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Al encuentro de Chiloé
Escribe: noritacecilia
Todo viaje nos cambia, nos renueva. Y Chiloé (esa tierra mítica...), es un ámbito que lleva a la reflexión y la meditación, los paisajes te llenan y te llegan hasta el alma...
Este diario trata de los días hermosos que pasé en Chiloé y en los alrededores del Lago Llanquihue, de los lugares que visité y las personas que encontré en el camino.
Chiloé para descubrir
Queilén, Chile — miércoles, 13 de enero de 2010
El día que visité a Castro, llegué decidida a quedarme en Ancud y viajar diariamente hasta allí, pese al esfuerzo que eso significaba; prefería moverme yo a perder la calidez del hostal de Don Dago y la señora Luti. Viajé una hora y me encantó el paisaje trabajado que se percibía desde el micro. La mayor parte del paisaje en Chiloé es ondulado y está salpicado de campos cultivados, campos para el ganado, una casa aquí, otra allá, tramos de bosques, "ríos" que son entradas de mar...
Salí del terminal rural y llovía; lo primero que vi de la ciudad fueron las torres de la iglesia, así que salí corriendo para allá por dos motivos: podría ponerme a resguardo y tendría un punto fijo y ubicable en un plano para empezar a orientarme.
El edificio de afuera no decía mucho, se veía bastante derruído. ¡Media sorpresa me pegué al entrar! Me encontré con una iglesia gótica, con sus arcos de medio punto, las bóvedas con tirantes, cúpulas... todo hecho en madera. La combinación era sobrecogedora, muy cálida pero a la vez muy impresionante ver toda esa estructura de madera cuando uno acostumbra verlas de cemento. Así que la recorrí lentamente, disfrutando cada rincón, cada moldura.
La Iglesia de Castro, como otras 15 en el archipiélago, son Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO; esto hace que estén un poco deterioradas por fuera, ya que para restaurarlas el tramiterío necesario va mucho más lento que el deterioro del clima con tanta lluvia. En parte está bueno, uno las ve vetustas por fuera y la sorpresa está adentro, como me pasó en Castro.
Al salir ya no llovía, así que me fui al museo, que estaba muy lindo organizado. Me familiaricé con las costumbres de la isla, con su historia, con ciertos episodios como el omnipresente terremoto de 1960...
Partí entonces a la costanera. Castro está ubicada en una punta rodeada por el fiordo de Castro; la panorámica es muy linda desde la costanera que pega la vuelta, y al llegar al puente Gamboa se contemplan los palafitos, esas viviendas construídas sobre pilotes en las épocas del auge de la explotación maderera. Ese es el único punto en que se pueden apreciar desde tierra.
Desde allí subí a la plaza, hice un paso fugaz por la información turística donde me aconsejaron muy eficientemente y me dieron más folletos que ayudaran a programar mi día. Las iglesias de Nercón y Vilupulli estaban muchas veces cerradas al público, además de estar ubicadas en zonas sin más atractivo turístico que la iglesia. Lo mismo pasaba con Rilán, que es una comunidad rural donde además tampoco hay transporte público tan fluído. Di una vuelta por el paseo de los artesanos y por el puerto, y opté por Queilen, uno de los lugares que el chico de Ancud me dijo: "tenés que visitar, no te digo nada más, descubrilo vos".
El viaje ya de por sí fue un paseo, porque se veía toda la costa recortada, con los barcos, las salmoneras, y hasta vi la iglesia de Chonchi. Y llegué a Queilen en una tarde gris... pero dispuesta a caminar con gusto por la playa.
Me detuve un rato en el muelle a mirar el panorama, comí unos duraznos, me saqué unas fotos. Queilen es una punta donde las calles principales cruzan de lado a lado, conectando dos playas; de modo que uno puede caminar hasta el faro y pegar la vuelta, apareciendo por el otro lado del pueblo. A causa del mal tiempo, la playa estaba desolada y solitaria, así que llegué hasta el faro pero no me animé a pegar la vuelta completa, sino que retrocedí sobre mis pasos, más cerca del agua, recolectando las conchillas de mariscos que encontré.
Pero la caminata de Quemchi pesaba, así que emprendí el retorno de más de dos horas hasta Ancud. Pero cuando llegué a la calidez de mi hostal, me di cuenta que había tomado la decisión correcta al quedarme.
Tips:
Para llegar a Queilen desde Castro hay que tomar el micro en la terminal rural. Hay uno por hora aproximadamente. El viaje demora aproximadamente una hora y cuarto y sale $1300 el pasaje.
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Publicado el 1/feb/2010, 00.41 |
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