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Recorriendo Jujuy y su Quebrada

Escribe: mingoleros
La Quebrada de Humahuaca constituye un itinerario cultural de 10.000 años. Por sus senderos caminaron aborígenes de distintas etnias, y que aún hoy conservan creencias religiosas, ritos, fiestas, arte, música y técnicas agrícolas que son un patrimonio viviente. Conjuga una serie de atractivos naturales, culturales e históricos, con lo que la provincia tiene una gran afluencia turística.

 

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Capítulo 1
 

Visitando la Quebrada de humahuaca

Quebrada de Humahuaca, Argentina — sábado, 21 de agosto de 2010

Según se gana altura el paisaje cambia, del verde aterciopelado de formas cubiertas de bosques y prados cercana a San Salvador, se pasa al pardo áspero de zonas pobladas de cardones donde la tierra se presenta descarnada en su intento de mostrarse en todo
su esplendoroso colorido. Estamos en la Quebrada de Humahuaca, una larga cinta de 140 Km. de longitud y alturas que superan los 3.000 metros.

A la altura del mojón 1647, y a 2192 m de altitud, se encuentra Purmamarca, en una de las numerosas quebradas laterales que desembocan en la de Humahuaca.

Los arco-iris de sedimentos mezozoicos plegados y erosionados caprichosamente en el Cerro de los Siete Colores que domina el lugar y la rusticidad del adobe configuran en Purmamarca uno de los paisajes más bellos del noroeste argentino.

Su iglesia, donde se venera a Santa Rosa de Lima, es de muros de adobe con techos de cardón y tiene una torre campanario de planta cuadrada en uno de sus costados, justo al lado de un viejo algarrobo.

En este pueblo se pueden adquirir las más típicas y variadas artesanías, y los frasquitos donde los lugareños: viejos y mujeres con poncho y changuitos, acomodan capas de tierra
alternando los vivos colores. Para apreciar este paisaje lleno de colorido en todo su esplendor, conviene esperar hasta la tarde.

La importancia histórica de Purmamarca está relacionada con su ubicación, junto a un camino que lleva directo a la Puna. Este camino aún hoy en día se sigue usando, y pueden verse caravanas de burros que bajan panes de sal para su venta o canje en las ferias y comercios quebradeños.

Resulta también interesante seguir por la ruta 52, camino de cornisa construido en 1977, hasta la silleta del Abra de Potrerillos, desde donde se observa una espectacular vista
panorámica. Siguiendo por la quebrada rumbo a Humahuaca, la parte más colorida de toda la quebrada puede verse al recorrer un trayecto de 12 Km., desde la desembocadura del río Purmamarca hacia el norte.

A partir de la Posta de Hornillos (posta creada en 1772 y que actualmente funciona como museo), que impone otro alto para recorrer sus restaurados patios y habitaciones, aparecen a mano derecha en el pueblo de Maimará,  numerosas franjas de colores sobre las montañas, conocidas como la Paleta del Pintor.

Un artista ciclópeo parece haber ensayado su obra mezclando colores y haciendo ondas al probar. En una ladera cercana al pueblo, se puede observar el cementerio local, que como casi todos los de la quebrada presenta una característica: que la mayoría de las
tumbas están pintadas en colores vivos.

Siguiendo hacia el norte nos encontramos con Tilcara. Es uno de los puntos turísticos más
famosos de la quebrada, pero lo que atrae a decenas de miles de visitantes por año, es el famoso Pucará de Tilcara. No es exactamente un pucará o fortaleza sino un poblado o mohuaca situado en una posición estratégica en medio del Río Grande, erigido por los indios omoguacas en torno al siglo X, en lo alto de un cerro.

Mediante las excavaciones realizadas en un sitio donde los indios ponían la basura, se estableció por el método del radiocarbono que el hombre llegó allí por primera vez alrededor del 1050 después de Cristo. El lugar estuvo poblado de forma ininterrumpida hasta que llegaron los conquistadores a mediados del siglo XVI, entonces las tierras fueron repartidas entre los españoles. Fue reconstruido entre los años 1860 y 1865, pudiendo verse los corrales para llamas, sendas, dormitorios y sepulcros.

Unos kilómetros más adelante, se encuentra el monolito que señala el Trópico de Capricornio. Al mediodía de cada 21 de diciembre, cuando comienza el verano, el monolito proyecta una sombra absolutamente perpendicular.

Al norte de Tilcara se encuentra Uquía, lugar que fue poblado por los indios uquías, tiene una capilla construida en 1691.  Es una de las iglesias más antiguas del noroeste, en su interior unos cuadros de "arcángeles arcabuceros" de la escuela de Cuzco y un retablo cubierto por láminas de oro.

Finalmente llegamos a Humahuaca, villa que da nombre a todo este mundo, pueblo de calles angostas fundado en 1591 que se halla a orillas del Río Grande, enclavado entre montañas. Domina toda la ciudad el monumento a la Independencia, obra de Ernesto Soto Avendaño, recuerdo de las once invasiones realistas que resistió la población. Entre las construcciones a resaltar se encuentran la iglesia de la Candelaria, el Cabildo local, donde a las 12 aparece la imagen articulada de San Francisco Solano, y el "Museo folklórico regional" donde se pueden apreciar curiosos artefactos, trabajos en la calada madera del cardón, ropa y los frutos de la tierra, que dan una idea de la vida en la quebrada antes de que los conquistadores pusieran su pie en esta tierra polvorienta.

Todo en esta ciudad es típico. Sus calles angostas y empedradas con canto rodado, su iluminación con faroles de estilo colonial y su población aferrada a antiguas tradiciones de raigambre incaica. 

La recorrida por Humahuaca no debe finalizar sin una visita a la feria ubicada junto a la
estación de ferrocarril donde los comerciantes ofrecen productos típicos del Altiplano.

En los restaurantes, en los puestos de comidas de las ferias, en todas las fiestas de la quebrada y la puna y hasta en la estación de Humahuaca, a la llegada del tren, se ofrecen los típicos platos de la región. Estos son el tulpo, una espesa sopa que lleva maíz pelado, charqui (tiras de carne secadas al aire libre) y chicharrones; la calapurca, sopa de carne, maíz remojado y pan calentado con piedras al rojo vivo; y el yuspichi, un guiso de
trigo pelado, agua caliente y ceniza.

Entre las bebidas se destaca la chicha, cuya elaboración sigue siendo casera. La
chicha tiene poco alcohol y es el resultado de la fermentación de cereales o frutos en agua azucarada. La fermentación más tradicional se hace en ollas de barro. En Jujuy hay variedades de chicha: de maní, de chañar, uva, manzana y de algarroba, aunque los expertos en la materia aseguran que la chicha más típica es la de maíz.

Humahuaca con su colorido y pintoresco paisaje, punto final de la quebrada y nacimiento de la puna, es también el lugar elegido para despedirnos del noroeste argentino. Más allá el desierto jujeño, donde la vista se pierde, donde el viento sopla fuerte.

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