
- Y si nos mudamos? Qué haríamos??
- Tú podrías poner un consultorio dental (Aldo es dentista)
- O podríamos poner una escuela de idiomas juntos,… con la carretera algún día llegaran más turistas, y la gente necesitará aprender idiomas para guiarlos….
- Podríamos comprar un terrenito y poner un Lodge…. Y viviríamos felices!
Regresamos a la hacienda pero otro viaje frustrado, esperamos a la señora un buen momento contemplando a unos patitos recién nacidos pero nunca llegó. Para esa tarde habíamos pensado tomar una ruta que nos alejara de la ciudad y que recorriera la margen derecha del rio Vilcanota. Nuestro regalo: Quillabamba en medio de la vegetación y a lo lejos casi imperceptible el nevado La Verónica!
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Últimos comentarios
MONIARGENTINA dice:
Otro capítulo delicioso !!
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