De Cuzco a Machu Picchu por 7 dólares

Escribe: mochacharme
Desde la terminal del Paso de Santiago, en la ciudad de Cusco, hasta Aguas Calientes-Machu Picchu. Recorrimos uno de los caminos del inca màs largos de la regiòn, por el cual se atravieza el extenso Valle cusqueño de La Convenciòn, con su embriagante olor a cafè y selva de montaña...Un contacto con otra cara del Cusco: los pueblos de las yungas a donde llegan los viajeros pero se tarda el progreso, la sonrisa de su gente amable y agradecida y todos los ingredientes para una gran aventura.

 

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Capítulo 1 3

A Machu Picchu por una ruta alternativa

Quillabamba, Perú — sábado, 25 de agosto de 2007

La ruta: Santa Marìa - Santa Teresa.

El presupuesto: 21 soles, 7 dòlares.

El viaje:

22 de febrero de 2007.

Partimos desde la Terminal del Paso de Santiago en Cuzco a las 20:00 hs. con destino a Santa Marìa, en las sierras cuzqueñas. El boleto cuesta entre 12 y 15 soles. Dormimos durante las 6 horas que durò el viaje, y al llegar en una esquina oscura habìa una combi y un mini bus. Ambos vehìculos te llevan hasta Santa Teresa (zona de transición entre las sierras y la selva).

Primero llenan el bus que cuesta 6 soles, y luego la combi que cuesta 7. Debimos hacer tiempo a que llegaran los ùltimos buses de Cuzco, nadie quedarìa fuera de la travesìa. Como ya no quedaban asientos en el bus, Harris su conductor con una sonrisa indescifrable bajo sus bigotes al estilo mariachi nos hace amontonarnos a nosotras tres junto a èl en la cabina del vahìculo y luego partimos.

La noche aùn estaba cerrada y tomamos un camino donde las ùnicas luces eran las del transporte.

Es un camino de montaña, todo de ripio y cornisa, al estar inmerso en medio de una vegetaciòn exuberante se vuelve angosto. Por momentos cruzamos pequeñas cascadas que caen desde los cerros e inundaban nuestro andar y cuando otro vehìculo viene de frente, quedamos en dos ruedas haciendo equilibrio para dejarles el paso. Todo era belleza con las primeras luces del amanecer.

Para los que quieran hacer esta ruta a pie, les cuento que no es recomendable, ya que el camino se difurca seguido, no està iluminado obviamente y es muy fàcil perderse.



23 de febrero de 2007
Llegamos a Santa Teresa alrededor de las 6:00 a.m., ya habìa amanecido por completo. El mini bus se metiò por unas callecitas, y comenzamos a ver algunas viviendas. El mundo se percibìa muy hùmedo, se notaba que habìa estado lloviendo mucho por los grandes charcos de agua en las calles de tierra. Las casas eran todas muy sencillas, no es un pueblo lindo, pero el corazòn es grande.

Bajamos en la esquina de una calle ancha, en torno a ella los lugareños en las puertas de sus viviendas arman puestos y venden agua y comida, aprovechamos a tomarnos unos matecitos de coca para seguir combatiendo el mal de altura (0,70 centavos). Sentada en una modesta mesa, me detuve a mirar el paisaje circundante, màs allà de los techos de chapas, los toldos de nylon, las casas sin revoque y descoloridas, los rostros y las manos surcadas, hay unas bellas montañas, enormes, imponentes y verdes. Le preguntamos a la señora que tan amablemente nos atiende còmo llegar al puente y evitar cruzar el caudaloso rìo Urubamba en oroya.

Otros viajeros nos habìan hablado en Bolivia de esto. La señora se rìe y mira para abajo, despuès le preguntamos a Harris y se niega a decirnos, tambièn entre risas y evasivas. Luego de insistir finalmente nos indican por dònde tomar la carretera que nos lleva hasta el puente.

Comenzamos a caminar, atravesamos caserìos, calles rodeadas de palmas de plàtano, cruzamos una anciana diminuta, y le preguntamos si por allì se va a Machu Picchu, como puede nos hace entender que no habla nuestro idioma. Màs adelante una niña nos indica que vamos bien.

La realidad nos revela que todo va cambiando: las diferencias sociales se van acentuando, y un dejo de tristeza e impotencia asecha nuestros corazones...estos pueblitos se encuentran fuera del sistema econòmico-social, olvidados del mundo, y no puedo dejar de pensar en las personas que viven en las mismas condiciones en Argentina, al fin y al cabo en muchos puntos las realidades sociales de ambos paìses parecen acercarse, y no es otra cosa que la realidad americana. El camino sube, y nos vamos elevando sobre el nivel del rìo.

Comienza a salir el sol y nos sentimos por momentos dueñas del mundo, el paisaje es de una belleza extrema, los gigantes verdes que nos rodean irradian una energìa especial, y desde sus laderas caen cascadas enormes, somos tan chiquititas en medio de esa inmensidad.

Luego de 40 minutos de caminata llegamos al puente, a su costado estàn construyendo uno nuevo, pronto las distancias se acortaràn y esta ruta se volverà màs transitada, posiblemente con los años la privaticen.

Del otro lado hay hombres descansando sobre bolsas de arena, les preguntamos si por allì pasa el camiòn que va hasta la estaciòn hidràulica y nos dicen que pasarà en unos minutos, al parecer llegamos antes que todos los mochileros que cruzaron en oroya. Pero pasados unos minutos y al sentirnos algo observadas por estos muchachos, saludamos y seguimos adelante. El camino sube y baja, y esta lleno de curvas, el ruido del rìo ahora a nuestra derecha lo embruja todo.

Comenzamos a notar la presencia de mosquitos y empezamos a abusar del repelente en crema y aerosol, prendemos cada una un espiral (made in Argentina) y las chicas se encienden unos cigarros que parecen ahuyentar a los insectos. Luego de una media hora sentimos el ruido de un vehìculo que se acerca, miramos hacia atràs y ahì venìa por fin el camiòn cargado de mochileros, y algunos empleados que trabajan en la estaciòn, pero a esa altura querìamos seguir a pie, entonces les hicimos señas de que nos pasen.

Màs adelante el camino parece desprenderse de la montaña y hay algunas casas y quintas. Todo es sombra por la exuberante vegetaciòn y las altas palmas de las plantas de plàtano que forman una galerìa sobre nuestras cabezas. Luego de unos 40 minutos llegamos a la Estaciòn Hidro, ya venìamos viendo desde antes un tubo cilìndrico gigante, color amarillo y otro verde flùo màs angosto saliendo de la alta montaña hacia el rìo.

Es asombroso que la estaciòn estè construìda dentro de ella. El camino se mete en el predio de la estaciòn, asì que luego de cruzar un puente y atravesar el lugar finalmente nos topamos con las vìas, ahì mismo termina el camino de tierra y comienzan las vìas del ferrocarril.

Avanzamos por el andèn, a los costados hay casas, algunas de dos plantas, o tres, son modestas, todo el entorno es bien sensillo. Hay una feria donde venden comida, frutas y bebidas.

Aprovechamos a comprar unas bananas y algo de agua, aùn nos quedan dos horas y media de caminata por las vìas (alojarse allì cuesta 5 soles, en casas de familia). A unos 300 metros hay un control ferroviario donde nos indican que debemos subir por el cerro por un camino comunitario, hacia nuestra derecha. Eso nos da un poco de desconfianza, en ningùn diario de viajes se hablaba de esto, siempre habìa que seguir derecho por las vìas. Pero debajo de una piedra vemos un papel algo decolorado por la humedad, el cual dice: "Escribo estas lìneas para que sepan que deben subir por acà, buen viaje hasta Machu Picchu, José-mochilero".

Como si ese papel fuese una prueba contundente o una señal enviada desde el màs allà sòlo para nosotras tres, decidimos subir...Y las vìas ahì estaban, a unos 200 metros nos detiene un muchacho y nos invita a entrar a un edificio al costado de las vìas donde debemos registrar nuestro paso por allì. Firmamos un libro, y notamos que hace momentos por la hora registrada, han pasado otros viajeros. La ruta se ha hecho conocida en los últimos años y comienzan los controles.

Lo que siguiò fue un trayecto de algo màs de dos horas a lo largo de las vìas, con el ruido estruendoso del Urubamba acompañàndonos. Entre nosotras llevàbamos unos cuantos metros de distancias, y debìamos gritarnos, de lo contrario no nos escuchàbamos. La vìa bordea cordones montañosos de mucha vegetaciòn, pero en ocasiones las laderas de las montañas siempre a nuestra izquierda son de laja, en esos tramos hay carteles que indican tener cuidado por los posibles desprendimientos. Las piedras a nuestros pies eran perfectamente ovaladas y de mùltiples colores, no podìamos evitar detenernos a cada rato, y admirar el paisaje del cual nos sentìamos parte.

La sensaciòn era de paz absoluta, aunque estàbamos solas, no habìa lugar para el miedo y es inevitable fantasear que por estar en las cercanìas, cualquiera de esas montañas podìa esconder la ciudadela inca. A tras nuestro, a lo lejos y de a ratos, veìamos aùn el tubo cilìndrico gigante saliendo de la montaña hacia el rìo, lo cual nos daba la sensaciòn de estar dando un vuelta en redondo.

De repente un sonido extremadamente agudo nos endordeciò y sacudiò de esa burbuja de fascinaciòn en la que estàbamos inmersas, miramos hacia a tras, e instintivamente nos arrojamos de una gran salto al costado de las vìas. Frente a nuestros ojos rapidamente pasò un tren precioso, pequeño, de color azul y detalles en rojos...Què susto nos dimos!. Realmente hay que prestar atenciòn, el ruido del rìo lo invade todo...lo ensordece todo, y ademàs las vìas estàn llenas de curvas, podès toparte con un tren y ni enterarte.



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Capítulo 1 3
 
 


 

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